Sangre Mestiza I: el inicio de la travesía

13. Jugando al científico loco

A regañadientes y muy en contra de su voluntad, se levantó para ducharse y alistarse a no ser que quiera esperar la entrada forzosa de su madre. Eso sería muy malo y nada agradable de ver. Dejó que el agua fría sea quien la despertara y ahuyentara el sueño que cargaba encima, además, ayudaba a mitigar un poco el dolor de sus músculos. Sin embargo, no pudo evitar que sus heridas ardieran como si les estuviese rociando alcohol a chorros.
Ese día puso mucho más esfuerzo en su apariencia, las ojeras estaban apareciendo bajo sus ojos por lo que dedicó un buen rato en ocultarlas, un poco de corrector y polvo no estaba de más. Se dejó el cabello en una larga trenza sobre su hombro, una vincha delgada de un azul brillante adornaba su cabeza. Sus ojos estaban un poco enrojecidos por el sueño, pero era fácil ocultar ese detalle, el café claro que usaba ese año le hacía ese pequeño favor. «Dos pájaros de un solo tiro» pensó sarcástica. Se colocó el buzo negro esta vez, era el más largo que tenía y el que ocultaría todas sus heridas del resto del mundo.
Bajó para desayunar, su madre ya la esperaba con mirada seria y los brazos sobre el pecho, su tardanza no había pasado desapercibida. Tan solo una buena taza de café negro y caliente termino por activar sus sentidos, esperaba mantener esa poca energía que había recuperado para sobrevivir el resto de la jornada de clases, ya el tiempo no le daba para desayunar completo.
Aun así, salió tranquilamente al garaje para sacar su bicicleta sonriendo al ver que en la acera de su casa ya la estaban esperando. Luke mantenía la vista seria y fija en ella, con los brazos cruzados sobre el pecho al igual que su madre. Se le hizo un tanto cómica la escena, al parecer también lo había hecho esperar.
— Buenas noches, bella durmiente —saludó un poco molesto— ¿Qué tal dormiste?
No entendía la razón de su malestar, pero su pregunta la puso en alerta.
— Muy cómodamente en mi suave camita —contestó con una gran sonrisa— ¿Y tú, mi querido vecino chismoso?
— Ni creas que solo por poner ojitos de perro regañado te salvas —continuó con su reprimenda sin sentido.
— ¿Y yo que hice? —puso su expresión más tierna posible, esa que la ayudaba a convencer a su padre de cumplir sus caprichos.
Con malicia y satisfacción, vio como Luke se daba por vencido y suavizaba su expresión. Sea cual sea el motivo de su rabieta lo averiguaría más adelante, primero debían llegar a la escuela.
— Si, como sea —suspiró resignado— andando.
Se subió a su maltrecha pero funcional bicicleta para seguir a su amigo, quien entre veces la miraba con ojos entornados al escuchar pequeñas risas salir de sus labios. Con expresión inocente, le sonreía cada vez que la miraba para molestarlo aún más. Era la primera vez que lo veía de esa manera, pero le causó tanta ternura que decidió hacerlo enojar todavía más. Le resultó divertido el ver como fruncía el ceño y la miraba seriamente, era como ver un mini Jeimmy pelirrojo delante de ella.
— ¿Puedo saber que te hace tanta gracia? —preguntó Luke exasperado mientras aparcaban sus bicicletas.
— A mí nada —contestó con su gesto inocente aguantando la risa— ¿Y a ti?
— Naomi, no te hagas —advirtió seriamente— te estas burlando de mí, ¿No ves que estoy molesto?
No pudo más, estalló en risas. Por un par de minutos estuvo así, riéndose a carcajadas mientras Luke solo la miraba con el ceño fruncido y una mueca de molestia.
— Lo siento —decía aun entre risas, tratando de respirar— es que no sé porque estas molesto, es la primera vez que te veo así y te ves tan tierno.
— ¿Disculpa? —indagó perplejo arqueando una ceja para reafirmar su descontento— ¿Qué me veo cómo?
— ¡Ternurita! —murmuró Naomi pellizcando suavemente sus mejillas.
Un leve sonrojo apareció en sus mejillas combinando con el rojo de su cabello y una maliciosa, pero dulce sonrisa iluminó su rostro. Sin esperarlo ni pensarlo, atrajo a Naomi hacía si tomándola por la cintura. Delicadamente plantó un tierno y largo beso en su mejilla dejándola perpleja y totalmente desconcertada.
— ¿Sigo siendo tierno? —susurró a su oído.
— ¡Auxilio! —susurró Naomi— me quieren violar.
Esta vez fue él quien estalló en risas, su ocurrencia se le hizo totalmente encantadora y divertida. Por un momento Luke olvidó el motivo de su rabieta con ella, prefirió disfrutar de ese pequeño momento ya después podría seguir con la reprimenda.
 — ¡Ya quisieras! —volvió a susurrar para luego volver a darle otro beso, igual e incluso más largo que el primero.
