Los días que siguieron a la cena cancelada trajeron consigo un silencio distinto entre Emme y Perseo, no total, pero sí más espaciado, más cargado de una cautela que no había existido antes entre ellos. Perseo pasaba la mayor parte de su tiempo en el hospital, donde su padre permanecía en observación después de que los médicos determinaran que la recaída, aunque seria, no había sido tan grave como inicialmente temieron -una arritmia complicada por el estrés de haber vuelto a casa demasiado pronto, insistiendo en involucrarse en asuntos de la empresa contra las recomendaciones médicas explícitas.
-Va a estar bien -le confirmó Perseo a Emme, tres días después del incidente, durante una de las llamadas más breves que habían tenido en semanas-. Pero los médicos fueron claros esta vez: necesita reposo absoluto, sin ningún tipo de estrés relacionado con el trabajo, durante al menos un mes completo.
-Me alegra que esté estable. ¿Y tú, cómo estás tú en medio de todo esto?
-Cansado. Culpable, aunque sé que no debería sentirme así. Cada vez que algo se interpone entre nosotros, siento que te estoy fallando de una manera que no sé cómo arreglar.
Emme se quedó en silencio un momento, sintiendo el peso de sus propias emociones contradictorias: la comprensión genuina hacia las circunstancias imposibles que Perseo estaba atravesando, mezclada con una frustración que, por más que intentara suprimirla, seguía creciendo en algún rincón de su pecho.
-Perseo, no te culpo por nada de esto. Sé que no está en tu control. Pero necesito ser honesta contigo sobre algo.
-Te escucho.
-Estoy empezando a sentirme agotada. No de ti, no de lo que sentimos el uno por el otro, sino de esta... de esta constante sensación de estar esperando algo que nunca termina de llegar. Cada vez que creo que finalmente vamos a estar en el mismo lugar, al mismo tiempo, algo se interpone, y empiezo a preguntarme si esto es sostenible a largo plazo, sin importar cuán fuerte sea la conexión que sintamos por teléfono.
El silencio que siguió fue largo, cargado de una tensión que Emme rara vez había sentido en sus conversaciones con Perseo, incluso en los momentos más difíciles de las últimas semanas.
-¿Qué estás diciendo exactamente, Emme? ¿Que quieres terminar esto?
-No -respondió ella rápidamente, sorprendida por la velocidad con la que él había saltado a esa conclusión-. No es eso. Es solo que necesito que reconozcas que esto también es difícil para mí, que la espera constante tiene un costo, y que necesito sentir que hay un compromiso real de ambas partes para superar estos obstáculos, no solo promesas que siguen sin cumplirse.
-Lo entiendo. Y tienes razón en sentirte así. Pero, Emme, mi padre casi muere hace unas semanas. Está luchando por su recuperación ahora mismo. No puedo simplemente ignorar eso para priorizar una cena, sin importar cuánto la desee.
-Lo sé, Perseo. Y jamás te pediría que lo hicieras. Pero necesito que entiendas que, mientras tanto, yo también estoy aquí, tratando de sostener algo que se siente cada vez más frágil, más incierto, sin saber realmente cuándo, o si, vamos a lograr finalmente estar en el mismo lugar.
La conversación terminó de manera incómoda esa noche, sin resolución clara, ambos demasiado cansados y demasiado frustrados como para encontrar las palabras que suavizaran la tensión que se había instalado entre ellos por primera vez desde que se conocieron por accidente semanas atrás.
***
-Creo que necesito distancia -le confesó Emme a Costanza al día siguiente, sentadas en el pequeño café donde solían almorzar juntas-. No distancia de él exactamente, pero sí... un momento para pensar si esto realmente tiene sentido, considerando todo lo que ha pasado.
-¿Qué te dice tu instinto?
Emme lo pensó un momento, revolviendo distraídamente su café sin realmente beberlo.
-Mi instinto me dice que hay algo real ahí, algo que vale la pena. Pero mi instinto también me dice que estoy agotada, y que quizás necesito protegerme un poco antes de invertir más de mí misma en algo que sigue sintiéndose tan incierto.
-Eso suena razonable, Emme. No tienes que decidir todo de inmediato. Puedes tomarte un tiempo, ver cómo te sientes, sin necesidad de cortar completamente la comunicación si no es lo que realmente quieres.
Emme asintió, aunque la idea de crear distancia deliberada de Perseo, después de semanas de depender de sus llamadas nocturnas como una de las constantes más importantes de su vida, se sentía casi tan aterradora como la posibilidad de seguir adelante sin ningún tipo de resolución clara.
Esa noche, cuando Perseo no llamó -la primera noche en semanas en la que ninguno de los dos inició contacto-, Emme se encontró mirando su teléfono repetidamente, debatiendo internamente si debía ser ella quien rompiera el silencio, hasta que finalmente decidió, con una determinación que le costó considerable esfuerzo mantener, dejar que la noche pasara sin ningún mensaje de su parte.
El silencio se extendió dos días más, un vacío incómodo que ninguno de los dos parecía dispuesto a romper primero, hasta que finalmente, en la tarde del tercer día, Emme recibió un mensaje que la tomó completamente por sorpresa.
"Necesito verte. No en una cena elaborada, no en un evento planeado con semanas de anticipación. Solo verte, aunque sea cinco minutos, aunque sea en el lugar más simple que se te ocurra. Creo que ambos necesitamos eso antes de que esta distancia se vuelva algo más permanente de lo que ninguno de los dos realmente quiere."
Emme leyó el mensaje varias veces, sintiendo que algo en su pecho se aflojaba ante la honestidad directa de las palabras, ante el reconocimiento implícito de que él también había sentido el peso creciente de la distancia entre ellos.
"¿Cuándo?", escribió finalmente.
"Cuando puedas. Estoy libre esta tarde, si te parece bien. Sin ningún tipo de planeación elaborada esta vez. Solo un café, en algún lugar simple, cerca de donde estés."
Editado: 08.10.2026