Sangre Mestiza I: el inicio de la travesía

14. Recuerdos que son mejor olvidar

— ¿Necesitas compañía? —preguntó Luke con gesto inocente.
Habían llegado a su casa, Peter y Jeimmy le hicieron el favor de guardar su maltrecha bicicleta en el garaje, prometiendo que en algún momento la arreglarían.
— De ustedes no, pero gracias por ofrecerte —contestó con fingida seriedad— eso es un nuevo nivel de acoso.
Desvió su atención a los otros dos, Peter revisaba los daños de la bicicleta haciendo comentarios y negando frenéticamente con la cabeza, al parecer el estado de la misma era peor de lo que parecía. Empezaba a desesperarse un poco, necesitaba liberarse de ellos y salir de allí lo más rápido posible. No había tiempo que perder.
— Tierra llamando a Naomi —exclamó Jeimmy frente a ella llamando su atención— ¿Sigues en este planeta?
— El número marcado ha sido desactivado, por favor no moleste —contestó sarcásticamente— el usuario quiere dormir.
— Si, muy graciosa —colocó suavemente el bolso sobre sus hombros— ¿Dormirás de verdad o planeas almorzar algún día?
— Prefiero morir hasta mañana —contestó apresuradamente.
— Esta bien, cualquier cosa nos puedes llamar —pellizcó suavemente su mejilla.
— No será necesario, sé cuidarme sola —dijo Naomi alejándose poco a poco— pero igual gracias.
— Como no —murmuró Luke ocultándolo en vano con tos fingida.
— Escuche eso, baboso —replicó Naomi para luego cerrar la puerta sin dejar de mirar con reproche a su pelirrojo amigo.
Observó a través del mirador de la puerta, los tres seguían enfrente de su casa discutiendo entre ellos seriamente. Luke era quien más hablaba, Peter de vez en cuando interrumpía para preguntar algo y Jeimmy escuchaba atentamente, pero con expresión dura y mirando fijamente hacia la casa de Naomi con los brazos cruzados. Por un momento pensó que podía verla, que de alguna forma sabía que estaba allí observándolos. Con un suspiro, Luke terminó su relato y ambos centraron su atención en el mayor de ellos como esperando alguna orden. Hizo un comentario y ambos asintieron al tiempo, luego retomaron su camino de vuelta a casa, siendo Jeimmy el último en marcharse.
— ¿Qué demonios fue eso? —se preguntó Naomi desconcertada.
Había sido algo bastante extraño. ¿De qué estaban hablando? ¿Por qué habían actuado de esa manera? ¿Acaso la estaban vigilando? Miles de preguntas se formaron frenéticamente en su cabeza y ninguna le daba buena espina, por lo que se obligó a sí misma a tener el doble de precaución al salir. Esperó pacientemente alrededor de media hora, tiempo que usó para darse una ducha, vestirse con algo más cómodo y planear una nueva forma para salir de casa.
Creía fervientemente que pasado ese tiempo podría hacerles creer que estaba de verdad dormida, pero de igual forma no debía confiarse, mucho menos después de lo que vio. Recorrió cada ventana, cada puerta que diera acceso al exterior de su casa especialmente las que le permitían observar la de sus vecinos esperando no verlos en ningún lado. La única muestra de vida dentro de ella era la ventana abierta de la habitación de Jeimmy, pero no vio a este en ninguna parte. Con cuidado, salió por la puerta trasera, saltó la valla que separaba su casa con la de los vecinos sin hacer mucho ruido. Tuvo mucha suerte al no encontrarse con ningún miembro de esa familia, saliendo tranquilamente caminando por los laterales de aquella vivienda.
A paso acelerado caminó todo el trayecto hasta el bosque, mirando cada tanto si no era seguida por alguno de sus vecinos, o por alguien más. Más tranquila y segura de estar sola, se apresuró a buscar la presencia de aquella hada. Logró llegar al costado de la calle donde la había visto, activó nuevamente su radar para poder localizarlas y lo logró. Cerca de allí había por lo menos unas 20 hadas esperándola, pero no fue lo único que sintió. Una presencia totalmente diferente y cargada de odio las acompañaba, era esa misma aura verde y viscosa que había visto el día que conoció a Luke.
Corrió apresuradamente hasta aquel lugar, sabía que estaban en peligro y era eso para lo cual la buscaban. Necesitaban su ayuda y era de vida o muerte. A medida que se acercaba escuchaba los murmullos, voces que iban en aumento con cada paso que avanzaba hasta convertirse en desgarradores gritos de terror. Oculta detrás de un árbol, a tan solo unos pasos de su posición logró ver a la criatura. Seguía siendo la misma extraña ave de plumas rojas y cuerpo de orangután, de sus garras correaban sangre de hada y a su alrededor varias yacían sin vida. 
Sin pensarlo ni meditarlo dos veces, recordó el conjuro para un portal del cual sacó una vieja espada. Aquel hechizo lo aprendió del libro de su padre, las armas y escudos eran de vital importancia a la hora de defenderse por lo que dispuso completa atención en esos en específico. Analizó sus movimientos y se dio cuenta de un punto a su favor, no podía correr muy rápido. Era grande y pesada por lo que se volvía lenta y se cansaba con facilidad, pero aquello lo compensaba con una fuerza brutal y un olfato agudo. Vio como olfateaba el aire, desviando su atención a un punto cercano al de ella.
Se preparó para atacar, sostuvo con fuerza su espada, respiró profundo y saltó dando el primer tajo a la bestia alcanzándola solo en las puntas de sus alas. Había sido más rápida que ella por un momento, ya sabía que estaba allí y solo la estaba esperando. Se irguió totalmente en sus patas traseras aleteando rápidamente levantando polvo y hojarasca, obligando a Naomi a cerrar sus ojos y con un grito desgarrador se abalanzó hacia ella dispuesto a matar. 
— Escudo —gritó Naomi, haciendo aparecer un rectángulo azul brillante sobre su brazo.
