Sangre Mestiza I: el inicio de la travesía

15. Si va doler, que valga la pena

Naomi había pensado que sería fácil pasar desapercibida, que ser invisible volvería a ser su principal logro en este año. Pero se equivocó rotundamente, en tan solo un mes y algo más, tres simples chicos se encargaron de cambiar eso. Especialmente uno, Luke. Se había prometido no volver a caer ante la insistencia de nadie, pero aquellas palabras de su madre le abrieron los ojos. Jamás pensó que algo así pasaría, que descargaría toda esa presión de dolor que llevaba en el pecho desde su despedida con Elías en tan poco tiempo. 
Después de ese llanto incontrolable, apoyada en el pecho de Luke siendo su pañuelo de lágrimas y el causante de ello también, se sintió mucho más ligera y tranquila. Era como dejar una gran carga atrás y seguir caminando con lo que tenía en el momento, esperando lo que le depararía el futuro. Aun no se sentía preparada para abrirse totalmente a ellos, y no creía que eso sucediera. Si accedió a relacionarse tanto con ellos como con Grace y Bruno, pero eso no significaba que debía intensificar esos lazos. 
La mudanza a final de año seguía siendo una posibilidad que de ser cumplida jamás los volvería a ver, y aunque sabía que le dolería esta vez podría prepararse para ese golpe, simplemente se encargaría que no fuese tan fuerte. Sin embargo, había quienes se lo hacían complicado. Luke era un chico que la hacía sentir bien cuando estaban juntos, es divertido y muy cariñoso con ella, demasiado en algunas ocasiones llenándola de confusión. Podría decir que es su mejor amigo, con quien pasa la mayor parte de su tiempo y tiene una mejor conexión.
Pero también estaba Jeimmy, quien la cuidaba como si su propia vida se le fuese en ello. Con él la historia era diferente, sus acercamientos y forma de tratarla cuando estaban solos no dejaban nada a la imaginación, pero a diferencia de Luke, este si tenía graves efectos en ella. Ese cosquilleo en el estómago lo sintió una vez cuando creyó que sería un año diferente, cuando deseo por primera vez con toda su alma un cambio en su vida. Pero nada ni nadie había escuchado sus suplicas, obligada a irse antes de tiempo le tocó dejar atrás a quien fue su primer amor, Elías. 
Esperaba equivocarse con Luke, no quería herirlo ni mucho menos dañar esa amistada que estaba naciendo entre ellos. Pero se le hacía difícil controlarse cuando de Jeimmy se trataba, era tan tierno y cariñoso con ella que su voluntad se hacía añicos cuando sentía sus caricias sobre su piel. La trataba como nadie lo había hecho antes, se dejaba llevar tan fácilmente por el brillo de sus ojos al mirarla y su dulce sonrisa. Con él se sentía tan segura y tranquila, y muchas veces fantaseó recordando esos momentos en que tan delicadamente trataba sus heridas.
Pero no podía dejarse llevar por aquellas emociones, debía bloquear todas esas sensaciones que estaban nublando su juicio. Una relación sentimental en ese momento de su vida no era ni de cerca algo que debía suceder, el peligro la seguía día tras día, su futuro era incierto y aún no sabía de quien huía o el porqué de ello. Podría mantener una amistad con ellos, una muy limitada, pero no debía permitir que las cosas se salieran de control cruzando ese nivel.
Durante la noche pensó incansablemente en todo lo que sabía sobre sus perseguidores, incluso llegó hacer notas sobre las cosas que había visto en sus visiones. Pensaba que el motivo de su búsqueda podría estar relacionado con su naturaleza mágica, la idea de ser mestiza no salía de su cabeza y era lo más lógico dadas las pruebas, mitad hechicera como su padre y mitad humana como su madre. No tenía 100% de certeza con respecto a ello, pero de una cosa si estaba segura, Kaled tenía un papel importante en toda esa historia. Y aquel hombre que tanto la intimidó, Haakon, debía ser el principal en todo el meollo.
