## 36: Noche de terror parte 3 "Tres cruces al final del camino"
Less corría a ciegas por un entramado de callejones oscuros y asfixiantes, flanqueados por muros de concreto húmedo sobre los que se apilaban vigas oxidadas, chatarra industrial y cauchos viejos desgastados. El eco lejano de los disparos y los gritos desgarradores resonaba en las paredes de los edificios cercanos, convirtiendo el pueblo en un matadero a cielo abierto.
De pronto, un impacto seco sobre el asfalto cortó su avance. Una figura femenina aterrizó con gracia felina justo frente a él, obligándolo a clavar los talones en el suelo para frenar de golpe. La chica, de una belleza turbadora y cabello negro azabache, lo observó con una sonrisa juguetona.
—Hola, guapo, ¿a dónde vas tan solo, eh?
Less ladeó la mirada apenas un segundo, manteniendo el rifle táctico alzado y apuntando fijamente hacia su pecho.
—¿Huh? ¿No estás manchada de sangre? —preguntó Less, reparando en el tono rojizo que empapaba las yemas de los dedos de la joven.
—Mmmm, huh, es cierto. Soy una chica muy asustada e indefensa, ayúdame —suplicó ella con una actuación deliberadamente pésima, sacando la lengua juguetona mientras se llevaba las manos a la boca, embarrándose las mejillas con la sustancia carmesí—. Jajajaja, ¡jajajaja! Mierda, ahora que logro verte mejor ya no eres guapo, eres demasiado hermoso. ¿Quieres ir a un lugar más apartado y hacemos un pequeño demonio? Juju, ¿no te gusta la idea? Me llamo Adeline. ¿Y tú? Oye, ¿por qué no has disparado? Ahhh, ya veo, jsjsjsj. Entonces sí te gusto. Los hombres son tan fáciles de manejar, solo piensan con el miembro. Sé lo que quieres.
Adeline comenzó a deslizar su ropa lentamente, dejando caer las telas sobre el barro hasta quedar completamente desnuda frente a Less. Con pasos contoneados y provocativos, comenzó a acortar la distancia.
—Ven, vamos, dejémonos llevar...
Less esperó pacientemente, dejándola avanzar hasta que estuvo a escasos cinco metros de distancia.
—Qué ironía. Fuiste fácil de manejar, tú sola te pusiste a tiro.
Adeline arrugó las facciones, mutando su expresión de coquetería a un gesto de pura rabia.
—¿Cómo dices, maldito?
Less apretó el gatillo, liberando una ráfaga a quemarropa directo al rostro. Adeline interpuso los antebrazos a una velocidad sobrehumana; el fuego del rifle impactó de lleno contra su piel reforzada, pero la chica no se detuvo. Avanzó a través del chispazo de las balas y le asestó una patada brutal en el pecho que envió a Less a volar varios metros hacia atrás.
Less rodó violentamente sobre el suelo, reincorporándose como pudo antes de volver a ametrallar. Adeline corrió en diagonal, escalando por la pared de concreto para esquivar la mayor parte del plomo. Less continuó disparando de pie hasta que el mecanismo del rifle emitió un chasquido seco. Se le habían agotado las municiones.
La chica volvió a aterrizar sobre el asfalto tras una voltereta perfecta.
Less contempló el arma vacía por un instante.
—Mierda.
Adeline le dedicó una sonrisa macabra y comenzó a arremeter a toda velocidad hacia él.
—Joder.
En un acto desesperado, Less le arrojó el rifle a la cabeza para intentar retrasar su avance un segundo. Sin perder el impulso, se giró hacia una ventana ubicada metros más adelante y se arrojó de lleno contra el cristal. La estructura cedió con un estruendo metálico y él irrumpió en el interior de la vivienda rodeado de una lluvia de vidrios rotos.
Aturdido y dolorido, Less se levantó lo más rápido posible. Avanzó a paso apresurado por los pasillos en penumbra de aquella casa invadida; las paredes estaban salpicadas de manchas densas de sangre y, en el suelo de la sala, yacía el cadáver de un hombre junto a un machete oxidado. Less se agachó, empuñó el arma blanca y continuó su huida hacia un corredor estrecho, cercado por un enrejado de protección que desembocaba en un pequeño patio compartido entre varias casas.
Cruzó el patio a toda prisa, pero la voz de la criatura resonó a la distancia.
—Espera, cariño, no puedes huir para siempre.
Less se detuvo al final del patio y se dio la vuelta. Detrás del enrejado, Adeline caminaba lentamente, pasando sus garras sobre las vigas de metal como si desfilara por una pasarela, provocando un chirrido metálico espeluznante.
—No, ya no voy a huir, tengo un machete en la mochila —dijo Less, apuntándola directamente con el filo del arma.
Adeline salió al patio, cruzando la abertura con gracia aterradora.
—¿Mochila? ¿Qué mochila? No intentes confundirme.
—Ven, linda, no me hagas esperar —la desafió él.
Adeline dejó escapar una serie de frases entre gemidos fingidos.
—¡Ay, linda! No me llames así que me derrito...
De repente, la criatura desplegó unas garras filosas de más de veinte centímetros de largo y se lanzó en una embestida salvaje, desatando una lluvia de zarpazos mortales. Less aferró el machete en un agarre táctico, bloqueando cada ataque con movimientos precisos de su antebrazo. Aprovechando una brecha, ejecutó un poderoso swing desde la espalda, girando el agarre e imprimiendo toda la fuerza de su cuerpo en la hoja.
El filo se clavó profundamente en el hombro de la Cry Angel. Adeline chilló de dolor y, cegada por la ira, lanzó un zarpazo directo al vientre de Less. Como estaba distraída por el arma en su cuello, el ataque fue tosco. Less intentó esquivar dando un salto hacia atrás; aunque logró evitar que le abrieran el abdomen, las garras rasgaron la camiseta debajo de su gabardina, dejándole tres profundas heridas sangrantes.
El dolor lo obligó a inclinarse por un segundo. Mientras tanto, Adeline contemplaba el machete clavado en su carne.
—Vas a pagar por esto, lo juro —masculló la chica. Aferró la empuñadura y extrajo el filo de un tirón seco—. ¡Ahhh!
Movió el cuello a ambos lados como si estirase.
Less dirigió la mirada hacia un pedazo de viga de hierro abandonada en el suelo, a unos metros a su costado.