Sangre Mestiza I: el inicio de la travesía

10. Más locas acosadoras, pero víboras solo una.

Se despertó con una placentera y extraña sensación en el cuerpo, un hormigueo la recorría cada centímetro provocando un muy evidente sonrojo en su rostro, acompañado de una amplia sonrisa bobalicona. 
—No trates de evitarnos, no te hace bien estar sola —había susurrado Jeimmy a su oído, para luego plantar un suave y tierno beso en su mejilla.
Había quedado anonadada por un par de segundos, pero se obligó a reaccionar y controlar sus emociones.
—Lo intentaré —contestó con un suspiro. 
Recordar aquello la emocionaba sobremanera, llegando a imaginarse la escena una y otra vez incansablemente en su cabeza, pero el insistente tono de Nothing on you de Bruno Mars en su alarma la obligó a levantarse. Eran las 5 de la mañana, por lo que tenía una hora para alistarse y media más para llegar a la escuela. Se bañó y vistió sin sacar esas imágenes de su mente, terminó de cambiarse y peinó su cabello recogiéndolo en una cola de caballo.
Se miró fijamente en el espejo, el uniforme no le quedaba mal. Era una falta de tiro alto de rayas blancas y azules que le llegaba hasta arriba de las rodillas, un poco corto a lo que estaba acostumbrada. Una camisilla de botones blanca con el escudo y nombre de la escuela, «Instituto mixto Betania School», encima de ella un buzo de color azul rey solo para cubrir sus brazos del frio de la mañana. Medias blancas y largas, zapatos negros y su collar, solo que este último siempre lo lleva por debajo de la ropa, no le gustaba mostrarlo.
—¡Naomi! —Llamó Nilsa desde el otro lado de la puerta— ¿Ya estás lista? El desayuno se enfría.
—Ya salgo.
Bajó las escaleras con calma, tratando de no demostrar la emoción sin sentido con la cual se había despertado ese día. El desayuno era bastante variado, fruta picada como siempre, café con leche cremoso como tanto le gustaba, papitas fritas con huevos y tocino, acompañado de salsa de tomate.
—¿Voy a morir o algo así? —Indagó Naomi maravillada con el banquete— Los médicos me desahuciaron ¿Verdad? 
—Ya vas con el drama —replicó Nilsa entre risas, sentándose junto a ella— de vez en cuando me dan ganas de hacer tu desayuno favorito, pero si no lo quieres…
—No, así está bien —Interrumpió con firmeza— es todo lo que quiero en la vida.
—¿Tragar como si no hubiese un mañana?
—¡También!
—¡Buenos días! —Saludó alegremente Félix— ¿Lista y preparada para tu primer día?
—Súper emocionada —contestó Naomi sarcásticamente.
Rieron y charlaron como siempre, burlándose de las quejas absurdas de Naomi por tener que madrugar y bañarse tan temprano solo para ir al colegio. Después de mil y una advertencias, salió junto a sus padres quienes iniciaban su jornada laboral.  En su bicicleta sintiendo la fría brisa de la mañana acompañada de su canción favorita, Causa perdida de Morat sonando a todo volumen en sus oídos, empezó el pedaleo rumbo al inicio de una nueva rutina. Se deleitaba con los paisajes que dejaba atrás en su camino, Betania le estaba gustando más de lo debido, pero trataría de aprovechar todo lo que pueda su corta estadía allí. Cantaba a todo pulmón y medio desafinado, cuando detrás de ella sintió un leve rose en su espalda.
—No sabía que los acosadores madrugaban —comentó con gesto burlón.
—Para que sepas, no madrugo por ti —explicó Luke con semblante ofendido— lo hago porque también voy a clases.
