Relatos De Un Pulpo

Séptimo Café. Comienza la aventura con Edgar. El ataque del pez de Luz.

 

 

 

Con Edgar hicimos un viaje a por dentro de la plataforma de las marianas. Era el punto conocido como más hondo del fondo marino, no obstante, ya le había mencionado que no. Hay otros. Pero fuimos uno que fuera más accesible a la presión de aire, para él, ya que su cuerpo no puede aguantar la fuerza que expone. Es cuestión de poder solamente sortear ese sector hasta las cuevas aledañas. Le facilite un dispositivo de oxígeno, para su traje, y sería transportado en una capsula mecánica especial. Aquí el acero se trabaja de una forma diferente. Solemos recubrir en varias capas. Desarrollamos una tecnología una tanto diferente acorde al ecosistema acuático referente y su hidrología. Ciertos de allí nos los conocía, y entonces decidí hacer ese viaje. Supe

 

 

en los libros que era bastante peligroso. Edgar imploró ir, no comprendía el extracto de solicitar algo así que asentí, luego caí en la cuenta de que para un humano es peligroso. Edgar no era cualquier humano. Edgar estaba dispuesto a todo. Y estar dispuesto, o como dice él, estar jugado significa que no difiere el miedo, o las situaciones de calamidad que se producen. Él, solo las aguarda. Prepararte para lo mejor, y espera o peor, dijo un poeta, portugués.

Salimos una mañana con los bolsos preparados para el descenso. A la cuenta indicada me percaté de tener todos los elementos para el viaje. También que Edgar llevase los suyos. Una vez concluido, y listos en nuestros cinturones preparados para ajustarnos en los asientos, encendí el interruptor, y la hélice comenzó a girar. En un principio, mientras estábamos dentro de la nave que nos transportaría hasta la fosa un subacuático epicentro se imponía como sorpresa, ante Edgar. Él, se maravillaba con todas las especie que podían encontrarse en tales suelos. Le comenté que aquí los peligros son concretos. Y que luego del subsuelo tendríamos otro trecho muy hondo donde las criaturas que vería no existían en el árbol genealógico de la ciencia.

Habíamos cruzado un vasto certamen de maleza, y luego era un campo abierto lleno de corales de todo tipo tamaños. Una manada de percas hacían de las suyas en dirección contraria. Le marqué que doblase a la izquierda allí, de repente un gran tumulto de medusas de tamaño des colosal. Hasta lo que sabía no eran peligrosas. Incluso su desplazamiento es paulatino por lo que no ofrecen amenaza alguna.

      • Que esplendido paisaje – comenta Edgar
      • Muy cierto, y por defectos de los cambios naturales, se crean ciertas matices de colores. Digo defectos, más yerro en lo dicho, pues son efectos, que por casualidad forman un óleo artístico. – le explico -
      • Interesante. ¿Puede ser por cierta capacidad de animales que se adaptan?
      • Adaptarse pueden hacerlo todos los seres vivos, que se hallen capaces. Cuando descendamos más el matiz será negro, allí veraz otras partes de este recinto, que pueden impactar.
      • ¿Hasta qué punto? - pregunta como dubitativo -
      • Hasta el punto de no creer lo que veras. El ser, está acostumbrado a lo que sus ojos, sentidos, y neuronas capta. Cuando algo nuevo emerge en su campo sensitivo, se inmuta, permanece extraño, incluso lo percibe desdeñable, como un fantoche si lo que esos sentidos adquieren no son de su agrado, hasta que se acostumbra, como se acostumbraron todos los seres a convivir con ello.
      • ¿Algo nuevo, modifica lo viejo?
      • No, precisamente. Algo nuevo pasa con el tiempo a ser algo viejo. Un hombre que mata por primera vez en tu especie, tiene un shock psicológico, cuando lo hace reiteradas veces pasa a ser una costumbre, como caminar, respirar. Aunque esas son fisiologías del ser, que son innatas, que no precisa aprender, el ejemplo sería pues conducir.
      • Muy cierto. ¿Y el razonamiento?- retoma la pregunta Edgar.
      • El razonamiento, lo comprende, y luego de estudiarlo, verifica, si es bueno, o malo, ante la deducción, o empirismo poniéndose frente a este como prueba. Puede que le sirva como producto, o solo sea un elemento más perdido como para clasificarlo en la ciencia.

 

 

Edgar permaneció mudo, posiblemente se encontraba en un paréntesis de la raza humana y su historia, en la cual el dominio fue el mayor paso por causa del razonamiento.

Continué observando el panel, y el viaje seguía su rumbo.

En medio del viaje estábamos justo en la segunda entrada de la fosa, cuando por el radar captamos un movimiento sísmico. Era normal en aquella parte el sentir el movimiento de las placas tectónicas. Avanzamos direccionando el mini submarino hacía, agujero semi oscuro. Edgar me preguntaba por cada criatura, y cada ser vivo y no vivo, que habitaba aquí, hasta el punto que le mencioné que no era biólogo, que apenas conocía cierta fauna y flora. Lo decía en cierto punto para que no fuera una clase maestra de la escuela. Ya dentro del tercer punto, estábamos en penumbras. El radar captó nuevamente un movimiento. Era un temblor, pero no de esos que se sienten un palpitar de la tierra. Parecía que venía del movimiento de las aguas. Al estar plenamente oscuro, no podíamos verificar a ciencia cierta, lo que ocurría. La máquina prosiguió hasta que el motor de la aleta de frontal dejó de funcionar. Varias veces presioné los botones correspondientes del tablero de mando con mi tentáculo cuarto. El que manipula.

      • ¿Mi amigo ha muerto la nave? – pregunta Edgar. -
      • No camarada, solo se ha averiado la aleta frontal, en su caso el motor – le comento – aprieto nuevamente los botones, y parecía que no llegaba corriente suficiente, pues se encendía, y luego se apagaba. –
      • ¿Podemos salir y verificar? – saldré – tu no, la presión te podría matar en minutos –




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