Recordó sus facciones, aquellas que dibujó con tanta precisión y que le transmitían las mismas sensaciones que cuando lo vio por primera vez. En esa visión Kaled había cambiado, era como ver a una persona físicamente idéntica a él salvo por el color de sus ojos, pero con un carácter totalmente diferente.
— Otro misterio a la lista —se dijo a sí misma.
El Kaled de suaves y cálidos ojos azules trataba de advertirle, le mostraba cosas claves para desenredar toda su historia, pero seguía sin haber coherencia en todas esas imágenes. Se mostraba asustado en varias ocasiones, aquellas en las que le mostraba los terrores de los que debía cuidarse, especialmente a quienes debía evitar a toda costa. En cambio, el Kaled de ojos verde-azules era frio, intimidante y grotesco. Jamás había visto tanta maldad hasta que lo conoció siendo todavía un niño, uno que le enseñó horrores y atormentó por años diciéndole que algún día estarían juntos.
— Eso jamás sucederá —susurró.
Dejó a un lado todo lo relacionado con él y su destino incierto, por ahora solo trataría de evitar más accidentes y disfrutar del año en curso. Con lo que tenía no podía hacer más nada que sacar conjeturas, solo suposiciones que a ciencia cierta no podría comprobar. Tal vez si había quienes sabían toda la verdad, pero sus padres jamás fueron capaces de demostrar y decirle lo que se esconde tras la mudanza anual, y ella tampoco se sentía muy segura de querer escuchar la verdad de sus bocas.
El sueño la envolvió en su fresco abrigo llevándola por mundos imaginarios y felices, relajando el cuerpo y dejando volar su imaginación. Sin embargo, su alarma la obligó a aterrizar despertándola para un nuevo día de clases. Ya era viernes así que podría descansar al llegar de la escuela ya que al día siguiente no tenía necesidad de madrugar. Se duchó, vistió y desayunó con sus padres. Ellos se iban antes que ella por lo que le tocaba dejar puertas y ventanas cerradas antes de salir, verificar y asegurase de haberlo hecho bien.
Al salir el frio era un poco más fuerte de lo que esperaba, al parecer había caído un sereno durante la madrugaba y la mañana estaba bastante neblinosa. De la casa de sus vecinos iban saliendo les tres, Luke y Peter en sus bicicletas y Jeimmy traía la de ella luciendo como nueva.
— Antes de que la toques siquiera —se apresuró a decir Peter al verla ir directo a su bicicleta— debemos dejar algo claro desde ya. No…
— Mates a nadie o te suicides en ella —interrumpió Naomi sarcástica— ten más cuidado en como conduces y blablablá… ¿Era eso?
— ¿Recuérdame porque te arreglé la bicicleta? —indagó ceñudo.
— Regalo de despedida —contestó Naomi con expresión inocente y una amplia sonrisa burlona en su rostro— y porque eres un buen amigo. ¿Era por eso verdad?
— No le creas, es la reina del engaño —intervino Luke.
— Metete en tus asuntos, ¿Quieres? —replicó Naomi.
— La dejé como nueva, pero… —recalcó Peter con severidad— no creo que resista otro de tus accidentes suicidas no intencionados. Así que ve pensando en ser más cuidadosa, o comprar otra.
Naomi miraba fija e intensamente a Peter con ojos entornados, su comentario no pasó de largo para Luke quien aprovechó para burlarse de ella.
— No diré nada al respecto solo porque arreglaste a mi bebé —aseguró seriamente— pero algún día me vengaré. Ahora si me disculpan, debo ir a clases.
Se acercó a Jeimmy con los brazos abiertos dispuesta a tomar lo que es de ella, la bicicleta. Pero en un movimiento rápido, este la aparta de su camino.
— ¡Oye! ¿Me devuelves mi bici? —solicitó con dulzura en su voz— por favor.
— No.
— Pero… ¿Por qué? —se quejó.