En su bicicleta negra y el uniforme escolar, Luke parecía el típico adolescente bad boy; atractivo y engreído que siempre tenía montones de chicas detrás de él. Pero ella tenía un concepto diferente al respecto, con lo poco que había visto de ellos y su forma de actuar sabía que no era más que apariencia. Aunque no podía negar qué si se veía bien, el pantalón y zapatos clásicos, la camisa ajustada y su chamarra negra con capucha, le daban un toque rebelde que no concordaba con aquel brillo dulce en sus ojos.
—Que bien por ti, ahora si me permites seguiré mi camino… —afirmó Naomi con vehemencia— sola… ¿Entendiste?
A su lado, Luke la miraba con semblante serio, pedaleando suavemente siguiendo su velocidad.
—No, para nada —contestó cambiando su expresión por una dulce sonrisa ladeada— seguiré molestando siempre, aún dentro de la escuela.
—¿Estás bromeando verdad? —indagó entre risas.
—No.
—Cansón —exclamó con fingida molestia.
—Ahora imagínate si llegamos a quedar en el mismo salón —comentó Luke con actitud soñadora y burlona.
—¡Dios me libre!
Ambos estallaron en risas escandalosas, casi trastabillando en sus bicicletas. Continuaron su andar después de recuperar la compostura, las miradas de los transeúntes de todas las edades se fijaban en ellos dos, desde trabajadores y ancianos sacando a pasear a sus mascotas, hasta otros estudiantes menores y de su misma edad. 
Llegaron a las instalaciones de la escuela, a simple vista parecía solo un edificio de cinco pisos de alto rodeado por una amplia reja verde, pero era mucho más grande que eso. Entraron tranquilamente, maravillándose con la apariencia del lugar. Era totalmente diferente a lo que estaba acostumbrada a ver en una escuela, grises y monótonas.
—¡Vaya! —Exclamó Naomi impresionada— no está nada mal.
—¿Qué esperabas? —Indagó Luke divertido— ¿Una cárcel?
—La verdad —contestó entre risas— algo parecido a una.
Tan solo dar un par de pasos y resguardar sus bicicletas en el lugar correcto, un grupo de risueñas y coquetas chicas se acercaron a ellos.
—Buenos días —saludó alegremente una de ellas, de cabellera castaña y lisa, piel blanca y maquillaje en tonos suaves— mi nombre es Lucy, soy del comité de bienvenida, ¿Eres nuevo en la escuela?
—Somos nuevos —recalcó Luke— ambos.
—Que bien —le dio una mirada de superioridad a Naomi— como vicepresidenta del club, es mi deber enseñarte las instalaciones de la escuela. Mis amigas y yo estaríamos encantadas de hacerlo.
Continuó hablando con gesto seductor, mientras las demás solo reían por lo bajo mientras miraban a Luke con evidente placer, casi que comiéndoselo con la mirada.
—No creo que sea… —replicó Luke evidentemente incómodo.
—Claro que es necesario —interrumpió Lucy con firmeza, tomándolo por el brazo derecho— la escuela es bastante grande, además, es nuestro trabajo.
—Claro que sí —exclamó otra chica, tomándolo por el brazo izquierdo, empujando levemente a Naomi— por cierto, mi nombre es Sofía.
Con paso decidido se fueron llevando a Luke, quien trataba de zafarse de sus garras pintadas de mil colores, mirando hacia atrás en dirección a Naomi pidiendo ayuda con la mirada. Le había molestado la actitud de esas chicas, le recordaban a Mara. Pero no pudo evitar reírse del destino de su pobre compañero, su mirada desesperada y suplicante se le hizo tierna y divertida. Suspiró para sus adentros, al parecer si estará sola este año quiera o no, así que por su propia cuenta decidió recorrer la escuela.
Dentro, el lugar era enorme. Al entrar, había un parqueadero dividido en varias secciones, una para bicicletas y motos, y otra para los carros. Las zonas verdes eran hermosas, había un jardín con flores de diversos colores y bancas para quienes, como ella le gustara rodearse de naturaleza. Más adelante, estaba el pabellón donde darían todas sus clases, pero detrás de este había varios salones grandes en los cuales se daban las actividades de los diferentes clubes en los que participan los estudiantes. Al fondo, estaba la zona deportiva con las diferentes canchas, una para futbol, otra de voleibol y la ultima de baloncesto.
