¿ Será Amor?

CAPÍTULO 5: SEGURIDAD

He dado mil vueltas en mi cabeza toda la noche. Solo me rondaba una idea: ¿por qué mi tonto hermano se comporta conmigo así?

Sentía un nudo enorme, inmenso, que estaba en mi cabeza, en la garganta y en la barriga.

Lloraba como nunca.

¿Acaso no soy suficiente?

Si soy suficiente, ¿por qué la gente me trata así? No sé cuál es el problema en mí.

Qué estúpido es tener que encajar en esta sociedad siendo y actuando como alguien que no eres tú. Todos tenemos unas cualidades que nos hacen ser diferentes, pero la gente busca tener los mismos pensamientos, gustos y demás para poder encajar en la sociedad.

No podía dejar de llorar y odiarme. Y ¿por qué? ¿Por ser quien soy?

Quiero que la gente me acepte siendo yo y no alguien que no soy en realidad.

Estaba amaneciendo. Seguía llorando con mi música y me apeteció ver el amanecer antes de prepararme para la universidad y para el gran día. Hablando con Katia, ordené mis pensamientos sobre lo que iba a hacer hoy.

Una vez lista, bajé. Estaban mi madre y mi hermano. No está todas las mañanas mi mamá, ya que ha de trabajar, pero las mañanas que sí está, le gusta desayunar en familia.

—Buenos días, hija —dijo mamá mientras ponía el desayuno en la mesa.

Ethan estaba allí sentado, viendo un vídeo y riéndose.

Lo miré con odio.

—Pero hija, ¿qué te ha pasado? —dijo con cara de decepción.

Yo solo la miré, a punto de estallar a llorar. He de decir que una madre nota cuándo su hijo o hija está mal, pero mis pintas no ayudaban mucho.

Como pueden imaginar, tenía mal aspecto: los ojos hinchados de tanto llorar, unas ojeras enormes que hacían resaltar el tono claro de mis ojos y el pelo... Nunca me hago unos peinados del otro mundo como otras chicas; siempre me hago un peinado simple.

Hablé con mi madre sobre Katia sin mencionar lo que me hacía Ethan. Cuando me tranquilicé, vi que Maya me había llamado dos veces. Se hacía tarde.

Salí lo más rápido que pude y nos fuimos. Durante el trayecto hablé con Maya de lo que iba a hacer con Katia.

—Ayla, ¿segura que lo vas a hacer?

—Sí, Maya —dije en un tono seguro. En realidad, por dentro no lo estaba—. Si no pongo fin ahora, esto va a durar para siempre.

Maya asintió.

Al llegar, estaba allí. Sí, la top model y... espera, ¿Elliot?

¿Qué hace Elliot coqueteando con Katia?

Miré a Maya y vi cómo estaba mirando a James, que también estaba allí hablando muy cariñosamente con Chloe.

Maya es mi amiga, pero en ese momento solo estaba pensando en vengarme de Katia.

En mi mente tenía claro lo que iba a decir.

—¡Eh, tú! Maléfica top model, como no dejes de molestarnos te voy a destruir esa cara bonita y sí que vas a parecer un monstruo.

¿Suena bien, no? En mi cabeza sí sonaba bien.

Cuando me acerqué, noté cómo Elliot me miró. No hice ni el mínimo caso. ¿Cómo puede una persona advertirme de Katia y al día siguiente estar coqueteando con ella?

Yo me centré y, con una voz casi grave, dije:

—Hola, Katia. ¿Podemos hablar?

Ni siquiera me miró y siguió con lo suyo. Solo Elliot dejó de hablar. Podía notar su incomodidad.

—¿Katia? —repetí.

—Ay, niñita, ¿acaso no te cansas de humillarte? ¿Crees que voy a hablar contigo? Anda, vete a casa a jugar con tus muñecas.

—Pero, Katia, necesito hablar. Además, no juego a muñecas.

—¿Ah, no?

Sacó mi muñeca delante de todos y todos comenzaron a reírse. Y cuando digo todos, es todos, incluso la gente de nuestro alrededor.

No me lo podía creer.

Ethan le había dado mi muñeca.

Cogí la muñeca, rompí a llorar y salí corriendo.

Maya me persiguió y no fue a clases ese día por mí.

Al llegar a casa, Maya y mi madre me hicieron compañía. Se lo conté todo.

Ellas me ayudaron a poner el candado en mi puerta. Les di una copia a Maya y a mamá por si yo la perdía. Eso sí, les exigí que la guardaran en una caja fuerte, lejos de Ethan.

Varios días más tarde, seguía mal en casa. Maya vino, pero aunque era buena compañía, necesitaba estar sola. Ella me entendió. La llamé durante esos días, pero prioricé ese tiempo para mejorar mi ánimo.

Mamá regañó a Ethan. No le dejó salir durante un mes con sus amigos. Para mí, no era un castigo merecido para él. Creo que mamá debió hacerlo de otra manera. En fin.

<<TIMBRE DE LA PUERTA>>

Sonó seis veces.

Entendí que mamá no estaba y Ethan estaba jugando, así que bajé yo para abrir, sin saber que lo peor estaba por llegar.

Abrí y me quedé paralizada.

—Mira, siento lo que pasó —hizo una pausa—. ¿Contentos? —dijo Katia mirando a sus padres.

No me creía que la hubieran obligado a venir. Mi madre, cuando se enteró, habló con la universidad. Yo no quería que lo hiciera, pero lo hizo. Supongo que ellos se lo comunicaron a sus padres y por eso estaba aquí.

—Ayla, bonita, sentimos lo sucedido con nuestra hija. No volverá a pasar —dijo su madre sonriéndome mientras yo todavía seguía paralizada—. Te aseguro que va a recibir su merecido por nuestra parte —dijo su padre mirando mal a Katia.

No sabía qué hacer. Solo cerré la puerta y vi cómo Katia me miró mal.

No puede ser. Me la va a devolver. Por favor, que no haga nada.

Seguí llorando. Estuve dos días más así en casa.

Luego volví.

Mi madre no fue esa mañana a trabajar para desearme un buen día y Maya vino a por mí como antes.

Durante el trayecto hablamos de mí.

Al llegar parecía estar todo más calmado.

Bueno, casi calmado.

Vi a Elliot delante de mi taquilla despegando un papel en el que aparecía yo llorando cuando pasó lo de la muñeca. Noté su ira dentro, pero igualmente no me fío de él.

Vi cómo Katia pasaba por allí y me hizo una de sus sonrisas maléficas. Me percaté de que estaba por toda la universidad.

Me acerqué a mi taquilla.

—Elliot, por favor, sal de aquí. Ya me encargo yo —dije en un tono fuerte y sin siquiera mirarlo.




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