— ¿Dejarás que me vaya solito y a pie? —preguntó Jeimmy con gesto inocente.
— Si, porque no —contestó con la misma expresión— ¿No eras de los que sale a ejercitarse muy temprano en la madrugada? Aprovecha.
— Muy chistosa —dijo con sarcasmo— sube.
Jeimmy se había apoderado de la bicicleta, incitando a Naomi para que subiera como parrillera. Al ser el único sin vehículo tenía solo dos opciones, irse a pie o compartir cicla con alguien, y quien más para hacerlo que ella. Al fin y al cabo, no sería la primera vez.
— Esto es una broma —susurró— ¿Cierto?
— ¿Crees que es broma? —indagó seriamente.
Con un suspiro de resignación y derrota, obedeció sus órdenes. Se dejó quitar el morral colgándolo sobre su espalda, de esa manera podrían estar más cómodos en el viaje. Así, manejaron rumbo a la escuela entre conversaciones y bullying, sintiendo el frio del viento sobre sus rostros. El buzo le protegía un poco, y el calor del cuerpo de Jeimmy mitigaba la sensación evitando que temblara.
Al llegar, una furibunda y muy indignada Mara observó la escena. Los cuatro entrando a las instalaciones juntos, pero lo que más le enfureció fue la cercanía entre Jeimmy y Naomi. La rabia y los celos le hacían hervir la sangre, deseaba tanto ser ella a quien abrazara y cuidara de esa manera que odió con cada fibra de su cuerpo a la usurpadora de su puesto. Decidió seguir su camino, jurando que un día ella misma estaría entre sus brazos mientras que la otra solo miraría de lejos lo felices que podrían ser juntos.
— Muy pronto serás mío, Jeimmy —se dio a sí misma— esa zorra puede irse al infierno.
Ajenos a la vibra tóxica y venenosa, Naomi y Luke tomaron su camino rumbo al salón de clases. Grace y Bruno los esperaban para iniciar una nueva jornada deseando que acabara pronto para iniciar el fin de semana de relajación, uno de los pocos que tendrán a lo largo de ese último año escolar. Iniciaron el día con la aburrida clase de ciencias políticas, luchando para no dormirse con la charla monótona del profesor. El receso llegó más lento de lo que esperó, sintiendo las ansias por salir del salón de clases. Se dirigieron a la cafetería a comprar su merienda, y luego irían al jardín donde pasarían el resto del recreo charlando y pensado en que hacer después de clases.
— Naomi —dijo Bruno cambiando de tema— ¿No has pensado seriamente en hacer tu testamento?
Estaban haciendo fila en el kiosco de la cafetería esperando turno para hacer su compra, Grace iba delante seguida por Naomi y detrás los dos chicos.
— ¿Debería? —indagó divertida— no soy tan propensa a los accidentes mortales… y tú te callas el hocico —añadió apresuradamente señalando a Luke.
— No es que seas propensa —explicó Bruno— es que hay probabilidad de que cierta persona quiera hacer pasar un homicidio como accidente.
— ¿Y quién quisiera hacerle daño a una niña tan dulce y para nada loca como ella? —preguntó Luke sarcástico— eso no tiene ninguna lógica.
— ¿No se te viene nadie a la cabeza? —intervino Grace divertida— ¿Alguien lo suficientemente desquiciada como para querer venganza injustificada contra tu muy inocente y tierna persona?
Naomi miró con ojos entornados de uno en uno, notando las expresiones de burla y diversión en sus rostros.
— En serio —expresó indignada— definitivamente debo cambiar de amigos.
— No puedes, tú nos amas —añadió Grace.
— ¿Por qué? Apenas nos estamos conociendo —comentó Bruno con gesto coqueto.
— Y de ahí no pasará —sentenció Luke celoso— mía, solo mía —añadió abrazando a Naomi por la cintura.
— ¿Disculpa? —exclamó Naomi indignada al doble— déjame decirte que no soy de nadie, atrevido. Suéltame más bien, antes que el asesinado seas tú.
