La música sonaba en mis oídos, las luces de colores iluminaban todo y el ruido a mi alrededor parecía hacerse eco de mi propio caos interno, estaba rodeada de desconocidos que reían y bailaban, pero yo me sentía como una isla en medio de un océano de alegría, cada risa ajena era un recordatorio cruel de mi tristeza.
Esta noche se suponía que sería divertida, lo esta siendo hasta hace una momento, pero entonces los vi... Uziel y Sheccid estaban besándose. La imagen me golpeó, ya había visto esta escena antes y no me gustó el final, me quedé inmóvil sin saber que hacer, hasta que de pronto nuestras miradas se cruzaron, la de mi amiga y la mía, su expresión de sorpresa fue como una daga clavándose más profundo en mi corazón, lo único que pude hacer fue sacarles el dedo corazón y huir.
Mis ojos buscaron desesperadamente la puerta, como si al cruzarla pudiera dejar atrás la traición y el dolor, sentía que el aire se volvía denso y cada paso que daba se tornaba más difícil, de repente pude sentir cómo alguien intentaba detenerme mientras que yo trataba de pasar entre la gente, fue entonces que la persona que estaba detrás de mí me agarró con fuerza, me di la vuelta y vi que era Kenia.
—Acabo de ver todo, ¿estás bien? —me preguntó con preocupación, su voz apenas era audible por el ruido de la música.
Ella era la última persona que quería ver, su presencia me provocaba recuerdos que había intentado enterrar, pero ahora se repetían también en mi mente.
—¿Tú qué crees? —le respondí con mi voz cargada de rabia y tristeza.
Ella se quedó callada, tratando de buscar algo que decirme, mientras yo intentaba soltarme de su agarre.
—Suéltame —le dije, mi voz temblando de frustración.
—No, hasta que te calmes —respondió firmemente, aunque sus ojos reflejaban una mezcla de culpa y tristeza.
—¡No!, tú eres la última persona que quiero ver.
—¿Por qué?
—¡Porque hiciste lo mismo varias veces! —le grite con mi voz quebrándose al final.
Ella se quedó sorprendida, el impacto de mis palabras se reflejo en su rostro, hasta quedarse quieta.
—Ya sé que se besaban a escondidas de mí, por eso me distancié de ti, ahora vete, no quiero verte.
Ella solo asintió, con sus ojos llenándose de lágrimas me soltó y se fue a la dirección contraria, mientras que yo continué mi recorrido hacia la puerta, sintiendo como cada vez crecía mas un nudo en mi garganta, el cual me impedía respirar con normalidad, por lo que me detuve en una pared cercana. Empecé a sentir cómo la respiración me fallaba, tenía tantas ganas de llorar, pero no quería derrumbarme ahí mismo, trate de calmarme intentado cerrar los ojos, pero la escena se repetía una y otra vez en mi mente, cada repetición era un nuevo golpe, al abrirlos pude ver cómo a lo lejos se acercaba Lia.
—No puedo respirar —le dije, apenas logrando pronunciar las palabras.
—Vamos afuera —dijo ella guiándome con suavidad, su voz calmada estaba siendo el ancla que necesitaba.
Al salir a la calle, el aire fresco me golpeó en la cara como un golpe de realidad, respiré profundamente y pude sentir cómo mi respiración empezaba a estabilizarse, pero las lágrimas comenzaron a salir sin control.
—¿Por qué?, ¿por qué ella? —dije más para mí que para Lia, con mi voz quebrada y apenas audible.
—No lo sé —dijo acercándose para abrazarme, su calor era un consuelo momentáneo, pero el dolor seguía latente en mi pecho.
—Lo habíamos hablado, ustedes sabían cómo me sentía por él —mi voz estaba cargada de amargura y desilusión.
—Ya tranquila —decía Lia a la vez que estaba acariciándome la espalda en un intento de calmarme.
—¿Por qué lo hizo?, ella sabía lo que significaba para mí.
—Lo sé, pero no sabemos qué pasó para que llegaran a eso.
—Me quiero ir —dije, sintiendo cómo un cansancio empezaba a invadir mi cuerpo.
Nos separamos y continué respirando profundamente, miré hacia el cielo, buscando alguna señal, alguna esperanza, pero todo lo que vi fueron miles de estrellas indiferentes que brillaban, me pregunté si alguna vez sería feliz, si alguna vez podría superar este dolor. En eso salió Sheccid, quien parecía estar también afectada, sus ojos estaban enrojecidos y su expresión era de angustia.
—Perdóname —dijo, su voz apenas un susurro.
—¿Por qué?, ¿por qué lo hiciste? —pregunté, mi voz estaba cargada de una mezcla de ira y tristeza.
—Perdóname, sé que lo arruiné y no hay excusa —sollozoso mientras sus manos temblaban en busca de un abrazo.
Pero me aparte, no quería que me tocara, no quería escucharla, no quería verla.
—Tú sabes cómo me dolió cuando Kenia lo hizo y ahora lo haces tú.
—Perdón, soy una tonta — repitió, con la voz entrecortada.
Poco después también salió Kenia, su presencia solo aumento el fuego de mi enojo.
—Que no te dije que te fueras, no quiero verte —le dije con lágrimas aun saliendo.
—Yo también lo siento —dijo, mientras su voz se quebrada por la culpa.
—Ambas son unas traidoras, ambas sabían lo que sentía por él y aun así lo hicieron, que les pasa se supone que éramos amigas.
Las cuatro nos quedamos en silencio, cada una atrapada en su propio mar de emociones.
—Me voy —dije finalmente, con la voz firme mientras trataba de secar mis lagrimas.
—Te acompaño —dijo Sheccid entre lágrimas.
—Yo también —menciono Kenia, que también seguía llorando.
Regresamos a la fiesta, no quise ni fijarme si aun estaba Uziel, ya que por su culpa estaba pasando todo, cada una fue por sus cosas, aunque quería dejarlas e irme sola, estuve apunto de hacerlo, pero para mi mala suerte ellas ya estaban en la puerta esperándome. Me puse mi chamarra mientras pedían un auto de aplicación, ninguna decía nada mientras esperábamos a que llegara, cuando llegó, me despedí de Lia con un abrazo.
—Madame mensaje por cualquier cosa —dijo mientras nos separábamos.
Asentí y me subí al auto, se sentía una tensión, que hasta incluso el conducto intento romper poniendo musica, pero ni eso funciono. Estábamos llenas de un dolor inmenso que ninguna de las tres podía expresar, las palabras se habían quedado atrapadas en nuestras gargantas y solo nos habíamos quedado en silencio sin mirarnos, mis lágrimas seguían cayendo, nublándome la vista, ¿había hecho algo para merecer este dolor?, ¿por qué siempre tenía que ser yo la que saliera herida?
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Editado: 21.10.2026