Sangre Mestiza I: el inicio de la travesía

11. Todo lo que tú nunca tendrás.

Luke no la soltó hasta llegar al parqueadero de la escuela alegando tener mayor seguridad, ignorando las múltiples quejas, amenazas y reproches de Naomi.
— Gracias por ayudarme, Grace —se quejó sarcásticamente— me encanta tu compañerismo.
— Es que se veían tan bonitos —contestó burlona.
— ¿Cierto que sí? —intervino Luke coqueto abrazándola nuevamente por la cintura.
— Cierto que no, ahora suéltame baboso —replicó Naomi, para luego dirigirse a una muy divertida Grace— y tú no lo apoyes.
Las burlas continuaron hasta salir de las instalaciones, donde un carro particular recogió a Grace para llevarla a casa. Se despidieron con una grata sonrisa, y se marcharon en sus bicicletas charlando animadamente. Naomi llegó a casa sudorosa y acalorada, a mediodía el sol estaba en su máximo esplendor. 
Se dirigió a su habitación, por el momento solo quería reposarse del bochorno que sentía para poder darse una ducha y almorzar. Tenía planeado descansar durante el resto del día, sus horas de vagancia estaban por terminar al iniciar las clases. Entre tareas, proyectos e investigación personal se le iba mucho tiempo, así que esperaba poder distribuirlo de la mejor forma para poder continuar con su trabajo artístico. Sus dibujos era algo que no iba a dejar a un lado, ni si llegaba el fin del mundo. 
Cocinó y almorzó tranquilamente viendo una de sus películas favoritas, historias cruzadas. La trama le parecía sumamente interesante, pero lo que más le gustaba era la escena de la tarta hecha de heces. La mataba de risa. Terminada la comida, se dedicó a limpiar los trastes para que su madre no encontrara nada sucio al llegar y se encerró en su habitación. A la hora de la cena, sus padres llegaron cansados y hambrientos.
— Huele bien —exclamó Nilsa, sentándose en el comedor. La hora de la cena había llegado.
— ¿Qué tal la escuela? —preguntó Félix curioso— ¿Algo interesante que contar?
— Normal —contestó con naturalidad— ¿Debió haber pasado algo interesante?
— Nada, lo normal —repitió Félix remedando su tono de voz.
— ¿Algún amigo nuevo, o solo seguirás con Luke? —indagó su madre.
— ¿Y quién dijo que estoy con Luke? 
— Se fueron juntos —contestó su padre aparentando estar distraído con una revista.
— Vamos a la misma escuela, solo tomamos la misma ruta —explicó entre risas nerviosas— eso es todo, no presionen.
Ambos levantaron la mirada sorprendidos, mirando fijamente a su hija quien extrañada por su actitud decidió ignorar y seguir comiendo.
— ¿Eso qué quiere decir? —preguntó Félix.
— ¿Escucharás por fin mis consejos? —continuó Nilsa emocionada.
— No he dicho nada y no insistan —respondió con una sonrisa socarrona.
Escucho y se burló de las quejas de sus padres por dejarlos a medio chisme, con la expectativa y la emoción de haber entendido algún mensaje subliminal en las palabras de Naomi.

 

Nothing on you la despertó sobresaltándola, por primera vez en mucho tiempo había quedado profundamente dormida temprano. Efecto número uno del regreso a clases. Se duchó y alistó para ir a clases, esta vez dejando su cabellera negra y ondulada ondear con la brisa fresca de la madrugada. Desayuno algo más ligero que el día anterior, cereal con yogurt y una manzana. Aún era temprano por lo que decidió irse caminando hasta la escuela, acompañando sus pasos con la melodiosa voz de su cantante favorito, Bruno Mars.
Cantaba emocionada con la melodía de las canciones, atreviéndose a dar algunos pasos de baile improvisado sin importar que la estuviesen viendo algunas pocas personas. Tan distraída estaba que no sintió aquellas pisadas seguirla muy de cerca, hasta que sorpresivamente la toma por la cintura para cargarla en señal de saludo.