Lo único que no concordaba con el lugar, era una rejilla metálica que separaba las canchas con un espeso bosque que se extendía a lo ancho de toda la escuela y mucho más allá. Se sintió atraída hacia aquel lugar, pero desistió por seguridad. No quería ganarse una amonestación el primer día de clases. Se devolvió, viendo otras partes de la escuela que llamaron su atención. Por el jardín, había una parte más alejada del pabellón en dirección opuesta a este, varios árboles frutales adornaban y perfumaban el ambiente. Así solitario, sombreado y silencioso decidió que sería su espacio especial para los recesos.
—Este lugar es perfecto —susurró para sí misma.
—¿Quién está ahí? —indagó una aguda voz femenina detrás de uno de los árboles sobresaltándola.
Lentamente se acercó a ver quién había hablado, viendo a una chica sentada al pie de aquel árbol, con las piernas recogidas y un libro en su regazo. Se levantó de su puesto, mirando fija pero tímidamente a Naomi. Era bajita, de cabello negro rizado y puntas pintadas de rojo, recogido en una larga trenza sobre su hombro. Sus grandes gafas tapaban el claro color verde en sus ojos, pequeñas pecas en sus mejillas y lunares recorriendo su piel trigueña. Tenía una expresión dulce, que le recordó a ella misma cuando era pequeña e ingenua, en una época en que diariamente la molestaban por esa extraña característica que se obligaba a ocultar.
—Hola… —saludó Naomi— siento interrumpir tu lectura, solo pasaba por aquí.
—¿Eres nueva? —preguntó curiosa.
—Sí, me llamo Naomi, mucho gusto —extendió su mano cortésmente.
La chica dudó, pero respondió al saludo con educación.
—Grace, el gusto es mío.
Volvió a sentarse más alejada de Naomi, esperando seguir su lectura y ocultarse detrás de su árbol favorito.
—¿No hay problema si me siento a leer por aquí? —indagó Naomi curiosa.
—No, eres libre de hacerlo.
Su tono un poco brusco le sorprendió, pero trató de no meterse en asuntos que no le concernían en absoluto. Sacó de su mochila el libro elegido para ese primer día de clases, ¿Qué tal si jugamos? El suspenso que en él se narraba le encantaba, además, se identificaba de cierta manera con la dulce y solitaria Madison Hopps. Pasado un rato de completo silencio y lectura fluida, siente un cosquilleo en su nuca. Alguien la observaba.
—¿Qué libro es ese? —a su costado, inclinada ocultándose aún detrás del árbol, Grace miraba con sumo interés el libro en manos de Naomi.
—¿Qué tal si jugamos? —Contestó Naomi— es de suspenso y misterio, novela negra.
—¿Es bueno? —con sus grandes ojos claros la miraba con un brillo intenso de admiración.
—Buenísimo —exclamó Naomi sonriente.
Poco a poco se fue acercando a Naomi, atraída por el ejemplar que yacía en sus manos. Se sentó tranquilamente a su lado, tímida pero decidida a la vez.
—¿De qué trata?
Por un largo rato charlaron y discutieron sobre ese y muchos libros más. Naomi se percató que en tan solo un par de minutos le había caído bien aquella chica, sus gustos eran realmente parecidos en cuestión de literatura. El tema fue cambiando poco a poco, hablando de música y películas. Pero el sonar de timbre las interrumpió, el primer acto cívico del año estaba a punto de empezar y debían estar presentes en las canchas. Se levantaron y caminaron juntas siguiendo a la multitud que se aglomeraba en las gradas, frente a una tarima donde algunos profesores y directivos se preparaban para dar los anuncios.
