Selina (próximamente en físico)

36°

Como siempre, conseguí salirme con la mía. Cerré el broche de la capa y guardé las dagas en el cinturón. Me sentía rara, fije la mirada en la mano vendada, ese hormigueo no desaparecía. Salí de la habitación y vi a Mikkel con su chaqueta de cuero larga, no le había dado tiempo a limpiarla por completo, por las partes brillantes de la tela negra, se notaba que le había pasado un trapo mojado.

-Cuando lleguemos, recuerda limpiar todo el rastro de barro que dejaste.

Mikkel se burló de las palabras de Caleb haciendo movimientos con su mano como si fuera una boca. Me eché a reír y el ángel le dio una colleja, reí aún más fuerte, parecían hermanos de sangre con ese comportamiento tan infantil.

Tomé de la mano a Caleb y nos teletransportamos al lugar que ese tal Alex nos había dicho. Un palacio en ruinas con una fuente seca apareció ante mis ojos, completamente abandonado e inhabitable. No se veía nada a lo lejos, todo era campo y al final unos árboles.

-¿Seguro qué es aquí? -le pregunté a Mikkel. Yo no veía nada.

-Yo no me equivoco nunca -me echó una mirada, suspiré y arqueé la ceja.

-Entremos, estar preparados -nos ordenó el mayor.

Para entrar, rodeamos la iglesia, pasamos por debajo de un arco de piedra, seguía sin ver nada. Di una patada a una piedra de las tantas que había por el suelo. Llevaba la capucha de la capa puesta, me la quité y note el aire en mi nuca. El sol comenzó a desaparecer, no eran más de las tres de la tarde, eso fue lo que hizo que alzara la vista hacia arriba.

-Chicos, creo que encontré eso tan extraño que decía vuestro amigo.

-Dime que eso no es un maldito Tertia.

Por la voz de Mikkel, parecía que ese enorme demonio no le hacía mucha gracia.

-Siento decirte amigo, que exactamente eso es lo que es.

Era aún más feo que en los dibujos del libro. Dio un salto desde la parte más alta de la iglesia hasta el suelo, este aparte de retumbar como un terremoto, se rompió a sus pies haciendo un hoyo, los tres dimos varios pasos hacia detrás sin apartar la mirada de ese gigante de un solo ojo.

-¿Alguien tiene alguna idea? -preguntó el pelinegro con pistola en mano, la cual, si no hizo casi nada a un Milia de menos altura, muchos menos a este oscuro.

-Yo no vuelo, mucho menos escalo y su punto débil es ese ojo, ¿lo echáis a suertes? -busqué con la mirada a ambos chicos, creo que este demonio se les iba de las manos hasta a ellos.

El Tertia apoyó una de sus enormes manos en una pared provocando su derribe, los tres echamos a correr entre las ruinas, no fue hasta estar fuera de la iglesia que no teníamos ningún lugar donde meternos. No íbamos a abandonar, pero necesitábamos tiempo para pensar en un plan.

-Tengo una idea -avisé y los dos me miraron con ganas de oírla -¿Y si pensáis en quién se echa al cielo y acabamos antes?

-¡Selina!

-¡Oh venga, Caleb! Es tan fácil como clavarle tu bastón en ese horrendo ojo.

-No es tan fácil, para eso necesito que le distraigáis y en cuanto vea algo pasar por su ojo no os va a hacer caso -explicó y miré mal a Mikkel.

-No sé para que me enseñaste pelea cuerpo a cuerpo cuando hicimos lo de los demonios y sus puntos débiles, ¡Con este no se puede jugar a puñetazos!

Las pisabas cada vez eran más fuertes, estaba cerca, pero no le veía, ¿CÓMO NO PODÍA VER A UN GIGANTE DE CASI SEIS METROS?, enseguida supe porqué, estaba mirando para el lado erróneo.

-¡Mikkel! -grité al verlo volar, pero no de la manera que me hubiera gustado.

-¡Caleb inténtalo! Yo le distraigo -el chico pegó sus ojos en mi y después miró al demonio que estaba a menos de dos metros de nosotros.

-Ten cuidado -asentí.

-¡EHH! Aquí -lancé una flecha para que no viera a Caleb sobrevolarle.

El Tertia pareció verme. ¿Ahora que debía hacer? Caleb estaba detrás de él, miré de reojo a Mikkel, se estaba levantando del suelo. Seguí haciendo movimientos con los brazos, una de sus manos se acercó para cogerme, la esquivé por pocos centímetros. Pero la suerte se me debió acabar, sentí lo que Mikkel había sentido hacia unos instantes, el fuerte golpe que me hizo sobrevolar varios metros de distancia hasta casi llegar a la puerta de la iglesia.

-¿Estás bien? -el chico golpeado me tendió su mano.

-Dime que todo esto es una pesadilla y yo estoy en la cama de mi casa de Detroit -gracias a dios el suelo estaba cubierto por césped, tan espeso que no me dolió casi la caída.

-Si es lo que quieres oír.

-Olvídalo -me levanté por mí misma apoyándome en la fuente.

Si es que en realidad tampoco era tan grande, por cómo nos estaba golpeando lo parecía, pero aunque su mano fuera diez veces mi cabeza o bueno... ¿veinte?, aun así yo no veía tan difícil clavarle un palo en el ojo, si tuviera alas

-Tengo una idea.

-Por fin -mascullé.

-Llevémosle hacia el bosque, las ramas rozarán con su cuerpo, por lo que no notará a Caleb a su lado.

-La verdad que es una buena idea -su cerebro no estaba tan congelado como yo me pensaba.

-No me digas -achinó los ojos.

Comenzamos a gritar al demonio mientras nos dirigíamos al bosque, sus grandes pasos le acercaba cada vez más a nosotros, Mikkel le estaba disparando para enfadarle, cosa que estaba consiguiendo. Los gruñidos del Tertia parecían los de un león, sus enormes dientes afilados podían desgarrar el cuerpo de un elefante de un bocado si él quisiera. Nos adentramos entre los árboles, ahora estaba en manos del ángel.

-¡Caleb ahora! -le avisé cuando el demonio se adentró en el bosque y pude ver como las ramas chocaban contra su cuerpo desnudo y gordo. El chico preparó su bastón y vimos como se deslizó hacia delante por sus pies, antes de que el demonio pudiera verle, clavó la barra en su negro ojo, por sorpresa, Caleb también se llevó un golpe cayendo hacia nosotros cuando el demonio del dolor, quiso tocarse el ojo.

El Tertia cayó al suelo muerto, aplastando con su enorme y gordo cuerpo las plantas de su alrededor, pero antes de convertirse en ceniza, me fije en la enorme X que tenía grabada en la planta de su pie.




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