Segunda Jugada

Capítulo 15

Camille

Hoy definitivamente no ha sido mi mejor día ni mi mejor momento. Sabía que Gavin iba a estar aquí, pero nunca me imaginé que realmente me diría que soy una zorra ni me trataría de esa manera y, aunque soy una mujer que finge ser un témpano de hielo la mayor parte del tiempo, todavía queda demasiado de la Camille que se enamoró perdidamente de él. Y ese momento en el que no me defendí como debí hacerlo me hace sentir que durante este último año no he avanzado nada en mi vida, que sigo siendo la misma chica que renunció a sus sueños y a todo solo por él, solo por el hombre al que no le importaron los años de matrimonio que tuvimos porque se fue a la primera sin mirar atrás.

Es pasada de la medianoche cuando escucho cómo tocan la puerta de la habitación en la que me estoy hospedando y, por un segundo, me detengo en seco mirando la puerta en la oscuridad que solo es iluminada por la luna. Sé que detrás de ella está Ryan Ruff, el mismo hombre que me vio perder completamente el control y tuvo que ayudarme, me siento avergonzada con él también, escuchó las cosas feas que dijo Gavin y, aunque sé que Ryan no es de los que juzgan, no me gustaría que se hiciera ideas equivocadas sobre mí.

Así que respiro hondo y me armo de valor, hay conversaciones que es mejor enfrentarlas y yo necesito esto, un cambio en mi vida por completo, así que enciendo la luz y abro la puerta encontrándome con ese rostro masculino y fuerte de frente. Los ojos de Ryan se deslizan por mi rostro antes de bajar por mi cuello y luego a mi vestimenta, sus ojos me recorren dos veces antes de apartar la mirada.

—Quizás deberías cambiarte. —Frunzo el ceño sin entender y, cuando bajo la mirada hacia mi ropa, siento cómo el rostro se me pone completamente rojo de la vergüenza.

Cuando llegué a mi habitación lo hice en automático, simplemente tomé una ducha y lo primero que encontré, con eso fue que me vestí. Al parecer lo primero que agarré fue una pijama corta de dos piezas que hace que mis tetas estén presentándose al mundo y que, de lo corto que es el pantalón, creo que Ryan ya conoce el color de mi ropa interior.

No respondo, simplemente le cierro la puerta en la cara y maldigo. Busco un suéter enorme y es lo que me coloco por encima del intento de pijama, el suéter me queda casi en las rodillas y me da seguridad, es por eso que vuelvo a la puerta y abro dejando un espacio para que Ryan entre, él lo hace en silencio y luego mira mi habitación, que está totalmente ordenada, antes de verme a mí.

—Estas no son horas de que visites mi habitación, Ruff, creo que deberías irte, podemos hablar en otro…

—Y te dije que no ibas a huir de la conversación, así que saca de esa preciosa cabeza que me iré. —Lo miro molesta, hoy no ha sido mi mejor día y realmente me siento un poco agotada.

Todo me tiene cansada, evitarlo a él para no enfrentar ese beso que me hizo sentir viva, tratar de ser la profesional que debo ser, ignorar que algo en Ruff llama mi atención y tratar de llevar una vida sin caer en el mismo ciclo en el que estaba durante todo mi matrimonio.

—Bien, Ruff. ¿Qué es lo que quieres saber? Me besaste, te besé, nos besamos, fin de la historia, somos dos adultos que…

—Somos dos adultos, pero huyes como una cobarde cada vez que lo menciono.

Me corta y da dos pasos hacia mí, la luz hace que sus ojos se vean más intensos que nunca, que sus labios me parezcan aún más atractivos y varoniles, que el jabón de baño en conjunto con la colonia de él me mareen los sentidos y que el cabello húmedo que se le pega a la frente sea una tentación que me invite a tocarlo.

—No huyo de nada —mascullo molesta y me enfrento a él dando un paso al frente, quedando tan cerca que nuestros torsos están separados por pocos centímetros, tengo que levantar la cabeza para verlo fijamente y Ruff suspira.

—Lo haces, y es molesto, Camille. —Niego despacio y cierro los ojos. —¿Tanto odiaste ese beso? —Abro los ojos de golpe ante esa pregunta.

—¿Qué? ¡No!

Chillo sin controlarme y, cuando Ruff sonríe de lado, entiendo que solo fue una pregunta capciosa y yo caí como una tonta.

—Sé que te gustó, Camille. ¿Cuál es el problema entonces? Porque te atraigo, aunque pongas el grito en el cielo por eso, te gusto tanto que no sabes qué es lo que harás conmigo y eso te está volviendo loca. ¿Me equivoco? —cuestiona tomándome del mentón para que lo vea fijamente a los ojos.

—¿Y qué si me atraes? Nada va a pasar porque no perderé mi trabajo por algo que no durará más que un momento de pasión y luego todo será incómodo. Te enfrentaste a mi exesposo, te metiste en un problema por mi culpa y lo menos que quiero es que comiencen a relacionar las cosas. Tú eres el entrenador que ellos no quieren perder, pero detrás de mí hay muchas doctoras y doctores esperando un error para tener el puesto y sabes que la mayoría de los altos mandos me odian porque los enfrento —susurro—. Amo este trabajo y no quiero perderlo.

Él se me queda mirando y, de forma casi que ni él percibe, me toca el mentón con los dedos que aún me sostienen.

—Entonces nadie tiene que enterarse. Me gustas, Camille, así que no sé qué hacer con esta maldita forma en que no dejo de pensarte, de querer besarte y de pelear contigo. Podemos fingir frente a todos que nos odiamos, pero en secreto podemos estar juntos. Me gustas demasiado, doctora. —Y, sin que lo espere, Ryan impacta sus labios contra los míos.

No sé qué tiene este hombre, pero cada vez que me besa consigue que olvide por completo todas las razones por las que debería alejarme de él, mis manos terminan aferrándose a su camisa casi por instinto y cierro los ojos mientras siento cómo ese beso vuelve a despertar algo que llevo demasiado tiempo intentando mantener enterrado. No es solamente deseo, no es solamente la adrenalina de estar haciendo algo que sé que no debería, es esa sensación de sentirme viva que apareció la primera vez que sus labios tocaron los míos y que ahora vuelve con una intensidad que me asusta.




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