Señor Corazón [serie Las Marías #2]

Capítulo 17. Ojos color miel.

Abro lentamente mis ojos, y busco a Gustavo con la mirada, pero no está. Me siento en la cama, y una sensación de preocupación comienza a crecer en mí, pero él justamente ingresa a la habitación, me pongo de pie y lo abrazo. 

—¿Dónde te fuiste? Me estaba comenzando a preocupar. 

—Fui a ver unas cosas al auto. 

Dejo de abrazarlo, y él se me acerca para besarme, pero me cubro la boca. 

—¿Qué pasa? 

—No me he lavado los dientes. 

—No hay cepillo de diente. 

—Ya vengo. 

Corro al baño y me enjuago la boca, talvez me dejaría besar si me la hubiera lavado anoche, pero no lo hice. Me termino de enjuagar la boca, y me seco la cara. No es lo mismo, pero es más pasable. 

 

Salgo del baño y lo miro avergonzada. —¿Ya puedo besarte? 

—Sí. 

Se me acerca, me agarra de la cintura y me besa. 

—¿Tienes hambres? —pregunta sobre mis labios. 

—No. 

—Que bueno, porque no quería dejar de besarte —dice y procede devorar mis labios. 

[***] 

Termino de comer el pan dulce (que sobró de ayer), y Gustavo no deja de mirar mis labios. 

—¿Siguen hinchados? 

—Un poquito —responde con una grata sonrisa. 

—Oye... —me da pena preguntarle, pero vi en la tarjeta que estaba en la pequeña mesa y no decía hotel, sino motel —¿Esto no es un hotel? 

Él me mira fijamente. 

—Bueno, eh... no, pero sirve para dormir. 

He escuchado de los moteles, y para qué sirven, pero nunca había visto uno y ahora pues ya sé cómo son. 

—Sí, es cierto. 

—Deberíamos apurarnos, porque tu papá me debe de estar esperando con el sartén para lanzármelo por la cabeza. 

Papá está feliz por mi noviazgo, pero se la está poniendo difícil a Gustavo para ver que hace. 

—No te hará nada. 

—Si se enoja te robo y no te entrego, y si no me quiere ver no importa, al fin y al cabo ya te tendré conmigo. 

Toso, y él se acerca a mí dando suaves palmadas en mi espalda. 

—¿Te sientes mejor? 

—Sí... ¿En verdad me robarías? 

—¿Quieres que te lo demuestre? —me mira con seguridad. 

—Estoy segura de que si lo harías. 

—Vete preparando para huir si tu papá me dice algo —asiento. 

Con una sonrisa por parte de ambos seguimos comiendo, ya que tenemos que regresar. 

[***] 

GUSTAVO.

Ingresamos al auto y nos vamos del motel; jamás imaginé dormir en ese lugar, peor con Maluli, pero las circunstancias me obligaron. 

Después de una hora llego a la casa de mi suegro que me ha de querer medio matar por no traerle a Maluli, aunque cuando lo llamé se oía calmado. 

Agarro la mano de Maluli y junto ingresamos a la casa, y todos me miran. 

—Buenos días —doy una sonrisa a boca cerrada. 

—Buenos días para ti —dice Majo entre risa. 

—Gustavo, sígueme —dice mi suegro. 

Miro a Maluli, y con solo una mirada sabe lo que dije, ella asiente y sigo a mi suegro. Ingreso al despacho de él y tomo asiento. 

—Pensarás que no me agradas, pero no es así, me agradas mucho, pero... ya debes saber lo que le pasó a Maluli. 

—Sí. 

—Tengo miedo de que algún día su relación termine y ella sufra —él suelta un suspiro—. No te imaginas el dolor que viví cuando abusaron de ella, Maluli no quería que ni la tocara, sentía asco por mí... Fue tan difícil para ella permitir que la volviera a abrazar, pero poco a poco puede hacerlo de nuevo. Desde tu llegada ella se ha abierto más, y la veo muy feliz, pero así mismo como le haces bien, también le puedes hacer daño el día que deci... 

Entiendo su temor, debió ser muy duro para él sentir el rechazo de su propia hija. 

—Amo a Maluli, y yo no la quiero para un par de meses, yo la quiero a mi lado hasta que mis días terminen. 

Él me da una sonrisa. 

—Cuídala mucho, de toda mis hijas ella es la frágil. 

—Lo sé. Señor Mario, yo cuidare muy bien a Maluli, se lo juro. 

—Te confío a mi hija. 

