Señor Corazón [serie Las Marías #2]

Capítulo 18. Recuerdos dolorosos.

Días después.

Es la fiesta de la revelación de sexo del bebé de Mafer, la única que sabe si es niña o niño es Maru. Miro a Mael y Mafer, ellos son tan felices, y están tan emocionados por la llegada de su bebé. 

Siento como rodean mi cintura y besa mi mejilla.—¿Qué haces mi hermosa obra de arte? 

—Viendo a Mael y a Mafer, se ven tan felices. 

—Ellos se lo merecen. 

—Sí... ¿Y tu mamá? 

—Eso te venía a decir, y también vine a buscar a Magi. 

—Vamos a buscarla. 

Entrelazamos nuestras manos y vamos en buscar de Magi; ella está con papá haciéndole juego a Mario Ángel. 

—Magi. 

—Para que soy buena. 

—Alguien te quiere conocer. 

—¡¿Quién?! —pregunta emocionada. 

—Mi madre —dice Gustavo. 

—Si tu mamá está aquí, el cavernícola sin corazón también —mira atenta a Gustavo. 

—Sí. 

—Uhm, vamos, no quiero hacerla esperar. 

—Vamos. 

Los tres nos vamos, veo a Magi, hoy tiene su peluca rubia y con flequillo, y se ve muy linda. 

Veo la señora Wendy y ella se nos acerca a pasos rápidos y Javier camina a pasos lentos y con los brazos cruzados. Ella me saluda con un beso y fija su mirada en Magi. 

—¿Tú eres Magi? 

—Sí, es un gusto conocerla señora. 

—Eres igual de linda que tu hermana. 

—Usted es muy amigable, es como Gustavo, pero el cavernícola sin corazón no heredó eso de usted —manifiesta mientras fija su mirada en Javier. 

—Deja de hablar urraca molestosa —pide Javier serio. 

—Yo hablo lo que yo quiera, si no me quieres escuchar ponte un tapón en los oídos. 

La señora Wendy esta risa y risa; definitivamente, Javier y Magi son tan opuestos. 

—Eres espectacular Magi —le dice la señora Wendy. 

—Lo sé, solo que hay gente ciega que no ven mis cualidades. 

Todos miramos a Javier. 

—Yo veo muy bien —rueda los ojos. 

—No sabes nada gusto. 

—Ve a volar a otro lado urraca. 

—Tonto cavernícola sin corazón. 

Ambos se cruzan de brazos. 

—Magi, no le hagas caso a Javier, eres un ángel muy lindo. 

Magi le da una sonrisa. 

—Usted también, ¿quiere conocer a mi mamá? Es igual de bonita que usted. 

—Está bien. 

Magi le da la mano y se la lleva. 

—¡Mamá! —dice Javier. 

—Camina rápido Javier. 

—Esa urraca —dice y corre para alcanzar la señora Wendy. 

—Esos dos —suelta un suspiro de resignación. 

—Cuando sean grande cambiaran —argumento. 

—Ojalá... vamos. 

—¿Dónde? —pregunto incrédula. 

—A la casa de Mael, necesito besarte y hay muchas personas. 

—Así, sí. 

Caminamos a pasos rápidos e ingresamos a la casa para darnos nuestros buenos besos. 

Horas después.

La fiesta terminó, y en trascurso pasaron muchas cosas: Ana se emborrachó y se puso a cantarle a Juan Pablo, Majo se perdió, pero apareció junto a Samuel, el bebé Mafer es niño, papá se emborrachó etc. 

Me acuesto en mi cama y recibo los mensajes de Gustavo y le respondo. 

—Descansa mi corazón —le mando un audio. 

Él me manda un audio que dice: 'Tu también mi hermosa obra de arte, te amo demasiado. Sueña conmigo que yo soñaré contigo.' 

Le mando un sticker y con eso me despido de él, y me acuesto a dormir, porque mañana comienza de nuevo las clases. 

Al día siguiente.

Me levanté temprano, me arregle, chatee con Gustavo, desayune y me voy a la universidad con Maru y Majo. 

Al llegar Bárbara me recibe con un fuerte abrazo. 

—¿Por qué tan feliz? —miro la sonrisa de mi amiga. 

—Besé al profesor Robert. 

—¡Qué! 

Bárbara se ha acercado mucho al profesor Robert, y todos estos días de vacaciones se la pasó cerca de él. 

—Lo besé y él me correspondió. 

—¿Y qué más pasó? 

—Lo hicimos, tú ya sabes. 

—Pero ni novios son. 

—Y eso que, nos dejamos llevar por nuestros deseos, ¿acaso tú has deseado a tu novio? 

—No, no de esa manera. 

La única vez que tuve algún pensamiento raro fue cuando nos quedamos a dormir en el motel, pero ni tan malo fue, solo me dio nervios de quedarme en la misma habitación que él. 

—La cuestión es que lo hice y no me arrepiento de nada. 

—Bueno, tú sabrás lo que haces. 

—Maluli, él me hizo sentir que estaba en el cielo. 

Siento como mi estómago burbujea. 

—¿Te gusto todo lo que te hizo? 