Naomi sintió mil y una sensaciones extrañas ante su tacto, sus labios eran realmente suaves y cálidos, pero no dejaba de ser sorpresivo y algo alarmante. Sentía el rostro acalorado, por lo que intuyó estar sumamente sonrojada, y lo comprobó al ver la expresión de completa satisfacción de Luke.
— ¿Por qué tan colorada? —preguntó divertido abrazándola aún por la cintura.
— ¡Acosador!
Trató de huir de su agarre, pero la abrazo con más fuerza convirtiéndose en un juego bastante entretenido, no solo para ellos sino para todos los que atentos al chisme observaban tal escena.
Llegaron al salón aun riéndose de sus propias acciones infantiles, haciendo silencio justo en el momento en que notaban todas las miradas sobre ellos. Eso, y que Grace estaba emocionada charlando con un chico.
— Creo que tu acosador ya encontró otra víctima —comentó Luke sarcástico.
— Y dale con eso —replicó Naomi entre risas— ¿Celoso o qué?
— Un poquis —contestó Luke distraído reaccionando al instante— yo no dije nada.
— Naomi —llamó Grace, interrumpiendo su discreta y muy normal conversación— Luke.
Extrañamente alegre, Grace le hacía señas a ambos para que se acercaran a ellos. Con miradas cómplices y desconfiadas, se levantaron para contestar al llamado de su compañera.
— Hola chicos —saludó Grace emocionada— ¿Cómo están las celebridades del momento?
Dramáticamente, Naomi miro en todas las direcciones posibles como buscando a alguien.
— ¿Quién? —indagó perpleja— ¿Nosotros?
— ¿Quién más? —se burló Grace— toda la escuela no hace más que hablar de tu «conversación» con Mara.
— El video se hizo viral —comentó el chico al lado de Grace, mostrando el video en su teléfono celular.
— ¿Se hizo qué? —exclamó Naomi horrorizada mirando fijamente aquella pantalla.
— Qué ternura —susurró Luke en su oído detrás de ella— te ves linda cuando te enojas.
— Cállese —exclamó Naomi dándole un codazo justo en el abdomen.
— Claro, súper tierna la niña —comentó Grace sarcástica— por cierto, él es un viejo amigo, Bruno. Por eso los llame, quería presentárselos.
— Hola Naomi —estrechó su mano delicadamente, sin quitar sus ojos de ella— es un placer conocerte.
A su lado, Luke carraspeó sonoramente para atraer la atención. Con cara de pocos amigos, pasó su brazo sobre los hombros de una muy entretenida y divertida Naomi, quien solo veía la escena riendo para sus adentros.
— Si, también me fue placentero hasta que la conoces de verdad —comentó con fingida diversión— mi nombre es Luke.
— Mucho gusto —contestó Bruno visiblemente incómodo.
Sin mediar palabra alguna, Grace no pudo resistir el ver tal situación estallando en risas, de paso contagiando a Naomi quien se le une a la carcajada. Sobre ambas caen intensas miradas de reproche, haciendo que las risas aumenten en vez de detenerse. A pesar del extraño y corto momento, pudieron charlar y conocer un poco más al recién llegado. «El acosador» como lo habían llamado inicialmente, resultó ser un buen chico, divertido y bastante espontáneo. Sin embargo, no alcanzó a familiarizarse mucho con Luke, quien seguía reacio a aceptarlo en el grupo.
Se vieron interrumpidos con la llegada del maestro, quien al entrar se disculpó por la tardanza iniciando de una vez la primera hora de clase. La poca energía que había retomado con la cafeína durante el desayuno había desaparecido, se sentía nuevamente somnolienta y con la mente en otro lado, uno no muy lejos del pueblo. Recordaba una y otra vez el momento en que, aun medio inconsciente, sentía sus suaves caricias en la mejilla. Volvió a ver la semioscuridad de su habitación, el olor característico de su loción y la firmeza de sus músculos al moverse. El timbre de cambió de clases la asustó, dando un pequeño brinco sobre su asiento.
— Buenos días, mi querida yo-si-dormí-anoche —exclamó teatralmente Luke— ¿Qué tal estuvo la siesta?
— No estaba dormida —replicó Naomi mientras buscaba algo en su maletín— ¿Has visto mi trabajo de Filosofía? 
— Naomi, estamos en la tercera hora de clases —comentó Luke entre risas— Filosofía acaba de terminar.
— ¿Estas bromeando? —indagó perpleja.
— No, es en serio y entregue tu trabajo mientras estabas en la luna —explicó— a la orden.
Sin entender en qué momento se quedó tan desconectada de la realidad, miraba a su alrededor como buscando una señal de la veracidad de las palabras de su amigo. Todos estaban dispersos e inmersos en sus propias conversaciones, al parecer no esperaban que el profesor llegara.
— ¡No inventes! —exclamó sorprendida.
— ¿Por qué no dormiste anoche? —preguntó curioso, con los brazos cruzados sobre el pecho— ahora que recuerdo estaba molesto contigo.
— Me quedé leyendo hasta tarde —contestó con convicción— el libro estaba muy bueno.
