Los días siguientes fueron una montaña rusa emocional, aunque por fuera seguía intentado mantener la apariencia de que todo seguía con normalidad. Un día después de clases, Sheccid y yo nos quedamos en la cafetería, mientras compartíamos un frappé y unas papas, me sentí más cómoda de lo que había estado en mucho tiempo.
—¿Sabes qué es lo que más me molesta? —le dije, mirando la mesa.
—¿Que no lo superas o que no lo puedes soltar? —respondió ella con su característico tono de sinceridad brutal.
—Ambas cosas —solté una risa amarga.
—Pues yo digo que te lo saques de la cabeza, pero tampoco te voy a presionar, si te lo digo porque sé que no te conviene, no porque me encante repetírtelo.
Asentí, agradecida de que no me juzgara, aunque fuera directa, al menos con Sheccid sentía que podía ser yo misma, sin pretender que todo estaba bien, había algo en su presencia que me ayudaba a sostenerme cuando todo se tambaleaba, sin embargo lo que más me desconcertaba era aun Kenia, ella seguía hablándoles a todos como si nada, incluso con Sheccid y conmigo mantenía una amabilidad que parecía genuina, pero yo ya no confiaba en ella.
En las clase que compartíamos Kenia y yo, prefería sentarme con Asher mientras que ella se iba con Malia, había ocaciones en las que no entraba porque se iba con Mateo, eso lo sabia porque aveces ninguno de los dos entraba a la clase, por lo que era facil suponer que estaban juntos. Cada vez que ella intentaba acercarse a mi sentía un nudo en el estómago.
—Danna ¿qué tal te fue en el examen de mate? —me preguntó un día en el pasillo, como si todo estuviera bien.
—Más o menos —respondí seca, sin ganas de alargar la conversación.
—Ay, no te preocupes, seguro te fue bien.
—Si, igual supongo que te fue de maravilla.
Sus palabras, aunque aparentemente eran inofensivas, me sonaban falsas, ¿cómo podía hablarme así después de lo que sabía? ¿después de lo que había hecho?, había veces en las que sentía que la odiaba, mientras que en otras sentía que ella me odiaba, era tan confuso. Esa tarde, mientras caminábamos a casa, Sheccid notó mi incomodidad y me lo mencionó.
—Oye, ¿no sientes que Kenia está intentando compensar algo?
—No sé —si sabia—. Pero no puedo simplemente hablar y confiar tan fácil en ella, no después de lo que pasó el día del eclipse y lo que siguió después.
—Pues no te presiones, si no te sientes lista para hablar con ella o arreglar las cosas, no lo hagas, pero tampoco te desgastes pensando en eso.
Sheccid siempre tenía las palabras justas para cada situación. En el grupo la dinámica también cambió, aunque todas parecían estar de mi lado, había un equilibrio extraño, ya que Kenia seguía siendo amable y atenta, como si nada hubiera pasado, y a veces incluso hablaba con Sheccid, Kanu, Oriol, Fernanda, incluso con Uziel como si todo estuviera bien, era como si intentara reconstruir algo que para mí ya estaba irremediablemente roto.
Por la tarde, hablé con Sheccid por mensaje.
Sheccid —Aveces a un me duele que mi ex piense mierda de mí, aunque ojalá a la próxima le toque su mejor versión.
—Sigo sin entender porque llegaste a salir con alguien como él.
Sheccid —Creo que solo me aferraba a los recuerdos y no a la persona.
—Justo pasa eso.
Sheccid —Cómo sea, ya lo bloqueé de todos lados.
—Que bueno que lo hiciste.
Sheccid —Pero aun así me siento triste
—Ay, no estés triste por un intenso que solo sube indirectas y no puede decirte las cosas,
Sheccid —Ya sé.
—Lo mejor es que ya no esté en tu vida.
Sheccid —Lo se, mejor vamos a pasear el viernes para ya olvidarlo por completo
—¡Síiiiiii!
Sheccid —Te quiero mucho.
—Yo igual te quiero mucho.
El viernes llegó rápido. Sheccid y yo decidimos ir a un café que había abierto hace poco, era un lugar pequeño, pero acogedor, con luces cálidas y música suave de fondo, pedimos capuchinos y un par de rebanadas de pastel. Comenzamos a platicar sobre lo que había pasado con su ultimo ligue que había conocido en la salida que habiamos tenido con las demás.
—¿Qué pasó con Oliver?, ya nunca me contaste acerca de él después de que te fue a ver a la escuela.
—Decidimos quedar como amigos por el momento —respondió.
—Eso esta bien, al menos aclararon las cosas.
Mientras hablábamos, me di cuenta de que esos momentos eran los que realmente importaban, la tranquilidad de estar con alguien que entendía lo que sentía y viceversa.
—Sabes, a veces pienso que Kenia ni siquiera se da cuenta del daño que hizo —dije mientras jugaba con la cuchara.
—O tal vez sí, pero prefiere fingir que no pasó nada, es más fácil así.
—No se si pueda perdonarla...
—No tienes que hacerlo si no estás lista, el perdón no siempre es para la otra persona, también es para ti, pero tienes que tonarte tu tiempo para hacerlo —dijo interrumpiéndome.
Por la noche al llegar a casa, me puse a pensar sobre lo que había dicho Sheccid, tal vez no era necesario resolver todo de inmediato, tal vez era suficiente con seguir adelante, un paso a la vez, aunque todo se sintiera confuso.
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Editado: 21.10.2026