Sangre o lealtad

La Guerra Fría en el Asiento Trasero

Capítulo 2: La Guerra Fría en el Asiento Trasero

​La primera semana juntos se convirtió en una auténtica guerra de guerrillas librada en los pasillos de la mansión y en los asientos traseros del auto blindado. Valentina hizo todo lo posible por romperle los esquemas a su nuevo custodio: intentó perderlo en el laberinto de la biblioteca universitaria, se metió deliberadamente en callejones oscuros y peligrosos solo para ver su expresión tensarse, y lo ignoró con elegancia glacial cada vez que cruzaban palabra.

​Pero Mateo Rossi era una roca tallada en el hielo. No importaba cuántas artimañas intentara desplegar para sacarlo de quicio; él siempre estaba ahí, un paso exacto atrás, con la mirada de acero fija en el perímetro, absorbiendo cada pulla sin perder la compostura.

​Hasta que llegó la noche del club Noir.

​La emboscada de los Salvatore llegó sin previo aviso, rompiendo la falsa tranquilidad de la noche. Tiros cruzados, cristales estallando en mil pedazos, gritos de pánico y un caos absoluto apoderándose de la zona VIP. Mateo actuó por puro instinto táctico: la derribó al suelo, la cubrió por completo con su cuerpo y, a balazos limpios, se abrió camino entre el fuego cruzado hasta el callejón trasero del local, sacándola de la zona de muerte.

​La lluvia caía con fuerza sobre el asfalto mojado, convirtiendo el callejón en un refugio lúgubre y aislado. Mateo tenía una herida superficial sangrando en el hombro, la tela fina de su traje rasgada por el roce de un proyectil.

​—Estás herido —susurró Valentina, con las manos temblando ligeramente mientras se acercaba a comprobar el alcance del daño.

​—No es nada, solo un rasguño —contestó él con voz ronca, apoyando una mano contra la fría pared de ladrillo, muy cerca del rostro de ella. La distancia física entre ambos se redujo a la nada.

​—Eres un idiota testarudo, Mateo —murmuró ella con un deje de vulnerabilidad inédito, y antes de que él pudiera emitir una sola advertencia, lo besó.

​Fue un choque desesperado de labios, una mezcla explosiva de adrenalina, rabia contenida y una atracción sorda que había estado hirviendo a fuego lento durante semanas. Cuando por fin se separaron, la respiración de ambos era un caos absoluto, pero la chispa en los ojos de Valentina dejó claro que ya no había vuelta atrás.




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