— ¡No me digas! —exclamó Luke con fingida sorpresa— ¿Cuál?
— Alucinaciones y sonambulismo —dijo lo primero que se le ocurrió.
— ¿Ah sí? —incrédulo, fruncía cada vez más el ceño— ¿De qué trata?
— Es la historia de una chica que tiene pesadillas constantes con gente que no conoce —explicaba con detalle, basándose un poco en su propia realidad— en medio de esas pesadillas empieza a caminar dormida, despertando en diferentes lugares: la calle, un parque, y otros muy lejos de su casa. Hasta que se muere atropellada por un carro.
— ¿Así termina el libro? —con ojos entornados y una ceja arqueada la miraba intensamente.
— Claro que no —contestó— apenas le van hacer el funeral.
— Me huele a mentira.
— Y a mí me huele a chocolate y no estoy pidiendo, así que deja de molestar —exigió Naomi con reticencia— ahora si me permites, al parecer el profesor no va llegar muy pronto y quiero dormir. Hasta mañana.
Ignorando sus reproches, se acomodó en su asiento ocultando su rostro entre sus brazos. No se preocupó por sus raspones, estaban bien cubiertos y no dolían. El sueño fue llegando poco a poco, su cuerpo y mente necesitaban descansar y olvidar aquel momento por un rato. Sin embargo, sus deseos no fueron escuchados sucediendo todo lo contrario.
Vio nuevamente aquel lugar, lo había identificado como una especie de laboratorio clandestino con todos esos aparatos y muestras biológicas de seres mágicos. Esta vez era como si estuviese viendo la escena en tiempo real, daba la impresión de estar sucediendo en ese preciso momento, solo que nadie podía verla a pesar de estar en medio de todo el suceso.
Estaba en la primera habitación iluminada por faroles de luz amarilla, recostada en una de las camillas se encontraba una de las mujeres embarazadas aún adormecida y con un nuevo catéter puesto en la mano. A su alrededor estaba aquel chico, Kaled, acompañado por tres personas más, dos hombres y una anciana. Esta última con bata de laboratorio, guantes y tapaboca, le hablaba con insistencia señalando una y otra vez a la mujer.  Los demás, se mantenían apartados de ellos esperando nuevas órdenes.
— Señor Igmar, ¿Por lo menos es consciente de lo que quieren hacer? —indagó la anciana exasperada— se le ha advertido al señor Gad y a usted mismo los riesgos que trae este procedimiento.
— Se hizo una vez y tuvo éxito —contestó con total convicción— ¿Por qué ha de ser diferente ahora?
— No es lo mismo, hay factores que han cambiado y alteran los resultados —explicaba la anciana desesperada— no podemos seguir así, es demasiado riesgoso.
— ¿Para quién? —preguntó molesto, mirando fijamente a la anciana.
— Para ellas —señaló a la mujer inconsciente en la camilla— su cuerpo no resistirá, morirá igual que todas las demás. Ya hemos perdido demasiadas.
Kaled observó por un momento el cuerpo frente a él, su mala apariencia confirmaba las palabras de la anciana. Estaba demasiado delgada, su piel arrugada y reseca, su respiración era lenta y pausada, parecía incluso forzosa. 
— ¿El feto sobrevivirá? —indagó nuevamente.
— Eso creemos —contestó pensativa— solo sería hacer la respectiva cesárea en el momento apropiado, pero si podría sobrevivir.
— Entonces no hay problema —argumentó Kaled— podemos conseguir más como ella.
— Pero señor…
— Se llama selección natural, solo los más fuertes y aptos sobreviven —comentó con una sonrisa fría y perturbadora— ¿No es cierto, mi querida Naomi?
Inesperadamente, desvió su mirada justo al lugar donde estaba Naomi de pie observando todo. Vio nuevamente esos ojos verde-azules llenos de pura maldad, el brillo que en ellos surgió le dio escalofríos y nauseas. Trató de salir de allí corriendo, pero no sabía por dónde escapar ni como despertar de aquella pesadilla.
— ¡Naomi! —risas macabras la seguían desde atrás sin poder ver a quien las emitía, pero ella sabía perfectamente quien era— solo retrasas lo inevitable.
— Solo debo despertar —susurraba casi sin aliento.
— ¡Naomi!
Luke la llamaba desesperadamente zarandeándola por los hombros, estaba arrodillado frente a ella mirándola con expresión de suma preocupación. Su respiración estaba demasiado agitada, como si de verdad hubiese estado corriendo. Un sudor frio recorría su frente y espalda, y el miedo la carcomía por dentro.
— ¡Ya desperté! —vociferó sin aliento, mirando en todas las direcciones— Estoy… ¿Estoy despierta?
— Tranquila, cálmate —Luke acariciaba sus mejillas— solo fue una pesadilla.
Respiró profundo y cerró los ojos para tranquilizarse, estando en la escuela no podía dejarse llevar por los terrores que la atormentaban y debilitaban sus barreras. Debía controlar mejor sus visiones, especialmente esas que llegaban sin premeditar causando más problemas.
