Señor Alfa, ¿quiere ser mi papá?

Capítulo 2: Algo no estaba bien

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Booz había sentido muchas cosas extrañas a través del Aire; tormentas antes de que aparecieran en el horizonte, cambios de presión capaces de anunciar un desastre y hasta el movimiento de alguien intentando cruzar los límites de su territorio sin ser visto.

Nunca había sentido unos pulmones pelear contra el aire de esa manera, mucho menos había sentido cómo dejaban de hacerlo cuando una niña tomaba su mano.

—Me llamo Booz.

Renata esperó unos segundos, como si quisiera obtener algo más de él, tal vez una explicación sobre por qué su hija había pasado de una saturación peligrosamente baja a respirar mejor después de tocarlo, Booz no la tenía y eso empezaba a molestarle.

Cloe continuaba aferrada a su mano mientras respiraba con menos dificultad. La pequeña cánula seguía enviándole oxígeno, pero ahora Booz podía percibir algo que antes se encontraba desordenado.

El Aire entraba, permanecía y eso era lo imposible. Durante la crisis había sentido cada respiración de la niña escapar casi inmediatamente, como si algo dentro de su cuerpo la rechazara. Sin embargo, desde que Cloe lo había tocado, la corriente había cambiado.

—Noventa y cuatro —murmuró Renata al comprobar otra vez el oxímetro. —Está mucho más estable.

La tensión en sus hombros disminuyó, Booz observó su rostro, había visto personas fingir tranquilidad muchas veces, pero Renata era especialmente buena haciéndolo.

Si no pudiera escuchar la velocidad de su respiración, quizá habría creído que realmente estaba serena. Cloe, en cambio, parecía haber olvidado que hacía pocos minutos no podía respirar.

—¿Tengo que ir al hospital? —preguntó mientras acomodaba la cánula sobre sus mejillas.

Las puertas del ascensor se abrieron antes de que pudiera analizarlo demasiado. Dos miembros de seguridad aguardaban afuera junto al equipo médico del edificio.

—Es lo que siempre hacemos Cloe.

La enfermera se acercó a Cloe, Booz bajó la mirada hacia su mano, la niña todavía la sostenía.

—Cariño —murmuró Renata mientras se inclinaba hacia ella. —deja que te revisen.

Cloe pareció recordar entonces que seguía aferrada a él. —Oh, sí es cierto, el señor miedoso.

Booz arqueó una ceja mientras la niña soltaba finalmente su mano. —Esperaba que ese apodo fuera un secreto entre nosotros.

—Yo no prometí nada.

Una sonrisa apareció en sus labios, pero desapareció apenas Cloe comenzó a alejarse junto a la enfermera, Booz lo sintió de inmediato: la respiración seguía estable, aunque el aire alrededor de la pequeña comenzó a perder el orden que había recuperado cuando ella lo tocó.

La corriente dentro de sus pulmones volvió a debilitarse, Booz frunció el ceño, no pensaba seguirla por todo el edificio solo para comprobar una teoría, extendió discretamente una mano junto a su cuerpo y dejó escapar una corriente ligera.

El Aire respondió.

Se deslizó por el pasillo, alcanzó a Cloe y la envolvió con tanta suavidad que ni siquiera movió su cabello y su respiración volvió a estabilizarse. Booz permaneció quieto, era interesante.

Podía mantenerla bien sin estar cerca, eso simplificaba las cosas. Renata caminaba junto a la enfermera, pendiente de cada movimiento de su hija, antes de doblar el pasillo miró hacia atrás.

Sus ojos encontraron los de Booz, él hizo un pequeño gesto con la cabeza. Renata respondió de la misma manera y continuó caminando, esperó hasta que desaparecieron de su vista.

—¿Señor? —Uno de sus asistentes permanecía junto al ascensor. —La junta lleva dos horas esperándolo.

Soltó un suspiro. —Qué tragedia. —El hombre pareció decidir que era mejor no responder.

Comenzó a caminar hacia la sala de reuniones mientras mantenía una parte de su atención sobre la corriente que había dejado junto a Cloe, seguía allí, estable, obediente como cualquier otra extensión de su poder, e entonces no había motivo para preocuparse.

—Llegas tarde. —Booz ocupó su lugar en la cabecera de la mesa y abrió la carpeta que habían dejado frente a él.

—Gracias por avisarme, pensé que todos habían llegado demasiado temprano. —Tomó la botella de agua y bebió casi la mitad. Le dolía la cabeza, tenía resaca y a su querida hermanastra se le había ocurrido la brillante idea de convocar una reunión a primera hora.

Valeska estaba sentada al otro extremo de la mesa, impecable como siempre y rodeada de documentos. Booz observó las carpetas frente a ella y comprendió que no lo habían esperado dos horas únicamente para reclamarle una tardanza.

—Quiero solicitar una revisión formal de tu permanencia como CEO. —Valeska empujó una carpeta hacia el centro. —Tus ausencias y tu manera de tomar decisiones sin consultar al consejo ya no pueden seguir ignorándose.

Booz hojeó los documentos sin demasiada preocupación. Su padre llevaba años muerto y aun así continuaba encontrando maneras de complicarle la existencia; primero le había dejado una familia que nunca pidió y después una empresa compartida con una hermanastra que deseaba su puesto.




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