Sal de mi piel

Puedo salvarlo

El fin de semana lo pasé sumida en mis pensamientos, intentando decidir qué era lo mejor para hacer, mi mente iba y venía entre la rabia, la tristeza y el deseo de hacer algo, al final opté por lo más simple, que era fingir que todo seguía igual, por ahora no quería confrontaciones ni dramas innecesarios.

Kenia... Ella era mi amiga, una de mis mejores amigas, la persona a quien podía contarle mis secretos, mis inseguridades, todo lo que me pesaba, pero ¿cómo fue posible que no me dijera nada?, esa traición silenciosa y secreta, me dolía más que el hecho de que estuviera involucrada con Uziel, no era solo él quien había cruzado un límite, era ella, alguien que siempre pensé que estaría de mi lado.

Aunque solo quería que ella me lo dijera, así que decidí mantener las apariencias, sin embargo, internamente todo estaba cambiando, con Uziel y Kenia, mis actitudes se volvieron más distantes de una forma sutil, casi imperceptible, pero lo suficiente para que yo me sintiera un poco más protegida.

Durante los días siguientes, actué como si nada me ocurriera, respondía mensajes, sonreía en los pasillos y mantenía la calma. A las demás no les quise contar todos los detalles que sabia de lo que pasaba entre Kenia y Uziel, incluso le pedí a Kanu que no dijera nada, simplemente les hablé de la chica que Uziel no superaba, aquella chica que reconocí de inmediato porque en una ocasión, durante una clase la vi llorando, fue como conectar los puntos y el resultado me golpeó con fuerza.

Mientras que con Kenia, nuestras conversaciones empezaron a ser más cortas, casi mecánicas.

Kenia —Ya me contó que le compraste su porro, pero en buena onda, jajaja.

—Si Jajaja.

Era una risa vacía, casi automática, ya no había esa chispa de complicidad entre nosotras, o al menos ya no de mi parte, y así poco a poco nuestras conversaciones se volvieron ocasiónales, otro día volvió a escribirme.

Kenia —Uziel se acaba de salir del salón porque no hizo la tarea, ya que la maestra dijo que los que no hayan hecho la tarea mejor se salgan.

—Ay pobrecito.

Kenia —Jajaja, pero creo que ya ni tenía faltas y hoy le van a poner falta.

—Qué tonto.

Con Uziel, en cambio, todo parecía seguir igual en la superficie, continuaba acercándose, mandándome mensajes de vez en cuando, por mas que intentara ser distante, no lo lograba, en es especial en los momentos que solo estábamos a solas él y yo, en esos momentos se comportaba como una persona diferente, aunque siempre he sabido que hay algo especial en él, en sus ojos que se iluminan al hablar, en su risa que es tan intensa que parece llenar todo el espacio y su voz... su voz tiene un poder indescriptible sobre mí.

—Es un alma en pena —les decía a mis amigas cuando intentaban abrirme los ojos.

Sheccid —Vamos a hacerte terapia de choques para que aprendas.

Fernanda —De verdad, Danna, te voy a golpear si no lo dejas ir, hay más peces en el mar.

—Les prometo que en algún momento lo voy a soltar.

Lia —Sí, corazón, nosotros apoyamos eso

Fernanda —Es más, te premiamos si lo haces.

—-Les prometo que un día pasara, pero aun no es ese día, así que tendrán que seguir soportando.

Se que ellas rodaban los ojos al leer los mensajes, pero no se daban cuenta de cuánto deseaba que tuvieran razón, sin embargo mi corazón seguía aferrado a esa fantasía de que puedo salvarlo, de que hay algo en él que vale la pena para mí, porque Uziel era como una obra de arte incompleta y yo era la artista que lo completaría, la que le daría forma.

En el fondo sabía que estaba ignorando las señales, pero no podía evitarlo, mientras tanto las dinámicas entre mis amigas también comenzaban a cambiar, Malia se estaba volviendo más cercana a Kenia, no me molestaba, pero notaba cómo nuestra unión de antes se iba desvaneciendo poco a poco.

Por otro lado, Sheccid y yo empezábamos a tener una amistad aún más fuerte de lo que ya era, ella siempre sabía qué decir para hacerme sentir mejor, incluso cuando me rehusaba a dejar de justificar a Uziel, entre sus bromas y consejos, encontraba un nuevo refugio.

Pero a pesar de todo, una parte de mí seguía queriendo creer en los finales felices, aunque la realidad me estaba mostrando lo contrario, pero sabia que podía llegar a ese final si es que lo podía arreglar, aunque la realidad era que no podría hacerlo.




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