— Solo fue una pesadilla —susurró con voz temblorosa— solo eso.
— ¿Estás bien? —preguntó Luke aún preocupado.
— Sí, estoy bien —contestó con una fingida sonrisa.
El salón estaba vacío, todos habían salido al parecer a la hora del receso, allí solo estaban ellos dos y Grace esperando en la entrada con Bruno, quienes miraban curiosos y confusos aquel extraño suceso. Naomi se había quedado profundamente dormida toda la hora de clase, ni siquiera había reaccionado ante el sonar del timbre.
— ¿Segura? Todavía te ves un poco asustada —su mirada era intensa y protectora.
— No es nada, ya se me pasará —contestó con un suspiro.
— ¿Quién es Kaled? —vio ese mismo brillo intenso en sus ojos, igual que en Jeimmy cuando se lo preguntó.
— No lo sé… —contestó titubeante— tal vez un nombre que escuché por ahí.
— ¿Todo bien allá dentro? —preguntó Grace curiosa y preocupada.
— Sí, todo bien —contestó Naomi apresuradamente.
Tomó un blog tamaño oficio de su maletín, una pequeña cartuchera y salieron del salón rumbo al jardín donde pasarían el recreo charlando y comiendo, sin embargo, Naomi prefería hacer algo diferente ese día. Necesitaba estar un rato a solas, en algún lugar donde pudiera dibujar libremente lo que vio en aquellas visiones. Si todo eso tenía que ver con ella, quería entender bien la situación. Si algo ha de pasar más adelante no quería que la cogiera desprevenida, debía prepararse.
— Oigan, yo ahora vengo —anunció Naomi— ya los alcanzo, ustedes sigan.
— Te acompaño —dijo Luke.
— No es necesario —se apresuró a decir— no me voy a demorar.
— Pero…
— No te preocupes —le susurró con una sonrisa— solo necesito estar sola un rato, ¿Sí?
— Esta bien —suspiró.
Agradecida, le dio un beso en la mejilla dejándolo sonrojado. Se alejó del grupo buscando un lugar tranquilo y silencioso donde poder sentarse a dibujar, llegando a los salones de los clubes. Se sentó cómodamente en un pequeño muro que rodeaba los salones, pegando su espalda a la pared de la esquina del más alejado de ellos. Espero un rato, notando que de vez en cuando pasaba una que otra persona charlando en voz baja. No era incomodo ni muy bullicioso, era justo lo que necesitaba. Del bolsillo de su buzo, sacó un pequeño estuche con lápices de dibujo que usaba en momentos así. Más adelante, en la comodidad y discreción de su habitación lo plasmaría con mayor detalle y precisión. Por ahora necesitaba hacerlo rápido evitando olvidar algo.
Empezó con la primera habitación detallando los estantes y objetos que en ellos había, especialmente las camillas y las sustancias extrañas dentro de aquellas bolsas. Recordó de forma fugaz el haber visto algunas notas escritas a mano pegadas en algunas botellas, un dialecto que no conocía y símbolos que le parecía extrañamente familiares. Siguió con la otra habitación, esa le causaba mayor perturbación que la anterior. Dibujar todo lo que observó allí le hizo tener náuseas y arcadas, pero se contuvo tratando de respirar profundo. Los cadáveres, la suciedad y pudrición del lugar la mantuvo fuera de sí por un momento, obligándose a reaccionar pensando en algo diferente.
Cerró los ojos y respiró profundo. Volvió a sentir sus caricias en sus mejillas, su suave voz susurrándole cerca de su rostro, su dulce sonrisa y el brillo de sus ojos cafés. Se permitió distraerse un rato con aquellos recuerdos, haciendo que ese placentero cosquilleo en su estómago reapareciera, y en sus labios una amplia sonrisa bobalicona surgió sin poder evitarlo.
— No pienses estupideces —se riñó en voz baja.
Mirando los alrededores se dio cuenta que ya estaba completamente sola, nadie caminaba ni hablaba cerca de allí para su buena suerte.
— No es el momento, ni la situación para pensar en eso —susurró Naomi con resignación— y dudo que pueda llegar.
Cambió de hoja para continuar con su labor, quería dibujar lo que vio en la última visión, las personas que acompañaban a Kaled y la mujer en la camilla. Recordó su extraña conversación, lo llamaron señor Igmar.
— ¿Kaled Igmar? —se preguntó— ¿Será su nombre completo?
Lo anotó en una esquina de aquel dibujo, detalló la vestimenta y lo poco que alcanzó a ver del rostro de aquellas personas, por último, resaltó con colores los ojos verde-azules de Kaled. Su inquietante mirada al notar su presencia en la habitación la había dejado paralizada, solo el miedo de ser encontrada hizo que reaccionara y huyera de allí.
— ¡Aquí estas! —vociferó un voz chillona y molesta.
Mara se acercaba a Naomi hecha una furia, esta vez iba sola sin su séquito de brujas siguiéndole los pasos como perros falderos.
