Sentimientos

CAPITULO 35- Cristopher Allen

No le había contado a Jaylin que acepté las prácticas Allen por ella.

Y no pensaba hacerlo.

No porque me avergonzara.

Tampoco porque me arrepintiera.

Simplemente sabía cómo reaccionaría.

Primero se enfadaría.

Después diría que no necesitaba que nadie resolviera sus problemas.

Luego intentaría convencerme de que abandonara las prácticas, aunque eso significara perder la posibilidad de participar en Corazones de Invierno.

Jaylin era capaz de renunciar a su propio sueño con tal de no sentirse en deuda con alguien.

Por eso guardé silencio.

—¿Cristopher?

Levanté la cabeza.

El coordinador de las prácticas Allen esperaba frente a mi escritorio.

—¿Terminaste el informe?

Miré la pantalla.

La mitad de las casillas seguía vacía.

—Casi.

—Eso significa que no.

—Significa que estoy construyendo una respuesta más completa.

El coordinador levantó una ceja.

—Tienes veinte minutos.

—Será suficiente.

Se alejó.

Esperé hasta que dejó de mirarme y saqué discretamente el celular.

Tenía abierta una lista de gastos.

Transporte.

Hospedaje.

Alimentación.

Materiales para los ensayos.

Había copiado las cantidades de las hojas que Jaylin tenía en la biblioteca.

No estaba orgulloso de haberlas leído.

Pero tampoco podía olvidar su expresión al mirarlas.

La producción la había seleccionado.

Ese debía ser uno de los mejores días de su vida.

En cambio, Jaylin parecía a punto de llorar porque no sabía cómo pagar lo necesario para presentarse a la siguiente fase.

Yo había entrado a las prácticas pensando que el dinero solucionaría el problema.

El primer pago llegaría al terminar el mes.

No era una fortuna, pero podía cubrir una parte importante del viaje.

El problema era conseguir que ella lo aceptara.

Imaginé la conversación.

“Toma, Jaylin. He estado trabajando en secreto para pagar tus gastos.”

Probablemente me lanzaría el dinero a la cara.

O me golpearía con la carpeta.

Quizá ambas cosas.

Guardé el celular cuando alguien ocupó la silla de al lado.

—¿Calculando cómo convertirte en millonario? —preguntó Andrew.

—No.

—Entonces estás calculando algo relacionado con Jaylin.

Lo miré.

—¿Por qué todos creen que pueden saber lo que pienso?

—Porque escondiste el celular como si estuvieras cometiendo un delito.

—Podría estar cometiéndolo.

—No tienes suficiente imaginación.

Zacarías se sentó frente a nosotros.

Parecía cansado.

—¿Qué hacen?

—Cristopher intenta financiar el sueño de Jaylin sin que ella lo descubra —respondió Andrew.

—Habla más bajo.

Zacarías me observó.

—No va a aceptar el dinero.

—Gracias por tu optimismo.

—Melody tampoco lo aceptó.

Su expresión bastó para comprender que no había terminado bien.

Andrew apoyó los brazos sobre la mesa.

—Madison tampoco habría aceptado que yo le pagara la universidad.

—Esto es diferente —dije.

—¿Por qué?

—Porque Jaylin no tiene que pagar una universidad completa. Solo necesita cubrir algunos gastos.

—Eso no cambia lo que sentirá —respondió Andrew—. Pensará que te debe algo.

Miré otra vez la lista.

—No le pediría nada.

—Tú lo sabes —dijo Zacarías—. Ella no.

Odiaba que tuvieran razón.

—Entonces, ¿qué se supone que haga?

—Preguntarle qué necesita —contestó Andrew.

—Dirá que nada.

—Probablemente.

—Qué útil.

Zacarías señaló mi celular.

—Busca algo que pueda ganarse ella.

—Ya fue seleccionada. El problema son los gastos.

—Puede haber ayudas para los participantes —dijo Andrew—. Fondos de producción, adelantos, alojamiento compartido.

No había pensado en eso.

Había estado tan concentrado en reunir dinero que no busqué otra solución.

—¿Creen que la producción tenga un fondo?

—No lo sabrás si no preguntas —respondió Andrew.

—¿Y qué digo? ¿Hola, quiero información para una chica que no sabe que estoy investigando su vida?

—Podrías preguntar de forma general —dijo Zacarías.

El coordinador golpeó suavemente mi escritorio.

—Quince minutos.

Cerré la lista.

—Voy a terminar esto.

Andrew sonrió.

—¿El informe?

—La búsqueda.

—Vas a perder las prácticas antes de recibir el primer pago.

No respondí.

Porque era posible.

***

Esa tarde envié un correo a la producción de Corazones de Invierno.

No mencioné a Jaylin.

Pregunté si existían apoyos económicos para participantes seleccionados que no pudieran cubrir transporte, hospedaje o materiales.

La respuesta llegó al día siguiente.

No ofrecían una beca completa.

Pero tenían un programa de apoyo limitado.

Podían cubrir parte del alojamiento y facilitar el transporte si el participante demostraba necesidad económica.

También existía la posibilidad de solicitar materiales prestados durante los ensayos.

Leí el mensaje tres veces.

No resolvía todo.

Sin embargo, reducía bastante la cantidad que Jaylin necesitaba.

El problema era que la solicitud debía enviarse en cuatro días.

Y necesitaba contarle.

La encontré después de clases, sentada en las gradas del patio con una carpeta sobre las piernas.

—Hola, Uniqua.

Jaylin ni siquiera levantó la cabeza.

—No.

—Todavía no he dicho nada.

—Te conozco.

—Eso sonó importante.

—No lo era.

Me senté a su lado.

Cerró la carpeta demasiado rápido.

—¿Qué escondes?

—Nada.

—Esa respuesta nunca significa nada.

—Tal vez debería empezar a usarla más para confundirte.

Intenté tomar la carpeta.

Jaylin la apartó.

—No la toques.

—Entonces sí escondes algo.

—Son documentos del proyecto.




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