Sangre de la Mafia

Capítulo 10: No soy el hijo que puedes controlar

La puerta del despacho se cerró de golpe.

Liam permaneció inmóvil frente a su padre. Tenía las manos metidas en los bolsillos de su pantalón negro y la mandíbula tan tensa que parecía estar conteniendo años de rabia.

Su padre intentó hablar.

—Liam, antes de que digas algo…

—Siéntate.

El hombre se quedó mirándolo.

—¿Cómo dices?

Liam levantó la mirada lentamente.

—He dicho que te sientes. Tenemos una conversación pendiente.

Su padre, acostumbrado a que todos obedecieran sus órdenes, endureció la expresión.

—No me hables como si fueras el jefe de esta familia.

Liam soltó una risa seca, sin una pizca de humor.

—¿El jefe de esta familia? Curioso. Porque cuando se trata de mentirme, parece que todos tienen autoridad. Cuando se trata de decidir mi futuro, todos saben qué es lo mejor para mí. Pero cuando necesito respuestas, de repente soy demasiado joven para entender.

—Estoy intentando protegerte.

—No.

La respuesta fue tan fría que su padre guardó silencio.

Liam dio un paso hacia el escritorio.

—No vuelvas a utilizar esa palabra para justificar tus mentiras.

🩸 2. El heredero Vitale

Su padre se levantó de la silla.

—Ten cuidado con el tono que utilizas conmigo.

Liam ni siquiera parpadeó.

—¿O qué?

El silencio cayó sobre el despacho.

—Soy tu padre —respondió el hombre.

—Y yo soy tu hijo. No tu soldado. No una pieza que puedes mover para conseguir lo que quieres.

Liam se quitó el reloj y lo dejó sobre el escritorio, con una calma que resultaba mucho más intimidante que cualquier grito.

—Toda mi vida me enseñaste que un Vitale nunca debía mostrar debilidad. Que debía pensar antes de actuar, desconfiar de todos y jamás permitir que alguien tuviera poder sobre él.

Su padre asintió lentamente.

—Y son lecciones que te han servido.

—Entonces explícame por qué tú has hecho exactamente lo contrario.

El hombre frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Confiaste en historias que nunca comprobaste. Permitiste que el odio decidiera por ti. Y después intentaste convencerme de que amar a Valeria era una amenaza para nuestra familia.

Liam apoyó las manos sobre el escritorio y se inclinó ligeramente hacia delante.

—¿Sabes qué es lo peor? Que yo confiaba en ti.

Su padre perdió parte de su seguridad.

—Liam…

—No he terminado.

La voz del joven permaneció baja, firme y controlada.

—Cuando me dijiste que los Drăculea eran nuestros enemigos, te creí. Cuando me advertiste que Valeria podía destruirme, intenté convencerme de que estabas equivocado. Y cuando me pediste que me alejara de ella, tuve que decidir si obedecerte o confiar en lo que yo mismo había visto.

Hizo una pausa.

—Y elegí pensar por mí mismo.

🖤 3. «No vuelvas a decidir por mí»

Su padre rodeó el escritorio.

—No entiendes lo que está en juego. Esa muchacha pertenece a una familia que ha sido peligrosa durante generaciones.

Los ojos de Liam se endurecieron.

—Su nombre es Valeria.

—Sabes perfectamente a qué me refiero.

—No. Quiero que lo digas bien. Si vas a hablar de ella, vas a hacerlo con respeto.

—¿Vas a enfrentarte a tu propia familia por una mujer?

Liam se quedó quieto.

Por un instante, su expresión se volvió completamente indescifrable.

—Voy a enfrentarme a cualquiera que crea que puede utilizar a Valeria para controlar mi vida.

—¡Estás poniendo tus sentimientos por encima de tu apellido!

—¡Y tú estás poniendo tu orgullo por encima de la verdad!

El grito resonó por todo el despacho.

Liam respiró profundamente y volvió a bajar la voz.

—No voy a renunciar a quien soy. Sigo siendo un Vitale. Sigo siendo tu hijo. Pero eso no significa que tengas derecho a elegir a quién puedo amar.

Su padre lo observó con una mezcla de enfado y preocupación.

—¿Y qué pasará cuando esa profecía se cumpla? ¿Cuando descubras que estar con ella tiene consecuencias?

Liam respondió sin vacilar.

—Las enfrentaré.

—¿Y si no puedes protegerla?

La pregunta le dolió, pero no lo hizo retroceder.

—Valeria no necesita que yo decida por ella. Es más fuerte de lo que tú crees. Si llega el momento de enfrentarnos a algo que no comprendemos, lo haremos juntos.

Su padre negó con la cabeza.

—Estás dispuesto a arriesgarlo todo.

—No. Estoy dispuesto a dejar de vivir según los miedos de otras personas.

🔥 4. La verdad que su padre nunca quiso escuchar

Durante unos segundos, ninguno de los dos habló.

Finalmente, su padre regresó a su silla.

—Hay cosas que todavía no sabes, Liam.

—Entonces habla.

—La enemistad con los Drăculea no fue el único secreto que guardamos. Hace veinte años, tu madre recibió una carta de alguien de esa familia. Poco después, desapareció durante varias semanas.

Liam se quedó completamente inmóvil.

—¿Qué acabas de decir?

Su padre apartó la mirada.

—Tu madre encontró información sobre el origen de la profecía. Creía que alguien estaba manipulando a ambas familias. Antes de que pudiera explicarme lo que había descubierto, desapareció.

—¿Y nunca pensaste que era algo que yo debía saber?

—Eras demasiado joven.

—¡Siempre tienes la misma excusa!

Liam golpeó el escritorio con la palma de la mano.

—¡Era mi madre!

Su voz se quebró apenas en la última palabra, pero enseguida recuperó el control.

—¿Qué le pasó?

—Regresó. Pero nunca volvió a ser la misma. Me pidió que no investigara y que, si algún día tú te acercabas a una Drăculea, te mantuviera alejado de ella.

Liam lo miró fijamente.

—¿Por qué?

—Nunca me lo explicó.

—¿Y tú simplemente obedeciste?

Su padre no respondió.

Liam soltó una respiración lenta, intentando ordenar sus pensamientos.

Ahora comprendía que su padre no solo había ocultado la historia de las familias. También había guardado silencio sobre algo que podía estar relacionado con su propia madre.




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