—Disculpa si fui un poco brusca hace un rato —se excusó Grace después de acomodarse en sus asientos— no suelo hablar con chicas como tú, o con alguna otra persona.
—¿Chicas como yo? —indagó confundida.
—Sí, bonitas —murmuró tímidamente.
Una suave risa se escapó de sus labios, Naomi no solía recibir cumplidos como ese, menos de otras chicas.
—¿Qué? Yo soy normal, como tú —dijo Naomi entre risas— ellas si son bonitas.
Dicho esto, señaló con la mirada al mismo grupo que se había llevado a Luke esta mañana, mirando frenéticamente en todas direcciones en busca de alguien.
—Pero son odiosas —comentó Grace con amargura en su voz— ellas y la presidenta de su club.
—¿Presidenta? —Preguntó con interés— ¿Quién es?
—Ella —señaló al frente en la tarima, una hermosa rubia luciendo de la forma más sexi posible el uniforme escolar— Mara.
—¡Perfecto! ¿Esa loca también está aquí? —Replicó Naomi exasperada— lo que me faltaba.
—¿La conoces? —sorprendida, Grace la miraba con nuevo interés.
—Por desgracia —explicó Naomi con fastidio— vive a tres calles de mi casa, pero es como si viviera justo en frente. Se la pasa rondando y coqueteándole a mis vecinos, pero ellos solo la ignoran. Es todo un fastidio.
—¿Te cae mal? 
—Mal es decir poquito —aclaró firmemente— la loca esa incluso intentó golpearme ayer solo porque su querido Crush me dirige la palabra más que a ella misma, y porque le dije un par de cositas en su cara embarrada en maquillaje.
—¿En serio? —exclamó Grace, con algo de emoción.
—¿Eso es bueno? —se extrañó por el cambio de actitud de su compañera, mirándola fijamente pidiendo alguna explicación coherente.
—Bueno, no tanto —se encogió de hombros— te hará la vida imposible, eso es más que seguro.
—Qué suerte, suena divertido —murmuró sarcásticamente.
—Es solo que me sorprende, jamás nadie la había enfrentado —comentó con mayor emoción— por eso se cree la reina de la escuela, porque todos le tienen miedo.
—¿En serio? —Suspiró— este va ser un largo año.
Rápidamente, los asientos se fueron llenando a su alrededor quedando pocos libres. Un chico alto de piel pálida y cabello negro, se acercaba a ellas sonriente y sin despegar sus ojos de Naomi para tomar el puesto justo al lado de ella, sin embargo, de forma apresurada y casi desesperado, Luke llega y toma el lugar sin mediar palabra.
—Gracias por abandonarme, traidora —exclamó Luke molesto y agitado, tratando de ocultarse de la vista de sus atractivas perseguidoras— esas brujas no querían dejarme ir.
—¿Y eso es culpa mía? —indagó divertida.
—Sí, debiste ayudarme —replicó destapándose el rostro para encararla— casi me violan.
Risotadas sonoras salían de la boca de Naomi, opacadas por el bullicio de la habladuría de los demás estudiantes a su alrededor. La mirada molesta de Luke, se fue suavizando poco a poco a pesar de ser objeto de burla.
—¿Puedo saber que te causa tanta gracia? —exigió saber.
—Se supone que la dramática aquí soy yo —explicó entre risas— pero tú te llevas la corona.
—No es drama, me estaban acosando —se quejó con un puchero lastimero— no tengo la culpa ser tan apuesto.
—¿Cómo te llamo, Brad Pitt? —exclamó burlona.
—Como quieras cariño, pero llámame —sugirió con tono seductor.
—No, gracias, ya tengo mucho con tener que ver tu fea cara todos los días por mi casa y ahora aquí en la escuela, y tampoco eres Patch así que olvídalo —rechazó su propuesta con diplomacia— por cierto, te quiero presentar a alguien, ella es Grace.
