Emme se quedó paralizada un instante, el teléfono vibrando en su mano mientras la figura de Perseo seguía acercándose lentamente, cojeando con determinación entre los senderos del parque. Miró la pantalla, el nombre de su editora parpadeando con una insistencia que no permitía ser ignorada, y sintió que se debatía entre dos mundos que, hasta ese momento, había logrado mantener cuidadosamente separados.
Contestó, alejándose apenas unos pasos, sin perder de vista la figura que continuaba aproximándose.
-¿Sí? -dijo, con un tono que probablemente delataba más ansiedad de la que hubiera querido mostrar.
-Emme, perdona que te llame en sábado, sé que es tu día libre, pero tenemos una emergencia con el estudio de animación -la voz de su editora sonaba tensa, apresurada-. El director creativo quiere hacer cambios significativos en el diseño de los personajes principales antes de la reunión del lunes, y necesita tu confirmación sobre si puedes ajustar los bocetos a tiempo. Si no podemos darle una respuesta en la próxima hora, corremos el riesgo de perder la ventana de producción que teníamos asignada.
Emme sintió que el pánico profesional se mezclaba incómodamente con la anticipación romántica del momento, ambos tirando de su atención en direcciones opuestas.
-¿Necesitas una respuesta ahora mismo? Estoy en medio de algo importante.
-Lo siento muchísimo, sé que es mal momento, pero sí, necesito saber en la próxima hora si es viable, o vamos a tener que buscar otra ilustradora que pueda cumplir con el plazo ajustado.
Emme cerró los ojos un momento, sintiendo el peso de la decisión, consciente de que este proyecto representaba una oportunidad profesional que había trabajado años en construir, y que un "no puedo" apresurado, dado en un momento de distracción romántica, podría tener consecuencias que lamentaría durante mucho tiempo.
-Dame veinte minutos -dijo finalmente-. Te llamo de vuelta con una respuesta clara.
-Perfecto. Gracias, Emme. Sé que es un mal momento.
Colgó, y al levantar la vista, encontró que Perseo ya estaba mucho más cerca, a apenas veinte metros de distancia, su figura ahora lo suficientemente clara como para distinguir facciones: un rostro anguloso pero suave en los bordes, ojos oscuros que incluso a esa distancia parecían cargados de una intensidad particular, cabello castaño ligeramente despeinado por la caminata apresurada, una sonrisa nerviosa que se dibujaba en sus labios mientras se acercaba cojeando notablemente.
El corazón de Emme se aceleró de una manera que no tenía nada que ver con la llamada de trabajo que acababa de recibir, y por un momento, todo lo demás -el proyecto de animación, la fecha límite, cualquier otra preocupación- se desvaneció completamente, reemplazado por la certeza abrumadora de que, finalmente, después de tantas semanas, estaba a punto de conocer, cara a cara, al hombre que se había convertido en una de las presencias más importantes de su vida.
Diez metros. Emme dio un paso adelante, su propia sonrisa formándose de manera instintiva, sintiendo que las palabras que había preparado mentalmente durante días se disolvían ante la realidad abrumadora del momento.
Fue entonces cuando escuchó un grito, no de Perseo, sino de alguien más, una voz aguda y emocionada que venía de algún lugar cerca de la entrada del parque.
-¡Es Perseo Lombardo Ferrara! ¡Miren, es él!
Emme se giró, confundida, para ver a un pequeño grupo de personas -dos mujeres jóvenes con teléfonos ya en alto, grabando, y un hombre con una cámara profesional que parecía haber estado esperando cerca de la entrada, tal vez alertado por algún tipo de red de contactos o simplemente por casualidad afortunada- avanzando rápidamente hacia ellos.
-¡Señor Lombardo Ferrara! ¿Puede confirmar los rumores sobre una posible venta de la empresa después del incidente con su padre? -gritó el hombre de la cámara, ya disparando fotografías mientras se acercaba.
Perseo se detuvo abruptamente, su expresión transformándose de la calidez anticipatoria que había mostrado momentos antes a algo mucho más tenso, más calculado, la fachada profesional que Emme nunca había visto pero que reconoció de inmediato como una armadura desplegada por costumbre ante situaciones como esta.
-No tengo comentarios en este momento -dijo, su voz completamente distinta a la que Emme conocía por teléfono, más fría, más formal, cargada de una autoridad práctica que sugería años de experiencia lidiando con este tipo de encuentros no deseados.
-¿Quién es ella? -preguntó una de las mujeres jóvenes, señalando directamente hacia Emme, su teléfono todavía grabando-. ¿Es su nueva novia? Los rumores decían que estaba soltero desde hace meses.
Emme sintió que el pánico la invadía, la realidad de la situación asentándose con una claridad incómoda: si esas fotos, esos videos, terminaban circulando, si su rostro quedaba asociado públicamente con el apellido Lombardo Ferrara antes de que ella misma tuviera oportunidad de procesar completamente lo que eso significaba, las consecuencias podrían ser mucho más complicadas de lo que estaba preparada para manejar.
-No es asunto de nadie más que nuestro -respondió Perseo, dando un paso instintivo hacia adelante, colocándose parcialmente entre Emme y el pequeño grupo que continuaba avanzando, su cojera evidente incluso en ese gesto protector-. Por favor, respeten nuestra privacidad.
Pero el daño, en cierto sentido, ya estaba hecho: el hombre de la cámara seguía disparando fotografías, capturando la escena desde múltiples ángulos, y Emme, todavía procesando la velocidad con la que la situación había escalado, sintió que un instinto de protección propio la empujaba a retroceder, alejándose ligeramente de la línea directa de la cámara.
-Perseo -dijo, su voz baja, cargada de una ansiedad que no podía ocultar-, tal vez deberíamos irnos de aquí.
Él la miró, y por un breve momento, a pesar del caos que los rodeaba, sus ojos se encontraron completamente por primera vez, una conexión silenciosa que, incluso en medio de la situación incómoda, llevaba todo el peso emocional de las semanas de conversaciones que los habían llevado hasta ese momento.
Editado: 08.10.2026