La mansión Vitale estaba sumida en un silencio insoportable.
Liam caminaba de un lado a otro del despacho de su padre, con la mandíbula tensa y los puños cerrados.
—¡Me vas a decir la verdad de una vez! —exigió—. ¿Por qué nuestras familias odian tanto a los Drăculea? ¿Qué tiene que ver Valeria con todo esto?
Su padre bajó la mirada. Durante años había guardado un secreto que ahora amenazaba con destruir la felicidad de su propio hijo.
—Liam… la enemistad entre nuestras familias comenzó con una mentira.
Liam se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Nuestros antepasados fueron engañados. Alguien quería impedir que los Vitale y los Drăculea se unieran. Inventaron traiciones, falsificaron pruebas y alimentaron el odio durante generaciones. La profecía… —Su padre respiró profundamente—. La profecía no dice que tú y Valeria deban destruirse. Dice que su unión podría cambiar el destino de ambas familias.
Liam sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—¿Y me dejaron creer que estar con ella condenaría a todos?
—Tenía miedo, hijo.
—¡Pues tu miedo casi me hace perderla!
Liam tomó su chaqueta y salió del despacho sin escuchar nada más.
—¡Liam! ¿Adónde vas?
Él ni siquiera se volvió.
—¡A buscar a la mujer que amo!
🥀 Mientras tanto, Vale…
Valeria estaba en uno de los pasillos del antiguo castillo Drăculea, mirando por una ventana. Tenía los ojos llenos de lágrimas.
No sabía qué pensar. La profecía, las familias, los secretos… todo parecía interponerse entre ella y Liam.
—Tal vez lo mejor sea alejarme antes de que le pase algo —susurró.
—¿Alejarte de quién?
Valeria reconoció aquella voz al instante.
Se giró.
—¿Liam?
Él estaba allí, respirando agitadamente, con el cabello revuelto y la mirada fija en ella, como si hubiera recorrido el mundo entero para encontrarla.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Vale, sorprendida—. Liam, no deberías…
—Ven conmigo. Por favor.
Él extendió la mano.
Valeria dudó apenas un segundo antes de tomarla.
Liam entrelazó sus dedos con los de ella y la llevó por un pasillo lateral, hasta un pequeño rincón oculto detrás de una columna, lejos de las miradas de los demás.
—Liam, ¿qué sucede? Me estás asustando…
Él se volvió hacia ella y le sostuvo las manos. Sus ojos estaban llenos de una desesperación que Valeria nunca le había visto.
—Mi padre me contó todo.
Vale palideció.
—¿Todo qué?
—La verdad sobre nuestras familias. La profecía. Las mentiras que nos hicieron creer que estar juntos era un error.
Valeria apartó la mirada.
—Entonces ya sabes que quizás nuestro amor…
—¡No! —la interrumpió Liam, acercándose un poco—. No vuelvas a decir eso.
—Liam, tengo miedo…
—Yo también, Vale. Tengo miedo de que te vayas. De que un día decidas que todo esto es demasiado y desaparezcas de mi vida.
Él le soltó una mano solo para acariciarle suavemente la mejilla.
—Y no puedo soportar la idea de perderte sin siquiera luchar por nosotros.
Valeria sintió que las lágrimas comenzaban a caer.
—¿Y si la profecía tiene razón?
Liam la miró directamente a los ojos.
—Entonces la enfrentaremos. Pero no voy a dejar que unas palabras escritas hace siglos decidan a quién puedo amar.
Se acercó despacio, dándole tiempo para apartarse si quería. Valeria no se apartó. Al contrario, se aferró suavemente a su chaqueta.
Y Liam la besó.
Fue un beso lleno de todo lo que no había sabido decirle: su miedo, su amor, su desesperación y la esperanza de que todavía pudieran tener un futuro juntos.
Cuando se separaron, él apoyó su frente contra la de ella, sin soltarle las manos.
—VALERIA DRĂCULEA, eres mi todo. Por favor, no me dejes por una profecía. ❤️🔥
Vale lo miró con los ojos brillantes.
—Liam…
—No te estoy pidiendo que no tengas miedo —susurró él—. Solo te pido que no decidas por los dos. Si tenemos que enfrentarnos a nuestras familias, lo haremos. Si tenemos que descubrir la verdad completa, la descubriremos. Pero déjame estar contigo mientras lo hacemos.
Valeria apretó sus manos.
—¿Y si algún día tienes que elegir entre tu familia y yo?
Liam tragó saliva.
—Mi familia puede exigirme muchas cosas, Vale. Pero no puede obligarme a dejar de amarte.
Ella se quedó mirándolo unos segundos y después lo abrazó con fuerza, escondiendo el rostro contra su pecho.
—Eres un idiota, Liam Vitale…
Él soltó una pequeña risa nerviosa y la abrazó también.
—Sí. Pero soy tu idiota.
—No te burles. Estoy hablando en serio.
—Yo también.
Valeria levantó la mirada y cruzó los brazos, observándolo con esa expresión orgullosa que Liam conocía demasiado bien.
—Bien. Pero que te quede algo claro, Liam Vitale.
Él alzó una ceja.
—Te escucho.
—Yo puedo amarte muchísimo, pero no voy a perderme a mí misma por ti. No voy a vivir aterrorizada por una profecía ni voy a permitir que nadie decida lo que debo hacer con mi vida. Ni siquiera tú.
Liam guardó silencio unos segundos. Después asintió, serio.
—Ya, pues. Y no quiero que lo hagas.
Valeria pareció sorprenderse un poco.
—¿Así de fácil?
—¿Qué esperabas? ¿Que te dijera que no puedes pensar por ti misma? —Liam inclinó ligeramente la cabeza—. Puedes enfrentarte al mundo entero si te da la gana. Pero no me pidas que me quede mirando si alguien intenta hacerte daño.
Vale esbozó una pequeña sonrisa.
—No necesito que me rescates, Liam.
—Ya sé. Pero eso no significa que no quiera estar a tu lado.
Valeria sostuvo su mirada.
—Bueno. Al menos estás aprendiendo.
—¿Aprendiendo? Llevo años aguantándote.
—Y puedes irte cuando quieras, Vitale.
Liam la miró fijamente.
—No vuelvas a decirme eso.
—¿Por qué? ¿Te asusta que lo haga?
Él soltó un suspiro y negó despacio con la cabeza.