Señor Alfa, ¿quiere ser mi papá?

Capítulo 4: Una oferta inesperada

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Renata permaneció junto a la salida con la mano de Cloe entre las suyas. La seriedad con la que Booz había pedido hablar consiguió detenerla, aunque no estaba dispuesta a permanecer allí indefinidamente después de una mañana que ya había resultado demasiado extraña.

—Cinco minutos —aceptó. —Después tenemos que irnos.

—Puedo trabajar con cinco minutos. —Booz señaló hacia el extremo cubierto de la terraza, donde comenzaba su oficina privada. —He tomado peores decisiones en menos tiempo.

Al escucharlo, Renata no supo si reír o considerar seriamente la posibilidad de marcharse. Cloe, en cambio, avanzó con curiosidad hacia el espacio y se detuvo apenas descubrió el escritorio.

La oficina se extendía entre cristales abiertos hacia la ciudad, sin una separación clara entre interior y exterior. El escritorio de cristal curvado parecía suspendido sobre una estructura metálica apenas visible, mientras estantes ligeros ascendían por una de las paredes con libros, carpetas y pequeñas esculturas distribuidas entre espacios vacíos.

—Mami, parece que flota. —Cloe rodeó un poco el escritorio intentando descubrir qué lo sostenía.

Renata también necesitó observarlo dos veces para comprender la estructura. Todo en esa oficina parecía diseñado para sentirse abierto, ligero y sin demasiadas barreras, como si quien la hubiera imaginado detestara cualquier cosa que diera sensación de encierro.

—No flota —respondió Booz mientras apartaba una silla para Renata. —Pero pagué suficiente para que pareciera que sí.

Cloe se agachó un poco para mirar la base. —Yo habría pedido uno que flotara de verdad.

—Por fin alguien comprende mis prioridades.

Renata contuvo una sonrisa y ocupó la silla frente al escritorio mientras Cloe se acomodaba a su lado. Booz rodeó la mesa y tomó su lugar al otro extremo, mucho más relajado de lo que ella esperaba de un presidente.

—Quiero hablar primero sobre su candidatura. —Booz entrelazó las manos sobre el cristal. —El puesto para el que vino no me parece adecuado para usted.

Renata sintió que la decepción llegaba antes de poder evitarla, realmente había esperado esa respuesta desde que mencionaron sus ausencias laborales, aunque le molestó comprobar que una parte de ella todavía había conservado esperanza.

—Entiendo. —Acomodó el bolso junto a su pierna. —Agradezco que me lo diga directamente.

—No creo que entienda todavía. —Booz arqueó ligeramente una ceja. —No estoy rechazándola del todo.

Antes de que pudiera preguntar, una corriente fresca recorrió la terraza. Fue breve, suficiente para rozarle los brazos y agitar las hojas de una planta cercana, pero desapareció con tanta rapidez que terminó atribuyéndola a la altura del edificio.

Unos minutos después, la puerta se abrió y uno de los hombres que había visto junto al ascensor apareció con una carpeta entre las manos.

—Lo que pidió, señor. —El asistente se acercó, dejó los documentos sobre la mesa y se retiró después de recibir un agradecimiento de Booz.

Renata siguió la carpeta con atención, había estado frente a él desde que llegaron a la terraza. Booz no había levantado el teléfono, enviado un mensaje ni pedido nada a ninguno de los empleados que habían pasado cerca.

—¿Ocurre algo? —preguntó él mientras abría la carpeta.

—No. —respondió rápido y decidió guardar la pregunta, ya tenía suficientes cosas que no comprendía como para añadir otra discusión sin importancia.

Booz extrajo varias hojas y las colocó frente a ella. —Hay una vacante administrativa en una de mis propiedades. Lleva varios meses sin cubrirse y su experiencia encaja bastante bien con lo que necesito.

Renata bajó la atención hacia el documento. Coordinación Administrativa — Residencia Aeris aparecía en la parte superior, seguido de una descripción de funciones mucho más extensa de lo que esperaba.

—¿Qué tendría que hacer exactamente? —preguntó mientras recorría las primeras líneas.

—Proveedores, contratos, compras, mantenimiento, agendas y coordinación del personal. —Booz señaló algunos apartados. —Nada muy diferente de lo que ya ha hecho, excepto que trabajaría fuera de estas oficinas.

Ella continuó leyendo hasta encontrar el apartado de horarios. —Aquí dice jornada flexible.

—Porque lo es, tendrá responsabilidades y fechas que cumplir, pero no me interesa contar cuántas horas pasa sentada frente a un escritorio. —Booz se acomodó contra el respaldo. —Si Cloe tiene una consulta médica, va con ella. Si necesita ausentarse, reorganiza su trabajo y me informa.

Renata dejó de leer.

El ofrecimiento parecía construido alrededor de todas las dificultades que habían provocado que otras empresas rechazaran su candidatura. Precisamente por eso, en lugar de tranquilizarla, despertó la desconfianza que llevaba años aprendiendo a escuchar.

—¿Hace esto con todos los candidatos que conoce en un ascensor? —preguntó mientras cerraba parcialmente la carpeta.

Booz soltó una risa breve. —No.




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