Secreto

Capítulo I

SECRETO ©
 


 

VOLUMEN I: ORÍGENES
 

 

Centro Astronómico de Ciudad Capital 
2 de Agosto, 2005

Alicia Fuentes no era la mas linda, tampoco la mas popular o carismática. De hecho, solo era la mas inteligente de su generación, la que pasaba más tiempo en la biblioteca que en las fiestas o los eventos en los que la mayor parte de sus amigos pasaban el rato. Pero eso había tenido su recompensa, ahora, todas las mañanas debía levantarse antes de las seis de la mañana e ir a trabajar mas de doce horas diarias.

La despistada chica llegó en un automóvil austero, uno de esos con la pintura maltratada, que lanzaba humo por el escape, pero a pesar de ello trabajaba lo suficientemente bien para llevarla y regresarla del trabajo.

Tras un tedioso caminó lleno de arbustos y pinos, la chica se estacionó frente al centro de investigación y bajó con una maleta llena de papeles que se asomaba amenazando con salir volando en cualquier instante. De una manera torpe trató a como pudo acomodarse las gafas sin dejar caer el maletin y caminó hasta la instalación.

—Un día más— comentó sin ánimos, en voz plana acompañada de un suspiro. Era hora de trabajar como siempre lo era y seguía siendo. Empujó las puertas de vidrio para encontrarse frente a un largo pasillo de color blanco. Mas adelante le esperaba el viejo checador, un trasto oxidado que siempre la hacía batallar para registrar su entrada. Ella llegó ante el mismo y dejó sus cosas sobre la mesa. Aplastó su tarjeta y como siempre, se atascó.

—¡Maldito cacharro!—gritó y lo empujó un poco. Después apareció alguien más en el pasillo, venía desde el centro de controles.

—¿Problemas de nuevo?— era Sergio Mendez. Él era un joven alto de cabello oscuro que le cubría la frente. Amablemente se puso al lado de la chica de las pecas y cabello alborotado castaño y la ayudó a poner su asistencia.

—Gracias— ambos caminaron hasta otra mesa, donde estaba la cafetera.

—No podemos seguir así jefa. El checador no funciona y hay dos máquinas averiadas. Si Jorge no puede repararlas tendremos que prescindir de ellas, ya no hacen partes. Tenemos que pedir ayuda al Gobernador— reclamó él.

—Lo siento— dijo ella—. Pero ya te lo dije, el Gobernador no invertirá en el Centro. Sé de buena fuente que están más interesados en la tecnología—.

—Déjeme adivinar. Corporación De La Vega— dijo él con enfado. La chica ya había terminado de preparar su taza, así que ambos se dirigieron a la zona de controles.

—Así es. Mucho más lucrativo que un Centro que se dedica a ver el cielo y las constelaciones — añadió ella dando un sorbo. Apenas entraron al cuarto de controles donde revisaban lecturas sísmicas entre otras cuando escucharon las noticias en la televisión.

Y la guerra silenciosa en la Corporación de La Vega sigue. Ya han pasado un par de semanas desde que la máxima autoridad, Alfonso de La Vega fuera asesinado a sangre fría en su vehículo— mencionó mientras se mostraba la fotografía de un hombre de cabello cano y barba de candado-. Con éste infortunio el mando de la corporación ha quedado en el aire con dos posibles mandatarios. Robert De La Vega asegura que está dispuesto a todo para ganarle la dirección general a su opositor y hermano mayor, Emilio De La Vega. Será cuestión de tiempo para que se llegue al final de esta guerra de poderes entre hermanos y son los inversionistas quienes están mordiéndose las uñas—.

Alicia y Sergio se vieron entre sí por un instante. Todo parecía indicar que nadie en Metrópolis sabía de u existencia siquiera.

Corporacion De La Vega

En el último piso del edificio de la Corporación De La Vega se encontraban dos de los hijos de él recién asesinado Alfonso. En una de las suits más elegantes con ventanales con una vista impecable a la ciudad de las luces, ambos se encontraban discutiendo.

—¡¿Cómo pueden pelearse la compañía apenas a un par de semanas de lo que sucedió con Papá?!— cuestionó Adrián, el menor de los tres mientras caminaba en círculos.

—Tu no entiendes. Hay más en juego de lo que tu crees. No podemos dejar que la corporación caiga en manos de alguien como Robb— dijo Emilio, el mayor del trío. Estaba muy decidido ante su postura. Hablaba con su hermano mientras organizaba unos paneles sobre su escritorio—. De quien sea el próximo apoderado dependerán muchas cosas, hermanito. Muchas que quizás ahora no entiendas pero son cruciales. Lo que necesito es que me apoyes. Yo soy la mejor opción para ésta compañía — concluyó.

—Quizás podría postularme yo— dijo Adrián, quien a sus 25 años no dejaba de ser un soñador—, ya que todos lo están haciendo—.

—Hermano— dijo Emilio, rió por lo bajo y negó con la cabeza—. Realmente te estimo, pero tu no figuras en esta ecuación — afirmó sin inmutarse—. Serás de más ayuda si me das tu voto y convences a Dante y a Ricardo para que me apoyen—.

Adrián se quedó en shock. Realmente lo estaba confirmando, a pesar de todo y pese a la reciente muerte del padre de los De La Vega, él era un simple peon en un ajedrez entre sus hermanos mayores.

— ¿Es por eso? Por eso me has estado llevando en tus viajes de pesca, por eso me has invitado a desayunar todos los días— dijo Adrián molesto dándose la vuelta pasándose la mano por el rostro.

Emilio apretó los labios, sabiendo que su hermanito había descubierto sus intenciones.

—Te necesito— atajó con las manos en la cintura.

—¿Y eso valgo para ti? ¿El 30% de la compañía?— preguntó ofendido —, ¡Ni siquiera te interesa si estoy bien!— alegó Adrián.

—Hermanito, escucha. No te vuelvas loco, por favor— dijo Emilio poniendo su mano en su frente—, si, pero escucha... No fue con malas intenciones, también quería saber como estabas y...—dijo arrepentido.

—¿Sabias que Amelia terminó conmigo?— cuestionó Adrián fulminando a su hermano, quien se quedó en silencio.




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