POV: Grace
Es receso y ya estoy formada en lo que parece una fila interminable para comprar algo. Mi estómago ruge y no aguanto ni un minuto más el monólogo de Libby criticando muchas cosas de su novio.
Y es por eso, señoritas y señores, que yo no tengo novio, además de estar como un bollo y ser prácticamente el Grinch.
Bueno, igual no me dejan.
—¿Y todo esto en qué me afecta? —dije al fin, mientras avanzábamos un poco en la terrible fila.
—No lo soporto, es todo —espetó sumamente enojada. La miré con cansancio.
—Mira, Libby, eres mi amiga y todo, pero te he aconsejado tantas veces que ya perdí la cuenta, no puedo dar otro consejo más que lo termines —miré sus ojos cafés. Se veía en shock.
Puedo sonar terriblemente malvada, pero era verdad. Había muchas cosas de las que Libby siempre se quejaba, y yo, como buena amiga que soy, intentaba alentarla y por lo menos aliviarla de lo que tanto le atormentaba y, como siempre, era más ignorada que los anuncios de YouTube.
—Lo siento —murmuró totalmente desolada.
Joder, ahora me voy a sentir mal por toda mi vida.
—Nada que ver, pero piénsalo, Libby, no puedes seguir con alguien así —pedí a mi amiga. Detrás de nosotros alcanzamos a ver a Margareth, quien llamó a Libby, me imagino que por su proyecto de Cívica.
—Sí, lo pensaré mejor, nos vemos después —fue lo que alcanzó a decir para ir al lado de Maggie.
Tragué saliva pesadamente y no murmuré nada más. Avanzó la fila increíblemente rápido y pedí lo que anhelaba.
Caminé lentamente hacia la salida. No me percaté con quién me choqué, pero tampoco me importaba. Enseguida sentí la compañía de alguien, pero definitivamente no era Libby.
Al regresar la mirada, ya lista para atacar con palabras soeces, me di cuenta de que era la persona con la que menos quería encontrarme en este momento, aparte de Sam.
¿Por qué me tienes que acosar así de duro, Jayden?
Sonrió con autosuficiencia y yo quería estamparle la pizza en la cara. Pero la comida era sagrada, sí, gente, así que por respeto a la pizza, no lo hice.
—¿Por qué tan solita? —exclamó mientras daba una mirada rápida al pequeño local. Estaba más que segura de que andaba espiando a ver si se aparecía su querida novia.
—No estoy sola, ¿no ves que acá está mi pizza? —alcé la pizza hawaiana personal que todavía estaba caliente.
—Me refería a que una persona esté al lado tuyo, preciosa. —Levanté mi ceja y observé a mi derecha. Libby y Maggie conversando.
—No importa, con esto me basta —señalé con mi mirada lo que se hallaba en mis manos— y, en tal caso, ¿a ti qué te importa? —bufé bastante molesta y él sonrió socarronamente.
Puaj, ya deja de hacer eso, parece que tu sonrisa es tatuada.
—Me importa porque sé que no te gusta estar sola. —Su sonrisa se agranda y siento que mi estómago se revuelve como licuadora. Era porque tenía todo el hocico lleno de razón y eso me molestaba de una manera increíble.
—Y bueno, ¿qué te hace pensar que necesito tu compañía? —espeté totalmente seca, mientras seguía caminando hacia las gradas de la cancha cubierta, ignorando miradas de gente completamente metiche. Jayden solamente se dedicó a pasar un brazo alrededor de mi hombro y apegarme un poco más a él.
Cualquiera diría que Jayden me estaba rogando volver a repetir algo, o tal vez dar una oportunidad a algo que obvio jamás existió.
—Soy tu remedio, eso. —Se encogió de hombros y pasó una mano por su cabello rubio. Relamió sus labios para luego posar su mirada en los míos.
Sabía completamente lo que quería hacer, y definitivamente no quería que lo hiciera ni ahora ni nunca.
—Mira, Jayden, es un gesto muy amable de tu parte, pero quiero ahorrarte los problemas —miré a un lado e hice una mueca—. No necesito saber lo que dirá tu novia acerca de ti y, peor aún, acerca de mí —posó sus ojos justo en la dirección donde yo posaba los míos. Regresé a ver su rostro, solo para ver su reacción. Una sonrisa completamente traviesa apareció y yo quería tener un bate de béisbol gigante para que deje de pensar en cualquier idiotez que ahora pasaba por su cabeza.
Ya, en serio, llévenme lejos.
—No hay problema, Grace, ya me encargo —retiró el brazo de mi hombro y por un momento me sentí aliviada. Seguí con la mirada a Jayden, que iba directo a donde se encontraba su novia, con el semblante serio y hasta podría decir que de sus ojos salían chispas de rabia.
No era una de las primeras escenas en las que ella lo veía así. No comprendía absolutamente nada el hecho de que Jayden se acercara así, ni siquiera cuándo le comencé a agradar. Para ser sincera, sabía de su existencia desde el año pasado, no antes. Un día solo se sentó a mi lado y comenzó a hablarme sobre temas que no entendía, y empecé a darle un empujón para que sobresaliera por lo menos un poco de la pérdida del año. Sí, era del grupo de la gente perezosa. De ahí no volví a cruzar palabra, pero sí sentía que me observaba. Libby mantenía una relación de amistad estable con él, y cuando le pregunté por qué él se portaba así conmigo, simplemente me respondió que le agradaba. No se me cruzó jamás por la cabeza que yo le gustase. Es decir, ¿quién carajos quería verme? No era rubia, solamente castaña, aparte de tener unos ojos tan comunes en este colegio. No iba a negar el hecho de que él me pareciera un chico con un físico completamente decente, pero su actitud me llegaba a irritar por completo. Tenía el típico aire de galán y la sonrisa más rayada. Había aceptado unas cuantas veces el hecho de compartir asiento con él, por el sencillo hecho de que Libby enfermaba y no quería sentirme sola como un hongo, pero conforme ha pasado el tiempo, se ha vuelto un poco insoportable.
Bufé por intentar recordar todo lo que es Jayden ante mis ojos y suspiro completamente cansada de la crítica situación que cada vez se agranda.