—Gracias por la confianza. 

El señor Mario se me acerca y me da un abrazo. 

—Bienvenido a la familia, Gustavo. Al igual que a Mael, te considero como un hijo. 

—Muchas gracias. 

—Gracias a ti por hacer sonreír a Maluli... Ve con ella, debe de estar preocupada por ti. 

Dejo al señor Mario y camino a paso rápido hacia mi novia, al verme se pone de pie. 

—¿Qué pasó? 

—Ya no te robaré —musito. 

—Te dije que no te haría nada —la abrazo. 

Haber conocido a Maluli ha sido una gran bendición, la cuidaré siempre, y me la robaron tarde o temprano. 

Días después. 

—Gustavo, hasta cuando espero a que me presente a Maluli. 

—Mañana, es que ha estado ocupada con la revelación de sexo del bebé de Mael. 

—Ya quiero que sea domingo, estoy segura de que es niño, su barriga lo dice. 

—No sé, pero si tú lo dices debe ser así, mamá. 

—¿Te pasa algo? ¿Qué problemas tienes? 

—No soy yo, es Ismael. 

La llegada de Génesis (la ex de Ismael), le trajo problema y ahora está separado de Majo, y no solo eso, ella ya tiene un nuevo novio y eso a Ismael lo tiene mal. Mael hablo con Majo y al parecer iba a ver reconciliación, pero fue peor la cosa, y no sabemos que fue lo que pasó con Majo, ni cuál es el motivo por el cual no quiere saber nada de Ismael. 

—¿Qué le pasó? 

—Se enamoró, y pues las cosas no terminaron bien, y eso es toda la información que puedo decirte. 

—Espero que la cosas se arreglen, quiero verlos a todos felices. 

—Eso espero mamá. 

MALULI.

Majo me tiene preocupada, ahora ya tiene un novio, Samuel, ese es su nombre. Quiero preguntarle por Ismael, pero no quiero empeorar las cosas. 

Mi corazón se acelera ante el sonido ya conocido y rápidamente salgo de mi habitación, bajo la escalera y salgo de la casa. 

—Mi corazón —así lo suelo llamar. 

—Hola, mi hermosa obra de arte. 

Nos besamos, y nos abrazamos. 

—Estos días te he extrañado mucho, además las clases va a comenzar de nuevo y ya no serás mi profesor. 

Ya voy a ir a quinto quiquimestre, y ya no será mi profesor. 

—Yo extrañare verte tan concentrada en clase, pero lo bueno es que ya vas a otro año y estás cerca de tu objetivo. 

—Sí. 

—Mamá quiere verte —me comunica provocando que parpadee varias veces. 

—¿Tu mamá? 

—Sí... Ella te ha querido conocer desde hace algunas semanas, pero no quería incomodarte, por eso no te lo había dicho. ¿Quieres conocer a mamá? 

Me sudan las manos, tengo nervios de conocerla y no caerle bien, pero no puedo ser cobarde... Además, no creo que sea mala suegra como en los k-drama. 

—Está bien. 

—¿Te parece mañana en la noche? 

—Sí... ya quiero conocerla. 

—Vas a amar a mamá. 

—Si crío a un buen chico, debe ser un ángel de persona. 

—Lo es. 

Él me acerca más a su cuerpo y no quedamos junto bajo la luz de la luna. 

[***] 

Al día siguiente en la noche. 

Me termino de arreglar, me he puesto un vestido casual nada extravagante; me pongo un poquito de perfume y ya estoy lista para la cena. Gustavo me llama y contesto. 

Inicio de llamada.

—¿Ya estas lista mi hermosa obra de arte? 

—Sí. 

—Ya estoy cerca... ya llegué. 

—Ya bajo. 

Fin de llamada.

Me miro otra vez en el espejo y salgo de mi habitación. 

—Me voy —grito ya que mi familia ya están cenando. 

Salgo de casa y corro a los brazos de Gustavo y él me saluda con un gran beso. 

—Hermosa como siempre — me dice al terminar el beso. 

—Gracias. 

—¿Nos vamos? 

—Sí. 

Él me abre la puerta e ingreso al auto, él también ingresa y como siempre entrelaza su mano con la mía y nos vamos en dirección donde mi suegra. 

[***] 

Estoy frente la puerta del departamento donde vive mi suegra, y estoy muy nerviosa. La puerta se abre y una hermosa mujer de ojos miel, cabello corto hasta el hombro color avellana, y con una gran sonrisa me recibe; ella me mira fijamente y, se abalanza sobre mí y me abraza, y yo correspondo. 

