Semilla de sangre

Prólogo ✔

Los antiguos del Reino de Sicarias siempre lo dejaron claro: hay secretos que deben permanecer sepultados para que los hombres puedan seguir siendo hombres.

Mucho antes de que los estandartes de las casas reales se tiñeran de luto, las minas bajo el monte Grim no extraían hierro ni plata, sino la sangre misma de la tierra. Un mineral oscuro y fulgurante al que los antiguos llamaban Fuego Negro. Aquellos que lo usaban poseían un poder capaz de inclinar la balanza de cualquier batalla, pero el precio siempre terminaba cobrándose en cordura y llamas.

Por decreto del Primer Rey, las vetas de las minas profundas fueron selladas bajo juramento de sangre. Se prohibió su extracción bajo pena de ejecución, y los túneles quedaron relegados a los mitos y a las sombras. Sicarias floreció en la abundancia, pero el peligro de las fronteras nunca desapareció del todo.

Los sabios de la corte escribieron una profecía en las paredes del archivo real que pocos quisieron escuchar:

"Cuando el orgullo de la corona obliga a unir dos linajes rivales en un lecho sin amor, y cuando la desesperación de la guerra obliga al soberano a desenterrar lo que la tierra oculta, la primera chispa del Fuego Gris no quemará al enemigo... devorará al reino desde las entrañas"

Durante tres siglos, la advertencia permaneció dormida. Los hombres olvidaron el terror del monte Grim y las criaturas que acechaban más allá del paso de montaña.

Hasta que la guerra volvió a llamar a las puertas de Sicarias, y un joven rey, dispuesto a todo por defender a los suyos, marchó hacia las minas olvidadas sin saber que el precio de la victoria sería la pérdida absoluta de todo lo que amaba.




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