Señaló a la chica medio invisible a su lado, se había refugiado nuevamente en la profundidad de las páginas que con tantas ansias leía, pero con la llegada de Luke su nerviosismo había aumentado el triple. Siempre se había caracterizado por ser una chica tímida, solitaria y objeto de burlas por su físico un poco descuidado, sus kilos de más eran una excusa que usaban las «divas» del colegio para fastidiarla.
—Hola, soy Luke, mucho gusto —saludó con su amplia y dulce sonrisa.
—M-mucho gusto —titubeó respondiendo al saludo— me llamo Grace.
Un suave sonrojo apareció en el rostro de Grace, ocultándose detrás de su libro para evitar delatarse.
—Buenos días jóvenes, sean bienvenidos a un nuevo año escolar —anunció el director del colegio desde la tarima.
El acto cívico empezó como se esperaba, aburrido y sin prestar nada de atención. Luke y Naomi seguían conversando enérgicamente, las quejas del primero siguieron hasta el cansancio culpándola por no socorrerlo en momentos desesperados. Trataban fervientemente de incluir a su nueva amiga a la conversación, quien muy tímidamente contestaba con frases cortas aumentando su frecuencia a medida que crecía su confianza hacia ellos dos.
El director anunció una vez más la finalización del acto de bienvenida, dando inicio al receso y después de este empezaría la última media jornada escolar, donde tendrían la reunión con sus respectivos tutores de curso. Al ser un pueblo pequeño, no recibían nuevos estudiantes a menudo, por lo que Luke y Naomi tendrían que ir antes a la dirección por sus horarios de clase y asignación de salón al ser los únicos de nuevo ingreso.
Durante esa media hora de recreo, recorrieron el resto de la escuela que les faltaba por ver. El gran salón de eventos donde solían darse las presentaciones de los clubes y la cafetería rodeada por pequeñas mesas y sillas al estilo picnic, permaneciendo en este último para tomar su merienda. Veía a los demás estudiantes caminar a su alrededor, tantas voces y siluetas agrupadas en un mismo lugar, riendo y hablando al tiempo la tenían un poco abrumada. Se había acostumbrado a estar en lugares silenciosos y tranquilos, incluso el año anterior en compañía de Elías trataba de alejarse del resto, de todas formas, nadie se acercaba a ellos mientras estaban juntos.
—Naomi, ¿Estas bien? —Luke tomó su rostro por la barbilla para atraer su atención.
—Sí, estoy bien —contestó apresuradamente.
—¿Segura? —Insistió con gesto preocupado— estás distraída.
—No es nada —afirmó— solo que hay demasiado ruido, no estoy acostumbrada a eso.
—Podemos ir al jardín —sugirió Grace— siempre está solo y silencioso, por eso me voy a leer allá.
—Buena idea —agradeció fervientemente Naomi.
Caminaron entre el bullicio y el gentío hasta llegar al lugar indicado, respirando con más tranquilidad y calmando el estrés que estaba creciendo en su interior. El único ruido que le gustaba en alto volumen eran sus canciones favoritas, más nada.
—¿Mejor? —preguntó Grace.
—Muchísimo —exclamó sentándose cómodamente en el césped, a la sombra de un manzano.
Los otros dos le siguieron la corriente, permaneciendo en silencio para poder apreciar la belleza del lugar. El aire se sentía más fresco y dulce, el olor natural a frutas era mucho más agradable que las elevadas concentraciones de colonia femenina que inundaba la cafetería.
—¿Qué tanto vienes a este lugar, Grace? —preguntó Luke rompiendo el silencio lleno de curiosidad.
—Siempre, cada receso estoy aquí —contestó de forma distraída— prefiero venir a leer que estar en la cafetería o cualquier otra parte de la escuela.
—¿Por qué? 