— ¿Cómo amaneció mi amorcito bello? —saludó jocosamente Luke.
— En otro parte porque no soy yo —contestó tratando de zafarse de su agarre— ¿No puedes saludar como una persona normal? Casi me matas de un susto.
— Las personas normales saludan de beso —susurró a su oído sin apartar sus brazos de su cintura.
Con un fuerte pero no tan doloroso codazo, Naomi logra desprenderse de Luke, quien entre quejas y lloriqueos reclamaba por su integridad física y el oxígeno perdido con aquel golpe.
— Las personas normales no acosan a sus vecinas —dijo entre risas— y ni siquiera te di tan duro, no seas delicada.
— Soy una persona sensible —replicó teatralmente— así que debes tener más cuidado con mi lindo cuerpecito.
— Cuando seas lindo me avisas y tal vez lo considere —comentó y siguió su andar como si nada.
Al llegar a la escuela, Luke procedió a tomarla de la mano argumentando que solo lo hacía para evitar ser secuestrado como el día anterior, método que extrañamente funcionó. Entraron de la misma manera al salón de clases, avivando cuchicheos y miradas de triste decepción en algunas chicas. Solo una persona entendió la razón de ser de aquel gesto, Grace se reía por lo bajo con solo verlos pasar.
Las clases empezaron con la peor de todas, Ciencias políticas. Para Naomi era una tortura tener que escuchar por dos horas seguidas los problemas financieros y políticos del país a lo largo de la historia, y no se diga de la comparación a nivel global. Se le hacía tedioso. A la tercera hora de clases se animó un poco más, por cuestiones de reunión de tutores urgentes tenían ese espacio libre, aviso que todos tomaron como un receso adelantado. Sillas y pupitres se dispersaron como si hubiese pasado un tornado en el salón, los famosos grupitos se formaron en un abrir y cerrar de ojos, quedando únicamente Grace apartada del resto.
— ¡Grace! —llamó Luke adelantándose a las intenciones de Naomi.
Emocionada y feliz de ser recordada por ellos, se acercó sonriente a sus asientos.
— Hola, ¿Cómo va esa relación? —preguntó burlona.
Con ojos entornados, Naomi miraba a la recién llegada como si la hubiese insultado.
— No me hace gracia el chiste —se quejó— estoy que consigo una orden de restricción por acoso.
— Solo se hace la difícil, pero en el fondo me quiere —agregó Luke— muy, pero muy en el fondo de su frio corazón.
— Ahora sí que menos, después te quejas porque trato mejor a Peter que a ti.
Como niños pequeños seguían discutiendo, siendo Grace el árbitro en aquella batalla de poderes. Sin embargo y a pesar de las risas, Naomi se sentía inquieta. Aquella sensación de ser observada prevalecía, entre veces desviaba la mirada reparando en todos aquellos rostros nuevos con quienes pasará todo un año, pero ninguno le prestaba atención. Carcajadas estruendosas resonaban en toda el aula, indicándole que estaban ocupados en lo suyo. Hasta que por el rabillo del ojo noto algo, un chico a unos tres metros de ellos cerca de la entrada los había estado observado. Tal vez por eso aquel cosquilleo no se iba, cosa que no le agradaba en lo absoluto. Prefería ser invisible a ser el centro de atención de todos.
— ¿Cómo que no sabes quienes son los Avengers? —indagaba Grace sorprendida— ¿Los vengadores, capitán América, Thor, Iron Man?
Luke solo se limitaba a negar frenéticamente con la cabeza, totalmente ajeno a todas las opciones que ella mencionaba.
— ¿En serio no sabes quiénes son? —extrañada, Naomi se unió al interrogatorio— ¿Ni siquiera sabes quién es la Viuda negra? 
— ¿Una araña venenosa? —preguntó Luke con su gesto más inocente.
— ¿En qué clase de cueva has vivido? —exclamó Naomi con expresión perturbada.