A duras penas logró sostener el peso de la criatura sobre el escudo, cayendo de rodillas al sentir la presión de su ataque. Con un fuerte impulso, se giró hacia un costado dejando que cayera con todo su propio peso al suelo. Aprovechó aquel momento para atacar nuevamente, levantó la espada para lanzar su estocada justo en su espalda, pero aquella criatura extendió por completo su ala empujándola contra un árbol. El golpe le sacó el aire de los pulmones, dejó caer a un lado la espada y su escudo desapareció en escarcha.
Logró levantarse nuevamente justo para esquivar el siguiente golpe de la criatura, la cual había dado un salto para caer justo donde había estado ella. Sin su espada estaba totalmente desarmada y vulnerable, solo le restaba usar los conjuros que se sabía. La bestia se estaba preparando para saltar sobre ella nuevamente, pero esta vez estaba preparada.  Levantó un gran muro de piedra en el momento en que saltó, haciendo que se estrellara sonoramente contra esta. Escuchó su grito de rabia y dolor, y nuevamente saltó haciendo pedazos la piedra frente a ella.
Una gran bola de fuego se estrelló esta vez contra el pecho de la criatura, chamuscando solo algunas plumas y tumbándolo al suelo. Pero más que lastimarlo solo lo enfureció aún más, sus grandes ojos estaban completamente rojos de la ira y de su boca salía saliva espesa mezclada con sangre de hada. Nuevamente aleteo fuerte y con un grito saltó para atacar, esta vez intentó lanzando un gran chorro de agua esperando encontrar algún punto débil en aquella bestia, pero nada surtía efecto.
— ¡Auxilio! —un susurro suave y débil la distrajo por segundo.
De entre unos arbustos un hada gravemente herida salía arrasándose, su rostro lleno de sangre y lágrimas la miraban con desesperación. Era la misma que la había buscado por ayuda, y había llegado demasiado tarde para rescatarla. De pronto, con un grito de advertencia aquella bestia se lanzó sobre Naomi. Esta vez no reaccionó a tiempo. Con sus filosas garras la cortó en el abdomen, cayendo estrepitosamente al suelo girando un par de veces sobre sí misma. El dolor que sintió era indescriptible, sangraba sin parar y un líquido verde cubría los bordes de su herida.
Estaba perdida, si no hacía nada de inmediato con su herida y con aquella criatura se podría dar por muerta. Esquivó un nuevo intento de ataque, girando sobre su costado para evitar ser aplastada. Nuevamente y con un poco de esfuerzo, creó una gruesa pared alrededor de aquella mole con plumas. Necesitaba distraerla mientras se preparaba para hacer su último ataque, aquel hechizo que aprendió sin quererlo y que había jurado no volver a usarlo, pero esta era una situación que se le estaba saliendo de las manos.
Recordó la voz de aquel chico cuando aún era niño, Kaled, aquella primera vez que lo vio en medio de una visión y que le había salvado la vida. Rápidamente hizo las posiciones de manos, preparándose para el momento en que la bestia saliera despedida de su prisión de piedra. Dos golpes fueron suficientes para romperla haciéndola trizas, tiempo suficiente para Naomi.
— ¡Destruir!
Del espacio triangular formado por sus manos, un fuerte resplandor y calor salió despedido con fuerza. El poder y energía que drenó en aquel hechizo fue descomunal, pero tuvo el efecto que esperaba. Un último grito de rabia se oyó por encima del estruendo de su ataque hasta desaparecer por completo. Aquella luz la cegó por segundos en los que solo vio oscuridad, las mano le dolían y quemaban, pero sabía que no se había hecho daño. Al abrir los ojos, frente a ella no quedaba más que un montón de cenizas humeantes, y un reguero de plumas y sangre esparcidas por el suelo. 
Estaba agotada, sin fuerzas ni energía. Cayó pesadamente de rodillas sobre el suelo, notando nuevamente en ardor en su herida abierta. Aquella mancha verde estaba extendiéndose sobre su herida aumentando su dolor, sabía que solo podía significar una sola cosa, la estaba envenenando. Poco a poco su vista se fue nublando, su cuerpo cayó por completo sobre la hojarasca chamuscada y en su último intento por levantarse, una fuerte punzada la recorrió por completo derramando más sangre. Algunas hadas fueron saliendo de su escondite al verse liberadas de su atacante, corriendo a socorrer a su heroína. Logró divisar el rostro de una de ellas, la que más se acercó. Era muy parecida al hada que la buscó, con sus alas translucidas parecidas a las de un insecto y sus ojos multicolores.
— ¡Si eres tú! —escuchó como un susurro— estarás bien…
Más de ellas se acercaron, pero para Naomi todo se volvió negro.
La sensación de frio y ardor en su abdomen la trajo de vuelta al mundo consciente, abriendo poco a poco los ojos y sintiendo la dura madera crujiendo bajo su peso. La oscuridad reinaba en el lugar, no sabía dónde estaba y no recordaba en qué momento se había levantado y caminado hasta allí. Al acostumbrase a la falta de luz notó que estaba en su casita del bosque, las luces de colores que decoraban estaban apagadas y no tenía la batería recargable que siempre usaba para encenderlas. No le dio mucha importancia a ello, lo que le intrigaba era el por qué estaba allí y quien la llevó. 
Dudaba mucho haber caminado por si sola estando tan mal herida e inconsciente, además, sus heridas estaban curadas. Literalmente solo podía ver una fina línea rojiza donde estaba antes la enorme cortada que, con sus garras venenosas, aquella criatura le había provocado. Y más extraño aún, como eliminaron el efecto del veneno. De todas formas, por mucho que hubiesen curado su maltrecho cuerpo, aún quedaban secuelas del veneno, pequeños rapones y cortes que dolían.
El sol aún brillaba en lo alto del cielo, pero se estaba tornando naranja por lo que el atardecer se estaba acercando. Debía volver a casa antes que sus padres llegaran para evitar generar sospechas, no necesitaba que se preocuparan ni que la regañaran por lo que había hecho. Bajó cuidadosamente del árbol, el tobillo le dolía al caminar y sentía que todo el cuerpo le quemaba por dentro. Lento, pero a paso firme caminó rumbo a su casa aparentando tranquilidad y serenidad, pero el sudor frio que corría por su frente y espalda delataba su verdadero estado.