— Lo que faltaba —exclamó Naomi con fastidio, poniendo los ojos en blanco— ¿Ahora qué quieres?
— Mira estúpida —escupió con ira— el show que hiciste ayer delante de media escuela no se quedará así.
— ¿Qué yo hice? —preguntó Naomi con indiferencia— corrección, que hiciste. El ridículo lo pasaste tú buscando problemas donde no los hay.
— En serio, Naomi, no sabes con quien te estas metiendo. Solo te advierto una cosa más… —amenazaba con firmeza, mientras Naomi centraba su atención en el dibujo que estaba haciendo— Escúchame mientras te hablo, idiota.
Se abalanzó para quitar el blog de las manos de Naomi, pero sus reflejos fueron más rápidos de lo que esperaba. La esquivó provocando que chocara con el muro trastabillando, de no ser porque se sostuvo de la pared en la que se hubo apoyado Naomi, hubiese caído al suelo.
— ¿Cómo te atreves? —vociferó indignada.
— Ni siquiera te toqué —replicó Naomi— no tengo la culpa que hasta para eso seas torpe.
— Hija de… 
— Cuidado con lo que dices, Mara —advirtió Peter, sorprendiendo a ambas con su llegada.
— ¿Qué haces aquí? —preguntaron las dos al unísono, Naomi confundida y Mara asustada.
— Cosas —contestó encogiéndose de hombros— como evitar que provoques otra discusión como la de ayer, Mara.
— Ella fue la que empezó —se defendió señalando a Naomi.
Con mirada inocente, le sonrió a Peter para luego añadir:
— Solo fui a comprar porque tenía hambre —desvió la mirada a Mara— Luke puede confirmarlo.
— ¿Ves? Solo me está provocando fingiendo inocencia y sonriéndoles como si no rompiera un plato —recalcó con desprecio en su voz— solo quiere…
— ¡Basta! —vociferó Peter furioso— en serio, ya basta. Tus insinuaciones, tus visitas «casuales», tus comentarios, todo eso nos tiene hartos. No creas que no escucho como hablas de Naomi con tus amigas, todo lo que dices se esparce de boca en boca en esta escuela, así que no te hagas la victima que sé perfectamente quien es la culpable.
— ¿Qué demonios les pasa? —indagó Mara perpleja— ¿Se enamoraron o qué?
— Eso no te incumbe.
Molesta y refunfuñando, Mara se marchó apresuradamente casi corriendo lejos del lugar. Naomi retomó su puesto acomodando las hojas de su blog dejándolo a un lado para recoger los lápices que, por culpa de Mara, había dejado caer regándolos por el suelo.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó curiosa.
— Trabajaremos aquí desde hoy —contestó ayudando a recoger los lápices.
— ¿Trabajaremos? —la sorpresa se dibujó en su rostro.
— Jeimmy y yo.
Guardó sus cosas nuevamente en el estuche, recibiendo de su mano los demás.
— ¿Haciendo qué? —volvió a preguntar.
— Ayudantes del profesor de deporte —contestó sonriente— así que a partir de hoy debes llamarme de esa manera, profesor.
— ¿Qué? —exclamó estallando en risas— sueña si crees que te voy a llamar así.
— Te va a tocar —advirtió en tono burlón.
Charlaron un rato sobre su nuevo trabajo y como lo consiguió, al parecer la señora Nieves también tiene su influencia en el pueblo, ayudando a sus nietos al facilitarles la labor de búsqueda. Según el director, serán los asistentes deportivos de la escuela, siendo Peter ayudante del entrenador de baloncesto y béisbol, y Jeimmy del profesor de deporte. Aun así, las burlas por parte de Naomi continuaron como si de una broma se tratara, riéndose a carcajadas de él y sus comentarios. Por un segundo, la vista se le nubló y las piernas le flaquearon.
— ¿Te sientes bien? —indagó preocupado, sosteniéndola suavemente.
— Solo es mareo —contestó con una mueca de dolor— estoy bien, solo me falta dormir un poco.
Hurgó en la mochila que llevaba a la espalda, sacando un termo de agua azul oscuro.
— Toma eso, te hará sentir mejor.
Lo recibió con gusto, se sentía hambrienta y sedienta. No fue una muy buena idea salir sin desayunar. El café funcionó momentáneamente, pero necesitaba otra fuente de energía más duradera.
— Gracias —lo tomó sumamente agradecida, se sentía frio al tacto.
Maravillada con el sabor, tomó los primeros tragos sintiendo el frío correr por su garganta, la sensación era placentera y refrescante. Era juego de fruta, pero no supo identificar cual era exactamente.
— ¿Te gustó? —preguntó divertido.
Ella solo hizo señas con las manos afirmando como respuesta, ocupando su boca solo para beber aquella deliciosa bebida.
— ¿Era todo verdad? —indagó Naomi apenada— me lo tomé todo.
— Era todo, no te preocupes —contestó entre risas.
— ¿Qué era? Estaba muy rico, pero no logro identificar el sabor —curiosa, Naomi quería saber los ingredientes detrás de aquella bebida milagrosa.