— Te ves tan linda enojada —susurró a su oído para luego darle un beso en la mejilla.
— Eso es marcar territorio —comentó Grace divertida.
— Tu no lo apoyes —riñó a Grace— tu date por muerto —amenazó a Luke— y tú continua, nos desviamos del tema—le exigió a Bruno.
— Cierta rubia malhumorada ha estado mirando en esta dirección desde que llegamos —confesó— no sé, tal vez por cierta discusión tenga ganas de asesinarte.
Desvió su atención mirando a su alrededor, esperaba que solo fuesen imaginaciones de Bruno. Pero efectivamente en una de las mesas que rodeaban la cafetería estaba con el ceño fruncido, el rostro enrojecido de ira y la mirada clavada en ella. Mara no dejaba de vociferar palabras a sus amigas sin quitar los ojos de Naomi, el veneno que destilaba con solo esa expresión se sentía desde la distancia.
— ¡Ay Jesús! —exclamó con fastidio— la mismísima desesperación encarnada. ¿Por qué simplemente no busca a quien más hacerle la vida imposible? 
— Porque no cualquiera la enfrenta —argumentó Bruno con orgullo.
— Y porque tienes lo que ella quiere —añadió Grace señalando a Luke.
— Todo es tu culpa y de tus babosos hermanos —sentenció Naomi mirándolo fijamente.
— Soy inocente —se defendió.
Lograron llegar a su sitio preferido y pasar el resto del receso en paz, lejos de presencias viperinas y sedientas de sangre Nosborn. Regresaron a clases con ganas de terminar rápido su suplicio, las clases más aburridas del día. Tres trabajos grupales y un quiz sorpresa fue suficiente para dañarles el día, sintiéndose cansados a tan solo una semana de clases. El timbre de salida los alegró sobremanera, sintiéndose libres al enterarse que la próxima reunión del club sería hasta el lunes después del fin de semana.
Decidieron pasar la tarde en un parque cercano donde jugaron como niños pequeños, rieron hasta doler los pulmones y comieron comida chatarra como si no hubiese un mañana. Siendo solo las 4 de la tarde, deciden volver cada quien a sus casas. Dos de ellos no habían pedido permiso por lo que les esperaba un buen regaño, otro más se había fugado de sus hermanos mayores y ella en especial debía hacer los quehaceres de la casa, a no ser que quiera ganarse un castigo. Regresaron manejando sus bicicletas y riendo de sus propios comentarios, el sudor cubría sus frentes, pero la brisa fresca mitigaba la sensación de calor.
— ¿Nos vemos luego? —pregunto Luke al llegar a su destino.
— ¿Para qué? —interrogó extrañada.
— No sé, hace cualquier cosa —se encogió de hombros— pensar en el proyecto tal vez.
— ¿Es en serio? —exclamó divertida— cuanta responsabilidad, pero el proyecto puede esperar a mañana.
— ¿Y si jugamos algo? —insistió sonriente.
— ¿No te cansas con verme todos los días en la escuela?
— Para nada —contestó con mirada dulce— todo lo contrario, me parece poco tiempo.
— ¡¿Qué?! —exclamó conmovida.
Las risas volvieron de una forma diferente, terminando en un tierno abrazo y un beso en la mejilla siendo Naomi quien lo diera en esta ocasión. Iba en contra de todo lo que había pensado y prometido, pero fue inevitable sentirse de esa manera. Prometió salir después de la cena, momento en que sus padres ya estarían en casa y habría terminado sus quehaceres.
Se despidieron momentáneamente, entrando a su casa con una extraña sensación de alegría que la llenaba de energía. Se dispuso a cocinar para que sus padres encontraran la cena lista, limpio un poco la sala y ordenó su habitación. Para su llegada, ya se habría duchado y cambiado por algo más cómodo. Se sentaron al comedor agradeciendo un día más de tranquilidad, charlando sobre los acontecimientos del día. Naomi prefería ocultar los detalles que incluyan a Mara, era algo con lo que debía lidiar sola sin preocupar a sus padres. 
