Ryan
Camille está siendo una adulta como ella se hizo llamar y, a pesar de que se sonroja, no me está evitando. Luego de que se derritiera entre mis brazos de la mejor manera posible, no me ha evitado como luego de nuestro beso. No hay más acercamientos, ni siquiera un beso, pero ella está controlando todo y es algo que me gusta, además de que está muy enfocada en crear el mejor equipo de trabajo que pueda encontrar.
Justo ahora la encuentro en su oficina leyendo hojas de vida mientras tiene un bolígrafo envolviendo su pelo, mechones cayéndole a los lados de ese rostro hermoso que posee y mordiéndose ese tentador labio que pude devorar la última vez que la tuve en mi casa.
Y es jodido, porque he vivido solo durante años, pero Camille durmió una sola noche, una sola, y ya soy adicto a eso, me inquieta no tenerla entre mis brazos, no sentir su aroma, su cuerpo cálido, su suavidad contra mi cuerpo. Maldita sea, ha sido molesto porque ahora es algo tan vital como respirar que quiero verla usando mis camisetas y en mi espacio, invadiendo todo.
Ella parece ajena a la manera en que la estoy mirando, de hecho, está muy concentrada, así que cuando suspira y levanta sus preciosos ojos, siento un maldito salto en el pecho y disfruto de cómo sus mejillas se sonrojan un poco. A pesar de que todos piensan que Camille es una mujer fría y de carácter fuerte, lo cierto es que solo es una coraza, es una mujer encantadora y dulce cuando logras invadir sus defensas y, por algún motivo, me encanta ser el único que parece saber ese dato, que conmigo sea diferente a como es con los demás, que pueda ser ella misma, es una cualidad tan fascinante que es simplemente algo maravilloso.
—Entrenador, no sabía que me buscaba, ¿qué necesita? —Enarco una ceja y me adentro dejando la puerta abierta, tal y como estaba. Me siento frente a ella y miro la figura en su escritorio, sonrío un poco al ver el logo de su carrera y luego simplemente la miro.
Como si fuese la actividad más entretenida del mundo, aunque para mí lo es. Lo cierto es que no había notado con tanta atención que Camille tiene algunas pecas esparcidas en sus pómulos, aunque eso lo noté la noche que dormimos juntos, porque luego de que ella cerrara los ojos me quedé mucho tiempo mirándola dormir como un hombre de las cavernas, no quería que nada me quitara ese poder.
—Quería verla, doctora, últimamente tengo hambre, y probé un postre delicioso la última vez que salí de fiesta —Camille es rápida para comprender mis palabras porque sus labios se separan levemente—. Fue un postre que no puedo olvidar y del cual quiero más y más, pensé en venir con usted para que me recete algo, porque me estoy volviendo loco del hambre que siento, doctora —Camille traga en seco y mis ojos recorren su cuello cuando lo hace, contengo las ganas de lanzarme a ella y lamer todo ese bonito cuello.
—No tengo nada para ayudarte con eso, entrenador, pero creo que deberías descansar y pensar mejor lo que dices —sonrío un poco.
—Pareces un poco estresada, ¿ya encontraste a qué candidatos vas a entrevistar? —cuestiono y ella parece agradecida con el cambio de tema.
—Uhm... la verdad es que hay muchas personas capacitadas, pero no elegiré a alguien solo por su bonita hoja, necesito conversar con cada persona, sin embargo, Recursos Humanos quiere hacer el trabajo, sé que al final intentarán contratar este tipo de personas —ella me pasa un expediente y miro a una chica, a su lado está la recomendación de Pool y hago una mueca.
—Quieren vigilarte —ella asiente.
—O más bien, quiere controlarme, si contrato a esa chica será darle el poder para que esté sobre mí todo el tiempo —Camille suspira y se pasa una mano por el pelo—. Es agotador —confiesa—, parece que por más buena que sea nunca soy suficiente por el hecho de ser mujer dentro de un deporte que pertenece a los hombres, ¿crees que si fuese hombre me respetarían como doctora? —me quedo en silencio un segundo porque sé que sí lo sería.
Esos malditos altos mandos no soportan que una mujer sea tan inteligente, que les patee el culo con su cerebro, así que Camille apenas está conociendo todo lo que vivirá con esos idiotas, sin embargo, suspiro y la miro.
—Eres suficiente, Camille, y siempre apoyaré que te enfrentes a ellos porque tienes razones válidas para hacerlo, siempre lo haces desde el respeto, nunca sobrepasas eso y eso te define como profesional y persona. Créeme, eres la mejor doctora que he visto nunca y eso que tengo muchos años trabajando como entrenador del equipo —ella suspira y luego se ríe.
—¿Sabes que nunca aprendí a patinar en el hielo? —la miro sorprendido y ella se ríe—. Gavin, a pesar de pasar mucho tiempo en el hielo, nunca me enseñó y en secreto lo odio, o sea pensé que el hielo me estaba quitando a mi pareja sin darme cuenta de que él era el verdadero problema, parece ser que cuando alguien te interesa no importa que tu hora de descanso se arruine con tal de verla —me paso una mano por el pelo alborotándolo.
—Yo estoy descansando ahora, pero me parece inaceptable que la doctora de un equipo de hockey no sepa patinar. Te daré clases privadas —Camille me mira como si me salieron dos cabezas y yo me río.
—Imposible, no me subiré al hielo, la última vez que entré terminé con un idiota sobre mí —curvo mis labios mirándola.
—Y yo terminé demasiado impactado de ver una mujer tan hermosa intentando ayudarme, fue lo mejor que me pasó ese día —ella jadea.
—¡Me asustaste muchísimo! —me río sin poder evitarlo y esta risa muere cuando escucho pasos acercándose, me levanto y de inmediato la relajada expresión de Camille cambia a una de seriedad.
Observamos cómo Pool aparece en la puerta y la mira fijamente, frunzo el ceño porque estoy casi seguro de que por un momento creí ver deseo en su mirada, pero desaparece tan rápido que no estoy del todo seguro.
—¿Ya decidió cuándo comenzará a llamar a las candidatas? —pregunta Pool mientras entra un poco más a la oficina, su mirada pasando de Camille hacia mí y luego regresando a ella.
#315 en Novela romántica
#129 en Novela contemporánea
segundaoportunidad, romance odio pasión intencidad drama, compañerosdetrabajo
Editado: 30.09.2026