El vuelo de Perseo salió a primera hora de la mañana siguiente, y Emme se despertó antes del amanecer para acompañarlo, aunque fuera solo hasta la puerta de su ático, donde un auto ya esperaba para llevarlo al aeropuerto. Lo encontró terminando de empacar con una eficiencia práctica que revelaba años de experiencia con viajes de negocios repentinos, su maleta ya organizada con la precisión de alguien acostumbrado a este tipo de partidas abruptas.
-Prométeme que vas a dormir algo en el avión -dijo Emme, sentada en el borde de la cama mientras lo observaba cerrar los últimos compartimentos de su equipaje-. Sé que tienes la costumbre de trabajar durante todo el vuelo, pero necesitas descansar antes de entrar directamente a negociaciones importantes.
-Lo intentaré, aunque no prometo nada. Estas negociaciones son delicadas, necesito revisar todos los documentos antes de aterrizar.
Emme sonrió, reconociendo el patrón familiar del hombre que había llegado a conocer tan profundamente: siempre trabajando, siempre un paso adelante en su preparación, incluso cuando las circunstancias sugerían que un poco de descanso sería genuinamente beneficioso.
-Voy a extrañarte -dijo, sintiendo que la realidad de los próximos diez días finalmente se asentaba con toda su fuerza.
-Yo también te voy a extrañar, Emme. Más de lo que probablemente debería admitir considerando que técnicamente son solo diez días.
Se despidieron con un beso prolongado en la puerta del ático, ambos conscientes de que esta seria la primera separación real desde que habían decidido comprometerse más profundamente el uno con el otro, y Emme observó el auto alejarse por la calle hasta que desapareció completamente de su vista, sintiendo una mezcla extraña de tristeza anticipada y una determinación silenciosa de usar ese tiempo separados de manera productiva, en lugar de simplemente contar los días hasta su regreso.
***
Los primeros días de la ausencia de Perseo transcurrieron con una normalidad relativa que sorprendió gratamente a Emme. Se sumergió completamente en el trabajo, avanzando con rapidez en los ajustes finales del proyecto de animación, aprovechando la soledad temporal para concentrarse en su arte con una intensidad que las semanas anteriores, llenas de la emoción y las complicaciones de la relación con Perseo, no le habían permitido completamente.
-Estás produciendo trabajo increíble -le comentó su editora durante una videollamada de revisión, observando los últimos bocetos que Emme había enviado-. Hay algo distinto en estas ilustraciones, una madurez que no había visto antes en tu trabajo.
-Tal vez sea porque finalmente tengo tiempo para concentrarme completamente en el proceso creativo, sin ninguna distracción -respondió Emme, aunque sabía que la verdad era más compleja: la ausencia de Perseo, en lugar de simplemente generar vacío, parecía haber abierto un espacio para que su creatividad floreciera de maneras que la proximidad constante, aunque hermosa, quizás había estado limitando ligeramente.
Perseo llamaba cada noche, aunque las conversaciones eran necesariamente más breves que antes, limitadas por la diferencia horaria considerable entre Singapur y su ciudad, y por las demandas intensas de las negociaciones que ocupaban la mayoría de sus horas despierto.
-Las negociaciones son más complicadas de lo esperado -le contó, durante una de esas llamadas nocturnas, su voz cargada de un cansancio evidente-. Los inversionistas asiáticos tienen un estilo de negociación completamente distinto al que estoy acostumbrado, mucho más indirecto, mucho más enfocado en construir relaciones antes de discutir términos concretos. Va a tomar más tiempo del que inicialmente anticipamos.
Emme sintió una punzada de preocupación ante la implicación.
-¿Cuánto más tiempo?
-No estoy seguro todavía. Podrían ser unos días adicionales, o podría resolverse según lo planeado originalmente. Es difícil predecir con este tipo de negociaciones culturalmente complejas.
-Está bien, Perseo. Tómate el tiempo que necesites para hacerlo bien. Yo voy a estar aquí, esperándote, sin importar cuánto tiempo tome.
A pesar de sus palabras tranquilizadoras, Emme sintió que una sombra familiar de ansiedad empezaba a instalarse silenciosamente en el fondo de su mente, el eco persistente de las palabras de Valentina resonando con una fuerza renovada ante la posibilidad de que este viaje se extendiera más allá de lo planeado originalmente.
***
Fue durante el quinto día de la ausencia de Perseo que Emme recibió una visita inesperada que complicaría considerablemente la relativa tranquilidad que había logrado construir durante los días anteriores. Estaba trabajando en su estudio temporal -todavía en su antiguo apartamento, ya que la mudanza al loft nuevo se había pospuesto hasta el regreso de Perseo- cuando su teléfono sonó con una llamada de un número que no reconoció, con código de área internacional.
-¿Emme Di Mauro? -preguntó una voz masculina, con un acento marcado que Emme no pudo identificar completamente.
-Sí, soy yo.
-Mi nombre es Chen Wei, soy asistente ejecutivo de uno de los inversionistas con los que Perseo está negociando aquí en Singapur. Lamento contactarla directamente, pero pensé que sería importante que supiera algo que ha surgido durante las negociaciones.
Emme sintió que una punzada de inquietud se instalaba inmediatamente en su pecho.
-¿Qué tipo de información?
-Verá, las negociaciones han estado complicadas, en parte porque uno de nuestros socios principales tiene reservas sobre la estabilidad y el enfoque de la empresa Lombardo Ferrara, considerando el reciente cambio de liderazgo debido a la condición de salud del padre de Perseo. Han estado presionando bastante fuerte, y Perseo ha estado trabajando prácticamente sin descanso durante los últimos días para convencerlos de la viabilidad del proyecto.
-¿Por qué me está contando esto a mí?
Editado: 08.10.2026