Sangre Mestiza I: el inicio de la travesía

23. ¿Es tan malo saber la verdad?

Los últimos 20 minutos se habían ido en comentarios sobre la serie que veían en la Tv mientras comían pizza, tirados en el suelo con la espalda apoyada en el sofá. Los primeros capítulos de Sabrina ya habían pasado por lo que estaban un poco perdidos en la historia, de todas formas, no fue impedimento para continuar viéndola.

— Aun no entiendo —dijo Luke— si ella es una bruja, ¿Por qué no quiso hacer el bautismo oscuro?

— Según lo que sé ella no es del todo bruja, su papá lo fue y su mama era humana —explicó Naomi— es una mestiza, por eso nadie la quiere en su mundo.

Una pizca de resentimiento se escapó en el tono de su voz, por más que quisiera creer que es solo ciencia ficción no podía evitar pensar que tenía un toque de realidad, siempre y cuando el guionista se haya basado en su vida.

— ¿Y eso por qué es malo? —inquirió sin entender.

— Porque está prohibido ese tipo de relaciones —continuó ella— además, si se deja bautizar tendría que dejar atrás toda su vida de humana, y a todos los que conoció en ella.

— Terrible decisión —expresó Luke.

Terminaron de comer y continuaron viendo aquel episodio mientras reposaban el estómago, los comentarios continuaron, pero esta vez las risas no faltaron. Naomi esperaba no dejarse llevar por las emociones que la embargaban estos días, su evidente distracción había llamado demasiado la atención y era lo que menos quería en esos momentos. Debía despejar su mente y tranquilizarse, el equilibrio era un método para poder desviar aquellas visiones. Estando alterada solo le daba vía libre para controlarla, como la noche anterior.

— ¿Desde cuándo se han mudado? —preguntó Luke desviando la atención de la tv a ella.

— Desde que tenía unos siete años más o menos —contestó pensativa— ¿Por?

— No te gusta, ¿Verdad?

— Lo detesto.

— ¿Por eso me rechazabas? —indagó con calma.

— Exactamente —suspiró con resignación— veo innecesario relacionarme si a final de año igual me iré.

— ¿Aún lo piensas?

— La verdad —centró su atención en un punto fijo del suelo, no quería que viera en sus ojos lo que de verdad estaba sintiendo— ya no lo sé. Bueno, sigo creyendo que esto es un error que pagaré bien caro cuando llegue el día de la mudanza, pero igual no quiero dejar de hacerlo.

— Es peor si lo haces —comentó Luke sin quitar sus ojos de ella— nunca es bueno estar solo tanto tiempo, eso termina por dañar tu corazón de forma irreparable.

— Hablas como mi mamá —expreso Naomi con una risa triste— me dijo algo parecido.

— ¿Crees que se equivoca?

— Solo creo que… —hizo una pausa reteniendo el nudo en su garganta— no sabe de verdad como me siento con ello. Odio las despedidas, detesto el tener que volver a ser la nueva del salón, pero sé que es un mal necesario.

— ¿Por qué lo dices?

Naomi se reñía mentalmente por ese desliz, no podía revelar más información de la que ya se le había escapado. Ciertamente el hablar de ello con Luke le sentía bien, pero no debía decir cosas que puedan revelar su verdadera naturaleza. Tenía que controlarse, retener esos impulsos emocionales que la embargaban.

— ¿Por qué tantas preguntas? —replicó curiosa.

— Porque quiero entenderte y saber cómo ayudarte —contestó con una tierna mirada— no me gusta verte tan distraída, me gustas más cuando sonríes.

Sus palabras eran una gran medicina para su dolor, es como si supiese que decir en el momento indicado, como si la conociera más de lo que ella misma creía. Correspondió a su mirada con una sonrisa, una triste que reflejaba el deseo de ver cumplidos sus buenos deseos hacia ella.

— Ojalá pudieras —contestó— pero dudo mucho que eso suceda.

— ¿En serio lo crees tan imposible?

— No lo creo —contestó mirándolo fijamente a los ojos convencida de sus palabras— lo sé.

— En ese caso, si es imposible que puedan quedarse más tiempo me veré obligado a contarte algo —comentó sonriente— ¿Recuerdas que nosotros tampoco viviremos acá permanentemente?

— Su dichoso castigo, si lo recuerdo —contestó pensativa.

— Bueno, tal vez alguien pueda sugerir una muy bonita ciudad un poco alejada de aquí —explicó inocentemente— muy lejos la verdad, y no sé, de pronto allá vuelvas a tener de vecinos a tres fastidiosos chicos que te acosan casi todos los días.

— Luke, el único que me acosa eres tú —refutó Naomi con obviedad.

— Pues sí, ¿No?

Soltó una carcajada más por la expresión en su rostro que por el comentario, sintió liberar un gran peso sobre sus hombros con cada risa que brotaba de su boca. Nunca lo había pensado de esa manera, pero de ser así podría seguir viéndolos a ellos tres por un año más.

— ¿Estás hablando en serio? —preguntó Naomi con una pizca de esperanza en sus ojos.

— Más que en serio —contestó Luke mirándola fijamente, necesitaba que creyera en sus palabras— todo lo que te he dicho hasta ahora desde ese primer día que hablamos es en serio, de verdad quiero que seamos amigos por el tiempo que sea posible, aunque sea solo un año o dos si se puede.

— ¿Qué pasará cuando me vaya? —indagó Naomi con tristeza y rabia en su corazón— ¿Cuándo se acabe el tiempo y deba volver a mudarme? Si sabes que jamás volveremos a vernos, ¿verdad?

— Si eso llega a pasar —dijo acariciando sus mejillas dulcemente— te juro que buscare la forma de encontrarte, aunque tenga que ir a la luna. Eso si de verdad quieres seguir aguantando mi acoso, mis chistes malos y mucho bullying. ¿Qué dices? ¿Somos amigos?

No pudo evitarlo, sus ojos se humedecieron ante aquellas palabras. Sin duda alguna creía en él, en todo lo que dijo y esperaba que de verdad cumpliera esa promesa. No podía hablar, sentía que si llegaba a pronunciar una sola silaba ese nudo en su garganta se liberaría y rompería a llorar. Con un enorme esfuerzo, se tragó sus lágrimas y retuvo las almacenadas en sus ojos.



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En el texto hay: monstruos, magia, sobrenatural

Editado: 01.09.2021

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