Creía que había sido suficiente con enterarse de aquel episodio cuando era solo una niña, pero si comentó su pequeña salida con sus nuevos amigos. Las preguntas y comentarios llovieron torrencialmente, viéndose obligada a abandonar el barco antes de tiempo. Salió encontrando a Luke esperándola en el andén de su casa, quien al verla acercarse le sonrió con alivio y emoción.
— Y… ¿Qué quieres hacer? —preguntó un poco nervioso.
— Esperaba que tuvieras algo en mente —contestó Naomi divertida.
— ¿Vamos por un helado? —sugirió.
— ¿Extra grande de Brownie con chispas de chocolate? —indagó inocentemente.
— Si encuentras quien lo prepare si, extra grande —respondió entre risas.
— Entonces sí.
Caminaron lentamente conversando de temas triviales, entre bromas y bullying conocían un poco más del otro, lo cual era un de las intenciones implícitas de Luke con aquella salida. Regresaron de la misma manera, con la luz de la luna guiando sus pasos. Quedaron en reunirse al día siguiente temprano para iniciar los planes de su proyecto, con la ilusión de poder disfrutar todo el tiempo que sea posible.
Esa noche, Naomi se durmió con las ganas de dejarse llevar por sus sentimientos y deseos. Quería poder ser ella misma delante de ellos, conocerlos y sentirse que pertenece a algún lado. «El dolor es necesario, te hará fuerte» recordó, pensando que si así será por lo menos haría que valga la pena. Estaría dispuesta a cargar con el dolor de la despedida a final de año, pero el miedo seguía dominando y nublando sus decisiones.
Se despertó más temprano de lo que imaginó, siendo solo las 8 de la mañana de un sábado. Desayuno tranquilamente entre charlas y risas con sus padres, pero al terminar fueron asignadas sus tareas del día. Se encargó de la sala y la cocina, para después tomar por obligación su propia habitación. No le tomó mucho tiempo, su cuarto estaba ordenado al haberlo arreglado la tarde anterior.
— Terminé, dejé todo limpio y ordenado —anunció a viva voz.
— ¿Qué pretendes, Naomi Patricia? —indagó su padre apareciendo a su lado.
— Nada malo —contestó con esa expresión inocente que convencía a su padre de lo que sea— es solo que quedé con Luke para planear un proyecto de ciencias, y obviamente primero les quería pedir permiso.
— ¿Y dónde harían ese proyecto? —interrogó con mirada seria y muy poco convencido.
— En su casa.
— No —sentenció.
— Pero… —replicó entre risas.
A pesar de haberle seguido el juego a Nilsa con respecto a los vecinos, Félix era como todo padre con sus hijas bastante celoso. No era de extrañar que sus alertas se dispararan al enterarse que su única y adolescente hija, estaba pidiendo permiso para ir a la casa de un compañero, igual de adolescente que ella.
— Él puede venir —comentó indiferente.
— Félix, es solo una tarea —intervino Nilsa— ¿Cuánto se demorarán?
— No sé, depende de cuánto avancemos con las ideas —dijo Naomi pensativa.
— Está bien, pero tampoco demores demasiado —exigió Nilsa.
— Si señora.
— Espera —llamó Félix viendo cómo se acercaba a la salida— cuidado con las manos, sigue siendo un chico y aún no lo conozco bien.
— ¡Papá! —exclamó avergonzada— solo haremos tarea en la casa de enfrente, no del otro lado del mundo. Cálmate.
— ¡Cualquier cosa me llamas! —exigió Félix.
— Y a la policía también —susurró divertida cerrando la puerta tras de sí.
Caminó los pocos pasos que separaba una casa de la otra sintiéndose un poco nerviosa sin saber porque, ya había estado dos veces dentro de ella y una fue directamente en la habitación de Jeimmy casi a oscuras los dos solos. Tocó el timbre una vez, esperando que fuese el mismo Luke quien atendiera.