— Tengo otras prioridades.
— El acoso no es legal ni tampoco una prioridad —comentó Grace dulcemente.
La sorpresa se apoderó del rostro de Luke, mientras que Grace se limitaba a sonreír tan dulcemente con sus mejillas sonrosadas y sus grandes ojos verdes brillando detrás de sus lentes.
— Bien hecho, así se habla —reía Naomi a carcajadas estridentes— te has ganado mi amor incondicional.
Por un largo rato ambas rieron a costa de Luke, quien simplemente las observaba con cara de pocos amigos, especialmente a Naomi quien se burlaba de él con mayor ahínco.
— No se preocupen, yo puedo vengarme más adelante —amenazó con fingida molestia— el que ríe de último ríe mejor.
— Qué miedo…
Se interrumpió a media frase al volver a sentir aquella sensación, estaba ya harta de eso, lo único que la mantenía en calma era poder distraerse con las barbaridades que salían de la boca de sus compañeros presentes. Desvió nuevamente su atención a aquel mismo lugar, y lo comprobó. Aquel chico alto de contextura delgada, cabello castaño claro y ojos azules la observaba detenidamente, desviando su atención de ella solo al ser llamado por sus compañeros de grupo.
— ¿Qué miras, mi querida Naomi? —expresó Luke curioso— cuenta el chisme.
— Atiende tus asuntos, ¿Quieres? —teatralmente, Naomi imitaba los gestos exagerados de diva que había visto en algunas chicas.
— Tú eres mi único asunto —susurró tomando su mano con delicadeza.
— ¡Auxilio! —susurró hacia Grace— se buena amiga y ayúdame.
— No me meto en problemas de pareja —se excusó entre risas.
— Creo que te equivocaste de persona —con fingida lástima le comentó a Luke— tu novia anda por ahí en otro salón, gracias a Dios, tirando veneno.
La expresión de Luke cambió de la perplejidad al fastidio en un santiamén, mirando con ojos entornados a Naomi quien trataba muy fallidamente en ocultar su risa.
— Asco —vociferó— acabas de ofenderme.
— Esta vez estoy de acuerdo con él —opinó Grace condescendiente, pero de igual forma burlándose— eso fue un golpe bajo.
A pesar de ser solo una broma, Luke seguía un poco arisco. De todas formas, Naomi dudaba que sea por ese motivo. Notó que desviaba la mirada de un momento a otro hacia la parte delantera del salón, para luego bufar por lo bajo con fastidio. 
— Se les acabó la fiesta, jóvenes —anunció la maestra Celina— se me organizan que debo darles una información importante antes que salgan a receso.
Rápidamente, los asientos y pupitres regresaron a sus lugares originales aparentando ser los estudiantes juiciosos que se supone son. La maestra empezó dando una breve explicación del motivo de la reunión, algunos cambios en el calendario académico para los de 11, preparación para el examen de estado y demás. Naomi no prestaba mucha atención como siempre, el tema del cambio de actitud de Luke la tenía muy intrigada.
— Luke —susurró para llamar su atención— ¿Pasó algo?
— No, nada.
— ¿Estás molesto? 
— ¿Qué? —contestó confuso mirándola fijamente.
Su semblante se suavizó un poco al ver la expresión en el rostro de Naomi.
— No es eso, tranquila —dijo entre risas— es solo que ya me tienen fastidiado tus admiradores.
— ¿Ah? Creo que te hace falta un tornillo —afirmó burlona— o la ferretería completa.
— Eso hace años —confirmó— pero es en serio, desde ayer tienes un acosador y no soy yo. Ya me tiene harto, ese trabajo es mío.
— Discúlpame, pero perdóname —vociferó Naomi en voz baja, percatándose que nadie se diera cuenta de su conversación— ni tu ni nadie tiene derecho ni permiso para acosarme, ¿Qué tal este? Te estás buscando una demanda.
— Demándalo a él.
— No seas payaso, ¿A quién?