Poco a poco sintió nueva energía correr por sus venas, fue una sensación extraña y similar a la que sintió ese día en el lago. Tal reacción le causo aún más curiosidad, jamás había probado una bebida energizante que tuviese ese efecto.
— Agua bendita, a ver si así se te sale ese pequeño demonio que llevas dentro —comentó con tono burlón— digo, porque esa mala suerte que llevas enzima por algo ha de ser, ¿No?
— Hieres mis sentimientos —exclamó indignada— te voy a retirar mi afecto. Ve a burlarte de Luke.
— Esta bien, me burlaré de él, pero le diré que voy de tu parte —afirmó entre risas.
— Gracias, que buen amigo eres —replicó con fingida molestia— se te agradece.
— ¿Entonces si somos amigos? —preguntó con una dulce sonrisa.
Aquella simple y corta frase la sorprendió, ni siquiera pensó antes de decirlo, pero tampoco se arrepentía de hacerlo.
— Toca, ustedes insisten mucho —explicaba con expresión inocente y fingida diplomacia— me vi obligada a hacerlo.
— ¡Pobrecita! —susurró para luego acercarse y plantarle un suave y tierno beso en la mejilla— ya es hora de regresar al salón, señorita dramática.
— ¡No me simpatizas! —se quejó.
Caminaron juntos entre risas y quejas de Naomi, el bullying se estaba haciendo muy frecuente entre ellos, no solo con Peter y Luke, Jeimmy también entraba en el juego solo cuando estaban solos. Llegados a las canchas se separaron, Peter debía ir a la sala de profesores y ella a su salón de clases. Sin embargo, no pudo evitar desviarse un poco hacia la gran extensión de bosque detrás de la escuela. Aquella valla metálica que la separaba de los enormes y frondosos árboles le impedía ver claramente, pero no le era difícil sentir que más allá de la rejilla había no una, sino varias presencias mágicas no malignas.
Eran pequeñas auras familiares, llenas de colores vivos pero suaves. Esas auras que tanto conocía y que le transmitían algo de calma, en las que si podía confiar ciegamente. Sentía que se acercaban poco a poco a ella, atraídas por su misma presencia y energía. Miro detenidamente a su alrededor, no había nadie cerca, ya todos debían estar en sus salones de clases. Pero aun así debía darse prisa, no sabía en qué momento puede haber entrenamiento o clase de deporte. Estaban cada vez más cerca e incluso podría decir que escuchaba susurros, suaves arrullos que cantaban melodiosas canciones en un idioma que reconocía perfectamente.
Pero se detienen.
Sin saber porque, se detuvieron de un momento a otro. Por largos segundo permanecieron en el mismo punto sin moverse, sin pronunciar nada, todo era silencio. El suave canto que antes había escuchado cesó, no alcanzó a entender las palabras que en ellas recitaban. Y sin entenderlo, retrocedieron rápidamente desapareciendo de su radar.
— ¿Qué miras? —indagó Jeimmy con un susurro a su oído, asustándola intencionalmente.
— ¡Jeimmy! —se quejó con un grito ahogado— ¿Quieres dejar de aparecer así de la nada? Un día de estos voy a darte un buen golpe por pendejo, no más te advierto.
— Cuanta agresividad —dijo entre risas.
— Eso es lo que provocas —se quejó molesta.
— ¿Solo eso? —preguntó con expresión inocente.
Visiblemente sonrojada por su clara y muy evidente indirecta, Naomi desvió su mirada al bosque sin poder evitar las risas de Jeimmy ante su reacción.
— Lo siento, solo estoy molestando —comentó con voz suave— me gusta hacerlo.
— Que agradable sujeto —murmuro sarcásticamente.
— Pero en serio, ¿por qué miras tanto para allá? —indagó con seriedad.
— Nada, mera curiosidad no más —mintió.
— ¿Segura?
— ¿Debería haber algo más? —inquirió con expresión seria.
— Tal vez —contestó encogiéndose de hombros— casi todos tus accidentes suicidas han sido en un bosque, ¿Por qué tanto interés?
— Que no soy suicida —vociferó exasperada— los accidentes pasan, es solo mala suerte. ¿Entendido?
— Pues esto no demuestra mucho tu punto —la tomó de las manos para subir la manga de su buzo.
Sus heridas ya estaban secas, sin señal de infección y sanando poco a poco. De su bolsillo, Jeimmy sacó un tubo de crema desconocida para Naomi. Se la aplicó en cada una de ellas, suave y dulcemente con pequeños roces para no lastimarla.
— No creo que eso sea necesario —titubeó nerviosa— ya estaban sanando.
— Si es necesario —refutó decidido— tu papá no es el único que tiene una crema milagrosa para las cicatrices.
Su comentario le hizo recordar esa pequeña conversación antes de aquel partido de béisbol, sus suaves manos en su frente y su rostro muy cerca del suyo. Una pequeña y tímida risa se escapó de su boca, siendo correspondida de la misma manera. Aplicó la crema de igual forma en sus piernas, se sentía como una niña pequeña a quien le tiene que cuidar y sanar después de caer mientras jugaba. 