Solo faltaban un par de metros para llegar a la puerta, sus planes eran solo acostarse a dormir para descansar y reponer energías. Sin embargo, un muy enfadado Jeimmy se interpuso en su camino.
— ¿No se supone que ibas a dormir hasta mañana? —indagó molesto.
— Cambio de planes —contestó indiferente, tratando de seguir su camino.
— ¿Dónde estabas? —su expresión denotaba una gran molestia y preocupación.
Aún se le hacía extraño que se preocuparan tanto por ella, solo había pasado alrededor de un mes desde que los conoció, pero la trataban como si fuese de toda la vida.
— No tengo porque darte explicaciones —objetó molesta— ¿Podrías darme permiso? Quiero entrar a mi casa.
— Solo me preocupo —replicó exasperado— tu historial de accidentalidad no está a tu favor.
— Gracias por tu preocupación, muy lindo de tu parte y todo, pero no eres mi hermano mayor —una fuerte punzada de dolor interrumpió sus palabras.
— ¿Te sientes bien? —el tono de su voz cambio, expresando angustia.
— Solo es dolor de estómago, nada de qué preocuparse… —nuevamente la invadió un fuerte ardor en la herida haciéndola gritar de dolor.
Sintió como Jeimmy la cargaba en sus brazos llevándola hasta su habitación, allí la recostó suavemente en su cama, tanteó su frente pálida y con una mueca de frustración salió en busca de algo sin decir nada más. Desconcertada, Naomi intentó levantarse para convencerlo de su exageración, pero un fuerte mareo la tumbó de nuevo. Su conciencia estaba divagando, medio consciente de lo que pasaba a su alrededor y faltando poco para desmayarse nuevamente. Respiró profundo y se dejó llevar por aquella sensación, la oscuridad la envolvió relajando su cuerpo y desapareciendo todo rastro de su malestar.
Despertó nuevamente, aún seguía en su habitación a oscuras y sola. El sonido de voces llamó su atención, sus padres ya estaban en casa. Se encontraba mucho mejor, demasiado para ser cierto. En su abdomen no había nada, ni cicatriz de ningún tipo y no sentía ardor. Las heridas que se había hecho durante su última visión habían desaparecido también, como si nada de eso hubiese pasado. Una venda húmeda y algo fría reposaba en su frente, una muy parecida a la que solía colocar su madre cuando tenía fiebre. 
¿Cómo era posible que estuviese totalmente sana? Al inicio había pensado que pudo ser obra de las hadas, ellas estaban cerca cuando cayó inconsciente la primera vez. Pero allí en su habitación, sola, lejos del bosque, ¿Cómo pudo pasar? El único que estuvo allí fue Jeimmy, y era totalmente imposible que el haya hecho algo. La única opción que quedaba era su padre, experto en magia curativa. De ser cierta su sospecha, estaría en gravísimos problemas. Decidió ducharse y bajar a enfrentar el problema, si esperaba más la ansiedad podría jugarle una mala pasada.
— Por fin sales de esa habitación, niña —exclamó Nilsa al verla bajar— creía que dormirías hasta mañana para ir a clases.
— ¿Qué hora es? —preguntó con naturalidad.
— Son las 7 de la noche —contestó Félix llegando desde el comedor— y ni siquiera has almorzado.
— Y tampoco cocinaste —recalcó su madre.
— Si bueno…
— Yo sé que te estas volviendo a acostumbrar al horario escolar —continuó Nilsa— pero eso no es excusa para no hacer tus deberes, ¿por lo menos hiciste tarea?
— Para mañana no tenía —contestó Naomi a la defensiva— y no me di cuenta en qué momento me quede dormida, lo siento. ¿Estoy castigada?
— Debería, pero no —dijo Félix con mirada seria— ahora ven a comer, no quieras perder la figura.
— Eso fue un chiste, ¿verdad? —indagó confusa, pero con una sonrisa burlona en su rostro.
— También te va a dar risa el regaño que te daré si no haces caso —añadió Nilsa en tono amenazante.
— Ya, calma mujer —dijo entre risas, caminando lentamente hacia el comedor sin quitar la vista de su madre.
Cenaron en tranquilidad, charlando de los acontecimientos del día, la escuela y el trabajo. Naomi les comentó sobre la opción de unirse a un club y cómo afectaría su horario de clases, saltándose algunos los detalles especialmente los acontecidos después de salir de la escuela. No sabía si sentirse agradecida con su suerte o preocuparse el doble, sus padres no habían dado señales de estar enterados de nada, no había ninguna evidencia que demostrara que eso sucedió en realidad y, a decir verdad, temía que alguien hubiese intercedido por ella en el bosque. ¿Quién sería capaz de hacer algo así? No estaba segura de querer o estar preparada para saber la respuesta.
— ¿Ya decidiste a cuál te inscribirás? —preguntó Nilsa curiosa.
— No sé, en realidad no me interesa mucho —contestó distraída— pero como es obligatorio le seguiré la corriente a Grace, entrare al de música a ver qué pasa.
— ¿Quién es Grace? —intervino Félix.
— Es… —se interrumpió al ver las expresiones llenas de ilusión en los rostros de sus padres— ya valí.
— Lo sabía, ya tienes amigos —exclamó Nilsa con emoción— espero no hayas dejado a Luke por fuera, quiero un yerno así de bien parecido y él es un buen candidato.
— Mamá, por favor —reclamó Naomi exasperada— contrólate. No diré más nada.
— Nilsa, déjala respirar —solicitó Félix seriamente— un paso a la vez, no abusemos de nuestra suerte.
— Con ustedes no se puede —se quejó entre risas— en serio, los voy a demandar por… por lo que sea.
— Quiero ver que lo intentes —retó su padre divertido.
Terminado el bullying, Naomi limpió los trastes que se ensuciaron y salió a garaje, necesitaba ver qué tan mal estaba su bicicleta y si podría arreglarla para usarla al día siguiente. El neumático estaba literalmente abierto, por lo que necesitaba comprar uno nuevo.
— ¿Algún día aprenderás a conducir sin matarte o tratar de asesinar a alguien? —preguntó Peter llegando por su espalda.
— Hasta no tener mis primeras tres víctimas no —contestó con el ceño fruncido— ¿Quieres ser voluntario?
