¿ Será Amor?

CAPÍTULO 6: LA MUÑECA

—¿Elliot? —quería cerrar la puerta en sus narices.

—Ayla, ¿cómo estás? —dijo con su sonrisa. No puedo negar que es atractivo, aunque me hizo daño.

—Elliot, gracias por tu amabilidad, pero no quisiera hablar. Con permiso.

Iba a cerrar la puerta, pero él la paró.

—Ayla, por favor. Déjame contarte algo, por favor, y me voy.

Lo quedé mirando. Sentía esas ansias que tenía por hablarme.

¿Qué es tan urgente?

—Verás, Elliot...

—Será rápido, lo prometo. ¿Puedo pasar?

Asentí.

Fuimos al jardín, junto a la piscina.

—Mira, Ayla, a lo mejor me viste con Katia. No es lo que parece —dijo, como si tuviera que darme explicaciones.

—Elliot, no es mi asunto. Tú y Katia... quiero decir, si os gustáis, no voy a hacer nada. Es más, no me incumbe.

—Pero, Ayla, no hice nada. Entre Katia y yo no hay nada. El día que nos viste, estaba hablándome porque le estaba diciendo que su comportamiento no era adecuado.

—Elliot...

—Sí, ya lo sé, no te importa, pero quería que lo supieras. Me dolió lo que te hicieron.

Puso esa carita y mi corazón no resistió.

—¿Puedo preguntarte algo? ¿Era tuya?

—¿Qué cosa, Elliot?

—La muñeca. ¿Era tuya? No lo pregunto para reírme, de verdad, solo es curiosidad. Mi hermana mayor, Marie, tenía una parecida y, al verla, creí que la había cogido de mi casa.

Reímos los dos, aunque no me sorprendería que Katia allanara casas ajenas.

—Verás, no suelo contarlo.

—Te prometo que no diré nada, Ayla.

—Esa muñeca me la regaló mi padre antes de fallecer. Él me llamaba «muñeca». Escogió esa porque estuve insistiendo en que quería una muñeca rubia y perfecta. Y esta... esta se parece a mí, según mi padre. Para él era perfecta, aunque esta no tiene los ojos de distintos colores como yo.

Nos reímos mientras me limpiaba las lágrimas que se me habían escapado al contarle la historia.

—Sabes, Ayla... —dijo mientras se acercaba a mí—, eres una chica increíble, muy fuerte y valiente. Eres especial, ¿sabes? No pareces como las demás. No te gusta llamar la atención y, no solo eso, eres diferente.

Me quedé observándole el rostro durante unos instantes. No sabía si iba en serio lo que me decía. Veía esos labios grandes, pero bonitos; esos ojos tan bonitos, su pelo...

Ya saben el típico momento, ese momento del beso.

No, no pasó.

Me hubiera gustado, supongo, pero no pasó. En ese momento llamó Maya. Estaba llorando.

—Maya, te llamo en un rato —dije mientras pensaba en qué podría pasar o si me besaría por fin.

No soy de esas, pero con Elliot siento una conexión.

—Ayla, por favor, necesito hablar. Iba a casa de James, le quería dar un regalo. Pero él me la dio a mí. Chloe fue a su casa. ¡Chloe, Ayla, Chloe! —dijo mientras lloraba y gritaba.

Tuve que posponer nuestra conversación con Elliot. No quería, a decir verdad, pero Maya me necesitaba, así que me despedí y fui para su casa.

Él me acompañó, ya que estaba al lado, y se despidió dándome otro abrazo.

Qué bien huele este chico, por Dios.

¿Me hubiera besado?

—Maya, soy yo —dije entrando en su casa.

Podía oír a Maya llorar. Subí las escaleras y la vi allí, sentada en el suelo con una fotografía de James y ella juntos.

Logré tranquilizarla, aunque ella había quedado con James para hablar por la noche. Iban a ir a cenar juntos.

Yo aproveché para hacer mis cosas. Me sentía feliz. Estaba en casa organizando mi habitación, viendo una serie, hasta que oí unos pitidos de un coche.

Me asomé.

¿Katia?

¿Otra vez ella?

Si se han cansado de oír su nombre tantas veces, imagínense a mí. Pero lo que me pareció extraño era que Elliot saliera.

No sabía qué estaba pasando. Apenas podía oír con la ventana un poco abierta.

Parecían pelearse.

¿Será por mí?

No creo. ¿Por qué habría sido por mí? Si fuera así, hablarían mañana.

Allí sí sospeché.

Vi cómo Katia le robó un beso a Elliot.

Sentí cómo me humillaba. ¿Cómo podía creer que Elliot se interesaría o me besaría? Está claro a quién prefiere.

No sé por qué me habla a mí. Tenía el pensamiento de que estaba jugando conmigo para satisfacer a Katia.

Lo tenía más claro que nunca al ver el beso.

Me senté en mi cama y analicé la situación. Empecé a llorar de nuevo. No podía hablar con Maya, ya que no estaba sola y sé que está ocupada.

Y dije:

Se acabó.

No más sentimientos hacia Elliot. Es más, hacia nadie. Y nada más con nadie.

No necesito que jueguen y me usen de esta forma.

Al pasar la noche en vela otra vez, decidí no ir, pero luego me acordé de que Maya, a lo mejor, querría hablar conmigo. Entonces decidí ir.

Hablé con Maya. También vi a la top model.

Elliot me saludó, pero yo claramente pasé de él. Él insistía y yo me negaba.

Estaba en clase de química, otra vez.

—¿Qué te pasa, Ayla? —dijo Elliot.

Yo no respondí.

—¿Es por Katia?

Yo solo lo miré y le dije:

—Elliot, no me hables más, por favor.

No paraba de pedirme una explicación. No quería responderle.

Esa tarde vino a mi casa. Me llamó, insistió en verme, pero yo no hice caso.

Así fueron pasando mis días durante una semana, sin exagerar. Él me molestaba para hablar y yo solo lo ignoraba.

El día de la feria llegó.

Toda la ciudad se reunía allí con sus familias y amigos. Había atracciones, animales, puestos de comida, bailes, música, cantantes...

No estaba ilusionada por ir, pero debía ir. A mi madre le hacía ilusión.

Suerte que nos daban tres días de vacaciones en la universidad por la feria. Es lo único que me alegró.

Mi familia y la de Maya fuimos juntos. Era divertido, solo que Ethan estaba solo, bueno, en el móvil, sin querer comunicarse con nosotros.

Cuando llegamos, Ethan no tardó en irse con sus amigos. Maya solo veía a James, aunque él pasaba de ella. Lo habían dejado, al parecer.




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