Ring, Ring Llama El Amor

Capítulo 6 - Fantasmas con nombre

Tres semanas después de la gala fallida, la vida de Emme había adoptado un ritmo extraño, suspendido entre la normalidad de su rutina diaria y la sombra constante de una relación que existía casi enteramente en el limbo digital. Perseo seguía llamando casi todas las noches, aunque con menos frecuencia que antes -la crisis en la obra había escalado hasta convertirse en una investigación completa sobre fallos estructurales, algo que ocupaba prácticamente cada hora de su día-, y cada vez que hablaban, Emme podía notar el cansancio acumulado en su voz, un peso que antes no estaba ahí.

-Pareces agotado -le dijo una noche, mientras trabajaba en los últimos retoques de las ilustraciones de Ricci el erizo, el teléfono sostenido entre el hombro y la oreja mientras sus manos seguían moviendo el lápiz sobre el papel.

-Lo estoy. Han sido semanas complicadas. Los inspectores encontraron más problemas de los que esperábamos, la prensa sigue haciendo preguntas, y mi padre... -se detuvo, y Emme pudo escuchar la tensión acumulándose en su silencio.

-¿Qué pasa con tu padre?

-Nada nuevo, realmente. Solo la presión habitual de sentir que cada decisión que tomo está siendo juzgada contra el estándar imposible que él estableció durante cuarenta años dirigiendo la empresa. Cuando las cosas van bien, es porque el legado familiar sigue intacto. Cuando algo sale mal, como ahora, de repente soy yo quien no está a la altura.

Emme dejó el lápiz a un lado, dándole toda su atención a la conversación, sintiendo que esta era una de esas raras ocasiones en las que Perseo bajaba completamente la guardia, dejando ver el peso real que cargaba detrás de todo el sarcasmo y la confianza aparente.

-Eso suena agotador, Perseo. Y profundamente injusto.

-Es lo que hay. Nadie me obligó a entrar al negocio familiar, técnicamente. Pude haber elegido otro camino. Pero cuando mi madre murió, y luego cuando mi padre empezó a mostrar señales de que ya no podía manejar todo solo, sentí que no tenía otra opción real.

-Siempre hay otra opción, aunque no se sienta así en el momento.

-Tal vez. Pero es difícil ver eso cuando llevas quince años construyendo tu identidad entera alrededor de ser el heredero de algo mucho más grande que tú mismo.

Emme se quedó en silencio un momento, procesando la vulnerabilidad de esa confesión, sintiendo que cada una de esas conversaciones nocturnas la acercaba más a una versión de Perseo que probablemente muy pocas personas -quizás nadie fuera de Renata, su asistente, mencionada ocasionalmente en sus historias- tenían el privilegio de conocer.

-¿Puedo preguntarte algo? -dijo finalmente-. Cuando finalmente nos veamos, cuando esto de la obra se resuelva, ¿vas a seguir siendo así de honesto conmigo? ¿O va a haber una versión distinta de ti, más cuidada, más consciente de las apariencias, cuando estemos frente a frente?

La pregunta pareció tomar a Perseo por sorpresa, porque tardó un momento considerable en responder.

-Espero que no. Pero honestamente, no puedo prometerte con certeza total cómo va a ser, porque nunca he tenido este tipo de relación antes, donde alguien me conoce tan profundamente sin haber visto mi cara todavía. Es un territorio nuevo para mí también.

-Es un territorio nuevo para los dos, supongo.

-Sí.

***

Mientras tanto, la vida profesional de Emme atravesaba su propio momento de turbulencia, aunque de una naturaleza mucho menos dramática que la de Perseo. La editorial, satisfecha con el trabajo en Ricci el erizo, le había ofrecido un proyecto nuevo, considerablemente más grande: la posibilidad de ilustrar una serie completa de libros infantiles, no solo un título aislado, sino toda una colección que, si tenía éxito, podría representar el tipo de estabilidad financiera con la que Emme llevaba soñando desde que decidió dedicarse al freelance por completo.

-Esto es enorme, Emme -le dijo Costanza, cuando Emme le contó la noticia durante su almuerzo semanal-. ¿Sabes lo que esto podría significar para tu carrera?

-Lo sé, y estoy emocionada, pero también aterrada. Es mucho trabajo, mucha responsabilidad, y sinceramente no sé si voy a poder manejarlo bien considerando todo lo demás que está pasando en mi vida ahora mismo.

-¿Te refieres a Perseo?

-Me refiero a toda esta situación con Perseo, sí. Entre las llamadas nocturnas, la espera constante de que finalmente nos conozcamos, la ansiedad sobre qué va a pasar cuando eso finalmente ocurra... es mucho que procesar al mismo tiempo que intento lanzar el proyecto más grande de mi carrera.

Costanza la miró con una expresión pensativa, masticando lentamente un bocado de su almuerzo antes de responder.

-¿Has considerado que tal vez necesitas poner un límite? No estoy diciendo que dejes de hablar con él, pero quizás necesitas ser más clara sobre lo que puedes y no puedes tolerar en este momento de tu vida.

Emme lo pensó, dándose cuenta de que Costanza tenía razón, como solía tenerla en la mayoría de estos asuntos. Esa noche, cuando Perseo llamó, decidió sacar el tema con una honestidad que hasta entonces había evitado por miedo a sonar exigente o poco comprensiva ante las circunstancias legítimamente difíciles que él estaba atravesando.

-Perseo, necesito hablar contigo sobre algo.

-Te escucho.

-Me ofrecieron un proyecto grande en el trabajo. Una serie completa de libros, el tipo de oportunidad que podría cambiar realmente mi carrera. Y estoy emocionada por eso, genuinamente. Pero también estoy tratando de procesar todo esto entre nosotros, la espera constante, la incertidumbre sobre cuándo finalmente vamos a conocernos, y siento que estoy dividiendo mi energía de una manera que no es sostenible a largo plazo.

Hubo un silencio al otro lado de la línea, y cuando Perseo finalmente respondió, su voz sonaba genuinamente preocupada.

-Lo siento, Emme. No me había dado cuenta del peso que esto estaba poniendo sobre ti, además de todo lo demás que tienes que manejar. ¿Qué necesitas de mí?




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