Rideon

6

Pasé el día esquivándolo. Salí antes de que pudiera cruzarse en mi camino y me aseguré de no volver hasta bien entrada la noche. Aun así, su presencia pesaba en el aire como una tormenta a punto de estallar.

Cada vez que doblaba una esquina en la casa, temía encontrarme con él. Cada sombra en el pasillo me hacía contener el aliento. Y aunque no lo vi en todo el día, lo sentí. Su mirada, su sonrisa de esta mañana, su manera de hacerme sentir como si todo esto estuviera pasando porque él así lo quiso.

Cuando finalmente volví a casa, Dayron no estaba. Solo la luz de la cocina iluminaba el pasillo, y en el aire flotaba el inconfundible olor a café. Mi corazón dio un vuelco.

Me acerqué sin emitir ruido alguno. Si Rideon se encontraba allí, podría seguir por el pasillo hacia mi cuarto y guardar las compras luego. No quería verlo, su sola presencia perturbaba mi ser.

Un escalofrío me recorrió la columna cuando sentí unas manos frías y firmes sujetándome la cintura.

—¿Me buscabas, sogno mio? —su suave pero firme susurro en mi oído me hizo estremecer. Sus manos se apretaron levemente sobre mi piel, y solté el aire que no sabía que contenía.

—Bella. Mi nombre es Bella —puntualicé, apartándome de él—. Y no, Rideon, lo que quiero es que te largues de aquí.

Mi voz fue dura, o al menos eso intenté aparentar. Tenerlo frente a mí aún me ponía nerviosa.

Su cuerpo alto y un poco más musculoso que la última vez que lo vi, los tatuajes en sus brazos, en especial el dragón y la boca demoníaca en su cuello… Seguían llamando mi atención. Rideon sobrepasaba la palabra atractivo, era innegable para cualquiera que lo mirara. Pero aun así, no podía caer. No de nuevo.

Intenté pasar por su lado para ir hacia mi cuarto, pero él se interpuso en mi camino. Elevé la cabeza por la diferencia de altura y me di cuenta de que fue un error. Sus ojos oscuros encontraron los míos, y su aliento mentolado chocó contra mis labios.

—No me iré a ninguna parte, Bella —su sarcasmo al decir mi nombre fue evidente—. No hasta que recupere lo que vine a buscar.

Su cuerpo no me tocaba, pero la tensión era tan palpable que nos atraía como imanes. Mis ojos bajaron a sus labios mientras hablaba, y no pude evitar preguntarme qué era eso que había venido a buscar. Aquí ya no tenía nada.

Tomando valor, me alejé, y esta vez no me detuvo.

—Entonces encuentra eso de una maldita vez y vete, Rideon. No te quiero cerca de mí. No me importa qué tan amigo de Dayron seas, esta sigue siendo mi casa y mi vida, y te quiero lo más lejos posible.

No le di oportunidad de responder y, apresurada, me encerré en mi habitación. Tiré la bolsa con las compras al costado de la cama y fue entonces cuando lo vi.

En la mesilla de noche, junto a mi cama, descansaba un anillo de papel.

Mi pecho se oprimió.

Me acerqué lentamente, como si en cualquier momento pudiera desaparecer. Lo tomé con cuidado entre los dedos. No estaba ahí esta mañana. No podía estarlo.

Miré hacia la puerta, asegurándome de que seguía cerrada. ¿Cuándo…? ¿Cómo…?

Un escalofrío me recorrió la espalda.




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