— ¡Siga! —contestaron desde dentro.
— Buenos días, señora Nieves —saludó sonriente.
La señora Nieves se encontraba al pie de las escaleras, terminando de colocarse un par de tacones bastante altos y finos. Estaba vestida tan elegante y seductora a la vez, a pesar de la edad que tenía se veía muy sensual y rejuvenecida.
— Hola cariño, hace días que no te vía —saludó jovialmente acercándose para darle un fuerte abrazo— ¿Cómo va esa escuela?
Su aroma y su tacto la volvió a distraer, era como si su cerebro tratara de relacionarla con algo de su pasado. No tenía ningún sentido, ni ella ni sus padres la conocían antes de este año, pero el olor característico de ella le recordaba algo o a alguien.
— Muy bien hasta ahora —contestó obligándose a reaccionar— preciso vengo porque Luke y yo haremos un proyecto de ciencias, ¿No hay ningún problema? Tampoco quiero molestar.
— Claro que no cariño —la miraba con dulzura— siempre serás bienvenida a mi casa, puedes venir cuando quieras.
— ¡Gracias!
— Luke bajará en un momento, apenas se está bañando —susurró divertida— te encargo a estos chicos, ojalá no quemen la casa mientras no estoy.
— No se preocupe, los mantendré vigilados —dijo entre risas siguiéndole el juego.
El semblante de la señora Nieves cambio por un momento, la miraba con melancolía y ternura, como quien vuelve a ver a un ser querido después de muchos años de ausencia.
— ¿Se siente bien? —indagó confundida.
— Si, no te preocupes linda… es solo que… —hizo una pausa aclarando su voz— me recordaste mucho a alguien, mi mejor amiga.
— ¡Oh! —exclamó Naomi— ¿y eso es bueno o malo?
— Es bueno —acarició dulcemente sus mejillas— te pareces mucho a ella… Pero bueno, ya se me hace tarde y debo salir. Ya sabes, no permitas que se pasen de la raya.
— ¡Claro!
Salió caminando tranquilamente, un taxi se aparcó en la calle esperándola para partir. Se despidió por ultimo vez desde la ventanilla del vehículo, alejándose rápidamente buscando la vía principal.
— ¡Eso fue de verdad extraño! —se dijo a sí misma.
Entró a la casa directo a la sala con intenciones de esperar hasta que Luke se dignara a aparecer, su reprimenda por no estar preparado a estas horas del día sería larga y tendida. Se levantó del sillón en el que estaba al escuchar pasos bajar las escaleras, se asomó creyendo que vería a Luke con su típica sonrisa burlona. Pero no, su corazón se detuvo por un segundo al darse cuenta que era Jeimmy quien iba en su dirección. 
Estaba descalzo, con una sudadera larga y holgada hasta la cintura, con una toalla en la cabeza secando su cabello. El detalle que la tenía tan embobada viéndolo era su torso completamente desnudo, gotas de agua aún brillaban deslizándose por su piel. Aún no la veía por estar centrado en su cabello, pero ella no dejaba de mirarlo fija e intensamente. La firmeza de sus pectorales, sus músculos bien torneados y la forma en la que se delineaba su cintura hacían que babeara como una tonta.
Se obligó a desviar su atención de su cuerpo y volver a su puesto, como si nada hubiese pasado excepto por el leve sonrojo en su rostro. Trató en vano por tranquilizar el acelerado latir de su corazón, respirando profundo y pensando en otra cosa menos agradable que su atractivo vecino.
— Hola, preciosa —susurró con su característica voz gruesa, casi como un seductor ronroneo para sus oídos— ¿A quién debo agradecer tu presencia aquí?
Aún sentada nuevamente en el sofá, Jeimmy la había rodeado con sus brazos apoyando su rostro en el espacio de su cuello. Su cálido aliento le hacía cosquillas, su piel se sentía suave y aún fría por la humedad de la ducha. No pudo evitar cerrar los ojos y deleitarse con el momento, una sonrisa de satisfacción cubrió sus labios.
— Ahmm… Tarea… —titubeó nerviosa— vine por una tarea… para hacer una tarea.
— ¿Tarea? —reía suavemente— ¿Es en serio?
— S-sí, claro que si —contestó entre risas nerviosas— ¿Por qué dudas?
— Porque… —se desprendió de ella para sentarse a su lado, su dulce sonrisa se reflejaba en el brillo de sus ojos— es muy temprano y solo llevan una semana de clases.
— Soy una niña muy juiciosa —aseguró inocentemente.
— Y no lo dudo… —susurró dulcemente— pero de ese… si lo estoy considerando.
— Hasta el momento ha cumplido —comentó encogiéndose de hombros— le toca.
Charlaron por un rato más, los nervios iniciales de Naomi se disiparon con solo ver su dulce sonrisa. Con cada día que pasaba se sentía más atraída a él, no podía evitarlo por más que quisiera, él mismo se lo impedía.
— ¿Por qué no te uniste al club de pintura? —indagó curioso— creí que te gustaba dibujar.
— Y me gusta mucho, pero… —hizo una mueca pensativa— prefiero hacerlo a solas en mi cuarto, me siento más cómoda así.
— ¿Tan mal lo haces? —el sarcasmo y burla fue evidente. 
Naomi solo pudo mirarlo con indignación y diversión mezcladas, sabía que no lo decía para mal sino solo para molestarla. Era difícil enojarse cuando la miraba de esa manera, tan dulcemente y con una sonrisa traviesa en sus labios.
— Discúlpame, pero perdóname —exclamó con falsa molestia— déjame decirte que en la mayoría de escuelas en las que he estado me dedicaba a eso, vendía mis trabajos artísticos y me iba muy bien.
— Eso lo veremos —aseguró con una mirada retadora— ¿Puedo contratar tus servicios artísticos para un retrato?
— ¿Estás hablando en serio? —preguntó seriamente, algo dudosa— ¿Quieres que te haga un retrato?
— Si, muy en serio —contestó con la misma seriedad— ¿Por qué? Te pagaré.
— No es el pago, es solo que me hacen falta ciertas cosas para poder hacer un buen trabajo —explicaba seriamente, mirándolo con ojos entornados— como, por ejemplo, una paleta de colores completa que por culpa de alguien no pude comprar.
— Nunca había conocido a alguien tan rencorosa como tú —expresó sorprendido y divertido.
— Y yo tampoco había conocido a alguien tan metiche como tú —se encogió de hombros— estamos a mano.
— Deja de llorar —dijo entre risas— en algún momento traerán más y podrás comprarlo.
— ¡Más te vale, si esperas seguir con vida!
— Si, yo también te quiero… ¿Entonces? —susurró acercándose más a ella, manteniendo sus rostros separados por centímetros— ¿Lo harás?
— Mmmm… Está bien —titubeó nerviosa, aparentando indiferencia— aunque te advierto algo, dibujo bien pero no hago milagros. Si te ves feo ya no es mi culpa, es tu cara.
— Agradezco tu sinceridad —acariciaba sus mejillas sonrosadas— lidiaré con eso.
Sin previo aviso, la acercó totalmente a su torso desnudo rodeándola por la cintura. Un cálido beso acarició su mejilla haciéndola delirar, se sentía en las nubes con el suave tacto de su piel sobre la de ella.
— Me encanta la suavidad y el aroma de tu piel —susurró con voz ronca para luego volver a besarla, largo y dulcemente— nos vemos luego.
Tal como llegó se marchó rumbo a su habitación, dejándola sonrojada y totalmente emocionada. Estaba literalmente ida de este mundo sonriendo como una tonta enamorada, hasta que sintió las últimas pisadas de alguien bajando las escaleras. Esta vez sí era Luke.



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En el texto hay: monstruos, magia, sobrenatural

Editado: 01.09.2021

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