Sarah era una Flor

Relatos cortos

 


Ya se había interpuesto la noche y su juicio expléndido a los cielos de Amsterdam, ocultando su frescura y erudita belleza que lo hace exponente de su nación. El canal como un simple privilegio se volvía en un pedazo de espejo, imitando las luces de los alumbrados,  que emplean de noche para cortejar las calles, la calma del agua replicaba todo, desde los árboles más diminucioso haste el edificio de densa compostura, en su detalle de elogiable arquitectura con evidente notoriedad.
Una obertura sinfónica se aprecia claramente en el recorrido, en la calzada al borde del canal, la negruzca tarde se mostraba más  intenso, y a su vez  las tiendas a punto de culminar otro día de intensa labor. Me acerqué a un grupo de desconocidos, estudiantes que aperentaban una devastación inmensa en sus miradas, incrustados alrededor de una fogata, un hombre hablaba continuamente con su vos cavernoso sofocando a todos por el relato que repartía.
_ ¡Cristo!, Con que ya hubiera pasado un poco de tiempo, aún sostengo una débil esperanza, que aún la hallaría_ dijo culminando su sermón.
Me permitieron un lugar para acercarme a la tibia fogata que se iluminaba en el medio. De pronto, un hombre joven, entró en la masa acomodandose con frivolidad actuando de manera sutil,, sobrio y formal, vestido de caballero ostentoso, tenía aspecto de romántico, con unos ojos rayados como un felino, hablaba con un cabizbajo que apenas se lograba entende lo que decía.
_Ya que todos contaron sus últimos recuerdos de ella_
_¿Stick?_ preguntó la joven que le servía un poco de licor
_Estamos asustados, todos hemos sufrido esta calamidad. Solo sé que un oscuro fenómeno mal pretencioso, confundió nuestras mentes y nos regalo este horror. Pero les diré el misterio que esta ciudad ha sepultado ante nuestras narices, y no concierne a ninguno de ustedes, sería interesante desvelar mi descripción del acontecimiento que nos arranco una amable persona. Reconocemos que no fue acto de un envilecido perverso. Es algo superficial, un evento inexplicable que bordea la sombra de un misterio, el origen de un espectro que solo de recordar, me deja frío y desolado.
_¿De verdad Stick, nos relatarías lo que sucedió esa noche?_ preguntó otro joven con una melancolía que hacía que notáse el aire de tristeza que respiraban.
El Joven, de exelente aspecto, suspiró fuertemente, y despaciosamente atenuado comenzó a relatar_ Estaba allí, el  primer día que la conocí, con una caperuza de temporada que amarraba su pelaje y una mácula que se sujetaba obediente a su cuello. Lo veía venusta, imponente ante cualquier belleza que podría nacer, la menudencias de su cuerpo lucia de ficción onírica, de manera que su amabilidad y cortesía  atraía inmediatamente el adulo de un desconocido. Su rostro estaba incandescente, un cachete robusto que denotaban una dulce melodrama en composición, y sin duda orquestaba el baile de los sueños, toda una artista a seguir. 
Sarah era una flor, una inmigrante de Sudamérica un obsequio por decir, no tenía amigos o conocidos fuera de la universidad. Éramos su única familia, bailaba, reía, lloraba, toda esa abundante y hechizante reliquia sucedía dentro de nuestra inconfundible comunidad. Obraba con una inquietante lealtad a nuestra soberbia, y en el punto de menoscabar la vida y su juicio, menguaba como un dolor controlado. 
Era dependiente y desenvuelta de  los pensamientos que denostaba su alrededor, ninguna decadencia flaquearía el espíritu que avivaba su rostro, ni el sol había brillado tanto como su mirada ese día, había nacido una luz en sus ojos que lo hacía soberana en todas sus dependencias,  pasaba el mayor tiempo en su apartamento, allí se adornaba el pelo con nostalgia y aprecio propio, escabulliéndose de los peligros que habían de venir. 
Un día estando en su habitación, de manera corriente le pregunté si había una manera de mejorar al  mundo, que le ocurriría a hacer, no parpadeo, y procediendo con una escurridiza e inexplorable alegría fijo sus manos en un cajón, lo saco y desenvolvió enseñándome una pintura. 
Con un auténtico gusto prominente  me propuse a  estudiar  ese novedoso cuadro.
_Es un paisaje_ aseguré. 
_¿Y que mas?_ preguntó añadiendo Sarah. 
_ Es un óleo promiscuo, es todo lo que mi opinión puede notar_ 
_¡El arte! Stick, el arte no tiene fronteras, con ello difundiremos la hermosura, la esencia de esta humanidad, es capaz de cambiar un pensamiento, y con ello se podría darle un mejor acabado a esta sociedad_