Los tres, sus vecinos y nuevos amigos, se comportaban más como hermanos mayores sobreprotectores con ella, especialmente Jeimmy, aunque no podía negar que había momentos en que tanto él como Luke se comportaban de una forma diferente. No quería imaginarse cosas raras, pero tampoco podía hacerse la ciega ante la situación. Solo sabía que era necesario no seguirles el juego, debía impedir que naciera algo más que simple afecto o cariño de amigos con alguno de ellos, mucho menos con dos.
— Listo, creo que con eso basta —dijo con una dulce sonrisa— por ahora.
— Gracias doctor, me alivian sus palabras —expresó entre risas.
— Todo por mi linda paciente —susurró acercándose peligrosamente a ella— ahora ve a clases, creo que se te está haciendo tarde.
— Ahmm… Si —titubeó— para allá iba.
Un suave beso en la mejilla la dejó en las nubes, el aroma de su piel la tenía embriagada cada vez que lo tenía a si de cerca. El cosquilleo en su estómago volvió mucho más fuerte e intenso, dejándola con el deseo de más. Más de algo que sabía no podía pedir ni tener en ese momento de su vida o en ninguno muy probablemente. No si las cosas seguían como estaban, huyendo de algo que no lograba entender.
— Por la sombrita —susurró divertido.
— Si claro —susurró aún embelesada— muy gracioso.
Se marchó con una sonrisa bobalicona en su rostro y las mejillas sonrojadas, aquella sensación de cosquilleo no se iba por más que tratara de no pensar en él. Tal vez en el fondo sabía que no quería dejar de hacerlo, pero tampoco pretendía repetir el mismo dolor que sufrió el año anterior.
— Ya cálmate —se riñó en voz baja— o estarás chillando a final de año como una buena pendeja.
Llegó al salón de clases, todos estaban en sus asientos esperando que el profesor llegara. Luke estaba en su puesto habitual con teléfono en mano, mirando la pantalla con expresión preocupada y frunciendo el ceño. Levantó el rostro notando la llegada de su compañera, dibujándose en sus ojos un evidente alivio.
— Ya vuelvo, no me demoro —imitó la voz de Naomi, estaba enfadado otra vez— tengo algo que hacer.
— ¿Me estas regañando? —inquirió perpleja y divertida.
— Si, lo estoy haciendo —expresó con obviedad— ¿puedo saber dónde y que estabas haciendo?
— Son cosas de chicas, no seas chismoso —replicó divertida— y ya deja la rabieta conmigo. No seas así, soy una niña sensible y estas hiriendo mis sentimientos.
— Tú hieres mis sentimientos —replicó dramáticamente— ni siquiera me quieres.
— ¡Ay pobrecito! —reía a carcajadas— yo si te quiero, solo cuando no estás en modo acosador.
— Solo cumplo con mi trabajo —exclamó con diplomacia.
— Entonces estas despedido.
Las quejas de Luke resonaron por un buen rato mientras Naomi solo sabía reírse a carcajadas, hasta que llegó el profesor de matemáticas para dar su clase. Durante las dos siguientes horas prestó más atención que la primera mitad de la jornada, conversando entre veces con Luke para no aburrirse por completo. La última hora de clases, lengua castellana, se ubicaron en grupos de cuatro para realizar la actividad designada. Con Bruno y Grace terminaron dicho trabajo ahorrándose mitad de la clase, tiempo que usaron para charlar y hacer planes.
— ¿Qué hay para mañana? —preguntó Grace un poco aburrida.
— Nada, libre de tareas —exclamó Bruno con satisfacción— ¿Podemos hacer algo hoy después de clases?
— No sería mala idea —aceptó emocionada.
— ¿Qué quieres hacer, Naomi? —preguntó Bruno, mirándola fijamente— podríamos visitar algunos lugares que tal vez quieras conocer, por lo que eres nueva y eso.
— Sí, muy lindo de tu parte y todo —intervino Luke seriamente— pero no hay lugar que esta niña no conozca, ¿Por qué no me convidas a mí? Yo también soy nuevo, ¿Sabes?
— Me huele a celos —comentó Grace con burla— no sé, pero se siente en el aire.
— Grace, cariño mío, cállate ¿quieres? —replicó Naomi con expresión de sueño— y para ustedes dos señores, les informo que lo único que quiero hacer al salir de clases es irme a mi casita y morir hasta mañana, y ni usando el Edo tensei podrán revivirme. Quiero dormir así que no molesten, especialmente tú. Psicópata —señalo a Luke.
— ¿Yo soy el psicópata? —replico con indignación— el acosador es otro.
— Espero no sea para mi esa indirecta —recalcó Bruno.
— ¿Para quién más sería?
— Grace —interrumpió Naomi con indiferencia— ¿Y si dejamos de este par converse? Creo que tienen muchas cosas que hablar, hasta nos ignoran y todo. 