—Sí. 

—Vamos al salón. 

No quiero imaginar cosas en mi cabeza. 

—Ok. 

Juntas vamos al salón, las clases comenzaron, pero no me puedo concentrar, no puedo dejar de pensar en las palabras de Bárbara. 

Horas después.

Mi jornada terminó, así que es hora de irme a casa. Bárbara se va con el profesor Robert y yo me quedo a esperar al chófer. 

—Maluli. 

—Óscar. 

—¿Debería estar enojado contigo? Espere tu respuesta y nunca la recibí. 

—Es que me olvide, además tampoco tenía tu número. 

Al día siguiente de que acepte la invitación de Óscar, me hice novia de Gustavo y me olvide por completo de él, además tampoco lo vi... bueno, es que en los tiempos libre me la pasaba con Gustavo. 

—No te preocupes... Felicidades por tu nuevo ciclo universitario. 

—Gracias. 

—Amor —miro a Gustavo. 

Él sale del auto y se me acerca, me agarra de la cintura y me da un beso posesivo. 

—Te extrañé —susurra sobre mis labios al cortar el beso. 

Escucho el carraspeo, y apenada miro a Óscar. 

—¿Se acuerda de Gustavo? 

—Sí, es tu amigo. 

—Su novio —vocifera Gustavo. 

—Felicidades por su noviazgo —dice con una sonrisa. 

—Gracias —digo y le devuelvo la sonrisa. 

—¿No vamos? —me pregunta Gustavo. 

—Sí... Fue un gusto verte. 

—Igualmente. 

Gustavo toma mi mano y caminamos hasta el auto; él me abre la puerta e ingreso, casi seguido él ingresa y rápidamente nos vamos. 

—Estoy celoso. 

—Uhm. 

—No me gusta verte cerca de él, no te estoy prohibiendo nada; es solo que no me agrada —declara. 

—Solo te amo a ti, y no debes de estar celoso. 

—Lo sé, pero ese tipo no me da buena espina. 

—Es porque no lo has tratado, él fue mi profesor y es muy buena persona. 

—Talvez sea porque no lo conozco, pero no necesito conocerlo. 

—Pueden ser amigo. 

—Basta con Mael, Ismael, Cristiano y Juan Pablo 

Me río para mí adentros, Gustavo se ve lindo cuando se pone celoso. 

—Dejemos de hablar de Óscar, mejor dime ¿dónde vamos? 

—A mi departamento, cocine para ti. 

Es la primera vez que voy a su departamento, bueno... es la primera vez que ingresaré a su departamento. 

—¿No quieres ir a mi departamento? 

—No es eso, es solo que el chófer me iba a recoger y no le he avisado que no me recoja aunque ya debe de estar en la facultad. 

—No te preocupes por eso, yo le avisé a Majo. 

—Entonces no hay problema. 

Unimos nuestras manos, mientras hablamos de mi día. 

[***] 

Mis manos me sudan, él abre la puerta de su departamento e ingresamos. Recorro con la mirada su hogar; es muy acogedor y espacioso, además las decoraciones son muy lindas. 

—¿Tú lo decoraste? 

—Sí. ¿Te gusta? 

—Sí, trasmite mucha tranquilidad. 

—Eres bienvenida, puede venir cuando quieras y a la hora que quieras. 

—Está bien. 

Él mete la mano a su bolsillo y saca una de las llaves. 

—Toma, es tuya. 

—Gracias. 

Me abalanzó sobre él, y él me alza; por alguna extraña razón rodeo su cadera con mis piernas y con mis brazos rodeo su cuello. 

—Todo lo que es mío es tuyo, Maluli —declara. 

—Te amo inmensamente. 

—Y yo a ti, mi hermosa obra de arte. 

Me acerco a sus labios y los beso, pero esta vez se siente diferente el beso, es una nueva sensación, pero me parece muy agradable. 

Han pasado unos minutos y no hemos dejado de besarnos, lentamente corto el beso y esta vez si es definitivo. 

—¿Comemos? 

—Sí. 

Lentamente, me suelta y mis senos rozan con su pecho y siento mucha pena por eso, apenas toco el suelo me alejo discretamente de él. 

—Voy a lavarme las manos. 

—Ok. 

Me lavo las manos y me la seco, voy al comedor y me siento, hoy no me ofrezco a ayudar porque no puedo dejar de pensar en él roce de mis senos con su pecho. 

Gustavo sirve el almuerzo y comenzamos a degustar de la comida. He descubierto que Gustavo cocina muy rico. 

—Sabe delicioso. 

—Me alegra mucho saber que te ha gustado. 

—Tu sazón me ha fascinado. 

—Cocinaré más seguido para ti. 

—Soy muy dichosa de ser tu novia. 

—Yo también, mi hermosa obra de arte. 

'Mi hermosa obra de arte' Es una de mis frases favoritas. 

Después.

Gustavo termina de pintar el cuadro y comienza a arreglar los materiales que ha utilizado, yo le ayudo a ordenar las pinturas, mientras él lava los pinceles. 

