CAPÍTULO 15: LA VERDAD EN UNA FOTO
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Valentina abrió los ojos antes que el sol.
La casa estaba en silencio. Los niños dormían. Alex dormía en el sofá del salón, porque se había quedado a cuidarlos después de la guerra de almohadas y no quiso irse. Todo estaba en calma.
Pero Valentina no podía respirar.
El sobre seguía sobre la mesa de la cocina. Cerrado. Esperando. Y esa mañana, por fin, Valentina supo que no podía esperar más.
Se levantó sin hacer ruido. Caminó descalza hasta la cocina. Tomó el sobre con manos temblorosas. Y lo abrió.
Dentro había una foto.
Una foto antigua, con los bordes desgastados y el color amarillento del tiempo. Una foto de su madre. Joven. Hermosa. Sonriendo con esa sonrisa que Valentina apenas recordaba. Tenía el pelo suelto al viento y los ojos brillantes. Estaba sentada en un banco de parque, con un vestido de flores que Valentina nunca había visto.
Y a su lado, con el brazo sobre sus hombros, había un hombre.
No era su padre.
Valentina conocía la cara de su padre. La había visto en las pocas fotos que conservaba. Un hombre serio, de cejas pobladas y expresión dura. Nada que ver con el hombre de la foto.
El hombre de la foto era más joven. Más guapo. Tenía el pelo oscuro y una sonrisa fácil. Se parecía a alguien. Valentina no sabía a quién, pero se parecía a alguien.
Y detrás de la foto, una nota escrita a mano, con una letra temblorosa que Valentina no reconoció:
"Tu madre no murió de tristeza. Tu madre murió por mi culpa. Y ahora, tú vas a pagar por sus pecados."
Valentina sintió que el suelo se movía bajo sus pies.
—¿Valentina?
Alex apareció en la puerta de la cocina, con el pelo revuelto y los ojos somnolientos. Llevaba una camiseta arrugada y los pies descalzos. Olía a sueño y a madera.
—¿Qué pasa? —preguntó, al ver su cara.
Valentina le tendió la foto.
—Mira esto.
Alex la tomó. La miró. Y su expresión cambió. De sueño a confusión. De confusión a sorpresa. De sorpresa a rabia.
—Este hombre... —empezó.
—No es mi padre.
—Lo sé.
—¿Lo conoces?
Alex levantó la vista. Y en sus ojos había algo que Valentina no había visto nunca. Algo que se parecía mucho al horror.
—Sí —dijo—. Lo conozco.
—¿Quién es?
—Es mi padre.
El silencio entre ellos fue absoluto.
—¿Qué? —susurró Valentina.
—Mi padre. Ricardo Duarte. —Alex le mostró la foto—. Es más joven. Pero es él. El mismo pelo. La misma sonrisa. Los mismos ojos.
—No... no puede ser.
—Lo es.
—Pero... ¿qué hacía tu padre con mi madre?
—No lo sé. —Alex apretó la foto—. Pero vamos a averiguarlo.
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Valentina se sentó en una silla. De repente, las piernas no le sostenían.
Alex se sentó frente a ella.
—Valentina, escúchame. Esto cambia todo.
—¿Cómo?
—Mi padre no solo arruinó a tu familia. Mi padre... mi padre conocía a tu madre. Estuvo con ella. En esta foto. Antes de que todo pasara.
—¿Y eso qué significa?
—Significa que la historia que te contaron no es la verdad. O no es toda la verdad. —Alex le tomó la mano—. Significa que mi padre tiene algo que ver con la muerte de tu madre.
Valentina sintió que el aire le faltaba.
—No... no puede ser.
—Lo es. —Alex le apretó la mano—. Pero no estás sola. Vamos a averiguarlo. Juntos.
—¿Cómo?
—Primero, vamos a hablar con Mariana. Ella sabe más de mi padre de lo que dice. Segundo, vamos a buscar a tu padre. El verdadero. El que te crió. Quizás él sepa algo.
—Mi padre... mi padre se fue. No sé dónde está.
—Lo encontraremos.
—Alex...
—Confía en mí.
Valentina lo miró. Y en sus ojos vio algo que le dio fuerzas. Algo que se parecía mucho al amor. Y a la determinación.
—Confío en ti —susurró.
Alex la abrazó.
Y en ese abrazo, en ese momento, Valentina sintió que algo dentro de ella se movía. No era el miedo. No era la rabia. Era otra cosa. Algo más suave. Más cálido.
Se llevó una mano al vientre.
—Alex.
—sí amor la sentí_tembló de emoción
_¿ la sentiste? ¿ dices que será una niña?
_ sí,eso digo,lo será
_ ¿ cómo lo sabes?
_ no sé ,simplemente lo sé
Alex la besó.
La besó con todas sus fuerzas. Con todo el amor que había estado guardando. Con toda la rabia que sentía. Con toda la esperanza que tenía.
Cuando se separaron, tenía los ojos húmedos.
—Voy a ser padre —dijo, con voz ronca.
—Sí.
—Voy a ser padre.
—Sí.
—Voy a ser padre.
—Alex...
—Lo siento. Es que... —Alex se rió, una risa húmeda y temblorosa—. Es que nunca pensé que diría eso. Nunca pensé que querría decirlo. Y ahora... ahora lo digo. Y lo siento. Y lo quiero.
Valentina se rió también__ con tantos líos no se habían permitido disfrutar lo que estaba pasandot
—Eres un idiota.
—Lo sé.
—Un idiota maravilloso.
—Eso no lo sé.
Valentina lo abrazó. Y Alex la abrazó de vuelta. Con cuidado. Con ternura. Con todo el amor del mundo.
Luego, sin decir nada, le puso una mano en el vientre.
—Hola —susurró—. Soy tu papá.
Valentina sintió que se le rompía el corazón.
—Alex...
—No digas nada. Solo... déjame estar aquí. Un momento.
Y se quedaron así. Abrazados en la cocina. Con la foto de la madre de Valentina sobre la mesa. Con la nota de Ricardo Duarte arrugada en el suelo. Con el mundo derrumbándose a su alrededor.
Pero juntos.
Y eso, por ahora, era lo único que importaba.
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Esa tarde, Valentina tenía cita con el médico.
Alex insistió en acompañarla.
—No tienes que venir —dijo Valentina, mientras se ponía los zapatos—. Es solo un chequeo.
—Quiero ir. —Alex se puso la chaqueta—. Quiero verlo.
—¿Ver qué?
—El ultrasonido. Quiero ver al bebé.
Valentina lo miró. Y sonrió.
—Está bien.