Sentimientos

CAPITULO 36- Jaylin Evanson

El enlace permaneció abierto en la pantalla durante casi veinte minutos.

No había escrito una sola palabra.

Programa de apoyo para participantes seleccionados.

Debajo aparecían varias preguntas.

Ingresos familiares.

Gastos mensuales.

Personas que vivían en casa.

Motivo por el que solicitaba ayuda económica.

Me quedé mirando la última.

¿Por qué necesita este apoyo para participar en Corazones de Invierno?

Sabía la respuesta.

No era porque mis padres no tuvieran dinero.

Era porque no querían gastarlo en algo que consideraban una pérdida de tiempo.

Eso era peor.

Al menos, si no pudieran pagarlo, no sentiría que estaban eligiendo no hacerlo.

Cerré la computadora.

Duré menos de un minuto antes de volver a abrirla.

La fecha límite era en cuatro días.

Podía fingir que no había visto el correo que Cristopher consiguió.

Podía decir que había cambiado de opinión.

Podía renunciar antes de que mis padres volvieran a recordarme que actuar no era un futuro.

Pero entonces tendría que vivir sabiendo que no lo intenté.

Regresé a la pregunta.

“Solicito este apoyo porque…”

Borré la frase.

“Mis padres no quieren…”

También la borré.

Sonaba infantil.

Como si estuviera acusándolos porque no me daban lo que quería.

Pero no era un capricho.

Me habían seleccionado.

Alguien había visto mi trabajo y había decidido que merecía continuar.

Aun así, para mis padres, aquello seguía siendo un juego.

Cerré la página y caminé hacia la cocina.

Mi madre estaba sentada a la mesa revisando unas cuentas. Mi padre miraba algo en su teléfono.

—¿Ya terminaste las tareas? —preguntó mi madre.

—Casi.

—¿Qué falta?

—Un formulario de Corazones de Invierno.

Mi padre levantó la mirada.

—¿Todavía sigues con eso?

La pregunta me dolió más de lo que debería.

—Me seleccionaron para la siguiente fase.

—Eso ya lo dijiste —respondió—. Pero también dijiste que había que pagar.

—Hay gastos de transporte, hospedaje, comida y materiales.

Mi madre cerró la libreta.

—¿Cuánto?

—Bastante.

—Entonces no entiendo por qué sigues llenando formularios.

—Porque hay un programa de apoyo.

Mi padre soltó el teléfono sobre la mesa.

—Jaylin, ya hablamos de esto.

—No, ustedes hablaron. Yo solo escuché cómo decidían que no valía la pena.

Mi madre frunció el ceño.

—No empieces.

—No estoy empezando nada.

—Entonces entiende que no vamos a gastar dinero en algo que no te garantiza un futuro.

—Nada garantiza un futuro.

—Una carrera seria al menos te da opciones —dijo mi padre—. Actuar no.

Sentí que algo se tensaba dentro de mí.

—Hay personas que viven de eso.

—Muy pocas.

—También hay personas que estudian otras carreras y no consiguen trabajo.

—Eso no cambia que necesitas ser realista.

Realista.

Siempre utilizaban esa palabra cuando querían decir que debía abandonar algo.

—Me seleccionaron —repetí.

Mi padre suspiró.

—Eso no significa que vayas a convertirte en actriz.

—Nunca dije que lo significara.

—Entonces, ¿por qué quieres gastar tanto?

—Porque es una oportunidad.

—Para perder clases, viajar y jugar a ser actriz —respondió.

Mi madre le lanzó una mirada, pero no lo corrigió.

Eso fue suficiente.

—No es un juego.

—Para ti no —dijo ella—. Pero no podemos fingir que es una profesión segura.

—¿Y si quiero estudiar actuación?

El silencio cayó sobre la cocina.

Mi madre fue la primera en responder.

—No vamos a pagarte una carrera así.

Aunque ya lo sabía, escucharlo en voz alta fue diferente.

—¿Por qué?

—Porque no queremos que desperdicies años en algo que quizá no te permita mantenerte.

—Es mi vida.

—Y mientras dependas de nosotros, también es nuestra responsabilidad.

—¿Su responsabilidad es decidir por mí?

—Nuestra responsabilidad es evitar que cometas un error.

Me reí sin humor.

—Claro. Porque querer algo diferente es un error.

Mi padre negó con la cabeza.

—Puedes actuar como pasatiempo. Pero necesitas estudiar algo de verdad.

—Actuación es algo de verdad.

—No vamos a discutir.

—Nunca quieren discutir porque ya decidieron.

Tomé una botella de agua.

—No les estoy pidiendo que paguen todo.

—No vamos a pagar nada —dijo mi padre.

Mi mano se detuvo.

—¿Nada?

—No quiero que después digas que te apoyamos en una decisión que puede perjudicarte.

Lo miré fijamente.

—Entonces prefieres que renuncie.

—Prefiero que pienses en tu futuro.

—Eso estoy haciendo.

—No. Estás pensando en lo que te gusta.

Como si ambas cosas no pudieran ser lo mismo.

Regresé a mi habitación antes de decir algo peor.

Cerré la puerta y abrí nuevamente la solicitud.

Ahora la respuesta era clara.

Mi familia podía ayudarme.

Simplemente no quería hacerlo.

Mis padres no creían que Corazones de Invierno fuera importante.

Tampoco pagarían una carrera de actuación.

Si quería intentarlo, tendría que encontrar la forma sola.

Escribí:

“Solicito este apoyo porque no cuento con respaldo económico familiar para participar. Mis padres consideran que la actuación no es una opción profesional y han decidido no financiar los gastos relacionados con este proyecto.”

Leí la frase.

Me ardían los ojos.

La borré.

La volví a escribir.

No estaba dando lástima.

Estaba diciendo la verdad.

Añadí:

“Fui seleccionada por mi trabajo y deseo continuar en el proceso. Este apoyo impediría que la falta de respaldo familiar me obligue a renunciar a una oportunidad que puede ayudarme a desarrollar mi futuro artístico.”




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