Resiliencia

Capítulo 1

Narisa

Aún recuerdo cuando la tutora le dijo a mi madre que yo vivía dentro de una burbuja. Al principio fue difícil de comprender, pero ahora creo entenderlo. Era muy inocente, aun lo sigo siendo. Puedo decir que es el único motivo por el cual muchas personas han llegado a aprovecharse de mí.

—Narisa—me habló la psicología—. ¿Entendiste?

— ¿Qué cosa?

—Sobre caminar con lapiceros.

— ¿Lapiceros?

—Es para brindarte seguridad. Si te sientes amenazada, utiliza los lapiceros para defenderte.

Es extraño, pero no me cuesta nada intentarlo.

—Bien, es todo por hoy, puedes irte.

Asentí.

Tomé mi mochila y salí del consultorio. Al cruzar la puerta de la clínica, llevé la mirada hacia mi izquierda e inmediatamente sonreí al ver a mis amigas. Habían estado esperándome por una hora. Hoy es domingo, y apenas el reloj ha marcado las cinco.

Caminamos, y solo por ratos corríamos por las calles hasta acabar en un parque a espaldas del Liceo. En medio de todo ese amarillento césped se apreciaba un viejo autobús que había estado abandonado por casi seis. La maleza rodeaba sus dos llantas delanteras, y las dos últimas se hallaban rotas y esparcidas por el lugar.

— ¿Qué hacemos aquí?—preguntó Miriam al ver a Alicia subir al autobús.

— ¿Qué este lugar no le pertenece a los del Liceo?—preguntó Vera.

—Ellos nunca vienen—respondió Alicia—. ¡Entren!

Alicia era intrépida, en otras palabras; un manojo de precipitadas emociones que difícilmente podíamos controlar. Todos los que la conocían la veían como alguien dulce y en algunos casos, una loca.

Al subir al autobús, las cuatro, a acepción de Alicia, quedamos un poco sorprendidas por todo el óxido que se hallaba acumulado en los pasamanos y bordes de las ventadas.

— ¿Qué les parece?— nos preguntó Alicia.

—Es... lindo—respondió Liana.

—Es un asco—agregó Miriam opacando la opinión de Liana.

Al escuchar la opinión de Miriam, Alicia abrió la boca formando una "O" con ella. Aquel acto solo la hacía parecer tierna y graciosa, dos características que la alejaban de la seriedad que intentaba mostrarnos.

—Alicia, todo está en malas condiciones— comenté.

—Qué tontería—dijo Alicia.

—A mí me gusta—volvió a decir Liana.

Había un poco de presión en todas.

—Bueno, en cuanto los del Liceo no sepan que estamos aquí, no veo el problema—comentó Vera sentándose en el viejo y empolvado asiento del conductor.

— ¡Genial!—expresó Alicia sonriendo—. Será nuestro club.

— ¿Club?—preguntó Miriam.

—En las películas todos los amigos tiene uno. Éste será nuestro.

—Si va a ser nuestro club deberá obtener muchos arreglos—respondió Miriam mirando a su alrededor.

Sabía que nos llevaría tiempo, y mientras más largo fuera, más terminaríamos encaprichándonos con el.

— ¿Y?—me preguntó Miriam apoyada en una de las paredes del autobús—. ¿Cómo te fue con la psicóloga?

—Como siempre.

— ¿Cuándo terminará?—me preguntó Vera.

—No lo sé. Soy de la idea de que mi psicóloga trata de expandir el tratamiento solo para obtener más dinero.

— ¡Por cierto!—interrumpió Alicia con los ojos bien abiertos—. Creo haber visto a Arnold. Creo que lo acosan.

—Alicia, esa es una palabra muy grabe—comentó Vera.

— Si, además ¿Quien quisiera meterse con él?—agregó Miriam.

— ¡Yo lo vi!—protestó Alicia—No sé quiénes son, pero estoy segura de que lo molestan.

Arnold se caracterizaban por ser alguien antisocial. Según él; nadie cumplía los estándares como para estar cerca de él. Muchos decían le decían egocéntrico por tener un padre que contaba con una empresa de Aerolínea y mucho dinero que gastar. Yo era de la idea de que Arnold solo buscaba tranquilidad y acabar el año sin haberse metido en aprietos como la mayoría de nosotros.

— Alicia tiene razón—intervino Liana.

— ¿También lo viste?—le preguntó Vera.

—No, pero sé quién es la persona que lo molesta.

— ¿Quién?—preguntó Alicia.

—Hay un chico, se llama Cesar, está en Liceo y se diría que es como una influencia en ese colegio.

— ¿Eso que tiene que ver con Arnold?—pregunté.

—Mucho—explicó—. Los padres de ambos eran socios. Pero algo salió mal. El señor Aguirre es una persona que piensa mucho en el futuro, y actualmente todos sabemos que él es el único dueño de la empresa.

— ¿Qué le pasó al papá de César?—preguntó Vera.

—Falleció.

El tema de la muerte se tomaba como algo delicado. A la mayoría no le gusta hablar de eso, pero era inevitable escuchar relatos que acabaran en ello.

—Entonces ¿Crees que sea César quien molesta a Arnold?—preguntó Alicia.

—Probablemente.

— ¿Y tú cómo sabes eso?—le preguntó Miriam.

—Mi prima estudia ahí, dice todos conocen la historia.

Era interesante, especialmente porque dejaba una gran incógnita.

Revisé la hora desde la pantalla de mi celular. Noté que faltaba un cuarto para las seis. Debía apresurarme si quería llegar a tiempo. No me simpatizaba la idea de caminar sola bajo un cielo con pocas estrellas.

—Debo irme—les dije—. Las veo mañana.

Bajé del autobús, y colocándome la mochila empecé a correr. Recorrí un par de cuadras, y al final logré llegar antes de las seis. Agotada, introduje la llave en la puerta tratando de calmar mi agitación. Al entrar, me dejé caer en el sofá arrojando la mochila cerca al aparador de la sala.

Cerré los parpados para convocar al sueño, no obstante, terminé por abrirlos al escuchar a alguien llamar a la puerta. Oía voces, y una que otra risa. No me alarmaba puesto de que sabía de quienes se trataba.

— ¿Qué están haciendo aquí?—les pregunté al abrir la puerta.

—Venimos de casa de Marco—respondió Hilario—. Hay una reunión y Sergio está ahí.

Sergio es... mi enamorado. Apenas habíamos cumplido los tres meses, y ya se empezaba sentir como poco a poco nuestra relación se iba deteriorando.



Nayeli Perez

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En el texto hay: adolecentes, amor, celos

Editado: 07.03.2019

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