— No gracias —le sonrió dulcemente— es que quiero evitar la fatiga.
Las quejas de Naomi siguieron hasta el cansancio, pero Peter se limitaba a seguir con sus comentarios burlones y risas para molestarla más. 
— ¿Se supone que en eso irás a la escuela mañana? —preguntó Peter sarcástico.
— Últimamente hace un buen clima en las mañanas —contestó Naomi con diplomacia— estupendo para caminar un rato.
— Me alegro mucho, esa figura no se cuida sola —el sarcasmo y la burla fueron evidentes en el tono de su voz.
— Me voy a buscar otros amigos, los que tengo no me sirven —exclamó Naomi con fingida indignación.
— ¿Segura? ¿Dónde conseguirás uno que sepa de mecánica y que además esté dispuesto a arreglar por segunda vez la pobre bicicleta? —indagó con seguridad.
— Peter —dijo Naomi con su expresión de niña buena y una amplia sonrisa— ¿Somos amigos verdad?
— Que no se te note tanto el interés —exclamó indignado— pequeño demonio.
— Tu empezaste.
— Solo te digo una cosa —recalcó— esto ya no es regalo de bienvenida.
— Mmmm… ¿Regalo de despedida? 
El gesto de sorpresa e indignación mesclada en el rostro de Peter le causo tanta gracia, que estalló en carcajadas aún en contra de sus réplicas y quejas.
— Te la arreglaré, pero mañana no estará lista —aseguró observando con mayor detenimiento el daño.
— Igual caminaré —se encogió de hombros— no hay problema.
Peter se acercó a Naomi sonriente, suavemente le dio un beso en la mejilla.
— Hasta mañana —susurró.
— Hasta mañana —contestó sonrojada— y gracias.
— Me debes una.
— Y la interesada soy yo.
Ambos rieron y regresaron a sus respectivas casas. Naomi no se sentía cansada ni dolorida, podría decir que se encontraba normal como cualquier otro día. Arreglo las cosas para la escuela al día siguiente, recordando que tenía pendiente un dibujo. Sacó su blog y se dispuso a pintar tres cuadros más, llevándose casi todo el tiempo de la noche. Al terminar, era más de la una de la madrugada.
Se despertó minutos antes de sonar la alarma, se duchó y bajó a desayunar. Esa vez si se comió todo, no volvería a cometer ese mismo error. Ensalada de frutas y Bacon con tocino fue el menú del día, el café con leche dulce le calentó la garganta deleitándola con su sabor. Al salir encontró a Luke, quien en su bicicleta le hacía señas para que se montara.
— No estás hablando en serio, ¿O sí? —preguntó enarcando una ceja.
— ¿Tu qué crees? —contestó con una radiante sonrisa.
No tuvo de otra que acceder, se sentó de lado por delante de Luke quien aprovechaba la situación para molestarla. Era la primera vez que iba de esa manera con él, pero a diferencia de aquella ocasión con Jeimmy no se sintió incomoda. Podría decirse que se estaba acostumbrando a su presencia, su acoso divertido y su extraño sentido del humor.
Para fortuna de Luke, las chicas habían dejado de molestarlo al verlo siempre en compañía de Naomi, quien se había ganado algo del respeto de los demás debido a sus encuentros con Mara. Por lo tanto, podían estar tranquilos durante los recesos charlando de cuanto tema se les cruzara, los trabajos los hacían entre los cuatro y poco a poco iban logrando que ambos chicos se acostumbraran a la presencia del otro.
— Jóvenes, presten atención —anunció su maestro de ciencias— esto solo lo diré una vez en todo el año así que escuchen, no quiero a nadie preguntando después. ¿Entendido?
— Si señor —contestaron todos al unísono.
— Para mitad de año se hará una feria de ciencias donde se mostrarán los proyectos que ustedes —explicaba el profesor con énfasis— estudiantes de último año, harán en parejas a partir de ya. El tema es libre, pueden crear lo que su imaginación les permita siempre y cuando no haga estallar la escuela. No dejen esto para última hora, de ello depende la nota del 50% de la asignatura para todo el año.
Rostros asustados y molestos se veían en todas partes, refunfuñando ante lo injusto que sonaba aquello.
— Llorando no consiguen nada, así que no tienen de otra —continuó— para final de clase quiero que me den en un papel sus nombres completos y un correo, un papel por pareja.
Los cuchicheos se extendieron, algunos incluso se desordenaron cambiando de asientos en busca de una pareja para realiza dicho proyecto. A su lado, Luke la miraba fijamente esperando llamar su atención. Ella, por su lado, seguía reticente a mirarlo, sabía lo que le esperaba si llegaba a caer.
— Lo haré sola, tu molestas mucho —expresó sin dejar cabida a reclamos.
— Otra cosa chicos, no quiero a nadie —dijo el profesor— absolutamente a nadie diciendo que lo hará solo, es en parejas y no hay reclamos al respecto. Ahora sí, busquen a su compañero.
— ¿Decías algo, mi querida Naomi? —indago Luke con satisfacción— y no busques ayuda en Grace, ella ya eligió a su pareja.
Efectivamente vio como Grace entregaba el papel, uno donde estaba escrito su nombre junto al de Bruno, su nuevo compañero de proyecto. Esta le sonreía abierta y dulcemente, un leve sonrojo se delataba en sus mejillas y el brillo en sus ojos denotaba algo más.
— La traición —suspiró dramáticamente tratando de no reír— ¡Ya qué! 
Entregó el papel con sus nombres y correo, pensando desde ese momento en que podrían hacer para la feria. Millones de ideas demasiado exageradas y fantasiosas salieron desbordadas de los labios de Luke, quien aceptaba las burlas de Naomi con el pretexto de desquitarse cuando más adelante sea su turno de sugerir. 
El tan anhelado timbre de fin de jornada había sonado, pero fueron despedidos con el recordatorio de la reunión de los clubes, por lo tanto, debían continuar con su permanencia en la escuela. Se les daría un receso para que almorzaran y descansaran un rato, pero luego deberían volver e iniciar las presentaciones para los nuevos y retomar los ensayos.
— ¿Dónde almorzaremos? —indagó Luke.