—Porque… —se detuvo abruptamente, actuando de forma nerviosa— no es…
Naomi supo identificar su reacción, es la manera en que ella contestaba cuando sus compañeros de clase la molestaban. Cuando aún era una inocente niña que no sabía defenderse de aquellos que la discriminaban cruelmente, quienes sin tener motivos de peso la dejaban a un lado como si fuese la peor escoria.
—Cualquiera quisiera huir de ese bullicio —intervino Naomi con naturalidad— especialmente si cierta víbora anda por ahí.
—¿Víbora? —indagó Luke confundido— ¿Tan pronto tienes enemigos?
—Quién más que tú querida vecina favorita —comentó con sarcasmo— Mara.
Mientras Luke se quejaba de su mala suerte, Naomi desvió su atención a Grace. Su mirada cabizbaja comprobó su teoría, y en ella se vio así misma sufriendo en completa soledad. Si Mara o cualquiera de sus seguidoras era la culpable, tendrían que pasar por encima de ella primero, no permitiría que molestaran a Grace, no mientras pueda hacer algo para evitarlo.
El timbre volvió a sonar lejano, pero claro. Luke y Naomi se dirigieron a la dirección donde el coordinador académico les asignaría salón y entregaría sus respectivos horarios. Antes de entrar a la oficina, ambos notaron la expresión de decepción y resignación en el rostro de Grace al despedirse. Sentía que debía hacer algo por ella, estar en una situación como esa no era nada placentero, lo sabía por experiencia propia.
—¿Entramos? —preguntó Luke sacándola de su ensoñación.
—Sí, claro.
El coordinador era un hombre muy simpático y amable. Los recibió con una grata bienvenida a la escuela y al pueblo, cosa que jamás en sus años de viaje había sucedido. Siempre había tenido esa mala suerte con las escuelas de ciudad.
—Estos serán sus horarios —explicaba el coordinador Casto— espero tengan buen rendimiento al igual que en sus escuelas anteriores, y, sobre todo, disfruten de su último año escolar.
Se despidió con una enorme y radiante sonrisa, como si ese fuese uno de los mejores días de su vida. Había escuchado esa frase tantas veces que pensaba le daría repelús, pero el modo y la expresión del profesor al decirla le causó tanta gracia que se permitió sonreír de la misma manera. Salieron de aquella oficina esperando poder encontrar el salón correcto. Revisaron nuevamente sus horarios, no eran tan malos como esperaba.
—¿En qué salón estas? —preguntó Luke curioso.
—11°D, tercer piso según esto, y… —se interrumpió al notar la sonrisa socarrona y burlona en el rostro de su compañero— no me digas que…
—Estamos en el mismo salón —continuó este orgulloso— ¿Nos vamos, compañera?
—Diablos, lo que me faltaba —exclamó teatralmente— ¿Por lo menos dejarás de acosarme?
—Solo si te sientas conmigo en clases —sugirió inocentemente.
—¿Es neta? —indagó entre risas— ¿Qué más quieres de mí?
—De ti, todo —Luke la miraba entre divertido y dulce a la vez, haciéndola dudar momentáneamente.
—Me fui.
Empezó a caminar sin esperarlo, provocando risotadas de burla por su parte. Llegaron al salón correcto después de 15 minutos caminando por pasillos desconocidos y similares entre sí. Tocaron suavemente la puerta siendo recibidos por su maestra tutora de curso, Celina Montes.
—Sigan, el director me avisó de su llegada —abrió la puerta dándole la bienvenida a su salón— pueden sentarse, recién empezamos la jornada.
Entraron uno detrás del otro, siendo Luke quien lo hiciera primero provocando murmullos entre sus nuevos compañeros, especialmente de las niñas. Posteriormente, entró ella esperando no ser notada demasiado. Se dirigió a las filas de atrás, donde vio dos asientos sospechosamente vacíos y juntos. Por obvias razones que ya esperaba, Luke tomó uno de aquellos asientos haciéndole señas para que ella sea quien se sentara a su lado. Ante su gesto, puso los ojos en blanco por ser tan predecible, pero no pudo evitar sonreír por ello.
Se acomodaron tranquilamente escuchando de forma atenta lo que su maestra decía, tratando de prestar toda la atención posible sin dejarse afectar por las miradas de soslayo que lanzaban sus compañeros. Ser la nueva debía parecerle algo normal después de tantos años cambiando de escuela, pero era una sensación a la que no se terminaba de acostumbrar ni quería hacerlo. De todas formas y por alguna extraña razón, sintió la necesidad de desviar la mirada paseándola por todo el salón de clases. Rostros nuevos la veían con asombro y algo de celos al estar sentada junto al chico nuevo y guapo del salón, pero dos filas a la derecha de su asiento, vio la señal que esperaba.
—Hola —susurró Grace tímidamente desde su asiento.
Con una enorme sonrisa, Naomi devolvió el saludo notando la expresión de alivio en el rostro cachetón de su compañera. Le dio un codazo a Luke en las costillas más por diversión que por llamar su atención, haciendo que se percatara de la gran casualidad de haber quedado los tres en el mismo salón de clases.
—Para este año es obligatorio que todos —explicaba la maestra después de un largo rato de cháchara— y reitero, absolutamente TODOS estén inscritos en algún club. Eso afectara sus notas o bien podría ayudarlos a mejorar, así que en el pizarrón del pasillo les dejaré las opciones que tienen los que aún no se deciden.
Susurros de quejas se escucharon suaves y lejanas, como esperando ser y no se escuchados a la vez.
—Les recuerdo que quejarse no cambiará la decisión —continuó la maestra— siempre ha sido así y todos los años se les repite así que dejen de llorar. Guerra avisada no mata soldado.
Naomi no pudo evitar reír ante tal comentario, siendo acallada y salvada de ser descubierta por el timbre estridente. La hora de ir a casa había llegado por fin.
—Bien, por hoy ya terminamos la jornada, mañana empezaran oficialmente las clases y nuevamente —con sonrisa amplia se dirigía a ellos dos— bienvenidos a la escuela.
Solo bastó que la profesora diera un par de pasos fuera del salón para que, como buitres bien perfumados, las chicas se acercaran apresuradamente a Luke, haciendo a un lado a Naomi por segunda vez en el mismo día. Rápidamente, recogió sus cosas y salió de entre el tumulto de feromonas alborotas.
—Rompieron su record —comentó divertida Grace al verla salir— se demoraron menos de lo que imaginé.
—Aun no entiendo porque se desesperan tanto por un chico —Naomi se abanicaba el rostro teatralmente— ¡Terrible!
—¿No vas a ayudarlo? —preguntó curiosa, observando como Luke trataba desesperadamente escapar del gentío.
—¿Por qué? Si se ve tan divertido —dijo Naomi entre risas, pero vio nuevamente esa expresión de súplica en los ojos de Luke— Esta bien.
Se acercó decidida al grupo de chicas, retomando el lugar donde había estado hace poco tiempo.
—Lo siento chicas, me temo que este niño debe venir conmigo —comentó con fingido arrepentimiento tomándolo del brazo— así qué si me permiten, nos vamos. ¿Cierto, cariño?
—Muy cierto, con su permiso, señoritas.
Aquellos innumerables ojos repintados con delineador la miraban con recelo, viendo boquiabiertas como Luke pasaba su brazo derecho por encima de los hombros de Naomi. Las chicas abrieron paso para que ambos salieran, él con una sonrisa de alivio y ella con expresión de perplejidad. Al pasar junto a Grace, le susurró a esta:
—¿Y ahora quien me salva a mí?
Grace solo pudo estallar en risas ante tal espectáculo, tomando sus cosas para seguir a la parejita que tanta atención habían obtenido en un mismo día.



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En el texto hay: monstruos, magia, sobrenatural

Editado: 01.09.2021

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