Habían pasado varios días desde mi primera cita con Elliot.
Nuestra relación empezaba a convertirse en algo natural. Nos escribíamos por las mañanas, estudiábamos juntos y buscábamos cualquier excusa para vernos.
A veces, bastaba con que me enviara un mensaje preguntándome cómo iba mi día para que mi humor cambiara por completo.
Pero había algo que todavía me costaba dejar atrás.
Chloe.
No quería seguir pensando en ella, pero cada vez que recordaba lo que había hecho, sentía una mezcla de rabia y tristeza.
No entendía por qué había decidido humillarme de aquella manera después de tantos años.
Y necesitaba cerrar esa etapa.
No para que me pidiera perdón.
No para recuperar nuestra amistad.
Sino para dejar de sentir que el pasado seguía teniendo poder sobre mí.
Así que aquella mañana tomé una decisión.
Le escribiría.
Yo: Chloe, necesito hablar contigo. ¿Podemos vernos?
Su respuesta llegó unas horas después.
Chloe: ¿Sobre qué?
Yo: Sobre la fotografía que compartiste.
Pasaron varios minutos.
Finalmente, contestó.
Chloe: Vale. Esta tarde.
Quedamos en una cafetería del centro.
Antes de salir, le conté a Elliot dónde iba y lo que pensaba hacer.
Elliot: ¿Estás segura de que quieres verla?
Yo: Sí. No quiero seguir dándole vueltas.
Elliot: De acuerdo. Si después necesitas hablar, aquí estaré.
Sonreí al leerlo.
No intentó convencerme de que cambiara de opinión ni decidió por mí.
Simplemente me apoyó.
Y eso era exactamente lo que necesitaba.
Llegué a la cafetería diez minutos antes.
Me senté junto a la ventana y pedí un café que apenas probé.
Cuando Chloe entró, la reconocí inmediatamente.
Estaba tan arreglada como siempre, desde que se junta con las top models cambió, el pelo perfectamente peinado y unas gafas de sol que se quitó antes de acercarse a mi mesa.
—Hola, Ayla.
—Hola, Chloe.
Se sentó frente a mí.
Durante unos segundos, ninguna de las dos habló.
Era extraño estar allí con alguien que había formado parte de tantos recuerdos y que, al mismo tiempo, parecía una desconocida.
—Bueno —dijo finalmente—, ¿qué querías?
La miré directamente.
—Quiero saber por qué compartiste la fotografía de Elliot y de mí.
Su expresión cambió ligeramente.
—¿Quién te ha dicho que fui yo?
—Eso no importa. Hay pruebas de que compartiste la publicación y escribiste uno de los comentarios.
Chloe apartó la mirada.
—Solo era un comentario.
Sentí decepción.
—¿De verdad? ¿Eso es todo lo que tienes que decir?
—No pensé que fuera para tanto.
Solté una pequeña risa sin humor.
—Claro. Porque para ti era una fotografía más. Pero para mí significó pasar días preguntándome quién quería hacerme daño, por qué la gente se reía de mí y qué había hecho para merecerlo.
Chloe se quedó callada.
Continué antes de perder el valor.
—No sé si fuiste tú quien hizo la fotografía. No voy a acusarte de algo que no puedo demostrar. Pero sí sé que compartiste la publicación y que te burlaste de mí.
—Ayla, yo…
—Déjame terminar, por favor.
Me sorprendió la firmeza de mi propia voz.
Durante años había imaginado conversaciones en las que le decía todo lo que me había callado. Pero nunca había pensado que sería capaz de hacerlo sin llorar o sin terminar pidiéndole disculpas por molestarla.
—Durante mucho tiempo pensé que, si conseguía caerles bien a personas como tú, dejarían de tratarme como si fuera inferior. Intenté cambiar mi forma de vestir, de hablar y hasta de comportarme. Me pasé años pensando que había algo malo en mí porque no conseguía encajar.
Tragué saliva.
—Y lo peor es que llegué a creer que necesitaba vuestra aprobación para sentirme suficiente. Nos hiciste daño a Maya y a mí, dejaste de ser amiga nuestra de un día para otro por irte con ellas.
Chloe bajó la mirada.
—No sabía que te habías sentido así.
—Nunca te molestaste en preguntármelo.
El silencio que siguió fue doloroso.
Por fin, Chloe se quitó las gafas que había dejado sobre la mesa y suspiró.
—Supongo que tienes razón.
La miré, esperando.
—Cuando vi la fotografía, pensé que todo el mundo iba a hablar de vosotros. Escribí el comentario sin pensar demasiado. Después la compartí porque otras personas estaban hablando de ello.
—¿Y te pareció divertido?
Chloe tardó en responder.
—En ese momento, sí.
Aquella sinceridad me dolió más que cualquier excusa.
—¿Por qué?
Se quedó mirando sus manos.
—Porque siempre he tenido la sensación de que tú eras diferente. No necesitabas llamar la atención y, aun así, la gente terminaba preocupándose por ti. Yo estaba acostumbrada a que todo el mundo me mirara, pero muchas veces sentía que solo les importaba mi aspecto o lo que podía ofrecerles.Por eso Katia se quiso ser amiga mia supongo.
Me sorprendió escuchar aquello.
No porque justificara lo que había hecho, sino porque nunca había imaginado que Chloe pudiera sentirse insegura.
—Eso no te daba derecho a hacerme daño —respondí.
—Lo sé.
Por primera vez, su voz sonó sincera.
—Lo siento, Ayla. Sé que decirlo ahora no arregla lo que hice, pero lo siento.
La observé durante unos segundos.
Había esperado aquel momento durante mucho tiempo, aunque no estaba segura de qué sentiría si llegaba a ocurrir.
Y ahora que estaba allí, frente a mí, no sentía la satisfacción que había imaginado.
Solo cansancio.
—No sé si algún día podré perdonarte de verdad —le dije—. Y tampoco sé si quiero volver a tenerte en mi vida. Pero no quiero seguir cargando con esto. Con Katia no hay tampoco arreglo.