Señaló con la mirada al mismo chico que la había estado observando hace tan solo un rato, e igual que antes cruzaron miradas fugaces. Retomaron su atención a la charla de la maestra, quién con mayor firmeza solicitaba la atención que estaba empezando a dispersarse.
— Al igual que ayer durante el acto cívico, les recuerdo —continuó la maestra Celina— es obligatorio que estén dentro de un club, y espero que de verdad se lo tomen en serio. Pasado mañana jueves, se darán las primeras reuniones e inscripciones a las 2 de la tarde, así que tienen hasta ese día para decidirse. Recuerden, después de esta semana los que aún no aparecen en lista serán amonestados.
El timbre sonó fuerte y claro, siendo su aviso de momentánea libertad. Salieron del salón rumbo al jardín, donde continuaron sus discusiones, esta vez sobre los dichosos clubes obligatorios.
— ¿Qué piensan hacer ustedes? —preguntó Grace— ¿Ya saben a qué club se inscribirán?
— Ni siquiera he mirado la lista —contestó Luke con gesto aburrido.
— Somos dos —dijo Naomi.
— Ay Dios —exclamó Grace entre risas— le tomé una foto, no sé, pero algo me decía que no prestaron mucha atención a esa parte de la charla.
— ¡Que buena amiga tenemos! —exclamó Luke con algo de sarcasmo.
En su teléfono celular les mostró una fotografía de la lista de los clubes, eran un total de 20 con diferente temática. Desde actuación hasta mecánica. Muy pocos eran del interés de Naomi, entre ellos el de pintura en el cual podría desenvolverse muy bien, pero prefería hacer esa actividad en la tranquilidad de su habitación.
— La verdad ninguno me agrada —comentó Luke— ¿En cuál estas tú, Grace?
— En ninguno —contestó— mucha gente en todos ellos, y al final de año deben hacer presentaciones y eso así que desistía.
— Pero ahora es obligatorio —continuó Naomi.
— Por desgracia —se quejó— el único que medio me interesa es el de música. Es lo único que se hacer.
— Bueno, a ese será —anunció Luke— ¿Cantas o tocas un instrumento?
— Canto, pero hay un pequeño inconveniente —tanto Naomi como Luke la miraban expectantes— creo que sufro de pánico escénico.
— ¡Ya valiste! —exclamaron al unísono.
— Gracias, me gusta su sinceridad.
Estaba decidido, entrarían al club de música los tres. Sin embargo, Naomi no estaba muy convencida al respecto. Aún se debatía entre ese y el club de baile. Ambas cosas le gustaban, la sensación de adrenalina correr por sus venas mientras bailaba era el elixir que necesitaba en sus momentos de aburrimiento. Por otro lado, la música la tranquilizaba y de cierta forma extrañaba tocar la batería. Hace dos años que había dejado a un lado las clases después de una mudanza más, por lo que temía haber perdido práctica.
— Con permiso señores —interrumpió Naomi a media conversación— pero muero de hambre, iré a comprar algo.
— Me traes un dulce —exigió Luke sonriente.
— Dos te voy a traer —contestó con sarcasmo.
— Cuanta generosidad, ¿Si ves que me quieres?
Se dirigió a la cafetería no sin antes golpearlo por accidente al levantarse, dejándolo quejarse como niño pequeño. Naomi trataba de mitigar el escándalo que reinaba en todo el lugar llenando su cabeza de profundos pensamientos. «¿Qué compraré? ¿Doritos o papas? ¿Y si mejor me voy por algo dulce? Un ponqué de chocolate me vendría bien» pensaba. Satisfactoriamente pudo despejar su mente distrayéndose con lo único que le interesaba en ese momento, comer. Una corta fila de estudiantes rodeaba el quiosco en busca de su merienda, las charlas y risas estaban presentes en todo momento.
— Que maravilla, mira quién está aquí —exclamó burlona— nada más y nada menos que la peliteñida. ¿Nadie te ha dicho que el azul no es un color para el cabello? A menos, claro, que tengas problemas mentales.