— Yo conozco un restaurante cercano —contestó Grace— la comida es deliciosa.
— Excelente, muero de hambre —exclamó Naomi.
El salón de clases fue vaciándose poco a poco, los estudiantes con expresiones de resignación caminaban rumbo a su corta libertad. Detrás del grupo, Naomi caminaba a paso lento quedando rezagada del resto.
— ¿Qué tienes? —indagó Luke regresando sobre sus pasos.
— Nada, solo es una pequeña molestia en el tobillo —contestó con gesto indiferente— solo debo caminar un poco más despacio.
— ¿Segura? —volvió a preguntar con mirada coqueta— ¿No quieres una ayudita?
— Ahmm… No, gracias. Pervertido.
Continuó su lento andar dejándolo atrás, de vez en cuando cojeaba y trataba de descansar cada tanto el pie. En todo el día no había sentido ningún dolor, pero después del receso y los ejercicios de la clase de educación física una molestia resurgió en el tobillo lastimado, ese que se hirió durante su enfrentamiento con aquella bestia. «No estoy loca, todo fue real» pensó.
— Pues yo te veo apurada —susurró Luke detrás de ella.
— ¿Por qué mejor no vas a ver si la puerca puso? —preguntó Naomi sarcástica.
— A bueno, acompáñame —dicho esto, se interpuso frente a ella para cargarla entre sus brazos.
Un grito de sorpresa salió de sus labios, la expresión divertida de Luke a solo centímetros de su rostro.
— ¿Cómoda, mi querida damisela? —susurró.
— ¡Bájame! —susurró de vuelta, para después buscar ayuda en alguien más— Grace, auxilio.
— ¿Escuchaste algo? —preguntó Grace fingiendo no verlos— yo no veo a nadie cerca cargando a nadie.
— Yo tampoco —confirmó Bruno reteniendo la risa— ¿Seguimos? La salida nos espera.
— La traición, la decepción hermana —gritó ofendida— y tu bájame, Lisandro.
— Mi dulce princesa no caminará por ahí lastimando su delicado piececito —expresó caballerosamente.
— No soy tu princesa —replicó tratando de no reír— bájame o te golpeo.
— Oblígame primor.
— Yo te obligo —contestó Jeimmy para nada divertido, mirando con reproche a su hermano menor— bájala, Luke.
— ¿Decías algo, primor? —se burló Naomi.
A regañadientes, Luke la bajo cuidadosamente para no lastimarla. Explicó detenidamente que solo lo había hecho para ayudar, debido a que pensó que no podría caminar mucho con el tobillo adolorido.
— Para la próxima solo llévala a la enfermería, no está muy lejos de aquí —reñía Jeimmy— y tú, ven conmigo.
— ¿Quién, yo? —exclamó desconcertada, ganándose una mirada de obviedad por parte de Jeimmy— ya entendí, no me regañes.
La guio a la enfermería donde él mismo se encargó de buscar lo que necesitaba, una pomada fría para malestares musculares. Se la aplicó y examinó con cuidado, retirando suavemente el calzado. Pese a que Naomi accedió sin rechistar a sus exigencias, Jeimmy estaba empeñado en reñirla una y otra vez por el mismo motivo.
— Espero y aspiro a que el día en que me des tu brillante y no fantasiosa explicación —levantó los ojos de su tobillo para mirarla directo a los ojos— sea completa, y eso incluye el por qué estás tan empeñada en salir de noche al bosque.
— De acuerdo —contestó pensativa— con una condición.
— ¿Escuché bien? ¿Vas a ponerme una condición? —la perplejidad se escapó en su voz.
— Sí, una condición, es súper fácil —contestó seriamente— yo te cuento toda la historia si y solo si tú me respondes algo.
— ¿Qué será? —suspiró resignado, levantándose para quedar a su altura.
Estaba sentada sobre una de las camillas con los pies colgando, la sudadera de la pierna derecha subida hasta la rodilla y el buzo amarrado a la cintura mostrando la piel blanca de sus brazos.
— Solo quiero saber algo —hizo una pausa mirándolo fijamente— ¿Por qué debo darte explicaciones? Fácil de contestar.
Con un suspiro y una mirada suplicante al cielo, Jeimmy sonreía dulcemente solo para burlarse de ella y hacerla molestar, cosa que le encantaba hacer especialmente en esos momentos en que estaban solos los dos.
— ¿Quieres la respuesta larga o la más corta? —contestó acercándose a ella.
— Quiero la verdad si no es mucha molestia —exigió.
— De acuerdo, la razón es fácil de entender… —hizo una pausa acercándose aún más— simplemente porque me las debes. Tienes que dármelas, tenemos un trato.
— ¿Tengo? —exclamó— tengo es que morirme.
— Y vas por buen camino —contestó con tono burlón.
Por largos segundos permanecieron así, mirándose fijamente con sus rostros a solo centímetros. Naomi trataba de no caer ante el encanto del brillo de sus ojos cafés y la dulzura de su sonrisa, en cambio lo miraba con ganas de asesinarlo por su comentario.
— Tu chistecito no me causó gracia —replicó indignada.
— ¿Pero me equivoco?
— Claro… 
Sus quejas y reclamos habituales fueron dulcemente interrumpidas, la calidez de su boca se posó sobre la mejilla de Naomi. Acariciaba tiernamente la otra, rodeando lentamente su cintura con su brazo libre. Ese cosquilleo que sentía últimamente volvió para hacer desastres con sus emociones, acelerando su corazón y provocando ese sonrojo en su rostro. Se relajó ante su tacto, dejando que la envolviera con sus fuertes brazos.
— Solo me preocupo por ti —susurró en su oído, rosando sutilmente sus labios en su piel— no quisiera verte lastimada de nuevo, aunque no me molesta ser tu enfermero personal.
Una pequeña risa brotó involuntariamente de los labios de Naomi, no pudo evitar reírse y conmoverse por su comentario. Se deleitó nuevamente con otro profundo y suave beso, separándose solo para reírse de su evidente sonrojo.
— ¿Listo? —indagó Luke llegando de improvisto con gesto desesperado— nos queda poco tiempo para almorzar.
