Ryan
Puedo sentir la desagradable mirada del maldito ex esposo de Camille aun a la distancia, mientras trato de concentrarme en el juego. Al parecer, el imbécil quería realmente provocar a Camille y quizás ser un abusivo de mierda porque el lugar en el que ellos estaban hablando casualmente no tenía cámaras, por lo tanto, no pudo tener pruebas más allá de lo que los jugadores dijeron de que lo golpeé. Mis chicos desmintieron todo a pesar de que les dije que dijeran la verdad, todos mintieron diciendo que no hubo tal ataque y aunque los superiores no estaban contentos con el rumor, no recibí ningún castigo como consecuencia de mis actos.
Así que ahora observo fijamente cómo mis chicos están destrozando a los jugadores de Boston y quizás se trate de que esto ya es personal para mí, pero estoy disfrutando demasiado de la manera en la que el imbécil de Gavin está revolcándose y teniendo que tragarse el enojo de que ni en mil años tendrá un equipo tan bueno como el mío.
—Vamos, Reed —le grito a mi mejor pieza en el hielo. Él responde como espero, siendo tan rápido que vuelve a los jugadores enemigos nada cuando tira el disco a la portería, metiéndolo sin molestarse mucho.
Sonrío despacio mientras veo que pronto terminará el juego y quizás me burlaría de ese bastardo si no fuera por la presencia de Camille a unos pasos de mí. De reojo mantengo mi atención en ella tratando de ser lo más disimulado posible, pero se ve malditamente hermosa este día y luego de ese beso que tuvimos ayer no puedo sacarla de mi cabeza.
No bromeaba con que jodería todo su mundo de la manera en que ella lo está haciendo con el mío, ya es algo tonto fingir que no me gusta. Esta mujer me trae loco y necesito tenerla aunque sea lejos de todos los ojos del mundo y aunque deba resistirme porque sé cuánto ama ella su trabajo.
Camille está hablando en voz baja con una de sus enfermeras y contengo la sensación de querer irme lejos del juego solo para escucharla hablar, así que enfoco mi mirada en Gavin y solo siento que el poco buen humor muere cuando me doy cuenta de que ese bastardo está mirándola.
—¡Acábalo! —grito al hielo, haciendo que sus ojos se aparten de Camille y me mire. Inmediatamente Dexter hace una jugada que deja atrás a los jugadores, se mueve por el hielo, le lanza el disco a Noah y Noah se lo lanza a Logan, quien lo mete en la portería haciendo que todo el estadio se venga abajo con los gritos tan fuertes que me demuestran que mi equipo es el mejor cuando finalmente gana el juego de hoy, derrotando a Boston tan fácil como un adulto quitándole un caramelo a un niño.
Sonrío un poco viendo cómo Gavin comienza a gritar molesto, giro hacia donde estaba Camille, pero no la encuentro en el lugar que estaba y es la razón por la cual dejo a los chicos celebrando y yo camino fuera del estadio por los pasillos desiertos, aun con los gritos retumbando a mi espalda.
Camino buscándola y solo es cuando veo una puerta entreabierta de los vestidores de nuestros jugadores que la abro, descubriendo a Camille sentada en una mesa con la mirada fija en su celular. Ella parece algo preocupada, pero cuando levanta la vista hacia mí, noto que sus hombros se relajan y suspira aliviada.
—Felicidades por ganar —comenta, regalándome una sonrisa que desaparece un poco cuando cierro la puerta a mi espalda y le paso el seguro.
—A tus felicitaciones les hace falta algo más —Camille frunce el ceño cuando me acerco a ella y la acorralo en la mesa, poniendo ambas manos al lado de sus piernas y agachando mi rostro a la altura del suyo.
Los ojos de Camille brillan tanto como las luces que iluminan el hielo del estadio en este momento y, joder, me gusta tanto como esa boca carnosa que está mordiendo en este momento.
—Creo que te estoy felicitando de la manera correcta, Ruff —no sé si es mi imaginación, pero hay algo coqueto en la manera en que menciona mi apellido.
—Puedes hacerlo besándome, Camille —ella se queda en silencio y suspira, mirándome fijamente.
—Sabes que no somos nada ni seremos nada —me recuerda y yo le levanto una mano, acariciándole el cuello sin poder contenerme.
—Ya te dije que arruinaría tu mundo, doctora, ahora bésame, me lo merezco, ¿no crees? —ella se ríe y ese sonido me recorre todo el cuerpo.
—¿Quién eres y qué hiciste con el entrenador malhumorado de siempre que discute conmigo? —me encojo de hombros.
—Sigue aquí, pero lo reservaré para cuando tengamos a un público que impresionar —coloco la otra mano en su cintura, sintiendo el calor de su cuerpo y oliendo lo suave que es su perfume.
—¿Por qué debería besarte? —cuestiona, levantando una mano y posándola en mi hombro.
—Porque te gusto aunque lo niegues —le recuerdo y ella suspira.
—Solo es porque ganaste, Ruff, no pienses que somos algo más. Felicidades por ganarle a los engreídos de Boston —susurra antes de que sea ella misma quien levante el rostro y alcance mis labios.
Camille me besa suavemente y tengo que controlarme para no besarla como quiero hacerlo, así que dejo que ella mueva sus labios contra los míos con una maldita dulzura que nadie jamás había implementado en mí. Cuando se separa tengo que respirar hondo.
—Es mi turno entonces de corresponderte —susurro antes de hundir mis dedos en su cabello y besarla más profundamente.
Inmediatamente, el ruido del estadio desaparece por completo y solo queda para mí la mujer que estoy besando y a la cual siento estremecerse cuando la acerco más a mí para poder besarla con mayor profundidad.
Creo que quizás hice algo muy bueno en mi vida pasada para que Camille Leblanc me esté besando en este momento. Abro sus labios e introduzco mi lengua en su boca, haciendo que forme una danza con la suya.
No sé cuánto tiempo pasa mientras la beso, pero no quiero que el tiempo avance, quiero quedarme aquí con ella, olvidarme de que afuera están mis jugadores celebrando, de que seguramente en unos minutos alguien vendrá a buscarnos y de que cuando salgamos de esta habitación tendremos que volver a fingir que entre nosotros no está ocurriendo absolutamente nada.
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Editado: 30.09.2026