Romance de los Tres Vientos - Acto 1

Capítulo 1. El fondo del abismo

La muerte estaba allí presente, a la espera de recoger la esencia de un nuevo cadáver, mas no sería el alma de esta chica inocente, cuyos ojos había abierto de nuevo en medio de aquella oscuridad. Su consciencia había regresado, y a su vez el fuerte deseo de conocer su propio estado, porque si había algo que entendía, era el hecho de que no entendía nada. Era evidente, pues el vacío la había devorado, pero no todo estaba perdido. El final del túnel era solo el principio.

—(¿Estoy... viva?) —pensó la chica, dudando de ello por unos segundos, pero luego lo negó con la cabeza, dándose cuenta de la realidad—. (No... No puede ser. Papá me atravesó con esa espada y me arrojó al agujero sin fondo. Es imposible que haya sobrevivido. Entonces... esto debe de ser la otra vida. Estoy muerta en realidad).

Unas lágrimas vinieron a los ojos de la chica, y por un momento pareció que iba a llorar de tristeza, maldiciendo así su terrible destino, pero eso no llegó a suceder. Las gotas nunca llegaron a caer, dejándole los ojos llorosos y nublados.

—(No merece la pena) —pensó ella—. (Tampoco debería estar triste por ello. Lo que está hecho, hecho está. Si estoy muerta, lo único que puedo hacer es aceptarlo. No tengo otra opción).

Con calma y paciencia, la chica trató de levantar la cabeza, intentando descubrir lo que se encontraba a su alrededor. Pero de nada iba a servir: su visión estaba completamente apagada, sin ni siquiera poder ver su propio cuerpo.

—(¿Dónde estoy?) —se preguntó—. (¿El otro lado siempre ha sido así de oscuro?).

Más y más dudas sin respuesta, ni las iba a encontrar mientras permaneciera tumbada sin hacer nada. Debía levantarse, el primer paso para encontrar la verdad, pero no podía hacer a ciegas, al menos en sentido metafórico. Un paso en falso y a saber a qué se enfrentaría.

Su primer movimiento fue analizar con las manos aquella superficie en la que estaba tumbada, que no parecía ser plana sino bultosa, con algunos desniveles de por medio. Era un verdadero riesgo poner el pie en aquella superficie, pero... ¿qué otra cosa podía hacer salvo intentarlo? Como Nana solía decirle: atreverse es el primer paso para el éxito. Además, ¿qué iba a perder intentándolo? Ella ya estaba muerta. Nada peor podía ocurrir.

Sin más esperas, la chica se decidió y optó por seguir adelante, lo que la llevó al segundo paso de su plan: colocar los pies firmemente en el suelo, preparando sus rodillas para el levantamiento. Y ahora, el paso final: con la ayuda de su mano para subir la cadera, esta chica intentó levantarse de una vez por todas... salvo que no llegó a estabilizarse y tropezó con aquello que pisaba mucho antes de conseguir su objetivo. La chica terminó cayendo hacia atrás, golpeándose el cuerpo con lo que parecía ser una pequeña ladera llena de piedras y troncos, hasta que finalmente cayó de frente contra un suelo distinto al anterior, mucho más plano y duro en comparación.

—(¡Aich, aich, aich!) —pensó la chica, mientras se recuperaba de la caída—. (¿Es que los muertos también pueden sentir dolor? Esto es peor de lo que imaginaba. Tengo que estar más alerta).

Poco a poco, esta chica rodó hasta darse la vuelta, colocándose boca arriba de nuevo. La caída fue letal para ella, pero eso no significaba que debía abandonar la idea de levantarse. Estuvo dispuesta a intentarlo una última vez, pero primero, revisión del terreno. La chica extendió las extremidades y las movió a los lados continuamente, de la misma forma en la que crearía un ángel de nieve. "Otra caída no, por favor", pensó mientras lo hacía, rezando para que no ocurriera una tragedia similar. Sin embargo, esta vez no encontró nada que temer. La superficie seguía siendo lisa, ya sea en sus cercanías como en sus alrededores.

Asegurado el terreno, la chica lo volvió a intentar, colocando los pies en el suelo con firmeza y usando las manos para ayudar al resto del cuerpo a ascender. En poco tiempo lo consiguió, levantándose de nuevo sin darse de morros, y esto la llevó a alegrarse bastante, tal vez demasiado, porque en su situación no importaba si estaba tumbada y levantada. Su alrededor seguía sumido en la oscuridad.

—(Y ahora, ¿qué hago?) —pensó ella misma, hasta que la solución apareció justo delante de sus narices, en forma de luces que se encendieron a la vez en ese preciso instante.

El contacto directo con la luz la obligó a cerrarlos al instante, cayendo de rodillas del susto y llevándose las manos a los ojos para una capa extra de protección. No podía verlo todavía, pero su ceguera momentánea era causa de las lámparas de barras de la habitación, colocadas alrededor del gran agujero que se hallaba justo encima de su cabeza. El mismo agujero por el que había aterrizado en aquella misma habitación, pero su atención estaría lejos de ser puesta en él. Otro horror le esperaba justo delante de sus narices, y fue su propia nariz lo que alertó, con un olor nauseabundo que inundaba su alrededor. Sin embargo, pudo resistirlo de momento, pero su curiosidad siguió latente y decidió quitarse las manos de los ojos solo para descubrir el origen de la peste. Poco después se arrepentiría de haberlo hecho.

Tras quitarse las manos y abrir sus ojos adaptados a la luz, la chica se encontró con una imagen de pesadilla justo a escasos metros de su cara. Se trataba de la cabeza invertida de un hombre, con la barbilla hacia arriba, la frente hacia abajo y unos ojos muy abiertos que nunca volverían a parpadear. La chica se asustó nada más verlo, arrastrándose al lado opuesto para alejarse de aquel extraño, y no tardó en chocarse contra la pared de la sala, una posición perfecta para descubrir la última verdad: estaba delante de un gigantesco montón de cadáveres humanos, formando una montaña en el centro de aquella gran sala circular. Lo que le pareció haber sido una caída por una ladera resultó ser el acto de chocarse contra diferentes cadáveres que se había encontrado en su camino. Y esta imagen de pesadilla la aterró demasiado, tanto que no pudo contenerse ni un segundo más, soltando el más espantoso de los gritos. Un grito que se extendió por la sala entera y por el agujero por donde había caído.



#1225 en Fantasía

En el texto hay: mitos, drama, bildungsroman

Editado: 15.10.2026

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