Naomi se encontraba de pie, tanteando el estado actual de su tobillo herido. Ya podía caminar con normalidad, pero de todas formas se había tomado una pastilla para el dolor. Frente a ella, Jeimmy inspeccionaba y vigilaba que no estuviese mintiendo al respecto.
— Gracias por preocuparte por mí —exclamó sarcástica— disque amigo.
— Miss dramática, Grace y Bruno te están esperando para comer —replicó mirando con ojos entornado a su hermano— así que no soy el único interesado.
— Gracias por el aviso, me buscaré otros amigos —comentó dirigiéndose a la puerta— y gracias doctor, espero no morir después de esto.
— Mas te vale —contestó con una dulce sonrisa.
Salieron a paso lento rumbo a las afueras de la escuela donde impacientes y hambrientos, Grace y Bruno los esperaban para poder comer. El tiempo se les estaba agotando y pronto empezaría la reunión con el club. Comieron tranquilamente a pesar de eso, sintiendo que la energía volvía a sus cuerpos relajándose de más. La alarma los trajo de vuelta a su triste y nueva realidad, obligándolos a devolverse a las instalaciones escolares.
Llegaron al salón de música, era una especie de teatrino bastante amplio, instrumentos musicales decoraban el entorno. Naomi se maravilló con una batería completa de color rojo situada justo a un lado de la tarima, deseaba poder volver a sentir la adrenalina que le causaba tocar aquel instrumento. Durante cuatro años tomó clases en diferentes escuelas, siendo la última vez hace exactamente dieciocho meses. Sus baquetas estaban deterioradas y algo quebradizas, por lo que precisaba comprar otras si de verdad se quedaría en aquel club.
— Buenas tarde chicos, para los nuevos soy el profesor Michael Sánchez y estoy encargado de dirigir la banda musical de la escuela —explicaba un joven y atractivo maestro— sean bienvenidos los que vienen por primera vez, y a los antiguos me alegra volverlos a ver.
Muy en contra de lo que se imaginó, el profesor era un hombre bastante joven de unos 35 años aproximadamente. Su cabello rizado y castaño era envidiable, tenía una sonrisa pícara y soñadora, su piel bronceada se veía tersa y suave. No se le hacía extraño el por qué la mayoría de los estudiantes presentes sean chicas, de cierto modo las entendía y le daban ganas de permanecer allí.
— Les explicó algo, a final de año se hará como todos los años un acto de despedida —comentaba detenidamente— en donde todos los clubes deben dar una muestra de su arduo trabajo, por lo tanto, nosotros debemos preparar uno o varios actos para ese día. Ustedes pueden dar ideas y sugerencias, lo que quiero es que todos y cada uno de ustedes participen. No es necesario que sean expertos cantantes, también se precisa quienes toquen instrumentos o sean capaces de componer. Todo es válido y lo importante es que aprendan.
— Primera mala noticia —susurró Grace aterrada.
— Cálmate y piensa cosas bonitas —susurró Naomi de vuelta.
— ¿Cómo qué? —indagó sarcástica.
— Como en tu Crush, al que tienes al lado.
Confundida, Grace desvió su mirada momentáneamente a su lado izquierdo observando el fino perfil de su compañero, Bruno. Nerviosa y sonrojada, volvió a centrar su atención en el profesor.
— Así que empecemos con las presentaciones —sugirió— ya a muchos los conozco y se de lo que son capaces, pero los nuevos no. Solicito que uno a uno venga al frente, diga su nombre y su talento. Pueden cantar o tocar un instrumento de su agrado sea cual sea y que tengamos disponible claro.
— ¿De qué hablas? —indagó Grace en susurros nerviosos— ¿Luke terminó por afectar tu cerebro?
— Por supuesto que no, es solo que soy muy perceptiva —giró para mirarla con ternura— ¿o me equivoco?
— ¿Soy tan obvia? —con gesto devastado, Grace lamentaba su desliz.
— Claro que no, todo lo contrario, eres…
— Elijamos dedográficamente, ya que ninguno quiere ofrecerse como voluntario —la voz del profesor resonó por sobre las demás— empecemos por acá, adelante.
A su lado, un muy nervioso Bruno caminaba al escenario donde aproximadamente 30 pares de ojos lo observaban a la expectativa.
— Buenas tardes… mi nombre es Bruno y… —titubeó— no sé, podría cantar supongo.
Miraba desesperado entre el público buscando el apoyo de sus amigos, se relajó un poco al ver la sonrisa y las señales de ánimo en ambas chicas, llegando a contagiarse de su alegría.
— Excelente —exclamó el profesor— ¿alguna canción en específico?
— Mucho más allá.
— David Bisbal, bien.
Naomi se sorprendió al escuchar el nombre de la canción, ciertamente Frozen era una de sus películas animadas favoritas y desde que vio la segunda parte quedo encantada con la canción principal. La suave melodía empezó a sonar, notando que su compañero estaba más nervioso de lo que aparentaba. Con una sonrisa y los pulgares arriba le dio las fuerzas que necesitaba para relajarse, y muy satisfactoriamente los primeros versos de la canción fueron cantados.
— ¡No inventes! —exclamó maravillada.
Su voz era suave y melodiosa, afinada y muy hermosa. Quedó sumamente fascinada con la forma de cantar, la expresión y el vibrato le erizó la piel. El oír una de sus canciones favoritas siendo interpretada de esa manera llena de emoción la conmovió, una llama de admiración creció dentro de sí hacia su nuevo y muy talentoso amigo. Al terminar las ultimas estrofas, el estudio estalló en aplausos siendo Naomi una de las más entusiasmadas. 
— Magnifico —felicitó el profesor con una palmada en el hombro— bienvenido al grupo. ¿Quién sigue? Señorita.
Una chica de piel blanca y cabello rubio paso delante, su nombre era Sofía y sabía tocar el piano. Mientras ella movía sus manos delicadamente sobre las teclas de aquel instrumento, Naomi y Grace felicitaban a su amigo.
— ¡Eso estuvo padrísimo! —exclamó Naomi en voz baja— ¿Por qué no nos dijiste nada?
— No suelo cantar fuera de la ducha —contestó aún nervioso.
— ¿Y entonces por qué accediste a entrar al club? —indagó Grace curiosa.
