¿ Será Amor?

CAPÍTULO 14: EL INICIO

¿Quién era aquella persona?

¿Por qué había decidido meterse en mi vida de aquella manera?

Y, sobre todo, ¿por qué tenía la sensación de que, cuando descubriera la verdad, algunas cosas ya no volverían a ser iguales?

A las siete de la mañana, me rendí.

Me levanté de la cama, me duché y me vestí con unos vaqueros y un jersey cómodo. Después bajé a desayunar, aunque apenas probé un par de tostadas.

Mi cabeza estaba en otra parte.

Cuando regresé a mi habitación, encontré un mensaje de Elliot.

Elliot: Buenos días, dormilona. ¿Preparada para descubrir la verdad?

Sonreí sin poder evitarlo.

Yo: Buenos días. No sé si estoy preparada, pero necesito saberlo ya.

Elliot: Te entiendo. ¿Te parece bien que nos veamos en la biblioteca de la universidad a las diez? Así podemos hablar tranquilamente.

Yo: Sí. Allí estaré.

Elliot: Y desayuna algo, por favor. No quiero que te desmayes antes de llegar.

Puse los ojos en blanco.

Yo: ¿Desde cuándo eres mi médico?

Elliot: Desde que descubrí que no cuidas de ti misma cuando estás preocupada.

Me quedé mirando el mensaje con una sonrisa tonta.

Era increíble cómo podía hacerme sonreír incluso cuando estaba nerviosa.

Dejé el móvil sobre la cama y terminé de prepararme.

A las diez menos cinco ya estaba entrando en la biblioteca.

Encontré a Elliot en una mesa junto a los ventanales. Tenía el portátil abierto y varios papeles delante. Cuando me vio, cerró la pantalla y me dedicó una sonrisa.

—Buenos días.

—Buenos días. ¿Vas a contarme ya lo que sabes o vas a hacerme sufrir un poco más?

Se rio.

—Veo que hoy vienes con paciencia.

—La he dejado en casa.

Me senté frente a él.

Elliot sacó el móvil y buscó una conversación.

—Mi compañero ha conseguido hablar con una persona que estaba en el grupo donde se compartió la fotografía. Esa persona recuerda quién publicó el comentario original.

Sentí que se me tensaba el cuerpo.

—¿Y quién fue?

Elliot me miró antes de responder.

—Chloe.

Durante unos segundos, no conseguí decir nada.

Chloe.

Mi antigua amiga.

La misma Chloe que había formado parte de mi vida antes de que todo se complicara. La que ahora era una modelo conocida y parecía vivir en un mundo completamente distinto al mío.

La misma persona a la que llevaba mucho tiempo intentando dejar atrás.

—No puede ser —susurré.

—Lo siento, Ayla.

Negué con la cabeza, intentando asimilarlo.

—¿Estás seguro?

—Mi compañero no se basa únicamente en las iniciales. La persona que vio la publicación ha confirmado que era su cuenta. Además, conserva una captura del comentario original.

Me enseñó la pantalla.

Allí estaba.

El nombre de Chloe aparecía junto a la publicación.

Debajo, el comentario que había empezado todo.

«A ver cuánto tarda él en cansarse de ella».

Sentí una mezcla de rabia y tristeza.

No era una amenaza directa. No era una gran mentira sobre algo que yo hubiera hecho.

Pero era suficiente para convertir un momento privado en una burla pública.

—¿Por qué? —pregunté, casi en un susurro—. ¿Por qué haría algo así?

Elliot apoyó los brazos sobre la mesa.

—No lo sé. Pero no quería que siguieras pensando que podía haber sido cualquier persona de tu entorno.

Volví a mirar la captura.

—¿Y la fotografía? ¿También la hizo ella?

—Eso no podemos demostrarlo. Lo que hemos podido confirmar es que compartió la publicación y escribió ese comentario. No quiero que demos por hecho algo para lo que todavía no tenemos pruebas.

Asentí lentamente.

Tenía razón.

Podía sentir rabia, podía estar decepcionada y podía decidir que no quería volver a hablar con Chloe.

Pero no iba a inventarme una historia para castigarla.

—¿Hay algo más? —pregunté.

—Sí. Mi compañero ha hablado con el administrador del grupo. Han eliminado la publicación y han pedido que no se sigan compartiendo las capturas. También han dejado claro que no van a permitir que se utilice el grupo para acosar a otros estudiantes.

Solté el aire que llevaba reteniendo.

—¿Entonces se acabó?

—Por nuestra parte, sí. No vamos a seguir alimentando el asunto. Si alguien vuelve a publicar algo o intenta acosarte, guardaremos las pruebas y lo denunciaremos a quien corresponda. Pero no voy a dejar que esto controle lo que hacemos.

Me quedé mirándolo.

Había pasado días imaginando todas las cosas terribles que podían ocurrir. Había sospechado de personas, había llorado y había llegado a pensar que quizá lo mejor sería alejarme de Elliot.

Y todo había empezado por una fotografía.

Una fotografía de dos personas que simplemente estaban empezando a conocerse.

—Gracias por ayudarme a descubrirlo —dije.

Elliot sonrió suavemente.

—No tienes que darme las gracias.

—Sí, sí tengo. Podrías haber pasado de todo esto.

—Pero entonces no habría tenido la oportunidad de pasar tiempo contigo.

Lo miré, sorprendida.

—¿Siempre tienes que decir algo que me haga ponerme nerviosa?

—Solo cuando funciona.

Le di un pequeño golpe en el brazo y ambos nos echamos a reír.

Y, por primera vez en varios días, sentí que podía respirar sin tener aquella historia clavada en el pecho.

El tema de la fotografía había terminado.

Pero todavía quedaba algo que necesitaba hacer.

Tenía que hablar con Maya.

Cuando salí de la biblioteca, cogí el móvil y abrí nuestra conversación.

Llevaba toda la mañana pensando en ella.

En las iniciales que había visto en la captura.

En aquel instante en el que mi cabeza había relacionado la letra M con su nombre.

Me sentía fatal.

Maya era mi mejor amiga. Había estado conmigo cuando me sentía sola, cuando necesitaba hablar y cuando no tenía fuerzas ni para explicar qué me pasaba.




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