El jardín de los secretos
La noche cubría el castillo Drăculea con un manto oscuro. Las luces del jardín iluminaban los caminos de piedra, mientras una brisa fría movía las rosas negras que crecían junto a la fuente.
Valeria caminaba de la mano de Liam, observando los alrededores.
—Tengo que admitir algo —dijo ella.
Liam la miró de reojo.
—Eso suena peligroso.
—No te emociones tanto, Vitale.
—Ya, pues. Habla.
Valeria sonrió.
—Me gusta estar aquí contigo.
Liam guardó silencio unos segundos.
—¿Eso fue una confesión de Valeria Drăculea? ¿La misma que hace cinco minutos amenazó con echarme del castillo?
—Puedo echarte cuando quiera.
—Lo sé.
—Y no te estoy diciendo que me gustes tanto.
—Tampoco te lo pregunté.
Valeria se detuvo y lo miró con indignación.
—¡Eres insoportable!
Liam dejó escapar una pequeña sonrisa.
—Y aun así sigues agarrándome la mano.
Vale miró sus manos entrelazadas y después levantó la barbilla.
—Porque tengo frío. No te hagas ilusiones.
—Claro.
—¡Liam!
Él se rio suavemente y le pasó el brazo por los hombros mientras continuaban caminando.
Por unos minutos, pudieron fingir que no existían profecías, rivalidades ni secretos familiares.
Pero aquella tranquilidad no duró demasiado.
🥀 Una visita inesperada
Al llegar a la fuente, Valeria vio una figura al otro extremo del jardín.
Un hombre vestido completamente de negro los observaba.
Liam se puso serio de inmediato.
—¿Lo conoces?
—No.
—Quédate aquí.
Valeria le soltó la mano y lo miró con las cejas levantadas.
—¿Perdón?
Liam cerró los ojos un instante, como si ya supiera lo que venía.
—Vale…
—No vuelvas a decirme que me quede atrás como si fuera una niña. Si hay un problema, lo enfrentamos juntos.
Él la miró y asintió.
—Está bien. Juntos.
Ambos se acercaron al desconocido.
El hombre inclinó ligeramente la cabeza al ver a Valeria.
—Señorita Drăculea. Al fin tengo el placer de conocerla.
—Y tú tienes unos diez segundos para decirme quién eres antes de que pierda la paciencia.
Liam la miró de reojo.
—Siempre tan diplomática.
—Cállate, Liam.
El desconocido sonrió, pero sus ojos permanecieron serios.
—Mi nombre no importa. Lo que importa es que vengo a advertirles que sus familias no les han contado toda la verdad.
Liam dio un paso al frente.
—Acabamos de descubrir que nos mintieron durante generaciones. Vas a tener que ser más específico.
—Su padre les contó una parte de la historia. La parte que le convenía.
La expresión de Liam se endureció.
—¿Qué estás insinuando?
El hombre sacó un sobre antiguo de su abrigo y se lo entregó a Valeria.
—Su madre biológica dejó esto antes de desaparecer.
El jardín pareció quedarse en silencio.
Valeria no se movió.
—¿Mi madre desapareció? Mi madre está viva.
—Su madre adoptiva la ha criado como a una hija —respondió el hombre con cuidado—. Pero la mujer que le dio la vida desapareció hace veinte años. Y los Drăculea llevan todo ese tiempo buscando una explicación.
Valeria apretó el sobre entre los dedos.
Por primera vez aquella noche, su expresión orgullosa se quebró un instante.
Liam se acercó a ella, sin interrumpirla ni intentar decidir por ella qué debía hacer.
—Vale, ¿quieres que nos vayamos?
Ella respiró profundamente y levantó la barbilla.
—No. Quiero respuestas.
Después se volvió hacia el desconocido.
—Empieza a hablar.
🩸 La carta
Valeria abrió el sobre con cuidado.
Dentro encontró una fotografía antigua de una mujer de cabello oscuro y ojos claros. En la parte trasera había una fecha y una frase escrita a mano:
«Para mi hija, cuando llegue el momento de conocer la verdad».
Debajo había una carta.
Valeria comenzó a leer en silencio, pero, al llegar a la mitad, sus manos se tensaron.
—¿Qué dice? —preguntó Liam.
Ella le entregó el papel.
Liam leyó las primeras líneas y frunció el ceño.
La carta afirmaba que Valeria no había nacido simplemente como heredera de los Drăculea. Su sangre estaba vinculada a una antigua alianza entre dos linajes que todos creían extinguidos.
Y había algo más.
Una frase estaba subrayada varias veces:
«Cuando la heredera encuentre al hombre que pueda caminar a su lado sin arrodillarse ante su poder, la verdad despertará. Pero cuidado: no todos los que llevan el apellido Drăculea desean que ella descubra quién es».
Liam levantó la mirada.
—¿Quién escribió esto?
—Tu madre biológica —contestó el desconocido—. Y no es la única persona que conoce ese secreto.
Valeria dobló la carta lentamente.
—¿Mi padre lo sabe?
El hombre no respondió.
Y ese silencio fue suficiente para enfurecerla.
—Te hice una pregunta.
—Su padre sabe más de lo que ha contado.
Valeria soltó una risa fría.
—Perfecto. Primero me ocultan una profecía y ahora resulta que también me ocultan quién soy. Mi familia va a tener una conversación muy interesante conmigo.
Liam la observó con una mezcla de preocupación y admiración.
—¿Estás bien?
Vale lo miró directamente.
—No. Pero voy a estarlo. Y voy a descubrir la verdad, con o sin su ayuda.
—Entonces iré contigo.
—No necesito que me acompañes por obligación.
Liam le sostuvo la mirada.
—No es una obligación, Valeria. Quiero estar a tu lado.
Ella asintió, satisfecha con la respuesta.
—Bien. Porque no pienso detenerme por nadie.
—Ya lo sé.
—Y deja de sonreír así.
—¿Así cómo?
—Como si estuvieras orgulloso de mí.
Liam se acercó un poco.
—Demasiado tarde.
Valeria puso los ojos en blanco, pero una pequeña sonrisa terminó apareciendo en sus labios.