— Muy cierto, ¿Nos vamos? —confirmo con fingida seriedad.
— Por su pollo.
Amabas tomaron sus asientos y se apartaron de los chicos por un par de metros, continuando su propia conversación solo ellas dos. Se burlaban y comentaban sobre la actitud celosa e infantil de Luke, mientras que a Bruno lo acusaban de acosador nuevamente. Ambos, indignados y molestos, se quejaron el resto de la clase hasta que llegó la hora de regresar a casa. Se despidieron con más risas y bullying de ellas hacia ambos, jurando que el día de su venganza llegaría pronto.
Luke y Naomi siguieron su camino juntos y en silencio, terminado de ir a pie debido a un pequeño problema de mantenimiento con la bicicleta de Naomi, a la cual se había dañado un neumático al pisar un vidrio. El sueño volvió a ella, sintiendo los ojos pesados y la mente ida. No era el mismo agotamiento, su cuerpo no dolía y se sentía llena de energía, pero contrario a eso su mente cansada necesitaba reposar y solo lo conseguiría durmiendo. 
A pesar de su cansancio y distracción, pudo notar una conducta inusual en su compañero. Luke miraba en todas las direcciones cada cierto tiempo, observando detenidamente cada detalle de las calles a su alrededor, como en un estado de alerta permanente.
— Luke —llamó su atención— ¿Pasa algo?
— Nada, ¿por? —contestó sin siquiera mirarla, observando justo detrás de ella.
Iban pasando por una sección del bosque que tanto visitaba, los árboles rodeaban la calle hasta terminar con las primeras casas y algunos almacenes.
— ¿Qué miras? ¿Hay algo allá? —preguntó curiosa.
— No es nada —sonrió— solo que me gusta ver el bosque.
Volvió su atención al frente del camino, aparentando tranquilidad. Naomi sabía que esa no era la razón, había algo que no quería decirle, le estaba ocultando la verdad. Pero de pronto, en la misma dirección donde hubo mirado Luke hace unos instantes, sintió una presencia mágica no maligna. Una de las mismas que había sentido en la escuela. Al mirar, una pequeña hada voladora de clase Insecta la estaba llamando, estaba asustada y muy nerviosa. Señalaba una y otra vez a Luke, quien seguía sin prestar mucha atención hacía ella. No se le hizo raro, las hadas suelen huir de los humanos, no les gusta tenerlos cerca ni mucho menos ser vistas por ellos.
Empezó a crear una estrategia en su mente, una forma de devolverse y tomar un camino alterno para encontrar al hada sin que Luke la siguiera o fuese con ella. Necesitaba hacer eso sola, no podía dejar que las viera, ni a ella ni al hada. Sea lo que sea que la haya impulsado a buscarla, ha de ser urgente.
— Olvide algo en la escuela —anunció Naomi, atrayendo la completa atención de Luke— tu sigue, no te preocupes.
— No señora, voy contigo —aseguró Luke, dando la vuelta.
— No es necesario, solo voy y vuelvo —insistió— estamos cerca, puedes seguir sin mí, no voy a perderme.
— ¿Cómo el «no me demoro» de esta mañana? —recalcó con firmeza.
— Luke —replicó quejosa— ¿Es en serio?
— Muy en serio —contestó una familiar voz detrás de ella.
Jeimmy había llegado para quitar suavemente el maletín de sus hombros, llevándolo como si fuese de él.
— ¿Qué llevas aquí? ¿Piedras? —inquirió divertido— está un poco pesadito, eso es malo para tu espalda.
— Pero de donde…
— ¿Y a esto que le paso? —preguntó Peter llegando del otro lado, sujetando la bicicleta que antes estaba entre las manos de Naomi— ¿Dime que no mataste a nadie con esto otra vez?
— Tu pregunta me ofende —replicó molesta— no he matado a nadie, pero sigue así y serás el primero. Y ustedes dos serán los siguientes.
Se sorprendió y extrañó al ver a los tres allí con ella, en actitud protectora. El comportamiento de Luke y este nuevo acontecimiento solo avivó su confusión, siempre aparecía alguno de ellos justo en el momento más indicado, la cuidaban y atendían cuando más lo necesitaba. Todo era demasiado conveniente, especialmente cuando estaban involucrados sus «extraños accidentes». Por un momento se le cruzó por la cabeza la idea de sus padres contratándolos para vigilarla y cuidarla, pero se le hizo tan absurda y de novela cliché que desistió de tal cosa.
Sus intentos por zafarse fueron en vano, tal vez de Luke o Peter hubiese sido capaz de escaparse, pero no de Jeimmy. Era demasiado terco, insistente y autoritario, además de sobreprotector. Decidió con resignación esperar a llegar a su casa, despistarlos un rato y luego salir cautelosamente por la puerta trasera, así mismo como hacía por las noches.
Debía apresurarse, el tiempo en esas circunstancias siempre era vital. No debía desperdiciar ni un segundo.



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En el texto hay: monstruos, magia, sobrenatural

Editado: 01.09.2021

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