Se necesita un Padre

Prologo

 

Mi nombre es Miranda hermana gemela de Melida, aunque no nos parezcamos, dicen que nacimos el mismo día aunque yo fui mayor por solo diecisiete minutos, las dos estudiamos en la misma escuela, nuestros padres nos dieron todo lo que queríamos, sin embargo al terminar la primaria recibimos la peor noticia de nuestra vida, nuestros padres fallecieron en un incendio en nuestra casa, según dicen que la cocina tenía una fuga de gas y así se fueron de este mundo dejándonos solas con mi tía Camila, todo parecía un desastre.

 

Mi hermana y yo intentamos seguir con los estudios, tanto que obtuvimos una beca para la Universidad Houston, sin embargo las cosas no salieron como esperábamos.

Nos graduamos de la preparatoria donde obtuvimos la beca por ser muy inteligentes, mi tía Camila estuvo en esos momentos únicos que siempre los tendré en mi mente, sin embargo teníamos once meses de descanso, porque la beca inicia en el siguiente año, así que como chicas ya mayores de edad con 19 años, le dijimos a mi tía que nos mudaríamos a nuestro propio departamento con el dinero que nuestros padres tenían en el banco que son de mi propiedad ya que soy la mayor.

A mi tía no le agradaba tanto la idea pero al final acepto, ella seguía con su vida de soltera, sin embargo Melida y yo nos mudamos más lejos, ósea Houston, nos quedaríamos ahí para estudiar y adaptarnos, sin embargo después al pasar los once meses, deberíamos de dormir en la Universidad.

Hicimos nuestro propio hogar, decoramos el departamento y vivíamos tranquilamente las dos, comíamos palomitas en la noche mientras mirábamos películas, también estudiábamos para tener más experiencia en la carrera que tomaríamos, quería tener mi doctorado y Melida, bueno ella solo me copio.

Como siempre.

Pero aun así la quería.

 

Parecía todo bien, hasta que como hermana mayor me di cuenta que necesitaba una persona mayor para controlar muchas cosas, porque después mi hermana se hizo amiga de unas chicas que irían a la misma universidad pero sin embargo eran demasiado locas, nos invitaban a fiesta donde las drogas y el alcohol se hacían presente, obviamente les decía no.

Pero todo eso cambio cuando Melida cambio, ella quería mandarse sola, haciendo lo que quería, no sabía qué hacer con ella, las cosas parecían preocupantes porque ni quería estudiar y todo el tiempo se la pasaba hablando por teléfono con las supuestas amigas, ella empezó a salir de la casa sin autorización.

-¿A dónde vas Melida? – le pregunto enojada cuando me cruzo de brazos, ella solo pone los ojos en blanco como una niña malcriada.

-Iré a una fiesta – responde egocéntricamente y juro que me dan ganas de tirarla al suelo y pegarle, pero eso sería maltrato animal – no me esperes.

-¡Melida basta! – Le exclamo enojada – quédate en casa es lo que te ordeno.

-No eres nadie para decirme lo que tengo que hacer – dice retándome, parece una drogadicta pero sé que aún no ha querido tomar esas cosas, aun así las bebidas alcólicas son las que se toman.

-Si soy tu hermana y lo peor que soy la mayor – digo desafiante fulminándola con la mirada esperando que me obedezca, es en estos momentos en el que me arrepiento de haberme ido de la casa de mi tía.

-¡Ay por favor! – Exclama riéndose – solo me llevas por diecisiete minutos.

-Aunque sea un minuto de espera, sigo siendo la mayor – respondo desafiante pero sin levantarle la voz como ella lo hace en este momento – además se te olvide que yo mando en este departamento porque es mío.

Ella solo pone los ojos en blanco, para luego encaminarse a la puerta donde la abre y sale de ahí, solo frunzo el ceño al verla ahí y que ella sonríe como si hubiese ganado.

-Ya no estoy en tu sucio departamento – dice sonriéndome con ironía cuando cierra la puerta, suspiro frustrada pasando mis manos en mi cabeza tratando de no perder la paciencia.

-Hay tía te necesito – exclamo mirando al cielo, sin embargo es obvio que no me escuchara, me dan ganas de dejarla sin departamento, pero no me da el alma.

Porque soy una buena hermana.

Lo peor de todo que apenas llevamos una semana de estos once meses que nos quedan, dejo de pensar en ello mejor para ponerme a estudiar qué es lo único que me hace sentir mejor.

Lo único que quiero que nada malo pase que sea peor que esto que estoy viviendo con Melida.

 

 

TRES MESES DESPUES.

 

-¡Melida are la puerta! – exclamo pagándole la puerta porque la escucho que vomita y no para de hacerlo hasta que me abra.

¡Carajo soy una tonta!

Como si no tuviera llaves, las saco de mis bolsillos y abro con ellas decidida a verla, me asombro al verla tirada en el suelo cerca del inodoro llorando, en su mano derecha tiene algo que no logro distinguir que es.

-¿Qué paso…? - le pregunto en un hilo de voz porque no la había visto tan ¿asustada? Es lo único que logro ver en sus ojos que tiene un lago de lágrimas, ella levanta su mano derecha enseñando lo que tiene ahí y veo que se trata de una prueba de embarazo, lo que me hizo quedar en shock es que le salió positivo.

-Estoy embarazada… - dice en un llanto que no logro descifrar si es de dolor o de felicidad, ¡Pero que tonta! Es lógico que es de dolor, todo lo que se me viene a la mente es la universidad, el dinero, tener que trabajar, todo eso es lo que afectara en esto lo que está sucediendo.

-Ok… - digo nerviosa tratando de buscar las mejores palabras para esta situación pero es que no me esperaba esto realmente, pensaba que estaríamos bien – escúchame Melida, ya no iremos a la Universidad.

Ella abre los ojos como platos como si escuchase una mala noticia.

Bueno lo es!!!

Pero es peor para mí, no iré a la universidad por cuidar de ella cuando la que cometió los errores fue mi hermana menor, pero no quiero dejarla sola.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.