Las burlas de sus amigas resonaron por encima de las demás, provocando un silencio expectante entre los demás estudiantes alrededor. Naomi seguía distraída mirando la lejanía, no se había percatado de su presencia hasta que sintió el ambiente enrarecido y a todos viéndola curiosos.
— Oye, arrastrada, te estoy hablando —Mara vociferaba molesta.
No estaba acostumbrada a ser ignorada y confrontada por nadie, creía ser la reina de la escuela y del pueblo entero. Su belleza e influencia de sus padres le daban esa seguridad y altivez típicas de una niña mimada, haciendo de las suyas cada vez que le venía en ganas.
— ¿Se supone que hablas conmigo? —indagó Naomi molesta— ¿No querrás mejor hablar con un espejo? Pues como dijiste arrastrada creí que hablabas de ti misma.
— Aquí la única arrastrada eres tú —escupió con furia— no creas que no me doy cuenta de lo que haces para acercarte a ellos. Hacerte la difícil y fingir inocencia, típico de zorras como tú.
— ¿En serio? —contestó Naomi con indiferencia— ¿Se supone que debo sentirme ofendida por eso? Repítelo cuando tu opinión me importe.
Se aproximaba su turno, la persona encargada de despachar los pedidos lo hacía de forma lenta por el simple hecho de estar más pendiente del espectáculo que de su trabajo. Al igual que todos los que estaban allí, jamás había visto que nadie se le enfrentara de esa manera. Aun así, se alegraban que alguien por fin la pusiera en su lugar. Muchos estaban hartos de sus caprichos y actitud engreída, pero por miedo a represalias mayores con sus padres se tragaban todas sus palabras y odio contra ella. Era mejor verla feliz y contoneándose como siempre lo hace, a hecha una furia que podía arrasar con todos.
— Estoy de muy buen humor hoy, así que te haré el favor de no responder como se debe a tu insolencia —comentó con ironía— solo te haré nuevamente una advertencia. Si te llego a ver otra vez de lanzada con alguno de los tres, desearas jamás haber llegado a Betania. ¿Entendiste?
— Claro que entendí, perfectamente —Naomi se reía con sarcasmo— pero no tengo la culpa que sean ellos quienes me busquen. Lo siento, pero al parecer mi «inocencia fingida» les resulta más interesante que tu vulgar exhibicionismo. Cariño, lo que se pone en las vitrinas no se vende, se daña de tanto manoseo.
Los susurros, risas contenidas y expresiones de completo asombro y admiración llenaron el ambiente. Fue como si el tiempo se hubiese detenido en ese justo instante, el miedo se podía ver en los rostros de las amigas de Mara, mientras que ella aún no salía de su estupor.
— ¿Perdón? —balbuceó obligándose a reaccionar— ¿Quién crees que eres para hablarme así?
— Simplemente alguien con quien no vas a poder meterte tan fácilmente —sentenció Naomi con firmeza— no sé porque los demás te temen ni me interesa, solo te digo que si guerra quieres la tendrás. No me conoces, he convivido con muchas como tú, así que sé perfectamente cómo tratarte, es tu decisión si sigues o me dejas en paz.
Por fin había llegado su turno y como si nada fuera de lo normal estuviese pasando, miró con una enorme sonrisa a la chica tras el mostrador.
— Me das tres chocorramos y un dorito, por favor —dijo con voz suave.
— Claro —contestó la chica asombrada.
— No me ignores como si no estuviese aquí —replicó roja de la ira.
— No es porque crea que no estás —contestó sin mirarla— es que tu presencia no me interesa.
Risas estallaron en toda la cafetería, reían y señalaban a Mara como si fuese el nuevo payaso de la escuela.
— Maldita —gritó.
Llevada por los celos y la ira que sentía, Mara se abalanzo con fuerza hacia Naomi dispuesta a golpearla, haciéndole pagar la humillación que había sufrido frente a todos. Con mano arriba, se acercaba como una fiera lista para sacar las garras. Sin embargo, una silueta se interpuso en su camino. Luke había llegado y no estaba muy feliz con el espectáculo.
— ¿Qué crees que estás haciendo, Mara? —indagó molesto.
— ¿Tú también? —vociferó indignada— ¿Por qué la defienden?
— No tengo porque darte explicaciones —contestó— solo déjala en paz, ¿Es tan difícil?
— ¿Por qué? ¿Qué tiene de especial la mugrosa esa? —lágrimas amenazaban con salir de los ojos de Mara.
— Todo lo que tú nunca tendrás, solo eso. Ahora déjanos en paz, y eso nos incluye a nosotros tres también, si no es mucho pedir.
Tomó de la mano a Naomi, sacándola del tumulto de gente que se había reunido para presenciar la gran batalla épica. Esta, sonriente y con sus chucherías en mano, se dejó llevar por su nuevo amigo quien la llevaba de vuelta al jardín. Por elección mutua, decidieron no tocar el tema de Mara por el resto del receso, sin embargo, la curiosidad de Grace pudo más. Naomi relató detalladamente como comenzó el dichoso enfrentamiento, mencionando con exactitud las palabras que tanto ella como Mara habían dicho.
— Eres mi ídolo —admitió Grace maravillada— eso fue increíble.
— Grace, cállate —replicó Naomi entre risas.
Regresaron al salón de clases al escuchar el timbre. El aburrimiento que había prevalecido durante las primeras horas de clase se esfumó, al parecer y por información de Grace, alguien había grabado el altercado entre ellas dos. Y justo en esos momentos, muchos de sus compañeros regresaban la mirada para observar a la gran heroína sin capa, a la única que se ha atrevido a ponerle los pies en la tierra a Mara. Las miradas extrañas y de recelo, se transformaron en admiración profunda y respeto.
La hora de la salida llegó como la brisa de la tarde, refrescante y aliviadora. Naomi necesitaba salir de ese lugar y de su toxicidad lo más rápido posible, ya no aguantaba las miradas de todos sobre ella. Quería tranquilidad, deseaba que pasaran de ella como si no estuviese allí, pero, ahora gracias a su querida vecina eso quedaría en el pasado. Caminaban en completo silencio, por un lado, Luke aún seguía un poco molesto por lo sucedido y esperaba que de verdad esta vez dejara de molestar. Pero por el otro, estaba orgulloso de Naomi. Sabía que su intervención no era necesaria, pero de todos modos lo hizo para evitar la presencia de los profesores y una posible amonestación.
Estaba a punto de elogiar sus acciones, su forma de defenderse y la fuerza que demostró al poner en su lugar a Mara, pero una figura llamó su atención. En su cuello logró divisar un collar, algo que no había notado antes.
— Naomi —llamó su atención— ¿Eso es un collar?
— ¿Qué? —contestó distraída, bajando la mirada a su cuello, su collar estaba medio descubierto— esto, sí.
La sacó por completo para que pudiera observarlo con mayor detenimiento, su color blanco brillaba con la luz del sol. Era completamente de ese color, sin embargo, en varias ocasiones ella podía jurar haberlo visto cambiar. Algunas veces morado otras un negro alarmante. Sus cambios no eran muy claros todavía, muy pocas veces había sucedido, por lo que no era fácil encontrar el patrón que relacione sus cambios con alguna causa que lo provoque.
— ¿Desde cuándo lo tienes? —preguntó tratando de ocultar su creciente interés.
— Mamá dice que fue heredado de mi abuela paterna —explicó sin mucha convicción— pero no sé, aún me parece extraño.
— ¿Por qué?
— Porque nunca la conocí —contestó— recuerdo que me quedé dormida durante una mudanza y al despertar ya lo tenía.
— ¿Siempre lo llevas puesto? —su curiosidad desbordó, llamando la atención de Naomi.
— Las 24 horas, solo que no me gusta mostrarlo.
