## 34: Noche de terror parte 1 "Fiesta de sangre"
—¡¡Ahhhhhhhh!!
Los gritos de agonía e histeria chocaban violentamente contra el estruendo de los parlantes que aún retumbaban en la parte superior del edificio frente a la plaza. El tumulto de gente se dispersaba desde el centro de la plaza hacia los bordes, desbordándose en desbandada hacia las calles y callejones cercanos en un intento desesperado por huir del caos y los zarpazos letales de las criaturas. Aquellas mujeres de atractivo deslumbrante se desfiguraban a una velocidad grotesca, transformándose en aberraciones sedientas de carne.
Avanzando en dirección contraria al flujo de la multitud aterrorizada, Vladimir sostenía el rifle con firmeza. Abrió fuego de inmediato contra una de las bestias que devoraba a un ciudadano sobre el suelo, descargando una ráfaga entera sobre uno de sus costados. La criatura chilló con un sonido agudo y chirriante, desviando toda su atención hacia el joven para abalanzarse sobre él. Sin embargo, una segunda ráfaga —ajena al arma de Vladimir— impactó de lleno en el rostro de la abominación; los disparos provenían de Roger, otro de los Slayers.
—¡Vlad! —exclamó Roger, acercándose a paso acelerado y rematando a la bestia junto a Vladimir hasta vaciar el cargador—. No sé de qué mierda se trata esto, pero hay que movernos. ¡Necesitamos organizarnos ya!
—Tora está en la plaza —respondió Vladimir mientras recargaba a toda prisa a medida que comenzaban a retroceder. Avistó la figura de la mujer a unos cuarenta metros, mientras el sonido de disparos de otros Slayers resonaba por doquier—. Con ella a la cabeza, probablemente terminemos con sea lo que sea esto... Con bajas mínimas, espero. —Echó un vistazo al devastado panorama, observando cómo varios ciudadanos caían masacrados—.
—¿Crees que tenga algo que ver con esos malditos que trajimos al pueblo? —inquirió Roger.
—Es posible —respondió Vladimir, disparando a otra de las criaturas sin detener la marcha para alejarse del centro de la plaza—. Esos malditos probablemente estén involucrados. Si lo confirmo yo mismo, los barreré a plomo. ¿Logras ver a Wheesel?
Roger barrió el horizonte con la mirada hasta vislumbrar un cuerpo agónico que se convulsionaba a lo lejos. Su rostro se desencajó.
—¿Roger? —Vladimir lo miró extrañado y, al notar su expresión atónita, giró la cabeza y descubrió la escena—. ¡Carajo! ¡Maldita sea! No hay tiempo para esto. Recorramos la zona y organicemos a los grupos en cuadrillas por ahora. Todo sería más fácil, pero la maldita música no ayuda en nada. ¿Qué demonios les sucede a esos idiotas allá arriba? ¿Acaso están ciegos y sordos?
En la azotea del edificio de dos plantas que servía como cabina para el DJ, la música retumbaba ajena a la matanza. Allí, los dos chicos y la joven que operaban los equipos casi gemían de puro horror al verse acorralados por dos de las depredadoras.
—No, no, no, amor... No temas —dijo la chica rubia, cubierta de sangre desde la boca hasta el pecho. Avanzaba a paso lento mientras uno de los chicos retrocedía aterrado para evitar cualquier contacto con ella—. ¿Es por la sangre? No es mía... Ven aquí, tranquilo.
A un lado, la otra depredadora, una chica pelinegra de ojos llameantes, vigilaba a los otros dos jóvenes que permanecían agachados. Se llevó el dedo índice a los labios con un gesto coqueto, enseñando unos colmillos felinos.
—Shhhhhhh, calladitos, vale —susurró, acariciando el rostro de la chica atrapada, quien gimió cerrando los ojos por el terror—. Eres muy linda.
—¡Aléjate, maldito demonio! —gritó el chico, situado al borde de la azotea, justo de espaldas al tablero cableado y a los enormes altavoces.
—Jajajajajaja —se burló la rubia, llevándose la mano a la boca mientras sus uñas se transformaban en garras afiladas—. Puedo oírlo... Puedo oír cómo tienes los testículos en la garganta. Jajaja.
A una velocidad inhumana, la criatura cortó la distancia hasta quedar a escasos treinta centímetros de él.
—Jajajaja, ¿estás listo?
Al abalanzarse con las fauces abiertas de par en par de forma exponencial, el shock superó la capacidad del muchacho.
—¡Aahhhhh! ¡Ahhh! ¡Ahhhhh!
Los ojos del chico se pusieron en blanco y su cabeza se tambaleó sobre su cuello al perder el conocimiento. Cayó pesado de espaldas, estrellándose contra el tablero de control y arrastrando consigo una maraña de cables enredados. El tirón arrancó los pesados altavoces del borde, enviándolos al vacío junto con el cuerpo del joven. El muchacho se estrelló contra el suelo de la plaza, rompiéndose el cráneo instantes antes de ser aplastado por la mole de madera y metal de los parlantes.
La música cesó de golpe, dejando paso a un silencio sobrecogedor interrumpido solo por los gritos lejanos.
—Upsy... —soltó la rubia con falsa inocencia. Se giró hacia la pelinegra y los otros dos rehenes—. Bueno, aún podemos compartir, ¿no? —Se acercó a los muchachos con una sonrisa macabra—. Hola, muchachos, soy Charlize y ella es Adeline. Mmmm, se ven divinos.
—La chica es mía —sentenció Adeline, la de cabello negro.
—Como digas —aceptó Charlize. Atravesó el espacio con rapidez, tomó al joven por un tobillo y lo arrastró por el suelo de concreto.
—¡Ahhh, no, por favor! ¡Te lo ruego! ¡Te lo ruego por lo que más quieras, déjame vivir! —suplicó el muchacho, levantando el torso e uniendo las manos en un gesto desesperado.
—¡¡Ahhhhhhh!!
Charlize se le encimo directo al cuello. Los gritos y los pataleos cesaron a los pocos segundos.
La otra muchacha observaba la escena petrificada, parcialmente bloqueada por la figura de Adeline.
—Tch, tch, tch, tch... Tus ojos en mí —dijo Adeline, colocando sus manos frente al rostro de la joven mientras sus garras crecían más de veinte centímetros desde sus dedos—. Descuida, no soy tan sádica como ella. Prefiero matar a mis presas primero.
La chica rompió a llorar, pero Adeline no mostró piedad. Encajó las enormes garras justo debajo de la arcada costal, enterrándolas lentamente en dirección al hígado, el estómago y los pulmones. Los ojos de la víctima se desorbitaron y el shock acabó con su vida casi de inmediato. Adeline retiró las garras ensangrentadas y se puso en pie.