Relatos de una adolescente imperfecta

✧・゚ 6. Proyecto alargado, tranquilidad agotada

POV: Grace

Eran las siete de la noche y definitivamente debía irme a casa. Había acabado hacía diez minutos, pero tenía la esperanza de volver a casa junto a Kenny, donde podíamos conversar en paz en el camino.

Lastimosamente, él dijo que debía quedarse más tiempo y, por tanto, mi madre vendría a verme. Para matar tiempo, comencé a platicar con las pocas personas que conocía, pero al ver que yo era más ignorada que los anuncios de YouTube, opté por ver algún vídeo de terror. Por lo menos tenía al dulce y adictivo internet.

Recibí otra llamada de mi madre anunciando que me iría a ver a las ocho y yo ya quería irme a acabar el resto de tareas que tenía. No podía irme sola porque la zona era algo riesgosa cuando oscurecía y mi madre tenía miedo de que me maten o algo por el estilo, pero a mí me pareció algo gracioso, únicamente por el hecho de que, cuando era pequeña, yo vivía en esta misma zona. Además, tenía 17 y no era una bebé, pero siempre fui obediente, así que me quedé.

Los minutos pasaron y vi cuando acabó el grupo de Kenny; este me sonreía ampliamente y yo me estaba derritiendo simplemente al ver su perfecta dentadura blanca. Dijo que esta vez nos podríamos ir, pero negué rotundamente al recordar la venida de mi madre.

Recibí otro mensaje más.

Mi madre se iba a tardar media hora más y fue ahí cuando la llamé y le informé que subiría con un grupo de chicos del centro. Aceptó dudosa y sin más, recogí mis cosas para largarme y esfumar las ideas de la física que me tenían demasiado agobiada.

El grupo de los jóvenes consistía en dos chicas, Francesca y Jasmine, y tres chicos, Kenny, Louis y Mike. Extrañamente, entre sí eran primos: Jasmine y Kenny, Louis con Francesca y Mike, ya que ellos eran hermanos.

Subimos la cuesta y yo parecía un cubito de hielo. Realmente hacía un ventarrón. Kenny me llevaba de la mano como a una niña pequeña y no decía absolutamente nada. ¿Acaso el gato de Mabelle se le había comido la lengua? Definitivamente, algo le pasaba por la mente y no me lo iba a decir. Luego de un clic en mi mente, era obvio que no me lo iba a contar, porque no llevábamos más de cuatro meses de conocernos y, bueno, como he dicho, la mayoría de conversaciones no tenían mucho sentido.

Nunca supe cómo a él se le ocurrió empezar a tomarme las manos; solo recuerdo que estábamos discutiendo sobre una serie criolla que pasaba por televisión. Él comenzó a cambiar de tema, mientras jugábamos manitas calientes. Me quedaba como babosa observando sus bellos orbes verdes con un toque aceitunado y él observaba mis ojos azules. De repente, nos llamaron la atención para que continuara la clase de recuperación y simplemente él deslizó su mano y entrelazó sus dedos con los míos, apretando con suavidad. Yo regresé a ver el agarre y sentí latir mi corazón muy fuerte, mientras esbozaba una sonrisa tímida.

Volviendo a la tierra, el gusto amargo volvió a mi boca cuando vi aproximarse a Louis, con un cigarrillo que anunció que era de menta. Bufé y enseguida me aparté de su lado, como si fuera un bicho raro. Sentí cómo me inundaba la decepción cuando él le daba una calada a ese cigarro y luego soltaba el humo en forma de anillos. Caminé más rápido por inercia; no podía creer lo que había visto.

Si algo no me gustaba de los chicos, era que fumaran. Regresé a ver y por un momento lo vi consumirse a sí mismo en aquel objeto dañino.

Fue entonces cuando me di cuenta de que solo faltaba una calle para llegar al redondel del barrio, y corrí sin pensármelo dos veces. Corrí como nunca y no sé por qué, pero un gran nudo se me formaba en la garganta.

¿Por qué? ¿Desde cuándo? Eran unas de las preguntas más comunes que pasaban por mi mente ahora. Paré de correr cuando llegué al semáforo para cruzar la calle y meterme a casa. Enseguida paró y agradecí eso, mientras con mis manos de mantequilla intenté abrir la puerta principal. Cuando lo conseguí, subí las infinitas escaleras y abrí la puerta de mi casa.

Tenía el corazón en la boca por el maratón y, para mi colmo, mi mente estaba repleta de dudas.

Fui una estúpida cuando me eché a correr.

Oh no, no digas nada, Grace, te vas a arrepentir

Tú igual lo viste, no sé si deba decir algo

Mejor deja que las cosas salgan a flote

Y ahí estaba la conversación con mi conciencia. Decidí darle la razón. ¿Quién era yo para juzgarle? Pero si soy sincera, me dolió ver esa escena. Se veía tan acabado por un momento y yo no me atrevería en lo absoluto a preguntarle sus penas. ¿No veía que se estaba muriendo con tan solo 17 años? No, absolutamente no.

Pensé en sus ojos verdes, en sus profundos y aceitunados orbes que tanto me gustaban, en aquellos que ocultaban tantas cosas y no serían capaces de revelar ninguna de ellas, y, por un momento, pensé en su sonrisa y fue cuando supe todo. Era tan bella, tan perfecta y a la vez, llena de dolor. Él era el vivo ejemplo de una fingida vida.

Cuando acabé de comer y de hacer tareas, ya un poco tarde, me quedé pensando de nuevo. Estaba profundamente hundida en mis pensamientos, creando teorías de todo lo ocurrido, y culpándome una y otra vez por haber salido disparada como gallina con un moco en la cara.

Definitivamente, el siguiente día iba a amanecer con una cara de asco.

Y justo antes de caer en un sueño de roca, oí a lo lejos una notificación de mensajes.

(...)

Lunes otra vez. El fin de semana había pasado en un santiamén y con ello mi negativa de contestar el mensaje de Kenny, que únicamente decía 'Hola'. Había pasado pensando en qué responder, pero sabía que tendría un día ocupado, así que lo dejé para mi yo del futuro. Tallé mis ojos mientras solté el moño que tenía hecho un bollo mi cabello. Suspiré y me levanté de mi cama de una vez por todas. Había oído el grito desgarrador de Tiffany en su habitación, y estoy segura de que mi mamá ya está regañándola y a punto de sacar la escoba para darle su merecido. Observé el reloj de pared y marcaba las cuatro y media de la mañana.




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