Habían llegado a sus casas después de una larga caminata. Naomi miraba extrañada a su compañero, Luke, quien estaba actuando de una forma extraña a lo usual. Lo notaba algo nervioso y demasiado curioso desde que vio el collar, como si hubiese reconocido de algún lado, como si supiese que es y no se explicara cómo había llegado a manos de ella.
— Bueno, te dejo sana y salva en tu casa —comentó tratando de ocultar su nerviosismo— trata de no discutir con más nadie mientras no esté.
— Claro, trataré de hacerlo —contestó entre risas.
— Nos vemos luego.
Se despidió apresuradamente y se marchó a su casa. Sin más nada que hacer, Naomi entró a la suya aun sin entender que había sucedido.
— ¿Y a este que le picó? ¿Lo reconoció o qué? —se preguntó en voz alta, pero bufó para sí misma al escuchar lo absurdo de sus palabras— ya estoy pensando estupideces.
Decidió dejar el tema a un lado, lo primordial en el momento era cocinar y almorzar. Ya ese día no podía darse el lujo de vagar, las tareas empezaron a llover como si las hubiesen deseado con desesperación. Se duchó nuevamente para refrescarse y reposar la comida antes de empezar sus deberes escolares, la tarde se le iría en ello. Tenía planeado darle una visita a su casita del árbol, ya era hora de liberar un poco de esa energía que estaba acumulando por lo que debía dejar todo listo.
A las 11 de la noche estaba completamente preparada, solo bastaba esperar a que la medianoche llegara para marcharse con toda la tranquilidad y silencio que siempre mantenía. Se llevó su maletín con algunos de sus dulces y el libro de hechizos de su padre, tenía planeado practicar algunos de ellos y esperar controlar más el gasto energético. No podía permitir seguir desmayándose cada vez que hiciera uno de gran poder, eso sería fatal en una verdadera situación de emergencia.
Logró llegar a la cima del árbol sin problemas, esta vez no sintió aquel cosquilleo que le avisaba de esa extraña presencia que la seguía últimamente. Tranquila y aliviada, encendió las luces iluminando toda la estancia. La combinación de colores y el decorado que había hecho le daba un toque fantástico, estaba de verdad maravillada con los resultados de su esfuerzo.
— Verdaderamente mi mejor trabajo —se elogió.
Se acomodó en una de las sillas que había construido con su magia, abriendo y ojeando las viejas páginas de su libro. Decidió empezar con hechizos de primer nivel, la idea era ejercitar y controlar la energía liberada, además, quería probar si de verdad podía omitir el idioma a la hora de lanzarlos. Intento practicando las posiciones de manos, para luego recordar y dibujar las runas necesarias. Por último, ejercitó su respiración y empezó a lanzar los primeros intentos.
— ¡Escudo! —vociferó con firmeza.
Un cuadro de luz azul empezó a formarse alrededor de su brazo, tomando la forma de un escudo protector tal y como se lo había imaginado. Empezó a aparecer de forma lenta pero constante, sin embargo, necesitaba mayor rapidez así que dejó salir un poco más del flujo de su energía. De un momento a otro, aquel escudo resplandeció cegándola por momentos. Al recomponerse notó que ya no estaba, se había hecho polvo escarchado esparcido en el suelo.
— Demasiada energía.
Continuó con sus ejercicios, por lo menos había logrado usar su idioma natal en aquel hechizo, pero el control sobre la energía aún no se le daba bien. Dos horas después y completamente agotada, decidió descansar un rato antes de irse de vuelta a casa. Las clases aún la esperaban y debía aparentar estar fresca como una lechuga. Decidió distraerse con el libro de su padre, llegando a las páginas donde describían a las criaturas más comunes del mundo mágico, su mundo. Vio entre ellos a unos en especial, aquellos que tanto odiaba y temía a la vez. Y así, muy a su pesar se vinieron a la mente los recuerdos de ese primer día que los vio.
El día en que conoció a sus eternos perseguidores.



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En el texto hay: monstruos, magia, sobrenatural

Editado: 01.09.2021

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