Señor Tentación [serie Las Marías #5]

Capítulo 3. El encuentro.

[***]

Llego al cementerio, han pasado más de 4 años de su muerte. Me acerco a la lápida y mi corazón duele. Un nudo se forma en mi garganta y aunque no quiera las lágrimas se me escapan. 

—Viejo, debes de estar enojado conmigo por irme de nuevo. Como quisiera que estuvieras aquí, regañando otra vez, pero lamentablemente no se puede. Espero que estés bien donde quieras que te encuentres. Quiero decirte que me haré cargo de la constructora y que cambié... bueno, no del todo, pero cambié —acaricio su nombre grabado en la lápida—. Te extraño mucho, y a pesar de que estuve lejos tu recuerdo siempre ha vivido en mi corazón... Viejo, te amo con el alma.

MARU.

—Gracias, sé que no es su día de trabajo, aun así, me lo vino a dejar —agradece, muy amable.

—No se preocupe, señor Carrera. 

—La dejo, señorita Castillo. Dígale al señor Leónidas que lo llamaré esta noche para comenzar el proyecto. 

—Lo haré. Gracias por su confianza en constructora Flores de Vargas. 

—Siempre hay que buscar calidad. Fue un gusto conocerla, señorita Castillo; nos vemos pronto. 

—Que tenga un buen viaje. 

—Gracias. Usted también tenga un buen viaje —le doy una leve sonrisa en gratitud.

El señor Carrera se va y suelto un suspiro de alivio. Me tocó venir como alma que lleva el diablo para entregarle los planos. ¿A quién se le olvida algo tan importante? Yo iba a pasar tiempo con Mario Ángel y ahora estoy a muchos kilómetros lejos de él; el avión de regreso sale mañana en la tarde, lo bueno es que está con Matías y así no se sentirá solo.

Salgo del aeropuerto, ya que tengo que buscar un hotel para pasar la noche. Para recompensar el no haber estado con mi hijo (sé que no es lo mismo, pero sé que le encantará) le llevaré varios recuerdos. 

[***] 

Dejo las cosas que le compré a mi hijo a un lado y me dejo caer en la cama. Estoy muerta de cansancio; recorrer la ciudad en tacos no es nada lindo para los pies. Descanso unos minutos y me siento, agarro mi celular y le hago videollamada a Mafer.

—Hola —saluda muy sonriente. 

—Hola, ¿dónde está mi Ángel? —Quiero ver a mi hijo. 

—Jugando con Matías y Sebastián. Ya lo llamo... ¡¡Mario Ángel, te llama tu mamá!! —suelto una risa—. No dijiste cuando regresabas. 

Solo dejé a Mario y me despedí por ahí mismo porque ya estaba con el tiempo en contra. 

—A la tres de la tarde sale el avión, estoy llegando a las 8 de la noche — si me fuera en auto me tardaría una eternidad.

—Entiendo. 

—¡Mamá! — Mafer le entrega en el celular a Mario Ángel y se me quita en cansancio con solo ver su bella sonrisa.

—Mi Ángel, ¿te has portado bien? —Conozco a mi hijo. 

—Sí, si quieres puedes preguntarle a la tía. ¿Verdad tía?

—Se ha portado muy bien —manifiesta Mafer. 

Mario Ángel es muy intrépido, además papá lo ha malcriado mucho. 

—¡Qué bueno!

—Mamá, ¿me traes un dulce? —Me da una tierna mirada que me convence.

—Te llevaré muchos —aseguro. 

Le llevaré bastante porque sé que le dará a Matías y Sebastián, ya que no me gusta que coma mucho dulce porque después le duele la barriga. 

—¡Eres la mejor mamá! —Mi niño es lo más bello que yo tengo, y me siento muy bendecida de tenerlo.

CRISTIANO. 

Llego a la casa de Mael y, no sé si fueron los niños, pero la puerta está abierta. Ingreso y de paso la cierro. Camino hasta la sala y ahí están ellos; mis amigos.

—Cuando Mael me dijo que regresaste no lo creía, pero aquí estás después de 4 años —dice Isma. 

—Yo sabía que ibas a regresar por lo de Maite, pero no pensé que regresaría antes —manifiesta, Gustavo. 

—Yo soy una caja de sorpresas —los saludo con un fuerte abrazo. 

—Estamos muy contentos de que estés de regresos —asevera, Gustavo. 

—¡Esto hay que celebrarlo! —Declara Isma.

—Concuerdo —apoyo, mientras los dos casados se rascan la nuca. 

—No van a tomar, solo vamos a busca una víctima —aseguro. 

—O dos —agrega Isma con una sonrisa perversa. 

—Alguien quiere morir —escucho a la cuñada. 

—Solo los solteros andarán con chicas, los casados solo beberán refrescos y no hablarán con nadie —corrijo antes de que termine sin cabello. 

—Yo confío en Mael, pero no en las chicas, pero bueno, él tiene mi permiso —miro a Maelo; es mi momento de burlarme. 

—Porque mi pana, es mandarina —esa frase la aprendí cuando fui a Latinoamérica. 

Maelo me da esa mirada de regaño que ya extrañaba. Me río e Isma y Gustavo también; extrañaba estos momentos con ellos.

—Definitivamente, hay cosas que no cambian. 




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