—Eres muy linda —dice y me deja de abrazar—. Me da ternura verte, me llamo Wendy, soy la mamá de Gustavo, tu suegra. 

Ella me agrada mucho, su forma de ser es muy agradable. 

—Soy Maria Lourdes, pero puede decirme Maluli. 

—Gustavo me ha hablado mucho de ti —dice—. Pasen, no se queden ahí parados. 

Ingresamos al departamento. Llegamos a la sala y mis ojos visualizan a Javier que está sentado en el mueble con su iPad. 

—Ya debes conocer a Javier —él alza la mirada. 

—Sí. 

Ella se sienta y me hace seña para que me siente a su lado, y Gustavo se sienta con Javier. 

—¿Ya eres novia de Gustavo?—me pregunta Javier. 

—Sí. 

—Uhm, ¿qué le viste a Gustavo? 

—¡Javier! —lo regaña su mamá. 

—Solo quiero salir de dudas, yo no le veo nada lindo a Gustavo, a excepción de sus ojos, y eso es solo porque se parecen a los míos. 

Javier no deja de sorprenderme. Gustavo mira a Javier con diversión. 

—Le vi sus ojos, su forma de ser, su sonrisa y muchas cosas más, que cuando seas grande lo entenderás. 

—Bueno, cada quien con sus gustos. 

—Óyeme, soy igual de lindo que tú —declara Gustavo y Javier lo recorre con la mirada. 

—Sí, somos igual de lindo, y eso que a mí me falta crecer. 

Me río por lo bajo, en cambio, la señora Wendy se ríe a carcajadas. 

—No se burlen —dice mi novio. 

—Los dos son lindos —declara la señora Wendy entre risa. 

—Concuerdo. 

Gustavo sonríe y Javier únicamente nos ignora. 

—Oye, ¿cómo así no vino la urraca contigo? —pregunta sin dejar de jugar con él iPad 

—Pues... me olvide de invitarla, ¿la querías ver? 

—No, es que las veces que la he visto anda contigo, y hoy día no está volando a tu lado. 

Si hubiera invitado a Magi ya estuvieran peleando con Javier. 

—¿Quién es la urraca? —me pregunta mi suegra. 

—Es mi hermana menor —ella abre los ojos como platos y mira a Javier. 

—Javier, ¿por qué le dices urraca? 

—Porque habla mucho, las urracas hablan mucho y son molestosa, por eso la llamo urraca molestosa. 

—Maluli, disculpa a Javier, él es un poco complicado. 

—No se preocupe, esa es su forma de ser y eso lo hace único. 

No sé si estoy mal, pero vi que Javier sonrío. 

—Mamá, Magi también le puso un sobrenombre —Gustavo mira a Javier con cara de venganza. 

—No le digas Gustavo —pide Javier. 

—Dime Gustavo —pide mi suegra. 

Gustavo mira sonríe con malicia mientras ve a Javier. 

—Cavernícola sin corazón. 

Ella no pudo contener la risa y se río, mientras Javier se cruzó de brazos. 

—Le queda tan bien —dice entre risa—. Tengo que conocerla, ella ya se ha ganado un lugar en mi corazón. 

—La próxima vez que venga la traeré —digo. 

—Gracias Maluli, espero que sea pronto. 

—En la fiesta del domingo la puedes conocer, ella estará ahí… 

—Cierto... ¿La esposa de Mael también es tu hermana? 

—Si, ella es la tercera. 

—El domingo conoceré a tu dos hermanas. 

—Tengo dos más. 

—¿Son cinco? 

—Si, la mayor, y la que sigue después de Mafer. 

—Bueno, el domingo conoceré a la demás Maria... ¿Cenamos? 

—Si —dice Gustavo y Javier. 

—Si —digo apenada. 

—Vengan —dice esbozando una gran sonrisa. 

Ella se pone de pie y la seguimos al comedor, nos lavamos las manos y me ofrecí a ayudarla a servir la cena; ella se negó, pero de tanto insistir la convencí. 

Servimos la cena y nos sentamos a disfrutar de nuestra comida. Al terminar de cenar la regresamos a la sala y la señora Wendy comenzó a contar anécdotas de Gustavo y Javier la cuales son muy divertidas. 

La señora Wendy es mujer muy carismática y cariñosa, me la he pasado muy bien con ella, Gustavo y Javier. Tengo una nueva familia, y son está tres maravillosas personas de ojos color miel.
 




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