¿ Será Amor?

CAPÍTULO 8: EL SENTIMIENTO

Amaneció y mi alarma sonó.

Todavía estaba mala y sentía malestar. Quería saber qué era lo que Elliot quería contarme, pero no podía ir a verlo estando así.

A lo largo del día, decidí escribirle para vernos un rato y hablar. Cuando cogí el móvil para escribirle a Elliot, vi que tenía muchos mensajes de Maya.

<<Ayla, es urgente. Llámame, por favor.>>

<<Ayla, respóndeme, por favor.>>

¿Qué era tan urgente?

¿Por qué me había escrito tantas veces para que la llamara?

No me lo pensé más y la llamé. Cuando escuché lo que Maya me estaba contando, no podía creerlo.

—Ayla, Katia os vio a Elliot y a ti juntos. La escuché hablar con las otras chicas en los baños, aunque ellas no sabían que yo estaba allí. Estaban hablando de que Katia intenta robarte a Elliot. No le gusta que nadie se acerque a ti. Dijo que ella lo besó y que él la apartó. Se nota que está molesta y ha dicho que hará lo que sea para que no volváis a hablaros.

¿Elliot había apartado a Katia?

Es verdad que aquel día no me quedé mirando durante mucho tiempo, porque no podía creer lo que estaba viendo. Pero ¿por qué Katia se comportaba así?

—Y eso no es todo, Ayla. Katia ha estado burlándose de ti y contándoles a todos que te gusta Elliot. Cuando Elliot se dio cuenta, se molestó con ella y se fue de la universidad para alejarse de esa situación. Por lo visto, dijo que solo quería estar en paz, lejos de gente como ella.

Estuve hablando con Maya mientras intentaba asimilar todo lo que me había contado. Sin embargo, no podía dejar de pensar en Elliot y en lo que había sucedido entre él y Katia.

Cuando colgué, decidí llamarlo.

Me dijo que estaba en el mirador al que habíamos ido el día de la feria y que, si quería, podía ir allí para estar con él y hablar.

Me preparé para salir y, cuando abrí la puerta de casa, lo vi sentado en la entrada.

—¿Elliot? ¿Qué haces aquí? ¿No habíamos quedado en el mirador? —pregunté mientras cerraba la puerta.

—Hola, Ayla. Sí, así es, aunque, como estás mala, no quería que tuvieras que ir andando hasta allí tú sola.

Me alegró que hubiera venido. Todavía no me podía creer que fuera así conmigo.

—Gracias, Elliot.

Él me sonrió y empezamos a caminar. Durante el camino, hablamos sobre lo ocurrido en la universidad. También le conté que Maya me había dicho que Katia iba hablando de mí y contando a todo el mundo que me gustaba.

Por fin llegamos al mirador.

Cuando íbamos a sentarnos, él me miró y me preguntó:

—¿Es verdad que yo te gusto?

Me quedé en silencio durante unos segundos. No esperaba que me hiciera aquella pregunta tan directamente.

—Verás, Elliot, me gusta mucho cómo me tratas, cómo te preocupas por mí y cómo siempre buscas la manera de hablar conmigo. Es verdad que me gusta pasar tiempo contigo porque me siento cómoda a tu lado. Pero, en cuanto a si me gustas por algo más, la respuesta es no. No sé lo suficiente de ti como para decir que me gustas de esa manera. No sé si me explico…

Mientras hablaba, solo podía pensar en por qué había dicho aquello si, en realidad, sentía cosas por él. ¿Por qué me costaba tanto reconocerlo? Quizá fuera por el miedo a que me hiciera daño. No quería volver a pasar por lo mismo, no quería ilusionarme para después acabar sufriendo.

—Bueno, Ayla, me alegra saber que te sientes bien conmigo. Sé que quizá te preguntes por qué te he hecho esa pregunta —dijo mientras yo asentía—. La razón es que creo que estoy empezando a sentir algo por ti desde que te vi. Tampoco sé mucho de ti, pero siento una conexión contigo, algo que me hace querer hablar contigo y estar a tu lado. No sé si es porque me gustas… Bueno, gustarme me gustas, aunque no sé de qué forma. Nunca me había pasado algo así.

Lo miré, intentando comprender sus palabras.

—¿Qué quieres decir, Elliot? ¿Que te estás enamorando?

—No, no es eso, bueno no sé la verdad. ¿Sabes? Lo que intento decirte es que me siento diferente contigo. Me gustaría conocerte más, si te parece bien.

¿Le gustaba a Elliot?

¿Acaso era un sueño?

¿Cómo era posible que alguien como él se hubiera fijado en mí?

No sabía qué pensar. Una parte de mí quería creer que todo aquello era real, mientras que otra tenía miedo de hacerse ilusiones. Nunca había imaginado que alguien pudiera interesarse por mí de aquella manera, y mucho menos alguien como Elliot.

Seguimos hablando durante un buen rato y decidimos que queríamos conocernos mejor.

Él quería averiguar qué significaban aquellos sentimientos que estaba empezando a experimentar, mientras que yo solo podía pensar en una cosa: que él sí me estaba empezando a gustar.

Y quizá mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Cuando terminamos de hablar sobre nosotros, me acompañó a casa.

Estaba a punto de entrar y despedirme de él cuando apareció mi madre.

—¡Hola, chicos! ¿Cómo estáis?

—Hola, mamá.

—Hola señora —saludó Elliot.

—No me llames señora, Elliot. Por favor, llámame Rachel.

—Claro, Rachel —respondió con una sonrisa.

Mi madre le devolvió la sonrisa. Parecía que se habían caído bien desde el primer momento.

—Bueno, Elliot… —dije mientras lo miraba, sin saber muy bien cómo despedirme.

—¿Por qué no te quedas a cenar? —preguntó mamá.

—Gracias, Rachel, aunque hoy no puedo. Otro día será mejor. Muchas gracias, de corazón.

Me despedí de él y lo vi alejarse. Me quedé observándolo durante unos segundos antes de entrar en casa.

Estaba muy contenta por lo buena persona que parecía y por lo bien que se le daba hablar con la gente. Yo no sabía cómo lo hacía. A mí me costaba expresar lo que sentía si no estaba con alguien de confianza. Incluso hablar con personas nuevas podía resultar complicado para mí.

En fin, mi madre y yo fuimos a cenar. Ethan estaba con sus amigos, supuestamente estudiando. Nosotras sabíamos que no era exactamente así, pero ninguna de las dos dijo nada.




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