— Por ustedes —confesó mirando detenidamente a Naomi.
— Ay que lindo, me conmueves —comentó sarcástico Luke.
— No te ilusiones, no fue por ti —replicó Bruno.
— ¿En serio? Me ilusioné —exclamó Luke con falsa tristeza.
— Ustedes son callan, y tú, Cariño mío, se acerca el momento de brillar —dijo Naomi, atrayendo la atención de Grace— lo harás muy bien. ¿Qué vas a cantar?
— ¿Cantar? Creo que voy a vomitar —contestó aterrada.
— No señora —exclamó Bruno tomándola por los hombros— tú cantas incluso mejor que yo, así que no permitas que este aburrido club se quede sin escuchar tu linda voz. ¿Recuerdas ese día que cantaste conmigo en sexto grado?
— Me regañaron por tu culpa —un leve sonrojo coloreó sus mejillas, pero una sonrisa pícara iluminaba su rostro.
— Omitiendo eso, ese día me dijiste que querías ser cantante —continuó Bruno— y para eso debes perder el miedo, por eso estas aquí. ¿No crees?
— ¡Beso, beso! —susurraba Luke animadamente.
— Luke, cállate —vociferaron los tres al unísono.
— Solo respira y piensa cosas bonitas —sugirió Naomi sonriente— ya sabes en que.
Los aplausos acallaron su plática, el turno de Grace era el siguiente y ella aún estaba indecisa. Respiró profundo siguiendo el consejo de sus amigos, se concentró solo en ellos. En uno en especial. Bruno siempre le había movido el piso, pero nunca había sido capaz de decirle nada. Incluso en los últimos años se había distanciado mucho de él a pesar de haber sido muy cercanos cuando niños, sin embargo, sus sentimientos no habían cambiado en absoluto.
— Buenas tardes… —murmuró— Soy Grace y también cantaré.
— Excelente, tenemos buenas voces este año —comentó sonriente el profesor— ¿Qué canción?
Susurró la respuesta y las primeras melodías sonaron. Naomi reconoció de inmediato la canción, Adele era una de sus cantantes favoritas y a las que más admiraba por su potente voz. Bruno no había exagerado con lo que había dicho, ni mucho menos lo había hecho solo para darle confianza. En realidad, Grace tenía una voz increíble. Hello había sido hecha para ella, interpretándola de forma majestuosa. Pero no era la única embobada escuchándola, a su lado Bruno estaba idiotizado con su presentación. Con un suave codazo, Naomi llamó la atención de Luke quien se percató muy sonriente y satisfecho de tal escena.
— Al acosador le gusta nuestra querida amiga —susurró lleno de diversión.
— ¿Seguro que solo le gusta? —preguntó conmovida.
— ¡Increíble! —exclamó el profesor— este será un buen año para la banda musical. Felicitaciones Grace, tu voz es maravillosa. 
Los aplausos no se hicieron esperar, emocionando grandemente a la protagonista del espectáculo. Muy sonrojada, se acercó aun temblando de nervios a sus amigos.
— ¡Te amo! —susurró dramáticamente Naomi— ¿Te casarías conmigo?
— Si prometes alimentarme si —contestó entre risas.
— Por supuesto que sí.
— ¿Quién sigue? —vociferó entusiasmado.
El siguiente turno fue de Luke, quien presumió sus dotes de guitarrista tocando dulces melodías cargadas de sensaciones. No dejaba de mirar y sonreír al público centrándose en una sola persona, aquella que últimamente le causaba muchas emociones que no debía sentir, pero que no podía y a veces no quería evitar. Suspiros y risitas bajas se escucharon al terminar su presentación, las chicas estaban conmovidas y emocionadas con el atractivo pelirrojo.
— ¡Excelente! —exclamó sorprendido el profesor— ¿Alguien más sabe tocar la guitarra? Aprovechen.
Dos chicos más se acercaron al escenario, turnándose para demostrar sus habilidades con aquel instrumento.
— Me encanta tu bajo perfil —comentó Naomi al tenerlo nuevamente a su lado— después no te quejes cuando te secuestren y quieran violarte.
— ¿Celosa? —sonriente, la miraba con ternura.
— Para nada —bufó— es solo que es a mí a quien obligan a rescatarte de ese tumulto de hormonas alborotadas.
— ¡No me digas!
— Si te digo, es más, ya te lo dije.
Uno tras otros los demás estudiantes fueron pasando, unos cantaban en diferentes tonalidades y otros tocaban instrumentos. Todos y cada uno de ellos demostraron tener talento, uno que hizo sentir a Naomi que no encajaba allí. Se sentía bien tocando la batería, pero no estaba del todo segura al tener tanto tiempo sin práctica.
— ¿Faltó alguien? —preguntó el profesor.
— Acá faltó alguien —contestó Luke a viva voz señalando a Naomi— ella canta.
— ¿Qué? No —objetó, Luke la había tomado desprevenida— yo tocó la batería, no canto.
— Yo la he escuchado, si canta —replicó divertido.
— Perfecto, queremos escucharte —dijo el profesor guiándola al escenario.
Una fría mirada de reproche fue dirigida a Luke, quien lleno de júbilo la miraba desde su posición en el público. 
— Si las miradas mataran —comentó Grace con un suspiro dramático.
— Preparen mi funeral —comentó entre risas— esa niña me va asesinar.
— Buenas tardes, mi nombre es Naomi y… —dijo sin muchos ánimos— gracias mi querido compañero me toca cantar.
— Bien —expresó entre risas burlonas el profesor— ¿Canción?
— Vas a quedarte —contestó sin siquiera pensar.
Sin saber porque, esa fue la primera canción que cruzó por su cabeza. Ya sin marcha atrás empezó a recitar las primeras estrofas, su voz suave y delicada trataba de imitar el tono de Aitana, su interprete original. Aquella letra le movía una fibra muy dentro de ella, le recordaba momentos que deseaba poder olvidar. No por ser desagradables, sino por todo lo contrario. Eran los recuerdos más felices que tenía y era por eso mismo que le hacía tanto daño, le traía a la memoria las imágenes de quien fue su mejor y único amigo, Elías.
