Segunda Jugada

Capítulo 24

Camille

Ryan no me ha dejado ir.

Estoy mirando cómo, aún sin camiseta, porque parece ser que el hombre se ha propuesto ponerme los nervios al tope, se pasea felizmente por toda la cocina. No soy una santa, porque aunque me da la espalda, he estado mirando a este hombre mucho, quizás demasiado, quizás tanto que ni siquiera a mi exesposo miré de esa manera alguna vez y no sé dónde me deja eso.

Pero es que Ryan tiene una espalda ancha, musculosa y me pregunto cómo se verían mis uñas marcadas por toda su piel para que toda aquella mujer que lo vea sepa que estuvo con una persona que se atrevió a marcarlo como si fuese…

¿Qué pensamiento acabo de tener?

Parpadeo saliendo de la locura que acabo de pensar y me muerdo el labio inferior sin saber qué hacer. Ryan se gira y coloca café caliente frente a mí, sonrío un poco y veo que espera a ver con qué lo voy a preparar, es por eso que tomo la leche y le echo antes de moverla, él enarca una ceja divertido y yo trato de no mirar más de lo necesario, le doy un tragao al café y disfruto.

¿Qué pruebas estoy viviendo hoy? ¿Esto fue por todo el desastre que causé anoche?

—Estás sonrojada —me hace saber y casi llevo mis manos a mi rostro para confirmar lo que dice, pero no hace falta porque siento el rostro ardiente.

—Tengo… calor, es todo. Creo que tu casa necesita con urgencia un aire acondicionado —me abanico el rostro y él curva sus labios en una sonrisa que hace que mi vientre se apriete.

Olvídense de cualquier señal de resaca, ver a este hombre parece ser la cura a eso y no sé por qué es que ando tan hormonal. No es como si no hubiese visto a un hombre vestido solo con un pantalón, por Dios, trabajo con hombres, hombres con cuerpos trabajados y masculinos y aquí estoy considerando seriamente que nunca he visto un cuerpo como el de Ryan.

—Supongo que te haré caso, doctora, seguramente necesito con urgencia cambiar el aire acondicionado, parece que no está haciendo su trabajo —aparto la mirada y él se ríe—. Me gusta cómo te queda mi ropa, creo que acabas de crear una necesidad, verte vestida con algo mío todos los días —me recorre un escalofrío y bajo la vista a su camiseta.

—Tomaré un baño y me iré, no es bueno que esté aquí y mucho menos vistiendo algo tuyo, no es profesional —hago una mueca como si decir esas palabras me molestara hasta a mí de manera inconsciente. Ryan niega y luego se pasa una mano por la mata de cabello que posee, alborotándolo.

—Supongo que dormir juntos es algo mucho mejor —respiro hondo y odio que todo lo que pueda aspirar sea su aroma, es demasiado adictivo.

—Esto no está bien, Ryan —él se encoge de hombros.

—Te dije que iremos a tu tiempo, pero no dejaré de decirte la verdad, Camille, tú me gustas, como mujer, como doctora y como la mujer capaz de hacerme querer gritarle cuando se pone en plan fastidiosa. En todas tus facetas parece que me gustas, Camille —esa es mi señal de ponerme de pie y eso hago.

—Tomaré una ducha —es lo que digo y corro hacia la habitación de Ryan.

Me encierro y me digo que solo debo actuar con normalidad, es por eso que entro al baño y cuando me miro al espejo me sorprendo de la mujer que encuentro, ojos brillantes, mejillas sonrojadas y la expresión más vivaz que he tenido desde hace mucho tiempo, casi sonrío al verme porque tenía años sin ver ese rostro en mí, tenía años sin sentirme así de viva.

Me meto a la ducha y dejo que el agua me moje por completo antes de oler como una rarita el shampoo que usa Ryan, el jabón, su loción, todo voy oliendo y si cierro los ojos solo por el olor puedo imaginarlo aquí, me imagino esa espalda húmeda, él acorralándome contra los azulejos de su baño y parpadeo.

Sacudo la cabeza y me doy una ducha rápida, antes de darme cuenta de que no tengo toalla, así que tomo la de él y me envuelvo solo para salir del baño, busco mi ropa, pero no encuentro nada, así que me coloco la camiseta y respiro hondo todavía mojada, abro la puerta y me encuentro con Ryan parado frente a la puerta con los ojos cerrados y murmurando algo que no puedo entender.

—¿Estás haciendo un ritual para sacrificarme? —mi voz hace que él abra los ojos y me mire directamente.

—Estoy intentando conservar mi…

Su voz se pierde cuando me observa fijamente, noto cómo las mejillas de Ryan se ponen algo rojas y luego él aparta la mirada, miro hacia lo que llamó su atención y me sonrojo un poco al encontrar los picos endurecidos de mis pezones contra la tela.

—No sabía que…

—Solo dime si puedo hacerlo, Camille —jadea él, sorprendiéndome—. Dame la oportunidad de tocarte aunque sea un poco, doctora, porque está siendo un maldito problema imaginar cómo se sentiría tu piel, déjame saberlo. Podemos luego fingir, somos buenos haciendo eso —me quedo sin habla y parpadeo—. Déjame no hacerte sentir sola —y esas palabras que acaba de pronunciar son el maldito problema.

Porque soy yo quien da un paso hacia él, me pongo de puntillas y entonces, lo beso y antes de que pueda reaccionar Ryan es quien me toma del pelo y me besa haciendo que un jadeo se me escape de los labios.

Él gruñe en mi boca y me besa como un hombre con tanta hambre que no sabe por dónde comenzar a comerme, a devorar, consumirme por completo, Ryan me acerca más a él y yo siento su pecho duro contra el mío cuando me alza un poco, el hombre tiene mucha fuerza porque no soy una mujer que pese poco y aun así él me maneja con facilidad para tener más acceso a mí.

—Me estás volviendo loco, completamente loco, Camille —gruñe en mi boca antes de tomarme de los muslos y alzarme, un sonido de satisfacción se escapa de su boca y yo me siento mareada por todo lo que él me hace sentir en este momento.

Me enredo en su cuello, buscando desesperadamente aferrarme a algo real mientras él me lleva a empujones contra la pared del pasillo. El choque de mi espalda con la superficie fría me saca un jadeo que Ryan atrapa entre sus labios con un beso todavía más salvaje, hambriento y posesivo. Mis piernas se cierran de manera instintiva alrededor de sus caderas y él suelta un gruñido bajo que me retumba directo en el vientre.




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