Secretos Dolorosos

⚡ CAPITULO 27

HOLA FELIZ LECTURA ❤️
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Al llegar a la cabaña Lorena se había aprendido el código cuatros dígitos y los colocó en la puerta, Eladio al ver a su hija intacta dentro de aquella refrigeración comenzó a llorar con impotencia, su pequeña y dulce e inocente mujercita ¿cómo pudo pasarle algo tan trágico? ¿cómo pudo la vida pagarle de esta forma? un ser tan bueno como este, estaba tan herido y decepcionado.

—Perdon mi amor —Sus palabras salían con lágrimas y llanto que caían encima del cristal y se volvían hielo—. es mi culpa, no te cuide lo suficiente, Beatriz tenía razón, mi error fue quedarme en esta casa después que te pasó aquello, como pude ser tan ingenuo, como pude ser tan desinteresado con lo que pasaba delante de mis ojos, perdóname por favor, REBECCA! Perdóname mi niña, duele verte así, duele —Se despegó del cristal callendo al suelo de rodillas. Las lágrimas que rodaban por su rostro caían al suelo donde se disolvían por el gran frío que conservaba aquella habitación. Olía a rosas rojas, olor que ninguno de los dos olvidaría nunca.

—Vamonos, vamos hacia Kevin, vamos a entregar a esos abusadores y asesinos —Lorena afirmó con la cabeza, ambos salieron de la cabaña y de inmediato tomaron el rumbo hasta la casa de Kevin ya no tenían ganas de pensar que perderían, Eladio quería justicia el dolor que sentía le pedía algo de paz y aunque eso no traería de vuelta a su hija al menos, tal vez salvarían más vida y no solo eso, saber que la persona la cual mató a tu hija está vivo y bien feliz caminando en la calle como si nada le carcomía el alma, al llegar tocaron muchas veces la puerta y la señora abrió.

—Hola, ¿Esta Kevin?

—No, ahora está en su oficina. ¿Sucedió algo Eladio?

—No te preocupes Josefina, desde hoy todo estará bien —se fueron del lugar y llegaron hasta la oficina del joven la cuál no se encontraba tan lejos del lugar. Tocaron dos veces la puerta y el chico les abrió.

—Me traen buenas noticias, díganme qué sí por favor.

—Lleva una orden de búsqueda por toda la propiedad de los Bennett, afuera y dentro, la propiedad completa, allí en una cabaña está ella —Kevin sintió su corazón palpitante tan rápido que le molestaba, ¿Ya la habían encontrado? Por sus rostros se dijo así mismo que sí.

—Gracias señor Eladio.

—No, gracias a ti, por tu ayuda haremos justicia —Kevin afirmó con la cabeza, y le dió una reverencia a Lorena antes de salir con el diario.

A las tres treinta de la tarde llegaron unos guardias a la mansión, aquellos eran dirigidos por el coronel Melvin Lombour en ese tiempo, los criados estaban tan asustados nunca habían visto tantos guardias reunidos, el señor Bennett se cruzó de brazos cuando el detective Malvin le pasó la hoja dictada por el juez a cargo de ese año, no lo conocía ya que, tenía mucho tiempo que no se interesaba en amenazar las personas del gobierno del pueblo.

—Si no encuentras nada prometo que te arrepentirás de esto Lombour —Le Susurró el Señor Bennett al detective.

—Prometo que encontraré algo está vez, la última vez que vine a una revisión fue el cinco de agosto  junto a la esposa del señor Eladio, dicha mujer no veo desde ese día, supongo que murió o se mató al igual que mi hija verdad señor Bennett. Pero te juro que aunque amanezca en esta casa seguiré buscando, debajo de las escaleras, debajo de los muebles, debajo de las camas, en los sótanos que esa vez no me dejaron entrar, sabes qué, ese juez lo compraste, pero este no —Le guiñó un ojo y le hizo una reverencia— ¡Revisen hasta las casas de las gallinas! —Gritó y los guardias acudieron a la orden.

Melvin seguía cada paso del diario, cada escondite que dicha mujer llamada Rebecca había escrito, le había dado una copia de cada hoja por grupo a los guardias y lo que encontraron lo dejaron perplejos.

 




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