Hubo algo en específico que le llegó al corazón, haciendo que un nudo creciera en su garganta. El día de su despedida llegó sin avisar y demasiado pronto, aquellas criaturas, los sabuesos, la habían encontrado. Ya tenían las cosas necesarias listas para partir, un camión llegaría después a recoger el resto. Sin embargo, ella no estaba dispuesta a irse sin decir adiós. Antes de marcharse hizo una pequeña parada en aquella bonita casa de color crema, aquella donde pasó los maravillosos momentos que tanto le dolían. Elías la esperaba preocupado, sabiendo que ese sería la última vez que la vería.
— No quiero que te vayas —Elías susurraba a su oído con voz quebrada— no quiero dejarte ir.
La sostenía en un fuerte abrazo apoyando su rostro en su cuello, respirando por última vez el dulce aroma de su piel.
— Debes hacerlo, no puedes querer tenerme cerca —contestó reteniendo en vano las lágrimas— es por tu propio bien.
— Solo dime una razón —se separó de ella para encararla, sosteniendo entre sus manos su rostro surcado en lágrimas— una que de verdad me haga pensar que eres mala para mí.
— No puedo —sollozaba, y con cada uno sentía su corazón romperse en mil pedazos— yo no…
Sus suaves labios callaron su réplica, el calor de su cuerpo le devolvió energía, su tacto y sus tiernas caricias marcaron su alma y el sabor de su boca jamás lo olvidaría. Elías la besaba con dulzura y cariño, expresando como mejor podía todo lo que sentía por ella a pesar de su aparente mal carácter. Esparció en sus mejillas pequeños besos deleitándose con la sensación de sentir su piel, susurrando con cada una de esas cualidades en ella que tanto le gustaba.
— ¡Te amo! —susurró con el corazón hecho polvo.
— No lo hagas —suplicaba Naomi— por favor.
— No lo pude evitar —una risa lastimera y quebrada salió de entre sus labios.
Nuevamente sus labios se unieron en un último beso de despedida. «¿Porque nunca admití estar enamorada? siempre lo su supe y no dije nada, quise gritarlo y no dije nada» recitó con gran dolor en su pecho, porque sabía que eran exactamente lo que sentía. Nunca le confesó porque no quería herirse más, pero en el fondo ambos sabían que estuvo enamorada de él. Su primer gran error. La atención de todos estaba sobre ella, conmovidos por la emoción que expresaba al cantar. Al terminar, los aplausos fueron sonoros y relajantes para ella. Sintió que por un momento se desplomaría en llanto al recordar aquel momento, el más doloroso que había tenido en su vida.
Regresó a su puesto junto a sus compañeros, recibiendo elogios por parte de ellos y algunos a su alrededor. Aun así, su expresión no era la misma que antes de presentarse. A pesar de todos los cambios que ha habido en su vida, el dolor seguía allí como si hubiese sido hace solo unos días.
— ¿Estas bien? —susurró Luke preocupado.
— Sí, estoy bien —contestó son una sonrisa triste— pero gracias por eso, sapo.
— Este año podremos dar un espectáculo digno de ser recordado —anunciaba el profesor lleno de júbilo— tenemos mucho material y bastantes nuevos talentos.
— ¿Pensabas en alguien? —indagó curioso.
— ¿Qué? —centró su atención nuevamente en Luke, quien la miraba con algo de culpa y un brillo inusual en sus ojos— ¿La canción?
— Si, ¿Te hizo recordar a alguien? —su voz era gruesa, más de lo usual. 
Se dio cuenta que estaba viendo una nueva faceta en Luke que antes no había demostrado, algo que la dejo perpleja y contrariada a la vez. Estaba dándole señales de algo que no podía, debía ni quería que sucediera. Aún estaba sufriendo las consecuencias por haber bajado sus defensas una vez, y no quería dar de nuevo ese enorme paso. Desvió su atención mirando hacia el frente, el profesor aun daba su charla emocionado.
— Pues… —carraspeó para aclarar su voz— algo así, pero no es nada. Meras pendejadas mías.
La clase terminó con muchos maravillados y felices por haber elegido ese club, sin embargo, Naomi no se sentía segura de ello.
— ¿Y entonces? —preguntó Grace entusiasmada— ¿Qué tal les parece el club?
— Yo me quedo —contestó Bruno sonriente.
— ¡Yo no! —expreso Naomi, siendo el foco de atención— me di cuenta que cantar no es lo mío, creo que me iré por el de baile.
— ¿Estás segura? Cantas muy bien —comentó Grace.
— Tu cállate presumida —expresó con falsa indignación.
Salieron de la escuela riendo y comentando sobre las diferentes voces y lo que podrían hacer en la dichosa presentación de fin de año, aparentando tranquilidad y diversión. Pero en el fondo, Naomi seguía algo melancólica. Hubiese preferido no recordar todo eso, mucho menos en frente de tanta gente. Por su fortuna solo una persona lo notó, aun así, no quería repetirlo. Viajaron en silencio de la misma forma en que llegaron, siendo llevada de parrillera en la bicicleta de Luke.
— ¿Qué tal si mañana adelantamos el proyecto de ciencias? —sugirió Luke al dejarla en la entrada de su casa.
— ¿Por qué tan pronto? —se quejó.
— Porque sí, y porque el profesor dijo —replicó ceñudo.
— Cuanta obediencia —refutó sarcástica— espérate al sábado por lo menos.
— Esta bien —aceptó— en mi casa a las 8, no llegues tarde.
— ¿Es neta? —indago con ojos entornados.
— ¡Es neta!
La rodeó suavemente por la cintura plantando un dulce y lento beso en su mejilla, susurrando una disculpa en su oído por ser el culpable de su semblante decaído.
— ¡Lo siento!
— No te preocupes, es algo que debo superar tarde o temprano —susurró de vuelta, sonriendo para no dejar escapar las lágrimas que amenazaban con escapar.
Al verla así tan vulnerable y al borde de las lágrimas, no pudo resistir el querer abrazarla. Y de esa forma, la consoló hasta que hubo llorado todo lo necesario para desahogarse.



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En el texto hay: monstruos, magia, sobrenatural

Editado: 01.09.2021

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