Terminó de ordenar las pinturas. Algo que me gusta mucho del departamento es esta parte donde es solo para pintar y también tiene una maravillosa vista que ayuda a inspirarte más. 

—Listo. 

Me acerco a él y limpio su cara, ya que tienen alguna mancha de pintura que saltaron cuando hizo los puntitos blancos que después difumaría para convertirlos en estrellas. 

—Te marchaste un poquito. 

—Sí... voy a darme un baño, ¿te quedas aquí o en la sala? 

—Aquí. 

Me da un beso en los labios. 

—No demoro mucho. 

Él se va y me siento a ver el paisaje de la ciudad. 

Llevo más de dos meses de noviazgo con Gustavo, y él me ha hecho y me hace muy feliz; él me trata con dulzura, y siempre está pendiente de que esté bien y sobre todo que me sienta cómoda. 

Desde que papá habló con Gustavo me deja quedarme más tiempo con él, e incluso me deja salir a cenar, pero siempre he regresado a dormir, la única vez que no lo hice fue cuando nos quedamos en el motel. 

Escucho el tono de llamada, y busco el celular, que no es mío. Encuentro el celular de Gustavo y veo el nombre de la pantalla. 

Mary=retrato. 

Salgo de el área de pintura y voy a su habitación... no sé cuál es, pero ingreso a la primera que veo. Abro la puerta y trago grueso al ver su dorso desnudo. 

—Maluli. 

—Eh... eh... te... te...

¡Habla bien Maluli! 

Le hago caso a mi subconsciente y hablo:—te están llamando. 

Él se acerca y no puedo dejar de mirar su cuerpo, siento un extraño cosquilleo es mi estómago. Gustavo coge el teléfono. 

—Gracias por traérmelo —solo asiento. 

Él abre la llamada y comienza a hablar, meneo mi cabeza y dejo de mirar su cuerpo, así que desvío la mirada y veo el cuadro que le regalé, me acerco y un lindo recuerdo vienen a mí. 

El señor corazón corresponde a tu amor.

GUS&MA

Toco el cuadro donde está expresado todo mi amor por él. 

—Maluli —me doy la vuelta de un solo, y mis ojos ven de cerca sus pectorales. 

Él me da una sonrisa que me derrite. Me atrevo a tocar sus pectorales y comienzo a subir mis manos mientras toco su fresca piel, rodeo su cuello y fijo mi mirada en sus labios y sucumbo ante las ganas de besarlo. 

Él me pega a su cuerpo y una extraña sensación de calor comienza a invadirme, siento el impulso de besarlo con más vehemencia y lo hago. 

Me adueñó de los labios de Gustavo, y él cede. Es nuevo todo lo que mi cuerpo está experimentado, pero a la vez siento como si estuviera siendo liberada de esas manos que me retuvieron para que abusaran de mí. 

Él me alza y rodeo su cadera con mis piernas, Gustavo camina y en cuestión de segundo mi cuerpo está en la cama, él deja de besar mis labios y se traslada hasta mi cuello, y comienza a besarlo. Cierro mis ojos y me dejo envolver de todo esas nuevas sensaciones. 

Se me escapa los jadeos muy seguidos, y más que quiera controlarlo me es imposible. Gustavo besa sobre mi blusa y comienza a descender hasta mi abdomen, siento su dedo rozando mi cuerpo mientras alza mi blusa y sus labios besan mi piel. 

¡¡No por favor!!!, ¡¡¡Suéltame!!! 

Ese hombre me toca, ese hombre me pega, ese hombre abusa de mí. 

—¡¡Detente!! —grito y lo empujo. 

—Maluli —miro a Gustavo. 

Él me mira con preocupación, llevo la mano a mi corazón y mi pecho no deja de subir y bajar. 

—Lo siento, yo... 

—No, el problema soy yo —digo entre lágrimas—. Yo soy la del problema —me rompo en llanto. 

Yo no pensé que esos recuerdos me atacarían en este momento, pensé que me había liberado de ellos, pero siguen presente y se empeñan en destruirme la vida. 

Lloro de impotencia, dolor y frustración. Gustavo me abrazo y correspondo. 

—No llores mi amor, yo estoy contigo. 

—Pero es que yo... esa noche yo... yo fui... 

—Tranquila, cuando estés calmada me hablas de eso, ahora solo piensa en mí, en nuestro amor, y en nuestros momentos juntos. 

Abrazo con fuerza a Gustavo, pero no puedo dejar de llorar. 

—Maluli, recuerda cuando nos conocimos, cuando nos volvimos al ver en el parque, cuando bailamos juntos, cuando jugamos en el parque de diversiones, el algodón de azúcar... 

Él nombra nuestro recuerdo y mi mente los reproduce, mi corazón se calma y mi alma se tranquiliza. Sigo recordando todos los momentos junto a Gustavo; es tan grande la tranquilidad que siento estando abrazada junto a él, mientras me lleno de lindo recuerdo que mis párpados comienza a pesarme. 

—No me dejes sola —susurro. 

—Jamás te dejaré, mi hermosa obra de arte. 

—Te amo demasiado, señor corazón.


4/7 💜

~cerezos




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