Secretos Dolorosos

⚡4 CAPITULO

En la noche empezó a nevar de la nada, aunque no podían ignorar el terrible frío que azotaba días atrás, así que nadie en la pequeña ciudad se alarmó, en ese lugar un día podría estar lloviendo y al otro con el sol a pico, así era Georgia tierra salvaje, amada por su gente.

—Hoy solo quieren Caldo —Entró Berenice con una bandeja en las manos, Eladio picaba las cebollas mientras Lorena muy pensativa picaba las Zanahorias.

—Bien, hay que comenzar ahora —Comunicó Eladio pasándole la holla a la segunda cocinera.

—La única que sabe hacer esos caldos bien ricos que a ellos les gusta es la señora Beatriz —Comentó la segunda cocinera, Berenice la miró y afirmó con la mirada.

—¿Quieren decir que mi caldo es malo? —Eladio se cruzó de brazos frente a ambas cocineras, Lorena río por lo bajo y Berenice negó con la cabeza al igual que la segunda cocinera.

—No quisimos decir eso, no te pongas ñoño ahora, sabes de lo que habló —dijo Berenice. El hombre alzó una ceja y siguió picando sus verduras.

—Bien, como eres el sub jefe tu eres el que sabe, además, la señora Beatriz ya está vieja hay que dejarla descansar —Aclaró la segunda criada poniendo una holla en la estufa.

—Cosa que ellos no harán —Aseguró Eladio pasando al lado de la segunda criada.

—Ella tiene mucho tiempo, deberían de tener un poco más de aprecio —Comentó Berenice tomando las Zanahorias que Lorena había picado.

—¿Cómo cuánto tiempo papá? —Preguntó Lorena masticando un pedazo de zanahoria la cual había sacado del plato antes que Bere se lo llevara.

—Más que yo, apenas me había casado con tu madre cuando entré y ya ella estaba, ella y el señor Andrés —Contestó Eladio, aunque pensándolo bien, él siempre pensó que esa señora pertenecía a esa familia, además del cabello rojizo tenía un parentesco con el señor Bennett, aunque lo de cabello rojizo no tenía nada que ver ya que cualquier persona de Georgia nacía con el pelo de ese color, el problema era que está familia no contrataba a nadie que tuviera el pelo de su color esto para no ligarse con los criados, el contrato de la señora Beatriz y está familia quizás había Sido muy pensado.

—Pareciera como si fueran familia —Consideró la segunda criada.

—Pensé lo mismo al momento de entrar a esta casa, pero ella me lo negó —Eladio sintió un sabor amargo al mencionar la palabra "entrar", puesto que esta casa había Sido culpable de muchas de sus desgracia, bueno, no la casa, sino las personas que vivían en ella.

<Mejor ya no hablemos y sirvamos el caldo —Culmino Eladio para no seguir abundando sobre el tema, a Lorena le pareció bastante intrigante aquello, se preguntó cuando tendría tiempo para hablar con la señora Beatriz; como siempre era la única que le interesaba saber más sobre esta familia.

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