Sangre o lealtad

Confesiones en la Penumbra del Garaje

Capítulo 3: Confesiones en la Penumbra del Garaje

​El estruendo de un motor acercándose a toda velocidad por el callejón cortó la electricidad del momento. El sedán blindado de la familia Moretti frenó en seco frente a ellos y dos hombres armados bajaron apresurados para asegurar la zona.

​Durante el trayecto de regreso a la mansión, el silencio dentro del vehículo fue espeso y sofocante. Mateo conducía con la mirada fija en la carretera mojada mientras Valentina intentaba poner orden en sus pensamientos. Ninguno se atrevió a decir una sola palabra, pero cada vez que sus miradas se cruzaban a través del espejo retrovisor, el aire parecía quemar.

​Al llegar al garaje subterráneo, los escoltas se adelantaron para dar aviso arriba. Mateo apagó el motor, pero se quedó inmóvil, con las manos aferradas al volante y los nudillos completamente blancos.

​—Esto fue un error colosal, Valentina —dijo en un susurro grave—. Si tu padre se entera...

​Valentina se desabrochó el cinturón y se giró para encararlo por completo.

—No te escondas detrás de las reglas. Llevas semanas mirándome como si quisieras quemar el mundo.

​Mateo perdió el control. Pasó al asiento del copiloto, la tomó por la cintura y la atrajo hacia sí en un beso hambriento, profundo y clandestino, sin saber que una cámara de seguridad registraba cada segundo.




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