Sarah se permitía ese sueño renacentista, con su docilidad era de cualquier pensamiento creer que sería una próxima atracción, cada pincelada que profería sus delicadas manos incitaba un cuadro a glorificar. He vivido tan cerca de ella.  Había ocasiones donde visitaba algunos de los escasos museos, siempre imploraba mi acompamiento la que me incito una severa responsabilidad.
_De no haber sido por ese viaje, habría estado invadiendonos con ese tarareo que siempre repetía._ dijo una mujer. 
El Joven relator se compadeció un buen tiempo,  y prosiguió 
Nos habiamos restrasado para el viaje al interior, por lo tanto había de improvisar un camino corto que fuese eficaz para la puntualidad. _¡Ay Dios! como abstenerme de recordar ese camino que  preparaba nuestro incidente_ . El teatro del distrito había reabierto siglo después, una obra de Shakespeare era un tema de interés rotundo para Sarah. El carruaje era conducido por un plebeyo, que siempre acudía con un buen servicio.
Una noche como esta, el seis de agosto, de regreso al apartamento, ya habíamos llegado a la medianoche con nuestro viaje, en el punto  silencioso del lugar más aturdido, cuando todo mortal soñaba y se deleitaba en su caliente confort, se oyó la voz de un endiablado espanto que se originaba en el bosque,  una mujer de voz gruesa, con su  desesperante llamado había diseminado una enteriza alerta de horror. 
El plebeyo había detenido esa carcacha, Sarah se dispuso a abrir la puerta del carruaje de un  batacazo, bajandose con una linterna, iluminando con ciertos nerviosismo la carretera. El plebeyo se había fugado del espanto, se había agitado mi ánimo tanto como la de ella, un camino dentro de un bosque que daba mucho por recorrer aún. De pronto de los árboles, bajo una criatura deformada, con una holanda que  lo cubría, volando en la interperie de nuestra parada. Silvaba al cruzar encima de nosotros, sujetándose en otra rama de árbol.
Sarah al verlo se volvía loca. Gritaba, y saltaba como un animal puesto sobre un hormiguero. Era como si salía sus ojos a consecuencia del estupor que se había conseguido. No había hombre que podía sujetar esa pobre mujer, corría por todos lados, se arrastraba debajo del carruaje como si padeciera de un dolor infernal. 
Intenté acercarme a ella, pero se sacudía de manera fenomenal, su fuerza era mayor que un hombre de buen estado físico, había enloquecido completamente, no lograba establecer un momento de tranquilidad, y hablaba sin coherencia, hasta que cayó como un rayo en la mitad del camino. Tenía miedo de socorrerla hasta ya había pensado que no me reconocería después de su ataque. Sin embargo, de la locura a lo impensable, abrió sus ojos y resultó ser negro como un abismo, no tenía pupilas ni una iris que lograse parecer a un ojo. Se volvió completamente obediente a la figura de un fantasma. Se levantó del suelo, y comenzó a gritar, destrozando las cuerdas vocales que pudieran poseer. Temblaba como un niño delante de ella. Apenas lograba respirar frente a su demostración demoníaca. Tal vez en su podrida memoria quedo algo, de mi que lo hizo transcordar, dejándome ileso allí, suplicando por vivir. Me miró con su cambiante figura, y se fué. Se introdujo al oscuro bosque corriendo como un animal salvaje.
Desde allí nadie más supo de su existencia, la vecindad al día siguiente había acordado una búsqueda por toda la región, pero jamás se encontró algo que lo relacionase con la bella muchachada.
Todos aguardamos en pensamientos, dejando un silencio reinante, calentando nuestras manos, en la vereda de una vacía calle. El joven, había acabado con su licor, se tomó un respiro y se levantó a estirar el cuerpo. 
De la nada, su rostro se inundó de palidez, y comenzó a tartamudear, apuntando al final de la calle que se mostraba totalmente iluminando _Es, es el, ¡Es ella!_ gritando retrocedía minuciosamente. De la remota sensibilidad que insistía mi pensamiento, decidí finalmente dejar la fogata.
_¡Es su fantasma!_ exclamó Stick y se echó a la fuga. Del más hábil hasta el más demente huyó. Me levanté abandonando mi banco, y de un soplido me introduje a la hostelería que me alojaba, cerré con llaves la puerta y acudí  a una plegaria. 
_Deseo dormir, y esperar que al amanecer haya olvidado esa  espantosa historia_



R Fernández

#19677 en Otros
#6247 en Relatos cortos

En el texto hay: relatoscortos

Editado: 20.05.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar